La anunciación y la Encarnación del Verbo

La Anunciación – Jon Van Eick (1434/36) – National Gallery of Art – Washington (US) oleo en tabla

La anunciación, Lc 1,26-38 [1]   El artículo completo para descargar sólo en PDF. Haga click aquí.

El texto

El primer paso en la exégesis de un pasaje es la crítica textual, por la que se determina el texto a estudiar: es decir, se estudian las variantes que aparecen en los manuscritos y se elige, de acuerdo a criterios seguros, cuales son las variantes más atendibles. Existe una gran convergencia en la transmisión del texto de la Anunciación; de hecho las ediciones críticas del texto griego: Aland, Nestlé y Merk no señalan ninguna variante para la parte central de la perícopa (vv. 30-33). Veamos algunas variantes que aparecen en el resto.

En el v. 28 algunos manuscritos añaden bendita tú entre las mujeres; esto falta en los códices de mayor autoridad; tal vez haya aparecido por influencia del saludo de Isabel (v. 42). Esta combinación tan habitual para nosotros en el Avemaría se encuentra por primera vez en dos ostraka (tablillas de barro cocido en las que escribían) egipcios del s. VI o VII; desde el tiempo de San Gregorio Magno (s. VI) se usó en el ofertorio del IV domingo de Adviento; como fórmula de oración está atestiguada desde fines del s. XII. No parece que el uso litúrgico haya influenciado la transmisión del texto.

Respecto al v. 29, varios códices agregan idousa (viendo) y pocos akousasa (oyendo), que sin duda es por influencia de la aparición a Zacarías (cf. v. 12), pero no cuadra en la diversa presentación de la aparición del ángel a María.

En el v. 37, pocos testimonios, pero buenos, traen pará tou Theou (con genitivo) mientras que muchos pará to Theo (dativo). Con genitivo la frase queda conexa con “palabra”: ninguna palabra que proviene “de Dios” es imposible; con dativo se conecta con “no es imposible”: nada es imposible “para Dios”; se trata de una pequeña diferencia.

División de la perícopa

Los vv. 26-27 sirven de introducción dando las circunstancias del evento. En v. 28a y 38b hay breves indicaciones sobre la llegada y partida del ángel. La parte central se divide en tres secciones: 28b-29; 30-34; 35-38a. La iniciativa siempre corresponde al ángel y le sigue la respuesta de María; hay un progreso desde el silencio, a la pregunta y al asentimiento.

Análisis de los versículos

  1. Las personas y las circunstancias (26-27).

Estos dos versículos forman una única proposición bastante larga, simple, bien construida y llena de nombres propios (tres veces aparece “nombre”) y nos da informaciones precisas; hay un solo verbo, que indica la misión del ángel de parte de Dios.

La indicación temporal del inicio crea una conexión fuerte con el pasaje precedente (los cinco meses de Isabel y el “sexto” mes), y con la indicación temporal de 1,5: en tiempos de Herodes. Otras indicaciones (especialmente la gravidez de Isabel 1,36) nos piden ver ambas perícopas relacionadas.

Se dice al inicio el nombre del ángel Gabriel (no aparece otra vez este nombre; hay en el libro de Tob 5,4; 12,15 un ángel llamado Rafael; en Dan 10,21; 2,1, Jud 9 y Ap 12,7 aparece Mikael). El término a;ggeloj (angelos) en griego puede referirse a la naturaleza y se traduce ángel (espíritu puro), o puede referirse a la función, y se traduce mensajero; en este caso, sin embargo, aunque es mensajero de Dios, se designa a un espíritu puro. De él se dice que fue mandado de parte de Dios (apo tou theou), con lo cual se indica el punto de partida de la misión; no se dice la finalidad de la misión, sino simplemente el nombre de la persona a la cual se dirige: María.

En la introducción se nombra a María y a Nazaret; y tanto la virgen como la ciudad son caracterizadas primero de modo general: … una ciudad de Galilea…;… una virgen…; y después se particulariza con el nombre: …Nazaret…; María… En cuanto a Nazaret podemos comparar con Lc 4,31: bajó a Cafarnaúm, una ciudad de la Galilea: primero el nombre y después la característica de ciudad de Galilea; parece más importante el hecho que se trate de una ciudad de Galilea y no que sea precisamente Nazareth; tal vez por el contraste con la primer misión del ángel en el Templo de Jerusalén; Galilea se encuentra en una posición marginada, expuesta a los paganos. Del mismo modo, pone primero: a una virgen, en contraste con Zacarías, que no sólo es hombre, sino también sacerdote. San Lucas se preocupa en subrayar el carácter humilde de la ciudad y la persona a las que es enviado el emisario divino. La Biblia habla raramente de las vírgenes; en el Nuevo Testamento aparece como atributo de María (Mt 1,23 = Is 7,14; Lc 1,27); hay otros pocos pasajes en que se las nombra (Mt 25,1-11: parábola de las vírgenes; He 21,9: las hijas profetisas de Felipe; 1Cor 7,25-38: sobre la virginidad; 2Cor 11,2; Ap 14,4), como si no hubiera un gran interés por ellas. En nuestro pasaje hay un énfasis en el término: se antepone el atributo al nombre.

También se pone la situación actual de la virgen: comprometida en matrimonio. “mnesteuo” significa “aspirar a la mano de”, “buscar en matrimonio”, que en el pasivo se usa para la mujer y tiene el sentido de “volverse esposa”; en el Nuevo Testamento sólo aparece en relación a María (Mt 1,18; Lc 1,27; 2,5).

La frase de la casa de David puede referirse a María o a José, pero más probablemente a José (cf. 2,4: de la casa y familia de David); esta indicación prepara el anuncio de 1,32: tendrá el trono de David su padre. José no sólo es mencionado por Lc y Mt, sino también por Jn (1,45; 6,42), siempre en el contexto de la proveniencia de Jesús. La relación de Jesús con David aparece varias veces en el NT (Jn 7,42; Ro 1,3; 2Tim 2,8; Ap 22,16); pero es en san Mateo donde Jesús es llamado frecuentemente Hijo de David. Todos los sinópticos concuerdan en el hecho de que la referencia a Jesús como Hijo de David termina en la discusión sobre la proveniencia del Mesías (cf. Mt 22,42-45 y par.), en la cual Jesús, aún sin decirlo expresamente, hace entender que el Mesías es más que Hijo de David.

En la última palabra de la proposición está el nombre de la virgen. En los sinópticos otras mujeres llevan este nombre, cuyo significado original está muy discutido. F. Zorell en Lexicum graecum piensa que tal nombre, María lo lleva en memoria de la hermana de Moisés.

Esta proposición, 1, 26-27, como descripción de las personas que entran en juego y como descripción de lo que precede a la aparición, es comparable a Lc 1, 5-10, pero en la comparación se ven las diferencias. Hay correspondencia en la relación Zacarías-Isabel y José-María, pero mientras los primeros son un matrimonio viejo, María es una virgen comprometida en matrimonio. Está la indicación de las casas, pero mientras en el primer caso se trata de la estirpe sacerdotal de Aaron, en el segundo se trata de la estirpe real de David. En nuestro pasaje no se dice nada de la cualidad de las personas (1,6: justos), sobre su actividad (1,8: servicio en el Templo), sobre la relación con otros (1,10: presencia del pueblo); fuera de ciudad de la Galilea y comprometida, sólo aparecen nombres; se prescinde del resto y todo aparece como librado a la acción de Dios; no hay nada que indique una conducta previa de María (sólo el “comprometida”); es Dios quien llama a María gratia plena; de Dios proviene la vocación de María de ser madre del Hijo de Dios.

               2. El saludo del ángel (28)

Anunciación Van Eyck – detalle ángel

El ángel se presenta a María, ante la cual entra en la casa; es distinto de la anunciación a Zacarías en el sentido de que el ángel “se aparece”, en cambio en el caso de María “entra” (en la casa); al entró de v. 28 corresponde el se fue de v. 38 (cf. Gen 18,33: anuncio del nacimiento de Isaac y Jue 6,21: aparición a Gedeón; otro caso comparable en que el ángel entra es en He 10,3).

Las palabras iníciales del ángel son un elemento extraordinario que no se encuentran en ningún otro anuncio de un nacimiento (cf. Jue 13,3: Sansón; Gen 16,11: Agar).

El versículo ha sido bastante discutido. Cada elemento puede ser entendido en un sentido superficial y en otro más profundo. Para chaire (caire) se puede ver el sentido usual del saludo griego (vulgata: “ave”) o el verdadero significado del imperativo: alégrate, exulta. El kecharitomene (kecaritwmenh), puede entenderse en un sentido menos fuerte: favorecida, agraciada, o también según las particularidades de su forma verbal y de su uso concreto. El Dominus tecum puede entenderse como saludo convencional, o como el asegurar una especial asistencia divina. Veamos las expresiones más particularmente.

Alégrate

El valor normal de caire en un encuentro es el del saludo (cf. Mt 26,49: saludo de Judas; 27,29: burla de los soldados; He 15,23: saludo inicial de una carta, etc.); así tomaron este pasaje las versiones siria y latina. Pero en Lc este verbo, que es relativamente frecuente (12 veces), no se usa como saludo, sino siempre en su pleno significado: alegrarse; cuando Lc pone un saludo lo hace siempre en la forma hebrea: paz a vosotros: 10,5; 24,36. Por eso, no es probable que use aquí la forma griega de saludo, especialmente considerando el hecho de que es un texto situado claramente en ambiente judío y con tantas alusiones al AT.

La LXX que traduce el saludo hebreo siempre: paz a ti, cuando trae caire, siempre tiene el propio valor expresivo: alégrate (Jl 2,21; Sof 3,14; Zac 9,9, Lam 4,21, etc.). Considerando el influjo del lenguaje que tiene la versión griega de los LXX en estas perícopas de Lucas, no es probable que se aparte de ella en este caso. Sin duda el imperativo cai/re debe tener su significado propio: alégrate.

Una confirmación la vemos en el anuncio a Zacarías: será para ti gozo y alegría y muchos se alegrarán… (v.14); y el anuncio a los pastores: … os anuncio una gran alegría (2,10). El anuncio a María es central y principal y comienza con la exhortación al gozo. Otra confirmación la encontramos en los Padres griegos que, desde Orígenes, lo ven como imperativo: alégrate, y lo contraponen a las palabras de Dios a Eva: con dolor parirás los hijos (Gn 3,16).

En la LXX este imperativo aparece casi exclusivamente en los profetas menores: Jl 2,21; Sof 3,14; Zac 9,9 (en Zac 2,14 no aparece el caire sino un sinónimo, pero el texto hebreo trae el mismo inicio que Sof 3,14). Todos estos pasajes no están aislados, sino que forman un todo coherente: tienen una estructura común – exhortación al gozo – que se funda en el cambio profundo que realiza Dios; el motivo del gozo es la venida del Señor. 

Jl 2,21             No temas, suelo, jubila y regocíjate, porque Yahveh hace grandezas. No temáis, bestias del campo, porque ya reverdecen los pastizales del desierto, los árboles producen su fruto, la higuera y la vid dan su riqueza. ¡Hijos de Sión, jubilad, alegraos en Yahveh vuestro Dios! Porque él os da la lluvia de otoño, con justa medida, y hace caer para vosotros aguacero de otoño y primavera como antaño.

Sof 3,14-15      ¡Lanza gritos de gozo, hija de Sión, lanza clamores, Israel, alégrate y exulta de todo corazón, hija de Jerusalén! Ha retirado Yahveh las sentencias contra ti, ha alejado a tu enemigo. ¡Yahveh, Rey de Israel, está en medio de ti, no temerás ya ningún mal!

Zac 9,9-10       ¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna. El suprimirá los cuernos de Efraím y los caballos de Jerusalén; será suprimido el arco de combate, y él proclamará la paz a las naciones. Su dominio irá de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra.

Zac 2,14          Grita de gozo y regocíjate, hija de Sión, pues he aquí que yo vengo a morar dentro de ti, oráculo de Yahveh.

En todos estos textos el contexto muestra claramente que no se trata de un simple saludo, sino de una invitación a la alegría. Sobre este fondo del Antiguo Testamento, que caracteriza tanto este pasaje de san Lucas, es del todo improbable que se trate simplemente de un saludo. María desde el inicio es invitada al gozo; a una participación emocional personal en lo que se le anunciará. Ella no es un simple instrumento impersonal.

En los pasajes del AT se habla de la Hija de Sión (betullat ha sihyon), que es una personificación del pueblo de Israel; en san Lucas se sugiere que María es la representante del pueblo elegido. Otra expresión que aparece en Is 37,22 y Lam 2,13 es: la virgen, hija de Sión; en Jer 18,13; 31,4.21: la virgen de Israel. Por otra parte hay estrecha conexión entre David (obtendrá el trono de David su padre, v.32) y Sión, la ciudad de David.

Llena de gracia

            Kecaritwmenh es un participio perfecto pasivo derivado de caritow, verbo causativo (es decir, hace lo que indica la raíz). En este caso la raíz es cariV (gracia), por lo que aquí significa “producir la gracia”; en participio perfecto pasivo femenino habrá que traducir: “la que ha sido causada de modo perfecto y estable en el ser de la gracia”.

Anunciación Van Eyck – detalle Virgen

Este verbo aparece muy poco; en LXX sólo en Sir 18,17: una palabra vale más que un buen presente, un hombre “benévolo” (agraciado) ofrece ambos (usa también el participio perfecto pasivo). El Nuevo Testamento, fuera de la Anunciación, sólo lo usa en Ef 1,6: nos predestinó a ser sus hijos adoptivos… para alabanza de su gracia con la cual “nos ha agraciado” (indicativo aoristo activo: evcari,twsen) en su dilecto; se trata de dos aspectos: la acción benévola de Dios y estado gracioso del hombre resultado de tal acción y tal actitud divinas; ambos están presentes en la expresión kecaritwmenh. La forma verbal implica la referencia a la acción personal y activa de Dios (pasivo teológico) que no se expresa en la fórmula “gratia plena”, en la cual el sustantivo “gracia” no recuerda ya tanto la fundamental relación personal y la benevolencia creadora de Dios; y el adjetivo “plena” no dice una referencia fuerte a la acción divina. Al llamarla kecaritwmenh, el ángel expresa que Dios, definitiva y efectivamente ha dirigido su benevolencia hacia la persona de María, y por eso ella se encuentra en un estado que se caracteriza por esta actitud activa de Dios.

En Lc 1-2 se habla de cariV (gratia) sólo en relación a María (1,28.30) y a Jesús (2,40.52). Otra cosa que podemos notar es que el término está en vocativo, casi en lugar del nombre propio; es el único anuncio de un nacimiento en que el destinatario sea llamado con una denominación semejante en lugar de su nombre propio. Sólo hay otro caso en que alguien, en una aparición angélica, sea llamado por una designación que lo cualifica en vez del nombre, es el de Gedeón (Jue 6,12): el ángel de YHWH se le apareció y le dijo “YHWH contigo, valiente guerrero”; tal denominación está conectada con la misión que Dios le asigna a Gedeón: ve con ésta “tu valentía” y salva a Israel (v.14). Leyendo en paralelo ambos textos se puede decir que kecaritwme,nh es usado en referencia a la misión de María, una misión determinada por el amor benévolo de Dios. El participio perfecto pasivo empleado en función del nombre propio, aparece en muy pocos casos. En Ef 1,6 se dice de Cristo dilecto (amado); es el amado por antonomasia; en LXX dilecto se usa para el pueblo de Israel (Dt 32,15; 33,5.26; Is 44,2); en el NT son llamados “dilectos” los cristianos, pero no en el modo absoluto como es llamado Jesús; Jesús es el “dilecto” a secas, mientras que los cristianos son “dilectos” en relación a algo, p.e. elegidos de Dios, santos y amados… Col 3,12; conocemos, hermanos queridos de Dios, vuestra elección… 1Tes 1,4.; a los que han sido llamados amados de Dios… Judas 1. Jesús es el dilecto del Padre, los otros lo son a causa de él y en cuanto están en comunión con él (cf. Ef 1,5s). Del mismo modo, así como Cristo es el “amado”, María está caracterizada por una especial benevolencia de parte de Dios: “colmada de gracia”.

El Señor está contigo

Esta frase, en la misma formulación o en otra semejante, aparece unas 103 veces en el AT, y 13 veces en el NT. En un estudio W. C. van Unnik (Dominus vobiscum…, Manchester 1959), estudia los pasajes veterotestamentarios y neotestamentarios y constata que sólo en dos pasajes esta frase parece tener la función de saludo: Jue 6,12 y Rut 2,4.

La frase expresa la relación de Dios con los hombres, se trata de una presencia dinámica: protección, ayuda, liberación, bendición, éxito; se trata de una declaración que se hace a una persona que debe realizar una tarea importante (Jacob, José, Moisés, Gedeón, Saúl, David, Jeremías). La fórmula define la actividad dinámica del Espíritu de Dios que reposa sobre una persona elegida, o bien sobre el pueblo de Dios, habilitándolos para una misión divina -en palabras u obras- mediante su protección, asistencia y bendición. Esta fórmula, en este pasaje, muestra también que se trata de la vocación de María como madre de Dios.

Hemos nombrado ya varias veces el pasaje de Jue 6,12-21 el cual puesto en paralelo con el de la Anunciación muestra elementos muy interesantes. Hay correspondencia en toda la estructura del relato. Así, Gedeón (en voz alta) y María (en silencio) reflexionan sobre las palabras del ángel; el ángel (YHWH en el texto hebreo) alude el apelativo distintivo y revela la tarea de Gedeón: ve con esta “tu valentía” y salva a Israel…; y de María: has hallado “gracia ante Dios”… concebirás… Luego sigue una dificultad, Gedeón alude a su debilidad y no imagina como podrá salvar a Israel; María indica su estado de virgen. En la respuesta a Gedeón el ángel refiriéndose a la segunda parte del saludo, quita la dificultad: el Señor será contigo y derrotarás…; a María el ángel, si bien no le repite las mismas palabras (el Señor está contigo), alude a su significado y así explica cómo podrá realizar su misión: el Espíritu Santo descenderá sobre tí… Gedeón pide un signo y se le concede; María recibe un signo sin pedirlo. Más atenuada es la correspondencia en el final; Gedeón construye un altar luego de la partida el ángel; María acepta formalmente su misión y entonces parte el ángel. Por eso el exégeta Klemens Stock, de Instituto Bíblico, cataloga a Lc 1,26-38 en el género literario de relato de vocación.[2]

Es cierto que en este relato se predice el nacimiento de Jesús, pero el carácter especial de este relato está en que el nacimiento de Jesús se presenta como una misión que debe realizar María y para la cual ella recibe una asistencia especial de Dios. No es una madre como las otras a las que se le anuncia el nacimiento de un hijo, casos en que sólo los hijos tienen una misión de parte de Dios: la misma maternidad de María está presentada como una misión. También las personas a las que se dirige la fórmula “el Señor está contigo” en el AT: Isaac, Jacob, Moisés, Josué, Gedeón, Jeremías, siempre tienen una misión importante para cumplir.

Vistas en su conjunto las tres partes del saludo y relacionadas con los géneros literarios del AT que sirven de fondo (“exhortación al gozo”: Joel 2,21; Sof 3,14; Zac 2,14; 9,9; e “introducción a una vocación”: Jue 6,12), encontramos en la Anunciación una combinación de géneros literarios que se condicionan y modifican mutuamente. La exhortación al gozo por la intervención salvífica de Dios, implica también una cooperación activa de María bajo la asistencia divina. La vocación de María se vuelve motivo de gozo. Para María, llamada como las más grandes personalidades de la historia de Israel, a una acción decisiva en favor del pueblo, su vocación es fuente de gozo; su gozo está destinado a volverse el gozo de todo el pueblo (Lc 2,10).

3. Reacción de María (29)

La reacción de María tiene dos aspectos, uno emocional: se turbó y otro racional: se preguntaba. Ambas cosas se refieren a las palabras del ángel y no a su aparición (distinto para Zacarías 1,12). María está profundamente conmovida a causa de las palabras del ángel, lo cual presupone al menos una comprensión inicial de su significado (una palabra no comprendida no turba; cf. el turbarse de Herodes ante el anuncio de los magos 2,2s: al oírlo el rey Herodes se turbó…). Pensaba que sentido tuviese tal saludo. El objeto de la reflexión es la naturaleza del saludo; un saludo convencional no puede causar tal turbación y reflexión (Un tipo a quien alguien saluda: “Buenos días” no se preocupa preguntándose ¿Qué me habrá querido decir…?). No hay paralelo en la Biblia de una semejante reflexión ante un anuncio de nacimiento; sólo en el caso ya citado de Gedeón

              4. El anuncio del ángel (30-33)

En las palabras siguientes el ángel se refiere primero a la preocupación de María, luego le revela la misión a la que está llamada, finalmente describe el del Hijo de María.

No temas María, has hallado gracia ante Dios…

               El ángel tranquiliza a María y comienza a indicarle el sentido de las palabras que le ha dirigido. Cuando el ángel le había dicho a Zacarías “no temas”, le indicó que Dios había oído su oración -la acción había tenido inicio en Zacarías- y se limitó a anunciar el don de un hijo. En cambio la exhortación a María se funda en el hecho que ella ha encontrado gracia ante Dios[3]; tal es la razón para no preocuparse (…pues has encontrado gracia…). Toda la acción proviene de Dios, no se indica una acción precedente de parte de María, como la oración en el caso de Zacarías. La frase designa una actitud benévola de parte de Dios hacia María (como en kecharitomene que) es el fundamento de la misión que debe realizar María; con tal gracia María se vuelve capaz para el encargo que se le pide, aunque, además, es su persona la que está llena de gracia; Dios no ha conferido sólo una gracia pasajera, para una misión, sino que ha colmado de gracia la persona misma de María.

Concebirás… y darás a luz un hijo…

El ángel le anuncia que será madre de un hijo y lo llamará Jesús. No se explica el nombre se Jesús, como si lo hace Mateo 1,21: él salvará al pueblo de sus pecados. El hecho que Dios mismo haya elegido ese nombre indica ya una especial relación del niño con Dios. En Gen 17,5.15 aparece el anuncio del nacimiento de Isaac, precedido del cambio de los nombres de Abraham y Sara por parte de Dios; allí vemos la relación entre el nombre, el destino (misión) y la disposición de la voluntad divina.

El será grande…

Se describe el rol del niño que nacerá. Primero se dicen las cualidades principales de su persona: será grande y será llamado hijo del Altísimo. Luego se indica su misión: El Señor le dará el trono de David su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre… Se dice será grande de modo absoluto; de Juan se dijo será grande ante Dios (1,15); “grande”, sin modificaciones, en el AT se usa para Dios (especialmente en los salmos 47,1; 74,14; 95,4; 144,3; 134,5); al menos indica una gran proximidad a Dios.

La afirmación siguiente será llamado hijo del Altísimo refuerza la proximidad. Hay pasajes con características similares en que ciertos hombres son llamados “hijos del Altísimo”; se usa en conexión con alguna actitud o cualidad de tales hombres que los hace en algún modo semejantes a Dios (p.e.: obradores de paz, misericordiosos, benévolos, etc, cf. Lc 20,36; Rom 8,14.19; 9,26; Gal 3,26). Pero en el caso de Jesús se le aplica sin ninguna justificación.

Será llamado…

No indica una denominación extrínseca. Más bien se expresa que además de ser hijo del Altísimo, también será reconocido en cuanto tal. Hay una relación activa entre la denominación y la realidad (cf. 2,23: todo primogénito será llamado santo para Dios = consagrado; 15,19: ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; etc.). Podemos preguntarnos si no es un pasivo teológico; si es así, el mismo Dios reconoce a Jesús como su Hijo.

El Señor Dios le dará el trono de David…;

Se trata, sin duda, de una alusión a las promesas del AT que se refieren al sucesor de David sobre su trono. La promesa fundamental se encuentra en 2Sam 7,12-16: Y cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza… Yo seré para él padre y él será para mí hijo. Si hace mal, le castigaré con vara de hombres y con golpes de hombres, pero no apartaré de él mi amor, como lo aparté de Saúl a quien quité de delante de mí. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí; tu trono estará firme, eternamente[4].

El anuncio a María parece ser el cumplimiento definitivo de la promesa. Sin ser una cita, hay diversos elementos que retoman 2Sam 7,12ss: un descendiente de David que saldrá de sus entrañas; el trono de David; Dios lo considera como Hijo; su reino durará siempre. La diferencia más notable está en la relación entre el trono de David y la filiación divina. En la promesa a David se habla primero de un descendiente de David con derecho al trono, y luego se menciona la relación filial con Dios (una relación de castigo y de favor); en cambio la cualidad fundamental de Jesús y la primera que nombra el ángel es su filiación divina, que está repetida en v. 35.

En Is 9,5s hay un anuncio del inicio de la salvación: Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Dios Fuerte», «Siempre Padre», «Príncipe de Paz». Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso.

Es de notar que el inicio del tiempo de la salvación se lo ve en la entronización de un rey. El texto tiene en común con Lc 1,32: dominio grande; duración eterna; trono de David; todo realizado mediante la actividad del Señor. Otro rasgo común es que antes de la entronización del rey de paz, se describe la alegría que se conecta al inicio del tiempo de salvación: Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría (Is 9,2).

En Jer 23,5s el profeta tiene un oráculo en que se renueva la promesa del rey davídico: Mirad que días vienen – oráculo de Yahveh – en que suscitaré a David un Germen justo: reinará un rey prudente, practicará el derecho y la justicia en la tierra. En sus días estará a salvo Judá, e Israel vivirá en seguro. Y este es el nombre con que te llamarán: «Yahveh, justicia nuestra.»[5]

Todos estos textos muestran la esperanza siempre viva de un rey justo de la casa de David. También en Jer 33,25s encontramos la relación entre la descendencia de Jacob y David: Pues bien, dice Yahveh: Si no he creado el día y la noche, ni las leyes de los cielos y la tierra he puesto, en ese caso también rechazaré el linaje de Jacob y de mi siervo David, para no escoger más de su linaje a quienes imperen sobre el linaje de Abraham, Isaac y Jacob, cuando yo haga tornar a sus cautivos y les tenga misericordia.

El uso de “la casa de Jacob” parece indicar mejor que el dominio de Jesús es sobre toda la descendencia de Jacob; el otro nombre del patriarca: “Israel” se refería muy a menudo a la parte norte del reino. Estas referencias de nuestro texto al AT muestran que el Hijo de María es aquel cuya espera está muy viva en el AT; Dios es fiel a su alianza con la casa de Jacob y con David y dará a su pueblo un descendiente de David que reinará para siempre. Cabe aquí la pregunta sobre cómo y cuándo se realiza este anuncio. ¿Reino terrestre o celestial? ¿Para sólo la casa de Jacob? ¿Dónde se muestra este reinado de Jesús? En el evangelio de Lucas ya no hay referencia al trono; sólo en He 2,30s dice Pedro de David: sabía que Dios le había jurado solemnemente de hacer sentar a un descendiente suyo sobre el trono, y previó la resurrección de Cristo;

Pedro concluye su sermón con la cita de Sal 110,1 diciendo: sepa pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo al Jesús que vosotros crucificasteis (cf. la referencia que Pedro hace a Sal 132,11; 89,4; 2Sam 7,1s a los que alude también Lc 1,32). Del trono hablan también Heb 1,8: Pero del Hijo: Tu trono, ¡oh Dios!, por los siglos de los siglos; 8,1: Este es el punto capital de cuanto venimos diciendo, que tenemos un Sumo Sacerdote tal, que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos; 12,2: fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual… soportó la cruz… y está sentado a la diestra del trono de Dios. La carta a los hebreos presenta a Cristo sumo sacerdote, y la cruz es el acto sacrificial por el cual él mismo accedió y abrió para los creyentes el camino a los cielos.

En la obra de san Lucas no vuelve a aparecer el verbo “basileuo”: “reinar”; aparece sí en 1Cor 15,25: es preciso que él reine hasta que haya puesto todos sus enemigos bajo sus pies; en Ap 11,15: él reinará por los siglos de los siglos. En cambio habla Lucas “reino” (“basileia”) de Jesús; en la última cena (22,29): yo, por mi parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. y en el pasaje del buen ladrón (23,42): Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.» Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

En ambos casos se indica una entidad futura. Nos limitamos a estas indicaciones no exhaustivas, porque no podemos entrar en un tratamiento más largo del tema. Solamente digamos que 1,32 indica el reinado “pos pascual” de Jesús (después de la resurrección, ascensión), inaugurado con el acto sacerdotal de Jesús; y también está la afirmación de que con él se realiza la promesa, hecha a David, de un rey cuya misión es la salvación y señorío en medio de su pueblo (lo cual no excluye un señorío más amplio de Jesús sobre todas las naciones).

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Anunciación Van Eyck – detalle vestidos

[1] Cfr. K. Stock, Le prime pericopi della storia dell’infanzia in Lc 1-2 (Roma 21990); S. Lyonnet, Il racconto dell’Anunciazione e la Maternità divina della Madonna (Varese 1954). Con reservas, se puede ver para algunos temas R. Laurentin, I Vangeli dell’infanzia di Cristo (Milano 31989).

[2] También I. De la Potterie, Maria nel mistero dell’Alleanza, (Marietti 1988; 2007) 41.

[3] Encontrar gracia ante… es una fórmula bastante usada en el AT; usada con referencia a Dios se restringe a un grupo selecto: Noé, Abraham, Lot, Moisés, Gedeón, David. Y solo en relación a Noé y Moisés la fórmula es pronunciada por el mismo Dios; en el caso de María el ángel le trae el saludo de parte de Dios.

[4] Cf. Sal 89; 132,11s; Is 9,5; Jer 22,29s; 23; 5s; 33,14-26; Zac 6,12s, pasajes en que se refiere a la promesa a David.

[5] Esto después de haber dicho en 22,29s que esta promesa no vale para el hijo del rey actual: Así dice Yahveh: Inscribid a este hombre: «Un sin hijos, un fracasado en la vida»; porque ninguno de su descendencia tendrá la suerte de sentarse en el trono de David y de ser jamás señor en Judá.

[6] Cf. I. de la Potterie: Maria nel NT, in NDTB (a cura di P. Rossano, G. Ravasi, A. Ghirlanda) (Paoline 2005), 908-919.

P Carlos Pereira

El P. Carlos D. Pereira es sacerdote del Instituto del Verbo Encarnado, al cual ingresó desde su fundación, en 1984. Fue ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1990. Es licenciado en Exegesis de Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma (1995) y doctor en Teología Bíblica por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de la misma ciudad (2004).

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