Novena de Navidad – Día IV

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NOVENA DE NAVIDAD

Día cuarto

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Oración inicial para todos los días

Dios Padre Todopoderoso, que por amor has enviado a tu Hijo al mundo, nacido en la fragilidad de nuestra naturaleza, para sanar la herida que dejó el pecado; nacido en la humildad y sencillez del pesebre de Belén; te pedimos en esta novena que nos concedas aquella humildad y sencillez que arrebatan el Reino de los cielos a quienes en la tierra las posean; la pureza de corazón, contra las torcidas intenciones; y la firme determinación de echar fuera de nosotros el pecado, para hacer lugar en nuestras almas al Divino Niño que desea morar y reinar en ellas para siempre. Junto con estas virtudes, te pedimos que nos concedas la gracia de…

(Cada uno pide con fe en su corazón la gracia que desea alcanzar)

…Si es para tu mayor gloria y salvación de mi alma.

Meditación: “El corazón de María santísima”

Cuanto más espiritual es una persona, tanto mayor es su capacidad de comprender la voluntad divina, aceptarla y contribuir a su cumplimiento con santa docilidad; y mientras más puro es un corazón, mayor es también su capacidad de contemplar. Pues bien, María santísima es la mujer contemplativa predilecta de Dios, cuya alma inmaculada observa y atesora el nacimiento del Redentor y de la salvación que viene a ofrecerse a toda la humanidad, de parte del pequeño que reposa seguro entre sus brazos, recibiendo de ellos el calor que le negaron los pecadores también a su Padre. Y así como contrasta la inabarcable inmensidad de Dios con el Niño del pesebre, así también contrasta el cálido corazón de la Virgen con la frialdad de la noche, porque María tiene corazón de Madre: de una madre que contempla en su Hijo las consecuencias del amor de Dios; el milagro de la vida y el del nacimiento del Eterno en el tiempo… y acaricia, abraza y besa a su pequeño, porque esos son “los verbos propios de las madres”; y como tal también sufre, porque fuera de sus brazos lo único que tiene su pequeño Hijo para resguardarse es un pesebre… y María guarda todas estas cosas en su corazón.

La Virgen nos enseña en el pesebre, no sólo a contemplar a Jesucristo y preocuparnos de ofrecerle de nuestra parte lo que podamos para su gloria, sino también cómo ha de ser el dolor cristiano, el cual, a diferencia del de aquellos que no se apoyan en Dios, es un “dolor en paz”, porque la esperanza del creyente está en el Reino de los Cielos y toda su confianza está puesta en el Altísimo. Por eso quien “sabe sufrir, con fe” no desespera y aguarda con paciencia.

Aprendamos del corazón Inmaculado de María, a aceptar las pruebas que nos sobrevienen como ella: llenos de esperanza y con santo abandono a la divina voluntad, que de las más grandes cruces, penas y dificultades es capaz de hacer las obras meritorias que tienen valor de eternidad, como haber salido “desde un  pequeño, frío y apartado pesebre, la salvación que llegaría a ofrecerse al mundo entero”; e imitarla poniendo los ojos en su Hijo, preguntándonos cada día qué quiere Él de nosotros para ofrecérselo con santa generosidad.

Oración final para todos los días

 Oh, humildísimo Niño Dios, que quisiste nacer en el frío, apartado y pobrísimo pesebre de Belén, te pedimos la gracia de alcanzar lo que pedimos en esta novena, y junto con ello el firme deseo de no apartarnos más de ti, ni de apartarte de nuestros corazones por medio del pecado, haciendo de ellos una morada cada vez más digna de tu amor mediante la práctica de las virtudes y el compromiso de vivir fielmente nuestra fe.Tú que vives y reinas, por los siglos de los siglos. Amén.

LETANÍAS DEL DIVINO NIÑO

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Dios Padre Celestial, Ten piedad de nosotros
Dios, Hijo Redentor del mundo, Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo, Ten piedad de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, Ten piedad de nosotros
Niño Jesús, palabra hecha carne, Ten piedad de nosotros
Niño Jesús, descendiente de Abraham, Ten piedad de nosotros
Niño Jesús, hijo de José, Ten piedad de nosotros
Niño, Dios con nosotros, Ten piedad de nosotros
Niño, nacido de María en Belén, Ten piedad de nosotros
Niño, adorado por los pastores, Ten piedad de nosotros
Niño, glorificado por los Ángeles, Ten piedad de nosotros
Niño, perseguido por Herodes, Ten piedad de nosotros
Niño, adorado por los Magos, Ten piedad de nosotros
Consagrado al Señor con la ofrenda de los pobres, Ten piedad de nosotros
Salvación para todos los pueblos, Ten piedad de nosotros
Fugitivo en Egipto, Ten piedad de nosotros
Signo de contradicción, Ten piedad de nosotros
Testimoniado por la sangre de los inocentes, Ten piedad de nosotros
Perdido y hallado en el Templo, Ten piedad de nosotros
Cumplimiento de todas las Profecías, Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el Pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el Pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el Pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

 

Jesús, José y María,

os doy el corazón y el alma mía.

Jesús, José y María,

asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María,

expire en paz con vosotros el alma mía.

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