He venido a traer la espada | Perseverancia

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En el Evangelio de este domingo quizá el Señor nos ha dejado un poco perplejos porque a primera vista es muy fuerte lo que dice en cuanto que “no he venido a traer la paz, sino la guerra”, o en el otro Evangelio de Mateo paralelo a este “no he venido a traer la paz, sino la espada” ¿Qué significa esto? ¿Qué quiere decir nuestro Señor? ¿Acaso Él no es nuestra paz como también lo dice la Escritura?, ¿acaso los ángeles cuando el Señor nació no cantaron “Paz a los hombres de buena voluntad”?, y Si por supuesto que sí.

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 Ahora bien, la paz no puede ser puesta por encima del bien, de la verdad, de la justicia. Hay que partir de la base de que es imposible no tener enemigos. Desde que el demonio no quiso aceptar ser como Dios se hizo enemigo de todos aquellos que buscan aceptar que Dios es Dios. Cuando tentó a Adán y Eva y ellos cayeron, Dios le dijo “pondré enemistad entre ti y la mujer “, no podemos no tener enemigos, el diablo y sus ángeles, pero esos enemigos espirituales también se trasladaron a los enemigos de carne y hueso, y no hay pensar que van a ser enemigos quienes han pactado con el demonio entonces van a ser enemigos de nosotros que tratamos aun con nuestros errores de seguir la voluntad de Dios, no, no hace falta que sea para tanto. Va a decir san Agustín que “dos amores fundaron dos ciudades. El amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo fundó de la ciudad de Dios y el amor propio hasta el desprecio de Dios fundó la ciudad de los hombres”, es decir que basta que yo me ame a mi más de lo que amo a Dios para que ya me haga enemigo de quien trata al menos de amar más a Dios que a si mismo.

No podemos evitar entonces tener enemigos. Si hacemos las cosas bien los tendremos, sino pensemos nuestro Señor Jesucristo ¿hizo algo mal? ¿dijo algo mal?¿hizo alguna obra que no sea perfecta? No, y terminó crucificado.

Si queremos seguir a Cristo es imposible evitar la enemistad de los que no siguen a Cristo y en este sentido el Señor es muy claro, “el que no está conmigo, esta contra mi” “el que no amontona conmigo, desparrama”. Si yo quiero buscar la paz a ultranza, eso se llama “irenismo” poner la paz por encima de todo, me estoy equivocando por encima de todo está el bien, está la justicia, está la verdad. No puedo pactar con la mentira para que nadie se enoje conmigo y parece en el mundo moderno que a veces se busca eso, si alguien para que no se enoje que este.., para que aquel no diga…, entonces no importa, no digamos la verdad, no digamos las cosas como son, quedémonos callados en  lo personal, en lo institucional, no, teneos que decir la verdad, aunque eso genere desavenencias, que le vamos a hacer , no es culpa nuestra, no podemos callar la verdad, no podemos callar la verdad para que nadie se enoje, eso es poner la paz por encima de todo, si la paz obviamente tiene como objetivo el bien y la verdad, no puede estar por encima de ellos.

Va a decir hermosamente Chesterton “todo el que predica el verdadero amor tiene que engendrar odios. El fingido amor acaba en transacciones y filosofías vulgares, mientras que el amor verdadero ha acabado siempre con sangre”

Le vamos a pedir a María Santísima la gracia entonces de poder hacer todo el bien que se pueda soportando las contrariedades que esto pueda traer, las voluntades contrarias que a nadie le gustan, menos le gustan a una persona que trata de amar a Dios y al prójimo, pero que son inevitables y que también esas enemistades pueden resultar, esa cruz que se llevan las enemistades puede resultar para los mismos que nos odian para que puedan encontrarse con Dios porque para eso también lo hacemos, para eso también combatimos por la verdad. Le vamos a pedir a María Santísima esa gracia, la gracia también de entender el Evangelio todo. También estas cosas de nuestro Señor que son muy ciertas, que son muy verdaderas y que nosotros tenemos que estar dispuestas a vivirlas a cabalidad, nuestra Madre nos alcance esa gracia.

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