Perder la vocación

0

En una oportunidad San Marcelino les habló los hermanos sobre el tema de la vocación, ya que le preguntaron si se podía perder la vocación. Y el santo les hizo una distinción, les dijo: “Fallar la vocación, perder la vocación, apostatar la vocación, y ser infiel a la vocación, son cosas muy distintas “.

 

Fallar la vocación

Es ignorar los designios de Dios sobre uno. Es cuando alguien no conoce lo que Dios quiere de sí o se equivoca en lo que cree que Dios le pide. Hay jóvenes buenos que se quedan en el mundo porque no saben lo que es la vocación, o nadie les predicó, o nunca conocieron una casa religiosa. Pero muchos de ellos no lo conocieron pero desearon vivir bien, y esa buena disposición suplirá en ellos la vocación que no pudieron seguir por falta de conocimiento.

 

Perder la vocación

Es abandonarla antes de ser religiosos por los votos. Después de conocerla suficientemente y de formar parte de alguna comunidad. Es no haber sabido o querido cultivar, entretener, afianzar y conservar la vocación recibida. Es dejar sin producir el talento que Dios nos dio. Es dejar de corresponder a la vocación recibida y que ya se había abrazado y merecer que Dios nos quite esta gracia por las siguientes causas:

  • Abuso de la  gracia y menosprecio de  las cosas pequeñas
  • Pasión desordenada por algo
  • Incumplimiento del reglamento
  • Negligencia y  descuido de  los ejercicios  de  piedad
  • Tentaciones violentas y graves y repetidas faltas
  • El desaliento, “que es la causa más frecuente”

Una sola de estas causas puede ser suficiente para perder la vocación. La pérdida de la vocación conlleva consecuencias gravísimas:

  • Vida desgraciada: Es como un miembro del cuerpo que está dislocado, hace

sufrir a todo el cuerpo y siempre está mal. El joven  que no está donde Dios quiere.

  • Una cadena interminable de faltas: El que abandona la vocación y se entrega al mundo, en todo encuentra ocasiones y peligros. Encontrará dificultades aún en las cosas más pequeñas. “Tres cosas muy funestas siguen a la pérdida de la vocación: la privación de gran número de gracias, una espantosa cadena de pecados, y la condenación casi segura”.
  • El desaliento en todas las empresas. Todo lo que emprenda le saldrá mal. Se desalentará en las dificultades. Porque resistió a Dios y no puede encontrar en él su Emprenderá de todo, y tropezando en todo, no levará nada a feliz término.

 

Ejemplo de la Virgen a Santa Catalina de Suecia, hija de Santa Brígida, que estaba muy tentada de dejar la vocación. La mamá rogó por ella y a la noche Santa Catalina vio el mundo todo envuelto en llamas, y se encontraba ella rodeada de fuego por todos lados. Estando en este apuro vio a la Virgen y sin poderse contener le suplicó: ¡Ayúdame, oh santa Madre de Dios! Y la Virgen le respondió:  ¿Cómo? Con menosprecio de tu vocación  intentas  irte al mundo,  en medio  de todos los peligros, quieres  meterte intencionalmente en estas llamas, ¿y me llamas para que te ayude?

Catalina prometió ser fiel a la vocación y rechazar las tentaciones e inmediatamente cesaron las llamas.

“El hermano de María que ponga su vocación en manos de esta divina Madre, jamás la perderá”.

 

Apostatar de la vocación

Corresponde a los que han hecho sus votos en la religión y luego abandonan este estado. La vocación no es ya un consejo sino una obligación. El abandonar la vocación luego de comprometerse con Dios conlleva frecuentemente la perdición del alma. Es como un naufragio en alta mar. Es la bancarrota universal.

San Agustín:  “No he visto almas más perversas y más hondamente corrompidas que las

que se han maleado en la religión “. Como dijo Cristo, que el que pone la mano en el arado y mira para atrás, No es apto para el Reino de los Cielos.

 

Ser infiel a la vocación

  • No adquirir las virtudes y el grado de perfección al que se está llamado No corresponder a la gracia y huir de la mortificación
  • Vivir en cobardía y tibieza
  • No hacer todo el bien que se debería y se puede El que descuida el avanzar en la perfección

 

Consecuencias:

  • Muchas faltas veniales y otras graves
  • Vida inquieta y sin alegría. Se vive triste de los compañeros, de uno mismo, y hasta del mismo
  • Peligro de perder la vocación y ser abandonado de Dios o  Gran temor de la muerte
  • Purgatorio dilatado y riguroso

 

Que Dios nos conceda ver lo importante que es no ser infieles a la vocación, y mucho menos ponemos en peligro de perder la vocación.

Que la Virgen María nos conceda la gracia de la perseverancia.

Comentarios
Loading...