Los Ángeles, nuestros compañeros de camino

«Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono … se postraron ante el trono con el rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo: Amén, alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén «(Ap.7, 11)

 

Si hablamos de los ángeles, no faltará quien sonría como dando a entender que es un tema pasado de moda, ingenuo, propio de los niños; aunque a los niños, para darles seguridad y quitarles el miedo, quizás les daremos un peluche, una mascota;  o les explicaremos un cuento (como leí hace poco) sobre un hilo invisible que nos une a las personas que queremos y, que por tanto, nunca están solos, un cuento bonito y tierno, todo sea dicho. Tal vez cometamos el error de hablarles de «superhéroes» que vendrán en su ayuda, y nos proveeremos, eso si, de mil inventos que nos permitan poder ver y controlar lo que hacen nuestros hijos en todo momento, por que los mayores también «tenemos muchos miedos».  Quizás incluso acudiremos a terapias de autoyuda: PNL (programación neurolingüística, repitiendo continuamente en un estado de relajación una frase positiva sobre aquello que deseamos conseguir), pensamientos positivos que atraigan lo bueno que deseamos …

Sin embargo, la existencia de los ángeles, «mensajeros de Dios» que vienen en nuestra ayuda, que nos protegen, que nos acompañan, es una de las verdades de nuestra fe de la que deberíamos hablar siempre, también a nuestros hijos. Verdadero don del Amor y Misericordia de nuestro Padre del Cielo que en todo momento, de manera eficaz, fiel y atento, cuida de los verdaderos peligros a sus hijos frágiles e inconscientes. Las Sagradas Escrituras están llenas de ejemplos de la acción de los Santos Ángeles y, por tanto, de su existencia, desde el libro del Génesis hasta el Apocalipsis. Podríamos llenar un buen número de páginas con estas citas. También nos lo dice la Iglesia en el Catecismo: «La existencia de seres espirituales no corporales que la Sagrada Escritura nombra habitualmente ángeles, es una verdad de fe» (Cat 328) «Los ángeles son servidores y mensajeros de Dios» (Cat 329) «son criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales y superan en perfección a todas las criaturas visibles» (Cat 330). Recordemos que los ángeles son enviados de Dios, porque hoy en día está de moda mandar a los amigos y parientes «ángeles de paz y de bien” (mayoritariamente bienes terrenos) que no sabemos en nombre del que vienen.

Dios Padre, en su sobreabundante gracia para con nosotros, ha puesto un Ángel Custodio a nuestro lado que nos acompaña sin descanso día y noche, desde nuestro nacimiento hasta más allá de la muerte, hasta que lleguemos a disfrutar de la plena felicidad de Dios. Durante el tiempo de purgatorio, nos consolará y ayudará en el sufrimiento. Durante toda nuestra vida nos protegerá de los peligros y nos ayudará; presentará al Señor nuestras oraciones y ofrendas, especialmente en el momento del ofertorio durante la Santa Misa.

Todos los santos nos hablan del Ángel Custodio, incluso algunos lo han podido ver y han tenido con él una relación personal y estrecha.

San Juan Bosco, fundador de las Congregaciones Salesiana y de las Hijas de María Auxiliadora, según sus Memorias Biográficas, sabía infundir en sus jóvenes gran respeto y amor al Ángel de la Guarda. Les decía: «Reavivar vuestra fe en la presencia del Ángel de la Guarda, que está siempre con vosotros. Santa Francesca Romana veía su Ángel Custodio constantemente delante de ella, con las manos sobre el pecho y los ojos fijos en el cielo; pero cuando cometía la menor falta, el Ángel se cubría la cara y se giraba de espaldas a ella, como avergonzado.» Con el fin de infundir en ellos confianza en su Ángel, los relataba a menudo la historia de Tobías y el arcángel Rafael, el gran milagro de los tres hebreos Ananías, Misael y Azarías, que salieron ilesos de las llamas del horno en Babilonia y otros hechos similares de los cuales están llenas las Sagradas Escrituras y la Historia Eclesiástica. No se cansaba de recordar en sus homilías a este dulce y celestial amigo:

 

«Sed buenos -los decía- para que esté contento vuestro Ángel Custodio. En vuestras penas y desgracias materiales o espirituales acudid a él con plena confianza y él os ayudará. ¡Cuántos, estando en pecado mortal, fueron liberados de la muerte por su Ángel para que tuvieran tiempo de hacer una buena confesión!”

«¡Cuidado! Los ángeles de los inocentes traicionados pedirán venganza ante Dios». 

«Acuérdate que tienes un Ángel como compañero, guardián y amigo». 

«Sé valiente y ora, también tu Ángel Custodio ruega por ti y será escuchado». 

«No prestes atención al demonio y no lo temas; él tiembla y huye ante la presencia de tu Ángel».      

«Pide a tu Ángel de la Guarda que venga a consolarte y asistirte a la hora de tu muerte».

 

Santa María, Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.

2 Comentarios
  1. Clara Victoria Rendón Dice

    Excelente Catequesis sobre los Ángeles. Sin embargo, la introducción es ambigua, al presentar esas prácticas de Nueva Era sin aclarar que ofenden a Dios y no son compatibles con nuestra Fé. Valdría la pena que dieran claridad para aquellos que desconocen la Doctrina

  2. Gaby Dice

    Bello!!. Desde muy joven he creído profundamente que mi Angel es como la extensión del Dios mismo que cumple su YO ESTARÉ CON USTEDES TODOS LOS DÍAS HASTA EL FIN DEL MUNDO!!!. Yo converso mucho con Él y siento su Presencia cada dia en mi vida.Clara catequesis. Muchas gracias!!!

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