¿Cómo sé si amo de verdad a Jesucristo?

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Perfil de la persona que ama profundamente a Jesucristo.

Una persona sólidamente virtuosa y que ame a Jesucristo con entera intensidad procura ser una persona sin amor propio, recta, sin ambición.

  1. Es alguien exigente consigo mismo, pero amable con los demás, interpretando en el buen sentido lo que hacen.
  2. Es honesto sin ser afectado,
  3. educado sin ser cobarde,
  4. servicial sin buscar su propio interés.
  5. Es extremadamente exacto sin ser escrupuloso,
  6. se mantiene siempre unido a Dios sin tiranteces;
  7. no está nunca inactivo y, a la vez, no permite que le supere un ímpetu desmedido,
  8. nunca está demasiado preocupado o distraído con sus ocupaciones, porque mantiene constantemente libre su corazón, atento al mayor de sus objetivos: su salvación eterna.
  9. Como los grandes santos, tiene una baja opinión de sí mismo y un gran respeto por los demás, porque solo contempla sus virtudes y no les juzga sus defectos.
  10. No deja que aquellos que le desprecian le hagan daño, porque no cree que el honor que le puedan negar sea algo que le pertenezca.
  11. Por último, es alguien que nunca está de mal humor, porque tiene lo que quiere y, siempre y cuando sea agradable a Dios, no desea nada más.
  12. Siempre está satisfecho, siempre en paz, siempre sereno.
  13. No se pavonea con el éxito ni se descorazona tras el fracaso, porque sabe que las bendiciones y las cruces de la vida vienen de la mano de Dios, y que, como la voluntad de Dios es su única norma de conducta, siempre hace lo que Dios quiere y siempre acepta lo que Dios le manda.
  14. Guiado por estos principios, no busca lo que le pueda traer más fama. Y como sabe que lo que hacemos no tiene más mérito que el de estar en sintonía con la voluntad divina, no lucha por conseguir mucho, sino que se esfuerza por hacer con perfección lo que su Maestro desea que haga.
  15. Por tanto, está constantemente en guardia contra sus inclinaciones naturales y contra su amor propio, y prefiere las obligaciones humildes de su situación personal y sus circunstancias a las grandes acciones elegidas por él.
  16. Animado por este amor puro a Jesucristo, acepta la privación de los talentos de los que Dios no le ha dotado, de las virtudes que Dios ha preferido que no tenga y del bien que Él no desea que haga. De la misma manera, es fiel correspondiendo a los dones que Dios le ha conferido y ejercitando las virtudes y sembrando el bien que Dios pone en su camino y que quiere que cumpla.
  17. Es un hombre que se distingue por su mansedumbre, su humildad y, especialmente, por su intenso amor a Jesucristo y su devoción a la Santísima Virgen, y por el aire de santidad que le rodea. Todo lo cual es por sí mismo una forma inmejorable de apostolado.
  18. Vive de los sacramentos y los recibe respetuosamente, lo que aumenta diariamente su virtud y le dará ese hambre y esa sed de justicia de la que habla nuestro Salvador. Y siendo un hombre de fe, nunca asistirá al Sacrificio de la Misa sin una profunda gratitud y veneración.
  19. Busca honestamente conocer la voluntad de Dios en todas las circunstancias que surgen y es generoso con Dios, quien nos ha concedido todas las cosas sin reservas, incluso a sí mismo, para inducirnos a no negarle nada.
  20. Se sacrifica constantemente, en todas las etapas de su vida, porque sabe que nuestro Salvador crucificado, Jesucristo, es nuestro modelo en todas las cosas.
  21. Lleno del espíritu de Cristo, en cada ocasión, tanto cuando reza como cuando está inmerso en sus obligaciones, se esfuerza por hacer coincidir sus opiniones y todos sus pensamientos con la voluntad de Dios, que es su guía en todo.

Yo ¿tengo estas características? Buscarlas y pedirlas ciertamente nos acercaran al amor de Dios

Del libro de Jean Croiset La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

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