El Cardenal Zen habla sobre el Sínodo de los Obispos 1

Compartimos una conferencia del Cardenal Joseph Zen en la que nos habla sobre el Sínodo de los Obispos convocado por el Papa Francisco, y sobre el significado de la “sinodalidad” para la Iglesia,  presentando un recorrido histórico por los diferentes Concilios de la Iglesia.
En esta entrada les compartimos el video (subtitulado al español), así como la transcripción de esta primera charla.

Queridos hermanos y hermanas,
el Papa Francisco ha puesto en marcha a gran escala una reunión, que para él es muy importante: el Sínodo mundial de los obispos. Además, quiere que la preparemos entre todos, no que nos preparen todo desde arriba, quiere que no solo recibamos, sino también que participemos. Por esto, todos debemos aceptar la invitación y las propuestas del Papa.

Al momento de participar, debemos primero comprender el contexto de fondo, tal vez necesitemos tener claro cuál es en definitiva el tema de discusión. Tal vez ustedes dirán que todo el mundo sabe que la sinodalidad es algo muy bueno, y explicarán el sentido original de esta palabra; pero la palabra “sinodalidad”, significa algo abstracto, un espíritu, es intangible, impulsado por el Espíritu de Dios. Si queremos comprender este espíritu, necesitamos partir de algo concreto, solo así se puede comprender.

¿Qué significa espíritu de “sinodalidad”? Porque la sinodalidad tiene distintos grados, distintos modos. Debido a que la Comisión de justicia y paz (de la Diócesis de Hong Kong) habitualmente está atenta a distintos problemas de la Iglesia, ellos me invitaron a que hablara de este tema.

En la primera charla comenzaré con un documento muy valioso, este documento fue preparado por gente de autoridad de la Santa Sede: la Comisión Teológica Internacional, una comisión nombrada por el Papa, para investigar los temas que él les encarga. Esta comisión comenzó a redactar este documento desde el 2014, para explicar el tema de la “sinodalidad”. Nosotros (Hong Kong) lo traducimos por “共議同行”, [Taiwán: 同道偕行] en idiomas extranjeros es “synodality”.

“Sinodalidad” es un sustantivo nuevo, que antes no había aparecido. El “sínodo” es algo concreto, en cambio, “sinodalidad” es un espíritu (abstracto). Al fin, ¿cómo se expresa y manifiesta este espíritu? Esto es lo que investiga este documento. El documento tardó tres años en ser aprobado por la comisión, luego fue aprobado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, y al final fue aprobado por el Papa. Así que en el 2017 se publicó este documento. En ese momento, la Iglesia ya había comenzado a utilizar la palabra “sinodalidad”. Se trabajó muchísimo en este documento, se realizaron muchas reuniones, la comisión creyó que era necesario publicar un documento sobre la “sinodalidad”, puesto que este tema, especialmente a los ojos del Papa Francisco es un concepto que tienen mucha actualidad. En efecto, el Papa ha convocado el Sínodo de los Obispos por este tema. El Papa señaló que la “sinodalidad” es una dimensión fundamental de la Iglesia, la Iglesia es justamente esto, la Iglesia debe ser sinodal, este es un elemento esencial. Por esto, debemos entenderlo claramente, no solo superficialmente. Así que, partimos desde aquí, (no hace falta que nos preocupemos de la traducción al chino).

El espíritu de sinodalidad es algo muy bueno, pero como se darán cuenta, cuando hablamos de “espíritu” tal vez haya muchas opiniones diversas. Sobre este espíritu, es necesario que hablemos de un modo más concreto para que sepamos cómo llevarlo a cabo. Pero, al hablar de modo más concreto también hay que tener cuidado, porque si bien nuestra Iglesia es una comunidad sinodal, sin embargo, respecto al modo de ejercer esta sinodalidad, Dios ya ha dado normas sobre algunos aspectos. Primero, debemos tener en claro esto, que “sinodalidad” es un sustantivo nuevo, aunque “sínodo” es un sustantivo tradicional. La Iglesia tiene algunos organismos que se llaman “sínodos”. El significado de la palabra “sínodo” es caminar juntos, tal cual lo hacen diferentes grupos, amigos: caminan juntos. Este espíritu de caminar juntos debe entenderse desde la perspectiva de la Iglesia, hay un organismo dentro de la iglesia llamada Sínodo, también está el método de trabajo del sínodo, y si nosotros entendemos este punto, sabremos que la naturaleza de la Iglesia no se trata solamente de celebrar reuniones, no es solo una estructura, sino que somos una “Iglesia sinodal”. Esto es así, la naturaleza de la Iglesia es de ser una comunidad sinodal.

Hace falta recordar el significado histórico de “sínodo”. Históricamente hablando, “sínodo” y “concilio” son dos palabras sinónimas, y al mismo tiempo, tienen distintos niveles y aspectos. Este documento (de la Comisión Teológica Internacional) comienza desde la perspectiva histórica seguido de un análisis teológico y, por último, analiza aspectos más concretos, actualmente en la Iglesia, las estructuras que realizan el espíritu de sinodalidad. Por esto, el documento se divide en tres secciones, la primera parte acerca de la historia, y la historia comienza, por supuesto, con la Biblia, y de la Biblia a la historia de la Iglesia; la segunda parte es la más importante, desde una perspectiva teológica se analiza, en definitiva, ¿qué significa la “sinodalidad” para la Iglesia? Por último, se discuten cuestiones más concretas, de qué modo, estructuralmente hablando, se puede implementar el espíritu de sinodalidad. Por lo que la primera parte es histórica, la segunda es doctrinal, y la tercera es la aplicación práctica.

 

(Primera Parte)

Hablando de historia, el plan de Dios para la humanidad a menudo tiene como base una comunidad. En toda la historia de salvación, hay una noción llamada “alianza”, Dios establece una alianza con una comunidad. Asimismo, Dios camina junto a esta comunidad, y la gente de esta comunidad también caminan juntos. Acerca de las alianzas que Dios estableció, vemos que, históricamente, comenzando con Abraham, Dios le manda que salga (de su tierra) y Dios mismo camina junto a él. El segundo ejemplo es Moisés, Dios le encomienda el pueblo elegido, quiere que él lo saque de Egipto, caminando juntos. Todos estos son ejemplos muy buenos, que manifiestan cómo Dios elige a un líder, al mismo tiempo que quiere que todos caminen juntos. Por supuesto, en la historia de Israel también hubo momentos de fluctuación, a veces no querían escuchar (a Dios), muchas veces hubo que castigarlos, al fin se convirtieron, Dios los perdonó, y aun así, los hizo entrar en la tierra prometida, sin embargo, Moisés no pudo entrar. Después de entrar allí, había muchos pueblos paganos alrededor, que causaron muchos problemas. En aquel entonces, aparecieron otros líderes, líderes espirituales: los profetas, los profetas eran los voceros de Dios; Dios continuamente caminó junto al pueblo, al mismo tiempo que eligió algunos para que fueran sus portavoces. Al final, Jesús mismo vino, Jesús de Nazareth, habitó realmente entre los hombres, y caminó junto a nosotros. Este año el seminarista Lee de los Salesianos hizo un pesebre, usando una “yurta” (choza o tienda de estilo mongol) ¡Muy interesante! Es una tienda, porque la Biblia dice: Jesús descendió a habitar entre nosotros, el original (griego) dice: Él puso su tienda entre nosotros. Porque el pueblo de Israel estaba continuamente en movimiento, durante tantos años vivieron en tiendas, no tenían un lugar fijo. Dios camina junto a nosotros, Jesús se llamó a sí mismo la Verdad, la Vida y el Camino, además, Él también es el “que camina junto a”. Por esto, la noción de caminar juntos es necesario entenderla desde aquí, siguiendo a los representantes enviados por Dios, siguiendo a Jesús; tanto en el Antiguo como en el nuevo Testamento. Siempre es el Espíritu Santo el que nos guía en el camino. Dios Padre y Dios Hijo enviaron al Espíritu Santo para guiar nuestra Iglesia, en la Iglesia está la palabra de Dios, Dios nos ha dado además un alimento para ayudarnos a caminar este camino, indicándonos una dirección. Para decirlo de un modo más cercano, Jesús estableció en la Iglesia a los Apóstoles, Él eligió a los Apóstoles, los Apóstoles nos guían en este caminar juntos.

En la historia de la Iglesia ha habido muchos sínodos, pero el primer sínodo, que puede llamarse el primer Concilio, ¿dónde fue celebrado? Fue celebrado en Jerusalén, está en “Hechos de los Apóstoles” cap. 15, En aquel tiempo, la Iglesia se enfrentó con un gran problema: los primeros cristianos eran todos judíos, pero Jesús eligió un apóstol más -Pablo-, que predicaba a los gentiles. Estos, ¿tenían obligación de observar la ley de los judíos? ¿tenían obligación de circuncidarse? Sobre estos grandes problemas, ahora nosotros vemos muy claro, los Apóstoles de Jesús predicaron a todo el mundo, por esto, no era necesario (que los gentiles observaran la ley mosaica). Pero en ese momento no era tan claro, por ello era necesario discutirlo detenidamente. Por supuesto que Dios ya había preparado algo, por medio de la cabeza de los Apóstoles, Pedro, Dios ya le había dicho: “Lo que yo considero puro, ustedes no lo consideren impuro”. (Hechos 10) Porque en la visión que Pedro tuvo en sueños Dios le mandó comer algunos alimentos, estos alimentos eran impuros según la ley, Pero Dios dijo: lo que yo te doy a comer no puede ser llamado impuro, así, Pedro entendió que Dios quería que su Pueblo se abriera (a los gentiles). Es así que este Concilio de Jerusalén fue un Concilio muy importante, si lo observamos detalladamente nos daremos cuenta que este Concilio es un modelo. Durante la historia se convocaron numerosos Concilios, había problemas que discutir y resolver, si hay problemas, es necesario discutirlos, debatir todos juntos, sinodalmente. El primer Concilio de Jerusalén fue magnífico, se debatió de manera muy acalorada, Pedro dijo de modo muy claro: “Al inicio, yo creía que no, pero Dios me mostró que sí, por esto la Iglesia se debe abrir (a los paganos)”. Especialmente Pablo y Bernabé, -Bernabé era una persona muy buena, tenía mucha autoridad en Jerusalén y además era un buen hombre, todos lo escuchaban de buena gana- él les presentó a los demás a Pablo, y Pabló les compartió su experiencia, cómo Jesús se le apareció, y le mandó predicar la fe a todas las gentes. Al final, Santiago Apóstol se levantó y dijo: ya que los hemos escuchado hablar, yo propongo que decidamos según se ha hablado. Este mensaje era muy importante, era necesario transmitirlo a todos, porque este Concilio afectaba a toda la Iglesia. Entonces enviaron mensajeros a Antioquía, diciendo: “el Espíritu Santo y nosotros decidimos”, es decir, no decidieron ellos solos, fue el Espíritu Santo que los movió. Así, todos llegaron a un consenso, el consenso es también buscar la santa voluntad de Dios buscar el plan de Dios, y una vez entendido este plan de Dios, por medio del asentimiento general, tomar una decisión. El primer Concilio de la Iglesia tiene un grandísimo rol ejemplar, junto al Espíritu Santo, todos toman una decisión.

Esta unidad, este caminar juntos por supuesto que es importantísimo. Sabemos que después de resucitar, Jesús caminó junto a dos discípulos hacia Emaús, caminaron durante una jornada, Él caminaba y, al mismo tiempo, los instruía, caminaban juntos, es decir, avanzaban juntos. En las cartas de San Pablo esto se expresa de modo más preciso, nosotros y Cristo somos como una misma persona, -el Cuerpo Místico de Cristo-, es decir que todos nosotros y Jesús somos como una sola persona. Hablamos de espíritu de sinodalidad porque somos fundamentalmente una sola persona, por esto, debemos estar unidos. Y Pablo también dijo claramente que en el cuerpo de esta persona (mística) hay muchos miembros distintos, la Iglesia es esta comunidad maravillosa, hay pluralidad y hay también unidad. La iglesia es una comunidad de diversidad en la unidad, necesitamos debatir juntos, porque puede haber distintos puntos de vista, por eso debemos buscar una dirección común, para que todos podamos caminar juntos. Este tema es realmente muy importante, es una dimensión fundamental de la comunidad eclesial, la Iglesia es así. Jesús también subraya este aspecto al pedir al Padre “que todos sean uno”, al acercarse su ascensión a los Cielos le pidió al Padre que sus discípulos conservaran la unidad. La diversidad es algo muy bueno. la creación de Dios es multiforme y variada, al pensarlo, uno se da cuenta que no hay dos personas con el mismo rostro, cada persona tiene dos ojos, una nariz, una boca, pero no hay dos personas con el mismo rostro, por esto se puede identificar a una persona con una fotografía, incluso con algo tan pequeño como las huellas digitales que pueden tener innumerables variaciones, esto es así de extraordinario. Las personas creadas por Dios son todas diferentes, pero todos deben caminar juntos, y para esto hace falta sinodalidad. Desde la perspectiva histórica, entonces, al modo más eminente de reunión lo llamamos “Concilio Ecuménico”, es lo que históricamente representa de modo emblemático la sinodalidad, porque es de la Iglesia en su totalidad.

Después (del Concilio) de Jerusalén la iglesia primitiva convocó muchos otros Concilios, para resolver algunas cuestiones muy profundas, como “tres Personas y un solo Dios”, y “Jesús verdadero hombre y verdadero Dios”. Estas dos cuestiones son de fe, la Sagrada Escritura es muy clara, pero para nosotros es difícil entender, hasta se podría decir que no podemos entender, pero es preciso creer, porque lo dijo Jesús. Entonces, ¿cómo entender esto? o por lo menos, ¿cómo no errar? Por eso, debido a que eran cuestiones muy candentes, se convocó el Concilio de Nicea, nuestro Credo actual incluye algo de ese contenido, aunque a lo largo de la historia sufrió también algunos cambios. Después se convocaron distintas asambleas, algunas no necesariamente abarcaban a toda la Iglesia, sino que eran territoriales.

La Iglesia siguió desarrollándose gradualmente, la Diócesis llegó a ser una parte, también se celebraron asambleas diocesanas, y para esto la Iglesia estableció algunas normas, para el llamado “Sínodo Diocesano”. Es por eso que durante la historia la sinodalidad no dejó de manifestarse en la Iglesia universal ni en las Iglesias particulares, todo impulsado por el Espíritu Santo.

Por supuesto, la historia es muy compleja, a veces la Iglesia también puede desviar su camino, pero una cosa está muy clara: una asamblea así debe ser convocada por el Papa o el Obispo, o al menos ser aprobada o avalada por el Papa para que sea válida, para asegurar la presencia del Espíritu Santo en esa comunidad. En algunas sociedades de esa época, el Emperador era también católico, por un lado, esto era algo bueno, pero a veces el Emperador interfería en los asuntos de la Iglesia, a veces interfería también en las asambleas, haciendo las cosas más complicadas. Esto no debe sorprender, Jesús no fundó una Iglesia perfecta empezando por los Apóstoles que él mismo eligió: Jesús fue traicionado por Judas, Pedro también lo negó, todos huyeron cuando fue crucificado, solo Juan permaneció a su lado. Pero Jesús no se desanimó, siguió utilizando a estos hombres. Hubo momentos en que la Iglesia no caminó como debía, esto es entendible, pero Dios no puede dejar que la Iglesia siga un camino errado, con seguridad encontrará un modo de rectificarla.

En principio, la mayoría de las asambleas de la Iglesia han marchado muy bien, en la historia ha habido algunos lugares que particularmente manifestaron el espíritu de Sínodo. Por ejemplo, entonces había cinco Patriarcados, que incluían Roma, Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Jerusalén. Todos estos eran ejes y centros de la Iglesia. Al final, Roma llegó a ser el centro más alto. En algunos lugares, no solo se celebraban asambleas bajo forma de sínodo, sino que el sínodo era un modo habitual de guiar a la Iglesia. En la actualidad, la Iglesia Ortodoxa utiliza mucho el término “Sínodo Permanente”, indicando que el sínodo debe funcionar continuamente, y no celebrarse solo en raras ocasiones. Hay muchos temas que son tratados por un sínodo, dentro de la Iglesia, a veces hay interferencias externas, como mencionamos anteriormente, pero por otro lado se da también una mayor participación, no solo a nivel de liderazgo, sino incluyendo a toda la comunidad, especialmente cuando en la Iglesia surgieron los Monjes y las Congregaciones Religiosas, ellos fueron una gran ayuda para la Iglesia, por eso a veces ellos participaban en los sínodos.

Un peligro que puede surgir es cuando alguien piensa erróneamente que el sínodo es más importante que el Papa y los Obispos (Conciliarismo), esto es enormemente peligroso, porque esto no es la Iglesia instituida por Jesús, la Iglesia no puede aceptar esta doctrina, aunque haya gente que quiere promover esto, el sínodo es necesariamente guiado por el Papa o los Obispos, convocado, dirigido y concluido por ellos.

Veamos ahora los Concilios más importantes de la Iglesia. Además de los primeros Concilios de Nicea y Constantinopla, un poco más reciente es el Concilio de Trento, la historia de este Concilio es muy larga, celebrado desde 1545 hasta 1563, divido en 25 sesiones, trató numerosos problemas. Debido a que muchos temas sufrían disenso, por esto, pasando por tres Papas, después de celebrarse por varios años, se volvía a convocar, entre los años 1545-47, 1551-52, y 1562-63, hasta que finalmente terminó. Este concilio es muy importante, se puede decir que salvó a nuestra Iglesia. En ese entonces, la Iglesia no solo sufría división, sino que también se enfrentaba a herejías. La división afectaba a la parte jerárquica, también surgieron doctrinas diferentes sobre muchas verdades importantes, especialmente sobre dos cuestiones importantes para la Iglesia: uno, ¿dónde está la revelación de Dios? -esto afectaba a la Sagrada Escritura y la Santa Tradición- y dos, ¿cómo instituyó Jesús el sacramento de la Eucaristía? Sobre estos dos tesoros de la Iglesia, -la Sagrada Escritura y la Eucaristía- el Concilio se explayó de modo muy claro.

El Concilio de Trento es un concilio muy importante, después del cual no hubo otro durante siglos, porque no había necesidad de ello, solo de su aplicación, para restaurar nuestra Iglesia. Porque entonces la iglesia protestante tenía muchos pretextos para oponerse a la Iglesia, si bien la Iglesia tenía realmente muchos defectos, aun así, con defectos y todo, aun es la Iglesia, que no puede ser derrocada, sino que hay que ayudarla desde adentro a rectificarse, hacer que se purifique a sí misma. Este Concilio pidió a toda la Iglesia la conversión, empezando por los Obispos y Sacerdotes, para volver a los principios que nos enseñó Jesús, y este es un paradigma de sinodalidad.

Después de que pasaron muchos años, se convocó el Concilio Vaticano I, pero, no mucho después de que comenzara, hubo que interrumpirlo debido a revueltas políticas, Italia irrumpió en el territorio del Papa, y todos (los participantes) volvieron a sus países. Se habían alcanzado a debatir algunos problemas, todos relacionados con la Iglesia, -aunque no se llegó a discutir todo- solo se alcanzó a aprobar la infalibilidad del Papa, y no se pudo seguir más.

Tal vez algunos pensaron que después no haría falta convocar más concilios, ya que el Papa no se puede equivocar, que él decida todo y listo. Por supuesto que no es así, el Papa Juan XXIII convocó de nuevo un Concilio (Vaticano II). Este concilio fue magnífico, al principio el Papa mismo no sabía cuánto iba a durar, creía que iba a terminar rápido, pero al fin tuvo cuatro sesiones, desde 1962 hasta 1965, hubo sesiones de dos a tres meses cada año, fue un concilio de un trabajo enorme, todo fue un sínodo. Porque en ese tiempo las palabras “sínodo” y “concilio” eran sinónimos, todo estos son, históricamente hablando, los modelos más paradigmáticos de sinodalidad. Por supuesto que en las asambleas más recientes solo participan formalmente los Obispos, pero también hay muchos teólogos, y, como dijimos antes, religiosos. Algunos de estos religiosos se dedican al estudio de la doctrina, otras Congregaciones también se dedican a la pastoral, todos ellos conocen la realidad del pueblo fiel, por esto, estos concilios verdaderamente han tenido espíritu de sinodalidad.

El Concilio Vaticano II habló específicamente de la Iglesia, lo que no se alcanzó a discutir en el Concilio Vaticano I se trató claramente esta vez. Dado que en este Concilio se trató sobre la Iglesia, si queremos entender el espíritu de sinodalidad de la Iglesia, el material de estudio más preciado son precisamente los documentos de este Concilio, especialmente la “Constitución sobre la Iglesia” (Lumen Gentium). Su contenido menciona, como acabamos de decir, a la Iglesia como cuerpo místico, en el cual mora Dios. Dios envió al Hijo, el Hijo vino al mundo, a cumplir su misión, y dejó el Espíritu Santo a su Iglesia. El Espíritu Santo está ahora junto con la Iglesia, de modo que el espíritu de sinodalidad es ahora el fundamento de la vida de la Iglesia. Por eso el Papa Francisco dijo acertadamente que nuestra Iglesia es una Iglesia sinodal, la naturaleza de la Iglesia es de ser una familia, en el mundo entero, una sola familia, todos juntos caminando sinodalmente, guiados por el Espíritu Santo.

Así, la Lumen Gentium del Concilio en su Primer capítulo declara qué es la Iglesia: la Iglesia es la presencia de Dios que hace que seamos uno con Él, y que nos hace uno entre nosotros. En la Iglesia Dios está presente, la Iglesia no es la gente ni los edificios sagrados, la Iglesia es la unión entre Dios y su pueblo.

El Segundo capítulo es acerca del Pueblo de Dios, y recién en el Tercer capítulo se mencionan a los Obispos. Este modo de exponer intenta claramente refutar la idea errónea de que la Iglesia es solo la estructura jerárquica, sólo los Apóstoles. El plan de Dios es que sea un Pueblo, así como Abraham representa un pueblo, Moisés representa un pueblo. Porque Jesús vino para guiar a un pueblo hacia el camino del Cielo, Por eso, se trata de caminar todos juntos unidos, teniendo a la gente como base, al pueblo de Dios como fundamento, aunque, por supuesto, puede haber distintos oficios. El Concilio lo indicó de modo muy detallado, dijo que el Pueblo de Dios es muy importante porque ha hecho una alianza con Dios, después del bautismo, hemos sido elevados a una nueva identidad de sacerdotes, profetas y reyes. Somos sacerdotes y reyes: “sacerdotes” significa que fuimos capacitados para ofrecer sacrificios, ofrecemos junto al Sacerdote la Santa Misa, no la ofrece el solo. Con respecto a lo de “profetas”, cuando se dice que la Iglesia no puede equivocarse, ¿es que solo el Papa no puede equivocarse? por supuesto que no, no es que el Papa no puede equivocarse en todo lo que habla, sino solo cuando habla de cosas muy importantes, de lo que es necesario creer, ahí no puede equivocarse. Ordinariamente, Él es igual a todos, debe buscar, meditar y conocer la verdad. Por eso, los fieles también participan de la infalibilidad, es decir, la Iglesia entera no puede equivocarse, lo cual no quiere decir que cada fiel en particular no pueda equivocarse, sino que no se puede equivocar la Iglesia entera. Este punto es muy importante, por un lado, hay que enfatizar la identidad común y esencial de todos, al mismo tiempo que la diversidad de oficios de cada uno. Jesús eligió algunos para ser Apóstoles, San Pablo también dice que en la Iglesia hay diversos carismas, que contribuyen para el bien de todos.

Acerca del tema de la sinodalidad, lo más importante que indica el Concilio es que hay dos sacerdocios, uno común a todos (los bautizados) todos lo tienen, cada fiel también es sacerdote, estamos consagrados por Dios, tenemos capacidad para rezar de pie delante de Dios, porque somos sus hijos e hijas, que Él ha santificado. Pero, a este Pueblo que Dios ha santificado, Dios también le ha enviado guías, esto también ha sido establecido por Dios. La Lumen Gentium indica que este sacerdocio ministerial es diferente, no se trata de si este puesto es más alto o más bajo, sino que es un ministerio diverso. Este sacerdocio ministerial es precisamente para servir al sacerdocio bautismal, por esto, los Obispos y Presbíteros están al servicio de la comunidad eclesial, porque la comunidad eclesial también son sacerdotes de Dios. Esto se dijo muy claramente en el Concilio, y es también el tema del segundo capítulo del documento (de la Com. Teol. Intern.). Lo que hace falta entender de modo claro es que la Iglesia es un Pueblo, una comunidad, una nación, que está en peregrinación, en medio del camino, -antes gustaba llamarla Iglesia “militante”, y la del cielo era llamada “Iglesia triunfante”-, ahora es llamada “Iglesia peregrinante”, porque estamos en medio del camino, marchando hacia el Cielo, y marchando todos juntos, también Jesucristo marcha junto a nosotros, y hay además una fuerza que nos impulsa a caminar juntos, es la fuerza del Espíritu Santo.

Si usáramos otra palabra para expresar “sinodalidad” esta sería “participación”, todos deben participar, y participar activamente, esto es muy importante. Participar, Dios quiere que todos participemos activamente, porque esto también nos atañe a nosotros, somos una familia, todos tomamos parte en ella. No obstante, cada comunidad, aunque sea de una entidad social, tiene una organización, tiene que tener una estructura, en sus distintos niveles -para decirlo ahora de modo más concreto- hay diversos modos de sinodalidad, estos diversos niveles tienen también espíritu de sinodalidad, al mismo tiempo tienen estructuras sinodales. Este documento (de la Com. Teol. Intern.) considera que hay que explicar claramente qué es la “sinodalidad”, solo de este modo se evitará ver a la Iglesia como un organismo político; no es así, sino que se trata del Espíritu Santo. Hay quienes creen que solo los obispos participan del Sínodo, y todos los demás no tienen parte. No es así, en el Sínodo de los obispos, estos deben tomar algunas decisiones, pero antes de decidir deben escuchar la opinión de todos.

A veces se puede dudar si realmente se ha escuchado atentamente… por supuesto, las personas pueden equivocarse, los guías a veces no son muy buenos, a veces pueden cometer errores, a Dios tampoco le agradan, pero lo que debemos hacer, no es derrocarlos, lo que debemos hacer es pedirle a Dios que les de sabiduría, que les de caridad, para que ellos puedan regir bien nuestra sociedad, a veces podemos hasta ayudarlos a volver al camino recto, siempre hay que ayudarlos a volver al recto camino. En la Iglesia primitiva ocurrió también que Pedro se equivocó, y delante de todos, San Pablo lo corrigió por no practicar lo que predicaba (Gál 2,11-14).

Por eso, acerca de la sinodalidad también pueden surgir problemas, la sinodalidad que nos pidió Jesús no es una anarquía general o un estado de democracia total, pues hasta la democracia necesita que se elijan representantes, pero la Iglesia no nació por sufragio, sino que fue llamada por Jesús. Por supuesto que la Iglesia toma referencias y consulta opiniones, y el mismo Papa es elegido, pero todos también saben que su autoridad es dada por Dios y no delegada por la gente que lo eligió. Por esto, al tratar el tema de la sinodalidad desde la perspectiva histórica y de las enseñanzas de los Concilios, debemos tener claro que la Iglesia es una comunidad sinodal, en la que todos debemos participar, porque en este cuerpo místico de Dios somos todos miembros, somos una familia, el Espíritu Santo habita en cada uno de nosotros; al mismo tiempo, Jesús estableció a los Apóstoles y sus sucesores como guías de esta comunidad, si lo entendemos desde esta perspectiva, podremos participar más activamente en los distintos niveles de sinodalidad.

En el tercer capítulo se habla, en primer lugar, acerca del pueblo de Dios y luego, de sus distintos niveles, uno de los cuales es el de la “Iglesia Particular”, que equivale a la Diócesis, y, por supuesto, la Diócesis incluye a las parroquias. El Sínodo Diocesano también es muy importante, en tiempos recientes la Diócesis de Hong Kong ha celebrado dos, uno en tiempos del Obispo Francisco Hsu Cheng-ping, aunque no fue llamado Sínodo debido a que, en ese tiempo, los organizadores no querían quedar sujetos a los cánones para la celebración de un sínodo, así que lo llamaron “convención”. Podríamos decir que la organización fue bastante democrática, los fieles laicos eran más que los sacerdotes, aunque en un sínodo los sacerdotes deberían ser más que los fieles, los sacerdotes son los que deberían participar, aunque actualmente no son pocos los fieles que son invitados a participar, y ya desde la antigüedad, muchas veces también se invitó a órdenes religiosas. El segundo sínodo diocesano fue un sínodo modelo, realizado de acuerdo al Derecho Canónico, celebrado bajo la guía del Card. Juan Bautista Wu Cheng-chung, espero que todos puedan leer el documento correspondiente.

La segunda circunstancia, es cuando se reúnen varias diócesis, por ejemplo, de un determinado país, de la conferencia episcopal de un país. Históricamente se han celebrado numerosos (Concilios particulares y regionales), porque son más fáciles de convocar, y si estos concilios son aprobados por el Papa, y además el Papa ratifica las resoluciones adoptadas, aunque hay sido convocado en un lugar particular, también puede aplicarse en otros lugares, así como hoy en día se aplican para resolver problemas regionales. En un nivel más alto, están los Concilios Ecuménicos, todos los Obispos participan de un Concilio Ecuménico, no solo los que están en función, sino que los ya retirados también tienen derecho y responsabilidad de participar, porque también ellos son sucesores de los Apóstoles, aunque si tienen problemas de salud, pueden obtener dispensa, por supuesto, entonces, los sucesores de los Apóstoles de la Iglesia entera participando juntos, este punto es muy importante.

Y aunque este nivel de sinodalidad es muy bueno, sin embargo, no es conveniente convocar Concilios frecuentemente, por lo que ahora hay una organización que al final del Concilio (Vaticano II) el Papa Pablo VI sugirió que se convocara cada cierto tiempo, no recuerdo si cada tres años o cinco años (nota: tres años), para tener reuniones (Sínodos) en tiempos establecidos. Un verdadero Sínodo es la reunión de los Obispos representantes de todo el mundo, -el Concilio tuvo más de dos mil Obispos- el Sínodo tiene más de doscientos representantes reunidos, no está tan mal. Se pueden discutir oportunamente los problemas más urgentes de la Iglesia, hasta ahora se han celebrado muchas veces, cada vez se debate un problema en particular, y relacionado a este problema otros temas importantes. Por ejemplo, una vez se trató acerca de la Palabra de Dios, otra vez acerca de la Eucaristía, estas dos veces se habló sobre estos temas de modo muy acertado, -nuestra Diócesis tradujo (el documento) inmediatamente y los publicó-, cada vez se debate sobre temas muy importantes.

El tema de esta vez, es decir, el tema que el Papa nos alienta a debatir es “La Iglesia es una Iglesia ‘sinodal’”. Si se llega a debatir este tema de modo apropiado, ayudará a la Iglesia a trabajar aún de modo mejor más acorde al Espíritu Santo, más acorde a las necesidades de los tiempos, para que cada persona de modo más activo se sienta que es un miembro de esta Iglesia, y considere el poder participar como un honor y una gran bendición. Deseo que la Comisión de Justicia y Paz (Diócesis de H.K.) pueda contribuir, -no sé si hay traducción al chino de este documento (de la Com. Teol. Intern.)- debería haber, pues este documento es muy valioso, viene de gente con autoridad en la Iglesia, una comisión nombrada por el Papa, ellos pasaron tres años trabajando, se reunieron muchísimas veces, desde el año 2014 hasta el año 2017. Por supuesto que no podemos entrar en demasiados detalles, sino solo en términos generales, comenzando desde la historia, especialmente desde el último Concilio Ecuménico, podemos comprender como la Iglesia es una comunidad sinodal, de acuerdo al plan de Jesús para su Iglesia.

En esta estructura de sinodalidad, los Obispos, muchas veces, antes de tomar decisiones también escuchan la experiencia de los fieles. Nosotros lo pudimos ver en la Diócesis, incluso aquella vez que se llamó “convención” en la que no había suficientes sacerdotes presentes, pero afortunadamente, los fieles fueron muy sabios. Algunas de las propuestas, antes de la reunión, no eran del todo correctas y equilibradas, pero tras el debate durante la reunión se pudo llegar a conclusiones equilibradas, el documento en cuestión también era muy bueno, lástima que tras la muerte del Obispo Hsu nadie lo puso en práctica. El Sínodo Diocesano, convocado por el Cardenal Wu -cuyo documento firmó en su lecho de muerte-, se desarrolló sin complicaciones, participaron muchos sacerdotes y fieles, se estudió detalladamente la situación concreta de la Diócesis, pudiendo así encontrar el modo de resolver los problemas.

Por medio de la experiencia de la Iglesia y de la Diócesis acojamos esta oportunidad, y por medio de ella veamos, para que la Iglesia pueda vivir el espíritu de sinodalidad, a qué hay que prestar atención. Luego discutiremos sucesos más recientes, (segunda charla) para ver como otros en otras partes del mundo han discutido sobre este tema, para tener una referencia.

Cardenal Joseph Zen


El Cardenal Zen, de 90 años de edad, que fue detenido el 11 de mayo de 2022, por su oposición a la dictadura del Partido Comunista, la persecución a la Iglesia Católica y la falta de libertad religiosa en China.

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