La Virgen de Fátima y el Santo Rosario

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En 1917, se apareció Nuestra Señora del Rosario en la Cova da Iria, en un pueblo llamado Fátima, a tres pastorcitos. La humilde Señora se apareció en muchas oportunidades, pidiendo oración, y reparación por los pecados a Dios y a su Hijo Jesús.

Hizo varias promesas a los que portaran el rosario de forma física con mucha fe y devoción (Llevándolo en el cuello, Cintura o en forma de anillo o brazalete).

Las 20 promesas del Santo Rosario que fueron proporcionadas por Nuestra Señora en Fátima son:

  1. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, los llevaré hasta Mi Hijo.
  2. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, los ayudaré en sus empresas.
  3. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, aprenderán a amar la Palabra y la Palabra los hará libres. Ya no serán esclavos.
  4. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, amarán a Mi Hijo más y más.
  5. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán un conocimiento más profundo de Mi Hijo en sus vidas diarias.
  6. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán un deseo profundo de vestir con decencia para no perder la Virtud de la modestia.
  7. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, crecerán en la virtud de la castidad.
  8. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán una conciencia más profunda de sus pecados y tratarán sinceramente de enmendar sus vidas.
  9. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán un profundo deseo de difundir el mensaje de Fátima.
  10. Sobre todos que lleven piadosamente el Rosario, derramaré las gracias de las que soy medianera.
  11. Todos que lleven piadosamente el Rosario, serán llenados de un profundo deseo de rezarlo y meditar sobre los misterios.
  12. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán paz en sus vidas diarias.
  13. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, serán reconfortados en momentos de tristeza.
  14. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, se les concederá el poder de tomar decisiones sabias a través del Espíritu Santo.
  15. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, los llenaré de un profundo deseo de llevar el Escapulario café del Monte Carmelo.
  16. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, venerarán Mi Inmaculado Corazón y el sagrado Corazón de Mi Hijo Jesús.
  17. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, no tomarán el nombre de Dios en vano.
  18. Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán una profunda compasión por Cristo crucificado y crecerán en su amor por El.
  19. Muchos de los que lleven piadosamente el Rosario, serán sanados de enfermedades físicas, mentales y emocionales; así que llevadlo a los enfermos y moribundos.
  20. Las familias que lleven piadosamente el Rosario, tendrán paz en sus hogares.

Llevar el Santo Rosario y llegar a ser como San Francisco Marto:

Cuando ocurrió la primera aparición de la Virgen vemos que a Lucía y a Jacinta se les promete inmediatamente el cielo, sin embargo a Francisco se le pone una condición: «…tiene que rezar muchos Rosarios»

Quizás la Virgen hizo esto porque era un poco perezoso para la oración, sin embargo los designios de Dios permitieron que esto fuera de esta forma ya que esta condición impuesta por Nuestra Señora introdujo a Francisco en una profunda vida de oración, y no ser meramente un repetidor del Santo Rosario sino más bien, un «contemplador de sus misterios.»

Francisco buscaba el silencio y la soledad para poder adentrarse por completo en contemplación y diálogo con Dios.

Su amor por Jesús en la Eucaristía era inmenso, él le llamaba a la Sagrada Hostia «Jesús escondido.» Iba a Misa diariamente cuando le era posible y en las fiestas especiales.

Pasaba largas horas en la Iglesia adorando a Jesús en la Eucaristía, haciéndole compañía y consolándolo por todas las ofensas que recibía. En él la oración que les enseño el Ángel se convirtió en vida: «Yo creo, adoro, espero y te amo y te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.»

Cuando sus padres comenzaron a mandarlo a la escuela en Boleiros, sabiendo él que iría muy pronto al Cielo, muchas veces no iba a la escuela sino más bien se quedaba en la Iglesia y le decía a Lucía: «Tú ve a la escuela mientras yo me quedo aquí en la Iglesia. No vale la pena que aprenda a leer si voy pronto al Cielo. Llámame cuando vengas de regreso.» Francisco se quedaba en la Iglesia todo el tiempo que duraba la escuela. Se iba al altar, delante de Jesús escondido en el Tabernáculo. Ponía sus manos en el altar y arrodillándose adoraba a su Señor y Dios realmente presente. Allí el consolaba a su Señor y allí mismo le encontraba Lucía cuando venía de regreso de la escuela.

Francisco rezaba los quince misterios del Santo Rosario diariamente, y muchos más a parte de estos, en orden a cumplir el deseo de la Virgen.

Además le gustaba añadir jaculatorias que aprendía en las clases de catecismo y las que el ángel, la Virgen y sacerdotes le enseñaban.

Él oraba a solas, con su familia y con los peregrinos, manifestando una recolección interior profunda y una confianza segura en la bondad divina.

 

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