El demonio mudo

En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual.»
En cambio, los fariseos decían: «Éste echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.»
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.» Mateo 9, 32-38

 

El Evangelio nos relata como nuestro Señor se enfrenta con un demonio mudo. Este tipo de demonio se encuentra retratado en una de las reglas de discernimiento de espíritus de San Ignacio de Loyola.

En la regla nº 13 aclara que el diablo es como un hombre que quiere enamorar -cortejar- a alguien que no le corresponde. Por ejemplo, como un libertino que quiere enamorar a una mujer que ya está casada. O al revés, una mujer que quiere enamorar a un hombre que ya está comprometido con otra mujer.

Dice San Ignacio que el demonio siempre trata de obrar en secreto, al igual que estas personas con mala intención. Así, el demonio busca obrar siempre en la oscuridad, que no se sepa que está, siempre tratando de obrar a escondidas y siempre sugiriéndonos excusas a comportamientos que pongan en peligro nuestra alma.

El demonio mudo tiene tres objetivos con esta técnica: primero, autoengañarnos y engañar a los demás, convenciéndonos que está bien lo que estamos haciendo; segundo, que no nos demos cuenta que necesitamos ayuda, y tercero, que no se enteren los que pueden ayudarnos.

Detrás de toda acción del demonio está siempre la mentira, es el padre de la mentira; la falsedad es la marca del diablo, decía Benedicto XVI .

Así, en primer lugar, trata de que cuando nos veamos tentados no digamos nada, que nos quedemos mudos. Quiere que pensemos que no está tan mal hacer “algo” de caso a esa tentación, porque tal vez no estás cayendo en un pecado grave (aún).

Pero, a la vez, quiere que los demás no se enteren. Recordemos que Jn 3,21 dice

“Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no le acusen.”

Segundo, como es algo que está «en el límite de lo permitido» (aparentemente), entonces «no pasa nada»: «es solo un amigo», “este apostolado es por una buena causa”.

Entonces viene lo tercero: que no manifiestas lo que te pasa a ninguna de las personas que tienen autoridad y poder para ayudarte. Como por ejemplo el director espiritual, el confesor, los papás o los superiores religiosos. “No te van a entender” dice el diablo, “te van a llamar la atención, como siempre”, “se van a sentir defraudados”, “no te van a dar permiso después”…

Como broche de oro, el demonio mudo te deja con tus propias imaginaciones y fantasías, enredándote aún más. Pasa entonces lo del salmo 31 hablando del pecador que no se quiere confesar:

Mientras callé se consumían mis huesos, tu mano pesaba sobre mí.

¿Cómo hacerle frente a este demonio o cómo prepararnos para cuando llegue esta tentación?

En primer lugar, así como una esposa no se “prepara” para cuando venga la tentación de engañar a su marido, así nosotros no debemos enfocarnos en una actitud negativa, sino positiva. Porque uno no puede vivir a la defensiva toda la vida.

La única preparación para mantenerse fiel es amar mucho a su esposo. Poner en él su corazón, renovar su amor cada día y el deseo de hacerlo todo por él. Jn 3,21: “el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios.”

En segundo lugar, siendo humildes, venciendo nuestro juicio propio en las pequeñas cosas. Es decir, cuidando de que nuestra testarudez, orgullo o caprichos no nos gobiernen. Esforzarse en ser humildes para aceptar los consejos y correcciones de los demás. Especialmente cuando vienen de los que tienen el oficio de ayudarnos.

En tercer lugar, acostumbrarnos a hablar con la gente que nos quiere bien y que tiene autoridad para ayudarnos. Acostumbrarnos a abrir nuestro corazón con quien corresponde.

Cuando el diablo ve que hay uno que se maneja solo, entonces sabe que ya ganó la mitad de la batalla. Por ejemplo, en la dirección espiritual, en la confesión. Y si somos religioso en el diálogo con el superior. Como dicen: “tentación declarada, tentación ganada”. Hay que delatar las tentaciones que tenemos, así sacamos a la luz al diablo.

Y esto incluso, cuando vemos que hay un hermano que está pasando por un peligro y nosotros vemos que no se da cuenta o que el demonio mudo ya lo tiene muy sujeto. En este caso, lo más prudente siempre es hablar primero con el superior (en el caso de religiosos) o con el párroco o coordinador del grupo para que nos aconseje cómo poder ayudarlo o, tal vez, para que directamente él mismo lo ayude.

Esto no es ser chismoso o traidor, al contrario, es estar atento por el bien espiritual de los demás hablando con quien corresponde. Éstas cosas no se deben hablar con cualquier persona porque se podría caer en murmuración o difamación.

Renovemos nuestro amor y confianza en Dios, es la forma más segura de prevenir cualquier tipo de tentaciones, especialmente esta de la mudez. Dios nunca nos dejará defraudados, al abrir nuestro corazón y manifestar nuestras dificultades siempre encontraremos paz y alegría, frutos del amor a Dios.

P Rodrigo Fernández, IVE

4 Comentarios
  1. Altagracia Dice

    Gracias por tan excelente artículo.
    Es difícil su implementación, puesto que los obreros son pocos, y en mi experiencia, nadie tiene tiempo de escucharte. Todo se quiere resolver con mandar a la persona a laicos para que le oren. Nadie tiene tiempo para escuchar, y si es para confesarse debe hacerse rápido antes de la misa.

    Es mi experiencia, la cual no tiene que coincidir con otros.

  2. Roberto Vega Dice

    Gracias Padre con este heemoso tema mucha ayuda en estw camino hacia la santidad, me ha ayudado mucho. Gracias Padre Rodrigo

  3. Nelva Beltrán Dice

    Pensé contar con contencion y no fue así. De pronto me sentí sola sin poder rezar o pedir …Señor. si quieres puedes curarme..
    Y me encerré en mi misma teniendo bronca a mi mucha gente que sabiendo lo que me estaba pasando no se a acercaron..
    Muchas veces llorando le pregunté..Dios..no me escuchas?

    1. María Silva Dice

      La Mies es mucha y los trabajadores pocos. Interesante Evangelio para reflexionar. Roguemos al dueño de la Mies que mande obreros . Colaboremos con el dueño de la Mies. Oir la palabra y ponerla en práctica. Así el enemigo enmudece o se desvanece. Amén.

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