PERGAMO: La ACROPOLIS del TRONO DISPUTADO – P Carlos Pereira

 

Pérgamo – Teatro de Dionisio y Acrópolis

La histórica ciudad de Pérgamo (hoy distrito y ciudad de Bergama, en la actual Turquía) ha sido una de las grandes urbes helénicas de la antigüedad, y junto con Éfeso, la más conocida y famosa en la península de Anatolia. Es también el nombre de una de las iglesias nombradas en el libro del Apocalipsis (Ap 2, 12-17), a quien se le dice dos veces que “habita donde Satanás tiene su trono” (2, 13), afirmando que permanece fiel, “manteniendo el nombre de Jesús sin renegar de él” aún en difíciles circunstancias, si bien se le reprocharán ciertas actitudes (vv. 14s.).

  1. Historia

Una leyenda afirma que la ciudad fue fundada por Pérgamos, hijo de dos héroes de la guerra de Troya. En el año 560 a. C. la ciudad pertenecía a Creso, rey de Lidia, y tiempo después pasó a depender de Ciro II de Persia. Cuando Alejandro Magno venció a Darío III, rey de los persas, y dominó toda el Asia Menor, puso como gobernadora de Pérgamo a Barsine que era la viuda de un comandante persa de Rodas. Lisímaco, general de Alejandro Magno al que le tocó en suerte la región oeste de Anatolia, colocó como gobernador de la ciudad y custodio de sus joyas, a Filetero o Filetaro (283 – 263 a.C), quien nunca llegó a ser rey, pero fundó una dinastía que duro hasta el 129 a.C.

En el año 281 a. C. tuvo lugar el enfrentamiento entre Lisímaco y Seleuco I Nikátor (de la dinastía seléucida que reinaba en Antioquía de Siria), en el que perdió la vida Lisímaco. Filetero se mostró como vasallo dócil de los reyes seléucidas, pero en el 280 a.C. Seleuco murió asesinado y le sucedió su hijo Antíoco I Sóter. Filetero aprovechó el cambio para para declarar independiente todo el territorio de Pérgamo, dejando así de formar parte del reino de los seléucidas, aunque este paso se dio propiamente bajo el gobierno de su sobrino y sucesor: Eumenes I (263 – 241 a.C.), quien con el apoyo de la dinastía egipcia de los Tolomeos consiguió romper los lazos con Antíoco I.[1] Eumene embelleció la ciudad, y también es recordado por haber fundado la biblioteca que se convertiría en la segunda del reino helenístico, después de la de Alejandría. También promovió la cultura acogiendo en su corte a intelectuales de renombre, como los filósofos Licón y Arcesilao.

Con su sucesor, Atalo I (241-197 a.C.), la ciudad ejerció su hegemonía sobre gran parte de Asia Menor occidental. El gobernante se negó a pagar tributo a los gálatas, una tribu celta asentada en la zona de Asia Menor que había fundado el reino de Galacia, aliados de Antíoco III Seléucida. Junto con Antíoco, los gálatas hicieron la guerra contra los partos, pero fueron derrotados en el año 240 a.C. en Misia. Como resultado de esta victoria, Atalo I reclamó el título de rey. Pérgamo consiguió así anexionar muchos territorios seléucidas en Asia Menor. En el año 232 a.C., Atalo I consiguió liberar sus tierras de las incursiones celtas, y tuvo varias guerras con los seléucidas, con suerte dispar. El punto de inflexión se produjo en el año 205 a.C., cuando se estableció una alianza con los romanos, a los que se mantuvo fiel durante las dos primeras guerras macedónicas; gracias a esta alianza, el reino de Pérgamo y la ciudad florecieron.

Altar de Zeus en el museo de Pérgamo en Berlín (Alemania)

Con Eumene II (197-159 a.C.), hijo de Atalo I, el reino se expandió aún más. Protegió las artes y la cultura, erigiendo el famoso Altar de Zeus. Contribuyó a desencadenar la guerra entre Roma y Antíoco III, y su alianza con los romanos le valió conseguir numerosas posesiones territoriales en Anatolia, arrebatadas al dominio seléucida, llegando a convertir su reino en uno de los más poderosos de Asia Menor (aunque controlado por el Senado romano). Fue en esa época en que la rivalidad entre las bibliotecas de Alejandría en Egipto y la de Pérgamo cobró tal envergadura, que llegó a decretarse el embargo sobre el papiro que procedía de Egipto. A raíz de este embargo, en Pérgamo se perfeccionó la antigua técnica oriental de escribir sobre el cuero, de tal manera que el producto resultante se llamó desde entonces “pergamino”.[2]

Pérgamo consiguió convertirse en una gran potencia tras el dictado de paz romana de Apamea (188 a.C.), estipulado entre la república romana y Antíoco III, que supuso la entrega de los territorios al oeste del Tauro a Pérgamo. Hay numerosos decretos de Roma defendiendo al aliado Pérgamo.[3] La alianza con los romanos se consolidó aún más con Atalo II (159-138 a.C.). Átalo III reinó desde 138 a.C. al 133 a.C., quien legó por testamento su reino al pueblo romano, si bien el control de Roma sobre la ciudad se efectivizó a partir del año 88 a.C., cuando Mitríades, soberano de Pérgamo, fue derrotado por los romanos.

Bajo el control de Roma, Pérgamo se convirtió en la capital de la provincia romana de Asia Menor y en una de las ciudades más importantes de la Antigüedad. Cobró importancia bajo Augusto. Plinio el Viejo se refiere a la ciudad como la más importante de la provincia​ y la aristocracia local siguió alcanzando los más altos círculos de poder en el siglo I d.C.[4] Bajo Trajano y sus sucesores la ciudad sufrió un rediseño y remodelación integral, con la construcción de una “ciudad nueva” romana en la base de la Acrópolis. En el año 123, Adriano elevó la ciudad al rango de metrópolis, superando por lo tanto a sus rivales locales, Éfeso y Esmirna. Llegó a ser una ciudad totalmente cosmopolita, lugar de encuentro cultural del imperio romano, centro pagano de deidades antiguas, donde se encontraba el trono de Zeus. Durante el período de la conversión al cristianismo de judíos y gentiles, la prédica de los cristianos minaba las creencias paganas de la sociedad romana, revelando que la veneración a imágenes y a dioses que no eran tales, era abominable ante su Dios y que merecía el juicio divino. El libro del Apocalipsis, como hemos dicho, menciona a Pérgamo como lugar donde se tolera la doctrina de Balaam y la enseñanza de los nicolaítas. La decadencia de la ciudad tiene lugar durante la llamada “crisis del siglo III” (d.C.), a lo que se sumó un devastador terremoto en el 262.

  1. Traza y desarrollo de la ciudad                                                                                                                                         

La ciudad está construida sobre una gran colina a modo de espolón orientado hacia el oeste (de 335m sobre el nivel del mar en la parte más alta), que baja hacia el sector sur formando una serie de terrazas. Sobre este importante desnivel se fue edificando la ciudad que quedó configurada en tres cotas superpuestas:

  • La ciudad baja, hoy enterrada y cubierta por la actual ciudad de Bergama. Se destacan los restos de la Basílica Roja y el puente de Pérgamo.
  • La ciudad media, que ha conservado las murallas antiguas del tiempo de Átalo I. Entre los edificios más notables estaban los gimnasios, construidos en 3 terrazas y el santuario de Deméter, mandado edificar por Filatero.
  • La ciudad alta, que es la acrópolis, que tenía la designación de ciudad religiosa, residencial y militar. Estaba construida en torno al teatro, por detrás del cual se hallaban el santuario de Atenea Nikéforos (la que conduce a la victoria), a quien estaba consagrada la ciudad, y la biblioteca. Al norte estaba el palacio real, muy simple, acompañado de un cuartel y un arsenal. Al sur se alzaba el gran altar de Zeus, dominando a su vez el ágora.
  1. Altar de Zeus; Templo de Trajano y vida cristiana         

Templo de Trajano en Pérgamo

Las dos obras más monumentales de la Acrópolis de Pérgamo son el altar de Zeus (de lo que quedan sólo restos en el lugar, pues el original está en el museo de Pérgamo de Berlín), una construcción gigantesca de 2,5 m. de alto y 120 de largo, representando la Gigantomachia, la victoria de los dioses del Olimpo contra los gigantes, y el templo de Trajano, aunque algunos consideran el Asklepion como obra de mayor envergadura.

 

Probablemente a este altar tan especial se refiera el Apocalipsis 2, 12-13, cuando afirma: Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: “El que tiene la espada de dos filos dice esto: Yo conozco tus obras y donde moras, donde está el trono de Satanás”. Aun así, los consuela diciendo que mantienen su nombre sin renegar de Jesús, y también recuerda Juan a Antipas, un mártir, que allí vivía, de quien dice: «mi testigo fiel, que fue muerto entre vosotros, ahí donde habita Satanás» (2,13).

En época cristiana, constituyó una diócesis importante, conocida como Adramitio – Pérgamo.[5] Su primer obispo fue Cayo (san), elegido directamente por San Juan como lo demuestra su tercera carta (1-6). El menologio griego en la fecha del 13 de octubre recuerda al mártir Carpo, que murió en el momento de las persecuciones bajo el emperador Decio.[6] ​Hay varios obispos de Pérgamo (y luego de Adramitio) conocidos gracias a fuentes literarias y sigilográficas, muchos de ellos participaron en los concilios ecuménicos y otras grandes asambleas de obispos del patriarcado, mientras que otros son conocidos gracias al descubrimiento de sus sellos episcopales.[7] Eladio participó en el Concilio de Éfeso en 431. Flaviano fue uno de los obispos que participó al Concilio de Éfeso II en 449, donde el monje Eutiquio fue rehabilitado y el patriarca Flaviano de Constantinopla fue condenado. Desde el concilio de Nicea (325), Pérgamo y Adramitio formaron parte de la provincia eclesiástica (exarcado) de Efeso. A partir del concilio de Calcedonia (451) lo fue de Constantinopla.

  1. El Asclepion

Pérgamo – via Tekta hacia el Asklepion

Las ruinas del Asclepeion se encuentran a 3,5 km de la ciudad, hacia el oeste.

Una calle con pórticos a ambos lados (via Tecta), excavada en gran parte, conducía al famoso santuario de Asclepio, que conserva varios edificios del siglo II d.C. (propileos, templo de Asclepio, edificio para las incubaciones en las que aparecía el dios sanador, teatro). Fue en Pérgamo donde se desarrolló el culto a Asclepio, que luego se extendió a otras regiones del mundo helenístico (hasta Roma); esta deidad estaba asociada a Zeus, hasta el punto de que el prefijo soter (salvador), utilizado convencionalmente para Zeus, se unió al nombre de Asclepio en Pérgamo.

Asclepio o Esculapio (griego Ἀσκληπιός, transliterado Asklēpiós; latín Aesculapius) es un personaje de la mitología griega. Hijo de Apolo y Arsinoe según Hesíodo, o de Apolo y Corónides para Píndaro, un semidiós y por tanto hombre mortal para Homero, se dice que fue instruido en medicina por el centauro Quirón, o que heredó esta propiedad de su padre Apolo. Más tarde se convirtió en el dios de la medicina, como su padre, y fue una deidad muy adorada por el pueblo, ya que era benévolo con los enfermos.

Pérgamo – El Asklepion

El edificio, consagrado al dios de la medicina, fue fundado por el poeta Arquias, en agradecimiento a los cuidados que había recibido en Epidauro (Grecia). En este lugar se reunían los eruditos en medicina. Fue también escuela de médicos. Galeno contribuyó en gran medida al engrandecimiento de este templo: Había nacido en el 131 muy cerca de este lugar; estudió en Alejandría y fue médico de los gladiadores y más tarde del emperador romano Marco Aurelio Antonino, en el 162. Estaba decorado con un bajorrelieve con las serpientes que simbolizan a Asclepios. Cerca de allí se encontraba el templo al dios de la medicina Telesforo, hijo de Asclepio, lo mismo que Panacea e Higía.

Una visita que merece la pena, sin duda, además de tratarse de una de las iglesias del Apocalipsis (la tercera en orden de mención).

 

P. carlos Pereia, IVE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Estrabón narra en detalle este acontecimiento: “Filetero tenía dos hermanos, Eumeno, el mayor, y Atalo, el menor. Eumene tuvo un hijo del mismo nombre, que heredó Pérgamo, que ya era señor de las regiones circundantes y ganó una batalla cerca de Sardis donde se enfrentó a Antíoco, hijo de Seleuco” (Estrabón, XIII, 4,2).

[2] Irene Vallejo, El infinito en un junco; ed. Siruela 432021, p. 79.

[3] Cf. Apiano, Libro Macedónico 4, 2-3.

[4] Cf. Plinio el Viejo, Naturalis historia, 5. 126.

[5] En el libro de los Hechos de los Apóstoles (27,2) se afirma que Pablo zarpó del puerto de Adramitio.

[6] El mismo mártir es recordado en la martirología romana (13 de abril) como obispo de Tiatira, no de Pérgamo.

[7] Destephen, Prosopographie du diocèse d’Asie, 435.

Breve video sobre Pérgamo, aquí.

 

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1 comentario
  1. GUSTAVO Dice

    Muy buen articulo. Muchas gracias p. Diego

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