Novena de Navidad – Día VI

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NOVENA DE NAVIDAD

Día sexto

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Oración inicial para todos los días

Dios Padre Todopoderoso, que por amor has enviado a tu Hijo al mundo, nacido en la fragilidad de nuestra naturaleza, para sanar la herida que dejó el pecado; nacido en la humildad y sencillez del pesebre de Belén; te pedimos en esta novena que nos concedas aquella humildad y sencillez que arrebatan el Reino de los cielos a quienes en la tierra las posean; la pureza de corazón, contra las torcidas intenciones; y la firme determinación de echar fuera de nosotros el pecado, para hacer lugar en nuestras almas al Divino Niño que desea morar y reinar en ellas para siempre. Junto con estas virtudes, te pedimos que nos concedas la gracia de…

(Cada uno pide con fe en su corazón la gracia que desea alcanzar)

…Si es para tu mayor gloria y salvación de mi alma.

Meditación: Paz a los hombres de buena voluntad”

Enseña san Juan de la cruz: “No pienses que el agradar a Dios está tanto en obrar mucho como en obrarlo con buena voluntad…”

Antes que nada, debemos recordar que lo más semejante que tenemos con Dios es el alma. El Hijo de Dios asumió también un cuerpo humano, pero siempre sigue siendo nuestra alma lo más semejante a la divinidad porque es completamente espiritual. Y nuestra alma tiene una inteligencia “capaz de conocer la verdad” y una voluntad “capaz de amar esa verdad” … por lo tanto, la buena voluntad, es aquella que se une a la suma Verdad, al sumo Amor, al sumo Bien que no es otro que el mismo Dios. Los hombres y mujeres de buena voluntad son aquellos que durante toda la historia de nuestra existencia han buscado siempre hacer el bien, es decir, cumplir con la voluntad de Dios.

Por lo tanto, para tener buena voluntad no hay otro camino que el de amar intensamente a Dios. Porque “si amamos a Dios con sinceridad vamos a amar necesariamente lo mismo que Él ama”, y el fruto de la buena voluntad, no es otro que “la paz”.

No hablamos aquí de la paz terrena, de esa tranquilidad exterior de que nadie nos moleste ni haya ruido, sino de una paz que, desde el pecado original, había sido el gran deseo de todos los hombres; hablamos aquí de la “paz del alma”; de esa paz que trae consigo el Niño-Dios y que ni siquiera los sufrimientos de esta vida, ni los ataques de los malos nos la pueden quitar. “Solamente el pecado es capaz de acabar con la paz del alma”, pero si vivimos según la ley de Dios, inclusive el momento de nuestra muerte estará lleno de paz. Por lo tanto, toda nuestra vida debe convertirse en una verdadera alabanza a Dios mediante nuestra buena voluntad que, como dijimos, es la gran conquistadora de la paz. Por eso decía san Bernardo: «Bendecirás al Señor en todas las ocasiones y así, en medio de un mundo vacilante, encontrarás la paz, una paz inquebrantable»[1]. Recordemos, finalmente, que esta paz del alma, como todo bien, tiene la capacidad de difundirse hacia los demás, como decía san Ambrosio: «Empieza por tener paz en ti mismo, y así podrás dar paz a los demás»[2].

Que esta Navidad sea nuestra gran oportunidad de cambiar nuestras torcidas intenciones en buena voluntad, para poder alcanzar así, ya en este mundo, una paz en el corazón que nadie, salvo nosotros si así lo decidimos, nos podrá arrebatar jamás.

[1] San Bernardo, Sermón 21 sobre el Cantar de los Cantares, 4

[2] San Ambrosio, en Catena Aurea, val. I, p. 254.

Oración final para todos los días

 Oh, humildísimo Niño Dios, que quisiste nacer en el frío, apartado y pobrísimo pesebre de Belén, te pedimos la gracia de alcanzar lo que pedimos en esta novena, y junto con ello el firme deseo de no apartarnos más de ti, ni de apartarte de nuestros corazones por medio del pecado, haciendo de ellos una morada cada vez más digna de tu amor mediante la práctica de las virtudes y el compromiso de vivir fielmente nuestra fe.Tú que vives y reinas, por los siglos de los siglos. Amén.

LETANÍAS DEL DIVINO NIÑO

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Dios Padre Celestial, Ten piedad de nosotros
Dios, Hijo Redentor del mundo, Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo, Ten piedad de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, Ten piedad de nosotros
Niño Jesús, palabra hecha carne, Ten piedad de nosotros
Niño Jesús, descendiente de Abraham, Ten piedad de nosotros
Niño Jesús, hijo de José, Ten piedad de nosotros
Niño, Dios con nosotros, Ten piedad de nosotros
Niño, nacido de María en Belén, Ten piedad de nosotros
Niño, adorado por los pastores, Ten piedad de nosotros
Niño, glorificado por los Ángeles, Ten piedad de nosotros
Niño, perseguido por Herodes, Ten piedad de nosotros
Niño, adorado por los Magos, Ten piedad de nosotros
Consagrado al Señor con la ofrenda de los pobres, Ten piedad de nosotros
Salvación para todos los pueblos, Ten piedad de nosotros
Fugitivo en Egipto, Ten piedad de nosotros
Signo de contradicción, Ten piedad de nosotros
Testimoniado por la sangre de los inocentes, Ten piedad de nosotros
Perdido y hallado en el Templo, Ten piedad de nosotros
Cumplimiento de todas las Profecías, Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el Pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el Pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el Pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

 

Jesús, José y María,

os doy el corazón y el alma mía.

Jesús, José y María,

asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María,

expire en paz con vosotros el alma mía.

 

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