Vida oculta de San José

MES DE SAN JOSÉ - 13

0 662

Una de las mayores gracias que Dios puede conceder a un alma, es la de inspirarle la devoción a San José; lo mismo que descubrirle el tesoro de gracias de Nuestro Señor; y cuando Dios quiere elevar un alma a un alto grado de santidad, le da un gran amor a este buen santo.

Sólo Nuestro Señor puede hacernos conocer a San José, revelarnos sus virtudes; pues el llevó una vida enteramente oculta. Parece que Dios quiso rodearlo de silencio, soledad y recogimiento a fin de ocultarlo a las miradas del mundo. Durante treinta años San José mantuvo oculto el tesoro que custodiaba: no dejó vislumbrar, ni siquiera por una manifestación de respeto extraordinario, quién era Nuestro Señor; para ello fue precisa una virtud, prudencia y sabiduría muy admirables. Él practicó el silencio interior y exterior, haciendo consistir para sí mismo la virtud en el silencio y en un silencio de muerte.

Vivió en Nazaret en la soledad más absoluta; y del mismo modo solitario en Belén y en Egipto. El amor busca la soledad, y para la vida interior ella es necesaria. Solo con Nuestro Señor, San José no hacía caso del mundo: el mundo estaba muerto para él y él para el mundo. Un alma que no está contenta y a quien falta algo poseyendo a Nuestro Señor, se puede considerar como muy desdichada. Si se nos hubiere invitado a pasar una hora en Nazaret, con Jesús, María y José, estoy cierto que hubiéramos dejado todo, para no perder ni un minuto de esta bendita hora; de igual manera San José consideraba como la mayor pena, cuando se veía obligado por su trabajo a dejar por algunos instantes la casita habitada por el Niño Jesús.

San José silencioso y solitario se mantenía siempre recogido en Jesús y en María; no saliendo nunca de ese centro divino. Somos aún demasiado terrestres para comprender el recogimiento de San José; él vivía de amor; contemplaba a Nuestro Señor y veía en Él todo lo que tenía que hacer, del mismo modo que Jesucristo contempla sin cesar a su Padre celestial y en Él encuentra la forma de sus pensamientos, de sus juicios, de sus acciones, en una palabra, de toda su vida.

Nosotros no menos felices que José en Nazaret tenemos a nuestro lado a nuestro Señor Jesucristo, en el Santísimo Sacramento; sólo que nuestros pobres ojos no lo ven; mas hagámonos interiores y podremos contemplarle. San José es la mejor puerta para penetrar en el Corazón de Nuestro Señor; Jesús y María quieren satisfacer sus deudas para con San José, que se abnegó por ellos; y su mayor felicidad consiste en cumplir el menor de sus deseos. Entrad por él, que él os introducirá por la mano en el santuario interior de Jesús Sacramentado.

Aspiración. San José, que marchabais siempre en la presencia de Dios, ruega por nosotros.

Treintena

Oración y Letanías

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: