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La fidelidad heroica del P. Sopoćko a la Divina Misericordia bajo el asedio de la guerra

«Gracias a sus diligencias una nueva luz resplandecerá en la Iglesia de Dios para el consuelo de las almas» (Diario, 1390).

El Dios Misericordioso, para transmitir el Mensaje de la Divina Misericordia, eligió y formó a dos Apóstoles del amor de Dios: la Santa Faustina Kowalska y el Beato Miguel Sopoćko. Estos, aunque trataron de cumplir la voluntad de Dios con celo heroico, no recibieron reconocimiento durante su vida, pero ganaron santidad y memoria eterna. 

El asedio de la guerra

La idea de la misericordia de Dios, en el P. Sopoćko, también estaba relacionada con la construcción de una iglesia en Vilna, Lituania, con la misma advocación. En 1938, se estableció un Comité de construcción de la iglesia, que rápidamente obtuvo los permisos oficiales necesarios. Con el estallido de la guerra y la entrada del ejército soviético en Vilna, surgió una nueva situación política que frustró las acciones que ya habían comenzado. El ejército soviético saqueó los materiales de construcción adquiridos para la futura iglesia. El dinero para la construcción también se perdió́ en los bancos. 

En 1940, el P. Sopoćko pidió a las autoridades ocupantes permiso para construir al menos una capilla, pero no recibió́ el permiso. La difícil situación de la guerra, que se extendía a otros territorios de Europa y que afectaba a la gente de muchas naciones sembrando el mal, le afirmaba en la convicción de la necesidad de la misericordia de Dios para el mundo. Fue entonces cuando el Padre Sopoćko empezó a difundir con más ardor si cabe la idea de la Divina misericordia, en la cual veía la salvación para el mundo. 

Los párrocos de Vilna, y de la provincia, le invitaban a dar conferencias. Durante la Cuaresma, en los oficios celebrados en la catedral de Vilna predicaba conferencias cuaresmales sobre la Divina misericordia. Esas conferencias sobre la Pasión, atraían a multitud de fieles de toda Vilna y su fama se extendía por toda la ciudad.

Al mismo tiempo, el Padre Sopoćko comenzó a trabajar en un tratado sobre la idea de la misericordia de Dios y la necesidad de establecer una fiesta en su honor, “De Misericordia Dei deque eiusdem festo instituendo”. 

Antes de la guerra fue animado a realizar esta obra por el cardenal August Hlond, a quien presentó sus estudios sobre el tema del culto a la misericordia de Dios.

En junio de 1940, Lituania fue nuevamente ocupada por el ejército soviético y un mes más tarde fue incorporada a la Unión Soviética como su decimoquinta república. El P. Sopoćko se vio obligado a interrumpir los encuentros de los grupos organizados que custodiaba. Las autoridades soviéticas lo buscaban. Advertido por un empleado de la oficina de registro, logró evitar el ser arrestado. Por su seguridad abandonó Vilna. Terminada la amenaza, regresó y comenzó́ a impartir clases en el Seminario de Teología, donde, a pesar de las difíciles condiciones materiales y de vivienda, comenzó́ el nuevo año académico 1940/41. Volvió́ a residir en la iglesia de San Miguel, donde la imagen de Jesús Misericordioso había sido previamente colocada, con lo que fue objeto de gran veneración.

El 22 de junio de 1941 estalló la guerra germano – soviética. Vilna pronto se encontró́ bajo la ocupación alemana. La población judía fue objeto de una discriminación especial. El P. Sopoćko les brindó apoyo material y espiritual. Este comportamiento podría haber tenido consecuencias de gran alcance, incluida la pérdida de vidas. La Gestapo encontró́ huellas de sus actividades, y por eso lo mantuvieron bajo custodia durante varios días. 

A finales de 1941 los alemanes intensificaron el terror de la ocupación. El último domingo de Adviento, debido a una supuesta epidemia, cerraron todas las iglesias en Vilna, y luego, el 3 de marzo de 1942, emprendieron una amplia acción contra el clero. Arrestaron a profesores y estudiantes del seminario teológico y a casi todos los sacerdotes que trabajaban en Vilna. Al mismo tiempo, la Gestapo organizó una emboscada en el apartamento del P. Sopoćko. Advertido por su anfitriona, se apresuró a llegar a la Curia para notificar al arzobispo del peligro inminente. Pidió́ que lo liberaran de tener que impartir clases en el seminario.

Abandonó Vilna disfrazado para poder llegar hasta el convento de las Hermanas Ursulinas situado en Czarny Bor.

 

En Czarny Bor, alojado en la casa de las Hermanas Ursulinas, 

el P. Sopoćko cambió su nombre y apariencia

 

Las Hermanas le prestaron ayuda alojándolo en la casa que alquilaban al borde de un bosque. La Gestapo lo estuvo buscando por casi toda Lituania, preguntando por él, sobre todo, en las casas parroquiales y entre los sacerdotes. Gracias a la mediación de personas de confianza el Padre Sopoćko recibió́ un carnet de identidad con el nombre de Waclaw Rodziewicz. Desde entonces, se hizo pasar por carpintero y ebanista, que hacía herramientas simples y objetos para la población local. Todos los dı́as, temprano por la mañana, celebraba la santa misa. Después, tenía mucho tiempo para entregarse a la oración y reflexión personal y se dedicaba a la investigación científica. 

En el verano de 1944, el ejército soviético rodeó Vilna y, después de un asedio que duró varias semanas, los ocupantes alemanes se vieron obligados a retirarse de la ciudad. A pesar de las condiciones de vida extremadamente difíciles, el arzobispo Jałbrzykowski decidió́ iniciar la actividad docente en el Seminario.

El P. Sopoćko salió de su escondite y regresó a Vilna, donde comenzó de nuevo a impartir clases en el Seminario. Todos los domingos, junto con otros profesores y estudiantes, viajaba a parroquias rurales para recaudar fondos para el mantenimiento de los estudiantes del Seminario. También participó activamente en el trabajo pastoral, en las afueras de Vilna, tiempo durante el cual tuvo la oportunidad de difundir la idea de la misericordia de Dios.

Las autoridades de las República Soviética, a pesar de su actitud antirreligiosa, en un principio toleraban las actividades pastorales de los sacerdotes. Sin embargo, poco a poco empezaron a limitar su trabajo, sobre todo el de la catequización de los jóvenes y los niños. Aunque los encuentros parroquiales se organizaban en secreto, las informaciones llegaban a las autoridades. Al P. Sopoćko le llamaron a la comisaría. Había riesgo real de que se le impusieran sanciones y de que pudieran mandarlo a Siberia.

Al mismo tiempo, en julio de 1947, el P. Sopoćko recibió́ de su arzobispo, Mons. R. Jalbrzykowski, quien ya estaba en Białystok, la orden de ir a trabajar a Polonia. De ahí́ que decidiera abandonar Vilna cuanto antes, sobre todo, porque terminaba el plazo de la repatriación de los polacos de Lituania. Antes de marcharse, con la falsa esperanza de que su estancia fuera de Vilna sería muy corta, visitó la capilla de la Madre de Dios de la Misericordia de la Puerta de la Aurora (Ostrobrama) y a finales de agosto de 1947 emprendió́ el viaje hacia Białystok. Fue el último transporte de la población polaca que iba a Polonia. 

En octubre de 1947 comenzaron las clases en el seminario de Białystok. A la vez llevaba la asistencia pastoral, religioso-social y educativa. Una parte muy importante de su actividad la constituía el trabajo educativo sobre la sobriedad en la sociedad. La labor que más apreciaba y más le absorbía era la propagación del culto de la Divina Misericordia. Se entregó en alma y cuerpo en su realización y le fue fiel hasta el final. No se desanimaba con la resistencia de las autoridades eclesiásticas en la aprobación del culto, cuyo motivo fueron las irregularidades y espontaneidad con la que se desarrollaba esta nueva devoción. Todo aquello fue causado por diferentes publicaciones que, a menudo de forma incorrecta, interpretaban la idea de la Divina Misericordia. El P. Sopoćko, infatigablemente, corregía los errores y aclaraba los fundamentos teológicos de ese culto.

 

A finales de septiembre de 1947, salió́ por unos dı́as a Myślibórz, donde Jadwiga Osińska e Isabela Naborowska (las primeras hermanas de la nueva Congregación) organizaban los principios de la vida en la nueva comunidad religiosa. Aquel fue el primer encuentro con las hermanas desde que habían abandonado Vilna.

A partir de entonces, se mantuvo en contacto con las hermanas de la Congregación recién fundada, ofreciéndoles asesoramiento, apoyo espiritual y material.

 

El P. Sopocko con sus hijas espirituales, 1970

 

La rica personalidad del P. Sopoćko, su espiritualidad y autoridad, resultado de sus experiencias sumadas a la gran modestia personal que poseía, atraían a los fieles. 

Ya mayor y después de varios problemas de salud, mientras ejercía la asistencia pastoral en la capilla de la calle Poleska, se dedicó a terminar las publicaciones acerca de la difusión de la Divina Misericordia, que ya tenía empezadas. Pronto, cuando el ambiente alrededor de este tema comenzó́ a cambiar, se entregó a él con mayor afán. 

Dejó una gran cantidad de obras, entre las cuales cabe destacar la obra en cuatro tomos “La misericordia de Dios en sus obras”. 

Una circunstancia importante que lo fortaleció, fue el comienzo del proceso informativo de Sor Faustina Kowalska, iniciado en 1965 por el arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla. El Padre Sopoćko se involucró́ en dicho proceso informativo como testigo.

Como se ha visto, a lo largo de toda su vida, este Apóstol de la Divina Misericordia, fue un hombre muy activo, con un fuerte fundamento espiritual. Cuando le empezaron a fallar las capacidades físicas y se manifestaban sus deficiencias, la esfera espiritual se convirtió́ en el terreno de su compromiso y de su servicio, dedicado este a las causas Divinas. Las citas de las lecturas dejadas en su «Diario» atestiguan que así́ entendió́ su último servicio: 

«La vejez hay que tratarla como una vocación de mayor amor a Dios y al prójimo. Dios tiene reservado para las personas ancianas nuevos planes de profundización de la persona, y lo hace al revelarle su vida interior, cara a cara. El único medio eficaz del que somos capaces, es la oración. En esa pasividad activa todo se está preparando, todo se decide, todo se desarrolla. El cielo consistirá en rezar la oración del PADRE NUESTRO»

Falleció́ en la noche de un sábado, el 15 de febrero de 1975. No vivió́ para ver la aprobación por parte de la Iglesia de las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia. Apenas tres años después de la muerte del Padre Sopoćko – el 15 de abril de 1978 – se retiró́ la Notificación que prohibía la proclamación de las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia.

El 28 de septiembre de 2008 en el Santuario de la Divina Misericordia en Białystok tuvo lugar, la beatificación del Padre Miguel Sopoćko, por parte de Benedicto XVI.

«Viendo la dedicación y el empeño del P. Dr. Sopoćko en este asunto, admiraba en él su paciencia y su humildad; todo esto costó no solo mucho empeño y varios disgustos, sino también mucho dinero, y todo lo subvencionaba el P. Dr. Sopoćko. Veo que la providencia Divina lo había preparado para cumplir esta obra de la misericordia antes de que yo se lo pidiera a Dios. Oh, qué misteriosos son tus caminos, Dios, y felices las almas que siguen la voz de tu gracia» (Santa Faustina Diario, 422).

Queridos todos, acudamos a la Misericordia Divina en toda necesidad, pero sobre todo sigamos la voz de su gracia, mantengámonos unidos a su gracia, para dar frutos de vida eterna.

Hermana Maria de la Fe

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