LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ – 2

San Juan de Ávila

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SEGUNDO DOMINGO 

LECTURA EVANGÉLICA

Del evangelio según San Lucas  2, 6

Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a María el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

PENSAMIENTO: San Juan de Ávila, Sermón 75

Y pues San Juan Bautista, encerrado en el vientre de su madre, conoció y adoró al Hijo de Dios humanado, que estaba escondido en el virginal vientre de nuestra Señora, ¿con qué reverencia, humildad y amor adoraría el santo José al bendito Niño Jesús? ¡Cuán rico, cuán gozoso estaba el santo varón con verse diputado para servir a tal Hijo y tal Madre! ¡Y por cuán indigno se tenía y cuán chiquito se parecía para servir a tales Señores! Y como tal, pedía con grande instancia todas aquellas virtudes que, para conversar con Dios hecho hombre y con su Madre bendita, Dios sabía que había menester.

ORACIÓN DE PETICIÓN

Dichoso Patriarca San José, elegido para cumplir los oficios de padre con el Hijo de Dios hecho hombre. Grande fue tu dolor al ver nacido a Jesús en tan extrema pobreza, pero este dolor se cambió en gozo al oír los cantos de los ángeles y contemplar el resplandor de aquella luminosa noche.

 Por este dolor y gozo, te suplicamos nos alcances la gracia de que, después de haber seguido los caminos del Señor en la tierra, podamos oír las alabanzas angélicas y gozar de la vista de la gloria celestial.

 Padre nuestro. Ave María. Gloria.

ORACIÓN FINAL

V./ Ruega por nosotros, glorioso san José.

R./ Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oh Dios, que con inefable providencia, elegiste a San José como  esposo de la Madre de tu Hijo, concédenos la gracia de tener como intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Glorioso san José, custodio fiel a quien fueron confiados Jesús, la inocencia misma, y María, Virgen de las vírgenes: te ruego y suplico que, con tu ayuda, sirva yo siempre a Jesús y a María con el corazón puro y el cuerpo casto. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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