Construyendo el noviciado con mucho sacrificio y alegría

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Nunca pensamos que las cosas se fueran dando de esta manera, con tanta velocidad, pero han sido los tiempos de Dios, no los nuestros. Eran varios los jóvenes que cada tanto nos preguntaban cuándo comenzaríamos una casa de formación. Pensar en esto hace dos años atrás, cuando yo me encontraba sólo, parecía imposible a corto plazo. Sin embargo con la llegada del P. Víctor, hace más de un año, y luego la llegada del P. Jaime, los acontecimientos se ha ido acelerando increíblemente.

Por un lado, fue determinante la visita de nuestro superior General, el P. Gustavo Nieto, como ya les he contado. Como él venía nos pareció bueno que conociera a los jóvenes que estaban interesados en unirse a nuestra Congregación. Esos días anteriores a la visita fueron llegando.

Luego hubo una conversación con ellos, y fuimos a ver el terreno que habíamos comprado para esta intención. Recorrimos el terreno, pensamos el lugar para la primera casa, nos tomamos unas fotos allí y pensábamos en que era un momento histórico, siendo que estos jóvenes serían las primeras vocaciones de Tanzania… y para iniciar por primera vez una casa de formación en África Negra.

Claro que ya hemos tenido novicios en nuestras misiones de Kenia y Sudán, pero en esta ocasión sería comenzar a construir algo propio.

   

Luego de esa visita nos pareció que ya no convenía enviarlos de nuevo a sus casas, esperando el momento en que el postulantado esté ya listo para habitar. Tal vez pasarían muchos meses. Los mismos jóvenes nos pidieron quedarse, porque saben que la lucha viviendo en sus casas, en un ambiente adverso a la vocación, pueden ser muy difíciles. Fue así que directamente nos largamos, recibiéndolos no propiamente dentro de nuestra casa, sino en la parte de atrás de la casa de los sacerdotes.

  
Allí han comenzado a vivir con mucha simpleza en dos pequeñísimas casas, si es que se las puede llamar casas. Una de ellas es una simple habitación de tres por tres metros, y la otra un poco mas grande de tres por siete metros. Y digo que con mucha simplicidad porque los colchones están tendidos en el suelo, y no tienen armarios ni escritorios ni nada.

 

La cocina es “al aire libre” y con carbón y leña, como ellos están acostumbrados. El quincho de los padres ha pasado a ser el comedor, aula, sala de estudio, etc. Tienen una sola letrina que usan todos, y una sola ducha, que es utilizada para bañarse con un balde simplemente. Por supuesto que el lavado de ropa es a mano, y la comida cocinada por ellos mismos. Me he sorprendido al verlos planchando con una plancha a carbón. Y es admirable que cada uno de ellos tiene tan poca ropa, que suele bastar un sólo bolso pequeño de mano para guardar todo.

Una de las actividades cotidianas es ir a trabajar al terreno. Y en esto quiero hacer hincapié, porque ellos mismos se están construyendo su propia casa, y con mucho sacrificio. En todos los trabajos los guía un albañil que dirige la obra, pero los ayudantes son los mismos postulantes. Desde el comenzar a desmontar para excavar los cimientos, hacer los cimientos, el piso y levantar las paredes.

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Fui testigo porque fui a ayudar un poco uno de los días de trabajo fuerte en que estaban haciendo el. Trabajaban todos los muchachos, casi ocho horas por día, y el piso de la construcción que es bastante grande se pudo acabar en tres días solamente.

 

La construcción es grande y fuerte, pero hemos tratado de que sea simple, usando materiales de aquí. Hasta una parte de los ladrillos han sido hechos con la tierra del terreno, junto a la casa. También vamos haciendo turnos para que hayan dos o tres por día para continuar ayudando, el resto de los jóvenes trabaja en el campo del postulantado. Han limpiado una zona, y a puro azadón se ha plantado maíz y porotos, pensado en obtener algunos frutos para este año si las lluvias nos ayudan.

 
No dejo de lado que nos levantamos a las 5:00 am para la adoración, rosario y Misa, las actividades centrales del día. Y que además han dado mucha vida a la pastoral de aquí de la parroquia con los grupos de jóvenes, monaguillos, Legión de María, visita a aldeas, etc. Es como se comienza a gustar de uno de los grandes beneficios de la casa de formación, como la intensidad de la vida comunitaria, la mayor participación en la liturgia, y el apostolado potenciado al ser muchos.

 
Para mí es muy bueno pensar en los inicios de nuestra querida Congregación. Como cuando apenas comenzaron a vivir en la Finca de El Chañaral, las casas eran simples, muy pobres, y la única que estaba era muy vieja. Luego las casas que se fueron construyendo, casas de madera, prefabricadas. Nos contaban que los primeros no tenían baños ni duchas, y se bañaban en las acequias. Casas con muchísima pobreza, con gran carencia, pero que marcaron los inicios de nuestro Instituto… yo fui testigo, cuando a los doce años fui a conocer y visitar a mi hermano que era seminarista menor, en el año 1986, de la gran alegría y entusiasmo que se vivía allí. Tanto que fue instantáneo para mí, el hecho de ir a conocer y querer entrar al seminario. Esa pobreza que tampoco ha disminuido con los años, aunque se han hecho más construcciones y mejoras… pero siempre con mucha estrechez. Y eso es lo que ha atraído a tantos, la pobreza y la alegría.

 
Creo que algo así está pasando aquí ahora… y es una gracia muy grande ser parte. Tenemos actualmente quince jóvenes postulantes, y nos han llamado más, pero les he pedido que esperen al menos hasta que se puedan mudar al nuevo edificio, porque aquí ya no entra ni un alfiler más. De todas maneras, la mudanza a la nueva casa será con carencia de muchas cosas. No tendrán un baño, sino simplemente deberán excavar una letrina. La casa no tendrá las ventanas sino sólo mosquiteras, ni tampoco estará revocada por dentro ni por fuera, ni pintada, ni con pisos terminados, ni con cielo raso… en fin, podemos decir que nos basta para comenzar el tener las paredes el techo y las puertas. Faltarán los muebles, camas cuchetas, mesas y sillas, bancos, paneles solares… casi todo.

 

La casa consta de una gran habitación dormitorio, al lado una habitación para el sacerdote, con baño privado, y una oficina separada, para poder recibir a los muchachos y hablar con ellos. Seguido hay otra gran habitación que será comedor y sala de usos múltiples. Y luego un techo para que sirva de cocina, sin paredes, así se puede cocinar con carbón. Eso es todo. De primer momento no tendrán capilla, sino que tendrán que venir a pie todos los días para la adoración y la misa en la parroquia, que queda a 1.800 mts, una distancia parecida a la del Seminario Menor a La Finca, allá en San Rafael. Tampoco tienen un vehículo para moverse, ni siquiera una moto.


Habrá que pensar más adelante en construir una capilla, y también un comedor y cocina apartados de esta primera casa, así lo que es ahora comedor y sala de usos múltiples será en adelante otra habitación de los postulantes… como vienen las cosas, necesitaremos postulantado grande. Y por supuesto la construcción de baños más decentes que una simple letrina excavada afuera.


En definitiva, falta mucho, pero entusiasmo no falta. Me admira mucho la simplicidad de vida de estos jóvenes, están acostumbrados a la vida dura, al trabajo, a la comida y la vida sencilla. Hay alegría y esperanza en los muchachos, por saber que son los primeros, y que están abriendo el camino a muchos otros. ¿Se imaginan que estaríamos comenzando con un grupo de casi veinte jóvenes? ¡Es increíble para nosotros! Y si especulamos que muchos de estos serán sacerdotes y misioneros en estas tierras, yo pienso en ocho o nueve año más, y no me parece tanto tiempo. Tendremos un ejército de misioneros, no sólo para nuestra parroquia, o nuestra diócesis, o Tanzania.


Finalmente vuelvo a reflexionar en lo bien que nos hace recordar los inicios de nuestra pequeña Familia Religiosa del Verbo Encarnado. Recordar que todos nuestros inicios fueron humildes, y marcados por la pobreza y las dificultades. Pero que siempre en los inicios se vivía una gran alegría y simplicidad. Había un gran deseo en muchos corazones de entregarse a Dios, a pesar de que no éramos (y seguimos siendo) nada. Entregarse a grandes ideales, deseos de santidad, de misión, de la salvación de las almas… y que esos ideales hacían superar toda dificultad, y ni siquiera reparar en las cosas que faltaban. Hasta parecía que fuera mejor que faltaran, porque así nos preparábamos mejor para la misión.


Estos inicios en Tanzania, se parecen mucho a aquellos inicios. Y por eso, el recuerdo, nos alienta, y nos alegra. Nos dice que si somos fieles, “cosas mayores veremos.” (Cfr. Jn 1,50)
¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.

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