Luchar Contra Mis Defectos | Perseverancia

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En el episodio anterior hablábamos del defecto dominante para combatirlo hay un método, una forma que se denomina el examen particular de conciencia que puede ser de muchísima utilidad, no solamente para el defecto dominante que puede involucrar también vicios muy arraigados, problemas afectivos también, incluso para problemas más serios como puede ser una adicción, juntamente con otras terapias por supuesto.

Un gran psiquiatra protestante del siglo pasado, Vittoz, decía que san Ignacio de Loyola, que es el gran sistematizador del examen de conciencia particular, se había adelantado a la psiquiatría, a la psicología, a la pedagogía tres siglos, por los Ejercicios Espirituales en general, pero sobre todo por esto de la manera en que nos presenta el santo esa forma de hacer el examen de conciencia particular. Es algo que ya lo hacían de algún modo u otro los monjes del desierto hace muchos siglos atrás, pero repetimos san Ignacio es el gran sistematizador y a quien vamos a seguir en esta brevísima exposición hablando de esto.

Es un modo muy eficaz por un lado de medir la voluntad, por eso el padre Casanovas lo llamara “voluntímetro” y también de generar fuerza de voluntad, o sea “voluntígero”, ambas cosas producen en nuestra vida espiritual esto del examen particular de conciencia. Hay que entender el espíritu que está detrás de esto para que se entienda después la letra, porque como dice san Pablo en la Segunda Carta a los Corintios el espíritu, la letra, perdón sin el espíritu mata. Entonces cual es el espíritu que está detrás de este examen de conciencia particular, el espíritu es mantener el alma en tensión constante a la santidad. No quiere decir esa tensión que falte paz, que falte alegría, sino una constante búsqueda de mejorar espiritualmente, de agradar más a Dios, de ser mejor para los hermanos, de ser santos. Eso es lo que buscamos con este examen de conciencia que vamos a explicar ahora brevemente.

¿Cómo se realiza? Bueno, hay una manera en general que se llama un “estado”, el “estado de examen de conciencia”, es decir un estado espiritual donde continuamente estoy viendo cómo va mi vida espiritual, es importante, pero también tiene actos concretos a realizar durante el día.

En primer lugar, san Ignacio nos propone que al levantarnos por la mañana en las primerísimas cosas que hagamos pensemos en que estamos trabajando para mejorar, en que virtud y nos propongamos en ese momento ser entonces bueno en eso que nos hemos propuesto, evitar esos actos malos que queremos evitar, hacer esos actos buenos que nos hemos propuesto hacer. Así procede la mañana con ese propósito, con esa firmeza.

Llegado el mediodía hacer una revisión rapidito si no hay mucho tiempo de ¿Cómo me fue en la mañana? ¿Cumplí con mi propósito? ¿Cuántas veces caí? Y en lo posible, san Ignacio lo recomienda, hay gente que esto por ahí no le gusta demasiado, pero para reafirmar la voluntad y sobre todo si son vicios arraigados es necesario anotar, poner lunes, una “L” de lunes, mañana la “M”, bueno ¿Cuántas veces caí? Y me propongo, muy importante también, mejorar para la tarde, muy importante ese propósito, casi dirá el padre Casanovas, más importante que el examinarse de la mañana es proponerse mejorar para la tarde.

Bueno y así también llega la noche, junto con el examen de conciencia general del día de ver cómo me fue en todas las virtudes y pecados etc., bueno, junto también con el agradecimiento a Dios que se debe hacer en un examen de conciencia, el examen particular me pide a ver cómo me fue en esto que me había propuesto, cuantas veces caí o si hice las obras que me había propuesto hacer y también el santo nos aconseja como el mismo lo hacía con muchísima eficacia y minuciosidad comparar la mañana con la tarde, un día con otro, una semana con otra y así se va progresando en la vida espiritual.

Por supuesto que estamos hablando de algo que depende también de la gracia de Dios y no es algo cuantitativo. Hay dos extremos, acá hay gente que hace el examen particular como si fuera supersticioso, “si cumplí con esto ya está, mi vida espiritual está bien y…” no, no es así. Tampoco caer en el otro extremo de desecharlo, “¡no… la contabilidad es algo que la vida espiritual…” no, da muchísimo resultado, hay que probarlo y sobre todo, repito, teniendo el espíritu de fondo que el espíritu es mantener el alma en constante búsqueda de la santidad, de la voluntad de Dios.

Otra cosa que recomienda san Ignacio cuando habla de esto es que cuando la persona, cuando uno cae en el propósito que se había propuesto hace un acto consciente, incluso si se puede dice él sin que nadie lo vea, llevar la mano al pecho, algún gesto exterior del cuerpo que me haga notar a mí mismo que me di cuenta que pasó. El padre Casanovas le da una importancia trascendental a eso, para tener dominio de uno mismo, para saber bien que hago o que no hago en el día. A veces hacemos o dejamos de hacer cosas por distraídos, por falta de atención

¿En qué hacer el examen de conciencia particular? Bueno, según lo que venimos diciendo lo que más se recomienda es hacerlo en el defecto dominante ¿verdad? Pero el padre Casanovas, un gran comentador de los ejercicios con mucho tino va a decir “como el espíritu del examen de conciencia particular es mantener el alma en tensión a la santidad a veces conviene elegir otra cosa”, por ejemplo, algo que a mí me esté motivando, tengo ganas de trabajar espiritualmente en esto, bueno, será entonces un buen motivo elegir ese propósito por un tiempo determinado, esa virtud en concreto. O también tener en cuenta a lo mejor tengo otros problemas más profundos como por ejemplo la soberbia, pero aquí ahora estoy faltando a la caridad al prójimo entonces por amor al prójimo voy a trabajar primero la caridad en esas cosas y después iré a lo más profundo en el trabajo de la humildad.

También puede ser la persona que tenga problemas con la lujuria o con la bebida que a lo mejor por un tiempo trabaje el abandono y la confianza en Dios que son necesarias para mejorar esto. Entonces digo la gama es bastante amplia y cada uno tendrá que ver y rezarlo y hablar con su director espiritual en que conviene trabajar.

Un beato decía “cuando hay duda trabájese en la humildad, nunca vamos a fallar”.

Por último, hay que dominar en el sentido de conocer profundamente aquello en lo que quiero mejorar. Quiero trabajar en la humildad, si yo digo “quiero ser humilde” no alcanza, ¿Qué significa ser humilde? A ver decime diez actos, quince actos que tengan que ver con esa virtud y después aplicado a mi vida ¿Qué es para mí ser humilde? Porque a veces la soberbia en unos se manifiesta de una manera en otros en otra, es muy importante bajar al concreto. Incluso tener un plan, bueno mi trabajo en esta virtud va a ser esto, después esto, después esto, enamorarme de esa virtud y buscar con un proyecto de vida concreto.

El gran problema en esto que vengo diciendo es la perseverancia, hacer esto una semana, dos, un mes, dos meses, cualquiera lo hace, quizá obtienen frutos. El tema es perseverar. Como dice santo Tomás de Kempis en “La imitación de Cristo”: “si alcanzáramos una virtud por año, en breve seriamos santos”, y se nos pasa el año y no solamente a veces no alcanzamos una virtud, sino que tenemos un pecado o un vicio más. Repito lo que decíamos todo esto es poner el granito de arena de nuestra parte que tenemos que ponerlo para que Dios obre en nosotros la santidad porque obviamente la santidad es obra de la gracia, pero como va a decir san Agustín “el que te creó sin ti, no te salvará sin ti” agreguemos “no te hará santo sin ti”.

Le pedimos la gracia a nuestra Madre del Cielo de poder entender estas cosas, de poder vivirlas y sobre todo de poder entusiasmarnos de verdad con esa llamada a la santidad que Dios nos hace a todos. Ave María Purísima, sin pecado concebida.

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