LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ – 5

San Juan de Ávila

QUINTO DOMINGO 

LECTURA EVANGÉLICA

Del evangelio según San Mateo 2, 13-14

El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

PENSAMIENTO: San Juan de Ávila, Sermón 75

Tres cosas acaecieron a estos santos desposados José y María; conviene a saber: las grandes mercedes que Dios les hizo, la tribulación y prueba en que Dios los metió y el piadoso socorro que en el tiempo de la mayor angustia les envió. Notad bien y sabed considerar estas tres cosas, porque en ellas se encierra lo que nos acaece, no sólo en un día, mes o año, más en toda la vida que en este destierro vivimos.

 No se engañe nadie. Sepan todos que el lugar verdadero del gozo y descanso y prosperidades, el cielo es; más este destierro es lugar de trabajos, y cuando Dios da alguna consolación o prosperidad, es porque no desmaye en las tribulaciones que tiene o porque cobre fuerzas para vencer las que le quieren venir.

 Dios es amigo de tener amigos probados, y no puede haber prueba sino con tribulación, ni pueden entrar en el cielo si no caminan por el desierto, ni celebrar Pascua de Resurrección si no pasan por Viernes Santo, que es día de pasión.

ORACIÓN DE PETICIÓN

San José, Custodio y familiar íntimo del Verbo de Dios encarnado. Grande fue tu sufrimiento para alimentar y servir al Hijo del Altísimo, sobre todo en la huida a Egipto;  de igual manera fue grande tu alegría al tener siempre en tu compañía al mismo Hijo de Dios y ver cómo caían en tierra los ídolos de Egipto.

Por este dolor y gozo, te rogamos nos alcances la gracia de que, huyendo de las ocasiones de pecado, venzamos al enemigo infernal y hagamos caer de nuestro corazón todo ídolo de pasiones terrenas, para que, ocupados en servir a Jesús y a María, vivamos únicamente para ellos y tengamos una muerte feliz.

 Padre nuestro. Ave María. Gloria.

ORACIÓN FINAL

V./ Ruega por nosotros, glorioso san José.

R./ Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oh Dios, que con inefable providencia, elegiste a San José como  esposo de la Madre de tu Hijo, concédenos la gracia de tener como intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Glorioso san José, custodio fiel a quien fueron confiados Jesús, la inocencia misma, y María, Virgen de las vírgenes: te ruego y suplico que, con tu ayuda, sirva yo siempre a Jesús y a María con el corazón puro y el cuerpo casto. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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