Dios pensó al misionero para ése lugar

Ushetu, Tanzania, 28 de noviembre de 2021

En nuestra Familia Religiosa es tradición celebrar el día de las Familias, el día de los laicos de la Tercera Orden, en la solemnidad de Cristo Rey. Aquí en nuestra misión, por diversas razones, no pudimos hacerlo en esa fiesta, pero buscamos que fuera en la fecha más cercana posible. Por eso el sábado 27 de noviembre, nos reunimos con todos nuestros laicos. Junto a esto, deseábamos festejar a dos religiosas de las Servidoras, la Hna María Mistike Rose y la Hna. María di Gesú, que habían realizado sus votos perpetuos en septiembre, pero en sus países de origen: Holanda e Italia, respectivamente.

Por esto organizamos los festejos, invitando a los laicos de nuestra Tercera Orden, que pertenecen a nuestras dos parroquias, y respondieron muy bien. Vinieron de algunas aldeas que quedan a 40 km de distancia, otros de 25 km, y muchos de ellos vinieron caminando, y otros en bicicletas. Como comenzamos a ver que muchos querían venir, y el problema era el transporte, decidimos ayudar un poco con un viaje con nuestro pequeño bus. Cerca de la fecha la cantidad de personas aumentaba considerablemente, y debimos ir a buscarlos hasta el punto que habíamos convenido, a 20 km de nuestra casa de formación, con el bus, dos camionetas, y un camión.

Se notaba mucho entusiasmo y muchas ganas de participar de la Jornada de las Familias y festejar a las hermanas. La gente las quiere mucho, pues ya llevan varios años en la misión, y están muy agradecidos por todo lo que ellas hacen.

Por un lado, la Hna Mistike es doctora, y trabaja en el dispensario. Muchos la conocen, y agradecen por la caridad y delicada atención que han recibido en el pequeño hospital. Han venido ellos mismos a ser atendidos, o bien algún familiar o conocido. Todos hablan muy bien del “dispensario de las hermanas”.

Por otra parte, la Hna María di Gesú, trabaja mucho en el apostolado con las niñas. Ella lleva adelante, junto con otras hermanas y las aspirantes, el grupo de las niñas adolescentes “María Goretti”. Y además es muy conocida por las niñas aún en las aldeas más lejanas gracias a los campamentos. Como ustedes saben, hacemos campamentos a mitad de año en cada uno de los centros, y allí se congregan niñas de cada aldea. Este año, entre cinco campamentos, hubieron más de 800 niñas. A fin de año se hace otro campamento de niñas en la parroquia, con todas las de la infancia misionera, y el año pasado participaron 400 chicas. Por todo esto pueden ver que muchas niñas y jóvenes vinieron a saludar y felicitar a las hermanas en el día de ayer.

Junto a esto, como les decía, estaba la Fiesta de las Familias, y era la última reunión de este año para la Tercera Orden. Entonces también se realizaron charlas para los matrimonios, para los jóvenes, y para los niños. El P. Víctor Guamán les habló a los adultos; el P. Pablo Folz dio un punto de formación para los jóvenes; y los hermanos y las aspirantes se encargaron de los niños, con algo de catecismo y juegos. La misa la ofrecimos especialmente en acción de gracias por los votos perpetuos de las hermanas, y al final de la misma todos los participantes pasaron a saludarlas. Calculamos que vinieron más de 400 personas. Fue una verdadera fiesta… con mucha alegría, cantos, bailes y regalos para las hermanas.

Ayer veía el agradecimiento y la alegría de la gente, y no podía dejar de pensar en el gran valor de la vocación misionera. ¡Qué gran obra de Dios es la vocación, que nos pensó para éste lugar, y no otro! A cada uno Dios lo pensó para un lugar en concreto. Es “Su” plan… desde toda la eternidad. Pero en ése plan, como sabemos, hay lugar para la libertad del hombre. Cada joven puede seguir la vocación que Dios le da, o puede rechazarla. Y así, hay mérito en seguir la vocación. He estado recordando unas palabras de San Alberto Hurtado que me ayudaron mucho durante todo mi seminario: “Cuando un joven rechaza la vocación religiosa, sepa que el bien que él hubiera hecho, no lo va a hacer otro. Dios lo pensó a él para ése lugar, y ningún otro lo ocupará”.

Pensaba en cuánto bien hacen los misioneros, cada uno en el lugar donde Dios los pensó. Y a la vez, cuánto bien se dejaría de hacer, si esos misioneros no hubieran sido fieles al momento de dejar todo y seguir la vocación. Tal vez cuando eran pequeños, para entrar al seminario menor o al aspirantado, pero Dios ya les tenía trazado su plan, y pensado el lugar donde darían muchos frutos. Pensaba ayer si estas hermanas no estuvieran, cuántas personas no habrían tenido la posibilidad de tener una atención médica digna y caritativa… o cuántos no habrían podido venir a nuestro dispensario y así obtener alivio a sus dolores y sufrimientos. O cuántas niñas y jóvenes no habrían recibido el consejo y la enseñanza de las hermanas, conociendo más a Cristo por medio de los juegos y el catecismo, por medio de los campamentos y oratorios.

Me gustaría terminar esta breve crónica con algunos textos de San Alberto Hurtado, pero con cierta libertad cambiando donde dice “sacerdotes”, por “misioneros”, para que se pueda aplicar a toda vocación religiosa: “En nuestros días hay en el mundo cerca de mil millones de paganos. Colocados uno al lado del otro, codo a codo formarían una línea de 643.000 km de longitud, o sea podrían rodear diecisiete veces la tierra. Si pasaran por un punto determinado en fila de a uno en fondo, uno cada segundo, sin cesar, día ni noche, tardarían treinta y un años y medio antes que terminara de pasar el último individuo de los que ni siquiera conocen a Cristo. ¡643.000 km de paganos!, cada uno de ellos amado de Dios, destinado al cielo y ahora lejos de él… Oh, si hubiera “misioneros”…”.

La vocación no es, en general, un llamamiento obligatorio para el joven, sino una invitación a su generosidad (…) Si no te resuelves a seguir la voz de Cristo, ya lo sabes: no tienes obligación. Pero no sabes lo que pierdes si Dios te invita y tú no lo oyes. Es un dolor que tantos como podrían continuar la obra de la Redención se retraigan de la mano de Cristo que quería servirse de ellos para salvar a las almas, y hacer el bien. ¡Cuántos Javier frustrados, que han pasado por el mundo sin dejar huella alguna, gozando egoístamente de la vida, o sufriendo sus consecuencias, y que habrían sido instrumentos de salvación más fecundos quizás que el Apóstol de las Indias!”

Todas estas almas que aquí vemos en nuestra misión, tantas y tantas comuniones y confesiones, tantos y tantísimos niños de catecismo, miles y miles de feligreses… dependen de los misioneros. ¿Qué sería de la fe de esta gente si no hubiera misioneros, religiosos y religiosas?

Damos gracias a Dios por el gran don y misterio de la vocación misionera. Por eso el día de ayer hubo una gran fiesta, para celebrar a dos misioneras en Tanzania… Y esas almas misionadas, las pensadas por Dios en Tanzania, estaban allí, expresando su agradecimiento.

Los pobres, sobre todo, necesitan del “misionero”: sin él quedan huérfanos y desamparados. El pobre no tiene tutor ni defensor más verdadero de sus derechos que el “misionero”. (…) El pobre no tiene, de ordinario, apoyo, ni parientes, ni protectores… todos le huyen; todos se le escapan, ninguno lo conoce. Pero tiene siempre un “misionero” que está pronto a acudir a su lado.”

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano IVE


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