María es mi Madre | Perseverancia

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Cuando san Juan Pablo II tenía 9 años falleció su mamá y su padre lo llevó ante una imagen de la Virgen y le dijo “Ella ahora es tu Madre”. Lo sabía el Papa, pero eso lo ayudó muchísimo a tomarla realmente como Madre.

María es nuestra Madre no en el sentido metafórico como quien dice “bueno que lindo porque nos ayuda como una Madre, nos cuida, nos protege…”No. Es estrictamente, realmente nuestra Madre. Y no es algo que sea así porque Cristo en la Cruz le dijo a Juan “he ahí a tu Madre” y en Juan estábamos todos nosotros representados, es mucho más que eso, lo que hizo ahí el Señor es declarar algo que ya existía.

María es nuestra Madre porque es la Madre de Jesús, están muy unidos estos dos misterios. María es Madre de Jesús, de Dios hecho hombre, Dios Redentor del hombre, en esa misión de salvarnos Cristo se hizo uno de nosotros.

San Pablo va a decir “uno a muerto por todos, entonces todos han muerto”, hay una unidad de Cristo con nosotros. Al hacerse uno de nosotros el cuerpo místico de Cristo como se dice, como se enseña, somos parte de su cuerpo como se enseña, Él es la cabeza, nosotros somos los miembros. En el orden sobrenatural somos un solo cuerpo, por tanto, María al ser Madre de Cristo, de la cabeza del cuerpo, también es Madre de todo el cuerpo místico. Ninguna mujer es madre de una cabeza sin el cuerpo de su hijo por supuesto, tampoco entonces en el orden sobrenatural María podría ser Madre de Cristo sin ser Madre nuestra. Para decirlo de manera sencilla, nuestra vida es Cristo.

San Pablo va a decir nuestra vida es Cristo. Cristo, lo tenemos a Cristo por María, entonces nuestra vida nos viene de   María , es realmente nuestra Madre. Es Madre de Cristo en el orden físico y natural, y Madre nuestra en el orden moral y sobrenatural, pero realmente Madre. Fuimos engendrados a la vida sobrenatural en el seno de la Santísima Virgen como Cristo fue engendrado a la vida natural allí.

También la misma maternidad se puede explicar por la mediación de María en todas las gracias que hemos recibido, que ya hablaremos en otro capitulo Dios mediante de María como mediadora de todas las gracias. Quería leerles en este sentido un texto del Concilio Vaticano II, toda digamos esta verdad que estamos diciendo esta muy declarada por el Magisterio en muchos textos, voy a citar uno sólo. También en los Padres de la Iglesia y por supuesto la base siempre es la Sagrada Escritura.

Les leo el texto del Concilio “María concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la Cruz, cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra Madre en el orden de la gracia”

De aquí entonces en frase fuerte y contundente de san Luis María Grignion de Montfort, apoyado en la Tradición de la Iglesia por supuesto “quien no tiene a María por Madre, no tiene a Dios por Padre” y las consecuencias que tiene esto en nuestra vida espiritual son parecidas, pero mucho más profundas a las consecuencias que puede tener también en la vida física nuestra el tener una madre o no, o la relación que tengamos con nuestra madre, o cuan buena ha sido nuestra madre o es, etcétera .

María es la Madre más perfecta y más buena, es mucho más perfecta que todas las Madres juntas, por tanto, si hay algún defecto en nuestra filiación, en nuestra relación de hijos con Ella vino por nuestra parte.

Ojala podamos entonces pensar cuan buenos hijos somos de María porque Ella es la más tierna de todas las Madres y se ocupa de nosotros en todo y ha sufrido por nosotros muchísimo más que cualquiera de nuestras madres.

Les voy a dejar aquí un link a algo que escribí tiempo atrás, esa relación que puede haber, como podemos comprender viendo lo que es una Madre con todo lo que es ser madre implica y lo que es María como Madre, como quizás nos puede ayudar a tener quizás un afecto, un cariño.

Ojala podamos también ser realmente niños, así como un niño pequeño se ampara en su madre y su madre es todo y si se ha golpeado le muestra sus lastimaduras sin reparo, ojala podamos tener esa confianza y ese cariño de hijos con María.

Gran ejemplo nos ha dado san Juan Pablo II de la maternidad, como se dirigía siempre a María como Madre. Ojala aprovechemos entonces todo esto para realmente tenerla como nuestra mamá porque realmente lo es. La vida de Cristo que tenemos en nosotros, la vida de la gracia tiene una Madre y esa es María.

Lo he nombrado muchas veces a este texto, pero es hermosísimo, se acuerdan no cuando para no verla, porque estaba apurado a la Virgen de Guadalupe. Estaba apurado porque estaba enfermo un tío de él, estaba por morirse, tenia que buscar un sacerdote, entonces esquiva el lugar donde se le aparecía María, en el Tepeyac, en ese monte, María se le aparece lo mismo y le dice a san Juan Diego “Ten acierto, mi hijo, el más querido que es nada lo que te aflige, ¿no estoy aquí yo que soy tu Madre?, ¿no estas por ventura en mi regazo?”, le pedimos a Ella entonces nuestra Madre la gracia de sentirnos realmente sus hijos, de vivir realmente como hijos de tan buena Madre, de corresponder a todos sus maternales y cariñosos afectos y preocupaciones por nosotros. La Virgen nos conceda esa gracia, quizá una de las más grandes que podemos tener. Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

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