Novena de Navidad 2023

Picture of Otros Autores

Otros Autores

Queridos Todos,

Ya estamos llegando a la Navidad, continuando con las preparaciones de este Adviento, los invitamos a comenzar desde el día de hoy la Novena de Navidad, en ella iremos meditando este misterio a partir algunos sermones de los Santos Padres y textos selectos de Santo Tomás de Aquino.

Contenido de la serie

Primer día de la Novena de navidad. 16 de diciembre

Día 1

16 De Diciembre

✠ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Meditación de San Agustín Éste es el día en que vino al mundo el creador del mundo; en que se hizo presente en la carne, quien nunca está ausente por su poder. En efecto, estaba en el mundo y vino a su casa. Estaba en el mundo, pero oculto al mundo, pues la luz brillaba en las tinieblas, y las tinieblas no la acogían. Vino, pues, en la carne para limpiar los vicios de la carne; vino en tierra medicinal para curar con ella nuestros ojos interiores, cegados por nuestra tierra exterior; de modo que, una vez sanados, quienes antes fuimos tinieblas seamos luz en el Señor.

Hermoso como un esposo, fuerte como un gigante, digno de amor y de temor, severo y sereno; hermoso para los buenos, duro para los malos; permaneciendo en el seno del Padre, llenó el seno de la Virgen. En el seno de la Virgen, la naturaleza divina unió a sí la naturaleza humana; en él la Palabra se hizo carne por nosotros, para habitar en medio de nosotros, naciendo de una madre y para prepararnos nuestra morada, precediéndonos en el camino hacia el Padre. Celebremos, pues, con gozo y solemnidad este Día y, llenos de fe, deseemos el Día eterno, a través de quien, siendo eterno, nació en el tiempo para nosotros.

Sermón 195 Reflexión teológica Se dice en un Sermón durante el Concilio de Éfeso: “La naturaleza ignora la virginidad después del parto. La gracia, sin embargo, manifestó a la que debía dar a luz, hizo a la madre, y no dañó a la virginidad. Por consiguiente, la Madre de Cristo fue virgen también en el parto.

Es preciso defender, sin duda de ninguna clase, que la Madre de Cristo fue virgen también en el parto, puesto que el Profeta (Is 7,14) no dice solamente: He aquí que la virgen concebirá, sino que añade: y dará a luz un hijo.

Y esto fue conveniente por tres motivos. Primero, porque correspondía a la propiedad de quien nacía, que es el Verbo de Dios. El Verbo, en efecto, no sólo es concebido en la mente sin corrupción, sino que también procede de ella sin corrupción. Por lo que, a fin de manifestar que aquel cuerpo era el mismo Verbo de Dios, fue conveniente que naciese del seno incorrupto de una virgen. De ahí que en un Sermón del Concilio de Éfeso se lea: La mujer que da a luz pura carne, pierde la virginidad. Pero, al ser el Verbo de Dios quien nace en carne, el propio Dios conserva la virginidad, demostrando con ello que es el Verbo. Ni siquiera nuestro verbo corrompe la mente cuando sale de ella. Y Dios, Verbo sustancial, al optar por el parto, tampoco destruye la virginidad.

Segundo, porque esto es conveniente en lo que atañe al efecto de la encarnación de Cristo, pues vino para quitar nuestra corrupción. Por eso no fue oportuno que, al nacer, corrompiese la virginidad de la madre. Debido a esto, dice Agustín en un Sermón De Nativitate Domini: No era justo que con su venida manchase la virginidad quien había llegado para sanar lo que estaba corrompido.

Tercero. Fue conveniente para que, al nacer, no menoscabase el honor de la madre aquel que había mandado honrar a los padres.

Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica III, q. 28, a.2 Oración de san Juan Pablo II Señor Jesús, junto con los pastores, nos acercamos al Portal de Belén para contemplarte envuelto en pañales y acostado en el pesebre.

¡Oh Niño de Belén, te adoramos en silencio con María, tu Madre siempre virgen! ¡A ti la gloria y la alabanza por los siglos, divino Salvador del mundo! Amén. ✠

¡Ave María y adelante!

Segundo día de la Novena de Navidad. 17 de diciembre

Día 2

17 De Diciembre

✠ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Meditación de San Bernardo

Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá. ¿Quién tendrá corazón tan de piedra que, al oír este grito, no se le derrita el alma? ¿Se podría anunciar mensaje más consolador? ¿Se podría confiar noticia más agradable? ¿Cuándo se ha oído algo semejante? ¿Cuándo ha sentido el mundo cosa parecida? Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá. ¡Expresión concisa sobre la Palabra abreviada, pero henchida de celeste fragancia!… ¡Oh nacimiento esclarecido en santidad, glorioso para el mundo, querido por la humanidad a causa de incomparable beneficio que le confiere, insondable incluso para los ángeles en la profundidad de su misterio sagrado! Y bajo cualquier aspecto, admirable por la grandeza exclusiva de su novedad; jamás se ha visto cosa parecida, ni antes ni después. ¡Oh alumbramiento único, sin dolor, cándido, incorruptible; que consagra el templo del seno virginal sin profanarlo!

Sermón para la Vigilia de Navidad

Reflexión teológica

El Nacimiento de Jesús se compara al rocío, a la lluvia y al germen; porque Cristo es rocío para refrigerar, “como nube de rocío en el calor de la siega” (Is 18, 4). Es lluvia para fecundar: “Descenderá como la lluvia sobre el retoño” (Sal 71, 6). “Y como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí vacía, sino que haya hecho cuanto yo quise y haya cumplido aquello a que la envié” (Is 55, 10-11). Es por último germen para fructificar: “Y suscitaré a David un Germen justo” (Jer 23, 5).

El fruto del nacimiento de Cristo es la justicia, que nace con él de tres maneras: se trata de la justicia que cumplió con la obra: “Porque así nos conviene cumplir toda justicia” (Mt 3, 15); o bien de la que enseñó con las palabras: “Yo soy el que hablo justicia, y el que combato para salvar” (Is 63, 1); o también, aquella que dio como dádiva: “El cual para nosotros ha sido hecho por Dios sabiduría, y santificación, y justificación, y redención; para que como está escrito: El que se gloria, se gloríe en el Señor” (1 Cor 1, 30-31).

Santo Tomás de Aquino. Comentario al libro de Isaías, cap. 45

Oración de san Juan Pablo II

Señor Jesús, junto con los pastores, nos acercamos al Portal de Belén para contemplarte envuelto en pañales y acostado en el pesebre.

¡Oh Niño de Belén, te adoramos en silencio con María, tu Madre siempre virgen! ¡A ti la gloria y la alabanza por los siglos, divino Salvador del mundo! Amén. ✠

¡Ave María y adelante!

Tercer día de la Novena de Navidad. 18 de diciembre

Día 3

18 De Diciembre

✠ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Villancico de Santa Teresa de Jesús

Pues la estrella es ya llegada, vaya con los Reyes la mi manada.

Vamos todos juntos a ver el Mesías, pues vemos cumplidas ya las profecías. Pues en nuestros días, es ya llegada, vaya con los Reyes la mi manada.

Llevémosle dones de grande valor, pues vienen los Reyes, con tan gran hervor. Alégrese hoy nuestra gran Zagala, vaya con los Reyes la mi manada.

No cures, creyente de buscar razón, para ver que es Dios aqueste Garzón. Dale el corazón, y yo esté empeñada: vaya con los Reyes la mi manada.

Reflexión teológica

Del Nacimiento de Jesús podemos tomar algunas cosas útiles para nuestra edificación:

En primer lugar, se confirma nuestra fe. Si alguno dijese cosas de un país remoto y él no hubiese estado allí, no se le creería como si hubiese estado en él. Antes, pues, de que viniese Cristo al mundo, los patriarcas, los profetas y Juan Bautista dijeron algunas cosas de Dios. Sin embargo, no las creyeron los hombres como a Cristo, que estuvo con Dios; más aún: es uno con Él. Por donde nuestra fe, que nos confió Cristo, es muy segura. En el evangelio de san Juan (1,18) se dice: “A Dios nadie lo ha visto nunca: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él nos lo ha narrado”. De ahí que muchos secretos de la fe, antes ocultos, se nos hayan manifestado después de la venida de Cristo.

En segundo lugar, por estas cosas se eleva nuestra esperanza. Es evidente que el Hijo de Dios, asumiendo nuestra carne, no vino a nosotros por una banalidad, sino para una gran utilidad nuestra. Por donde realizó una especie de intercambio; a saber, asumir un cuerpo animado y dignarse nacer de la Virgen, para conferirnos su divinidad; y así se hizo hombre para hacer Dios al hombre. Por el cual tenemos acceso por la fe a esta gracia en que estamos y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios (Rom 5,2).

En tercer lugar, por esto se enciende la caridad. Pues no hay indicio tan evidente del amor divino que el hecho de que Dios, el Creador de todas las cosas, se haya hecho criatura; que el Señor se ha hecho hermano nuestro; que el Hijo de Dios se haya hecho hijo del hombre: “De tal modo amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito” (Jn. 3,16). Y por eso, por la consideración de esto, debe acrecentarse e inflamarse nuestro amor a Dios.

Santo Tomás de Aquino. Exposición del Símbolo de los Apóstoles

Oración de san Juan Pablo II

Señor Jesús, junto con los pastores, nos acercamos al Portal de Belén para contemplarte envuelto en pañales y acostado en el pesebre.

¡Oh Niño de Belén, te adoramos en silencio con María, tu Madre siempre virgen! ¡A ti la gloria y la alabanza por los siglos, divino Salvador del mundo! Amén. ✠

¡Ave María y adelante!

Cuarto día de la Novena de Navidad. 19 de diciembre

Día 4

19 De Diciembre

✠ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Meditación de san John Henry Newman

Éste es el tiempo de la inocencia, de la pureza, de la amabilidad, de la ternura, de la alegría, de la paz. Es un tiempo en el que toda la Iglesia aparece vestida de blanco, con su traje bautismal, con aquellas resplandecientes y luminosas vestiduras que llevará en el monte santo.

En otros tiempos litúrgicos Cristo viene con ropas teñidas de sangre, pero ahora viene a nosotros revestido de serenidad y de paz y nos manda que nos alegremos en Él y que nos amemos unos a otros. Ahora no hay lugar para la tristeza, para la envidia, para las preocupaciones, para los vicios, para los excesos o para la disipación. Éste no es tiempo para las comilonas o borracheras, ni lujuria ni desenfreno, ni riñas ni pendencias, como dice el Apóstol; es tiempo para revestirnos de Cristo, que no conoció el pecado ni hubo engaño en su boca.

¡Ojalá que cada nueva Navidad nos encuentre cada vez más parecidos a quien, en este tiempo, se ha hecho niño por amor a nosotros; que cada nueva Navidad nos encuentre más sencillos, más humildes, más santos, más caritativos, más resignados, más alegres, más llenos de Dios!

Reflexión teológica

Además de confirmar nuestra fe, de elevar nuestra esperanza y encender la caridad, la venida de Cristo a este mundo nos aporta dos beneficios más:

En cuarto lugar, somos inducidos a conservar pura nuestra alma. Pues de tal manera fue ennoblecida y exaltada nuestra naturaleza por la unión con Dios, que fue vinculada a una persona divina… Por eso el hombre, recordando y atendiendo a esta exaltación, debe desdeñar envilecerse a sí mismo y su naturaleza por el pecado. Por ello dice San Pedro: Por el cual, Cristo nos dio las promesas máximas y preciosas, de modo que por ellas vengamos a ser consortes de la naturaleza divina, huyendo de la corrupción de la concupiscencia que hay en el mundo (2 Pe 1,4).

En quinto lugar, por estas cosas se inflama nuestro deseo de llegar a Cristo. Si algún rey fuese hermano de quien estuviese lejos de él, aquel cuyo hermano es el rey desearía venir a él y estar y permanecer junto a él. Por consiguiente, siendo Cristo hermano nuestro, debemos desear estar con él y unirnos a él: Donde quiera estuviere el cuerpo, allí se congregarán los buitres (Mt 24,28); el Apóstol deseaba morir y estar con Cristo. Deseo que ciertamente crece en nosotros, considerando su encarnación.

Santo Tomás de Aquino. Exposición del Símbolo de los Apóstoles

Oración de san Juan Pablo II

Señor Jesús, junto con los pastores, nos acercamos al Portal de Belén para contemplarte envuelto en pañales y acostado en el pesebre.

¡Oh Niño de Belén, te adoramos en silencio con María, tu Madre siempre virgen! ¡A ti la gloria y la alabanza por los siglos, divino Salvador del mundo! Amén. ✠

¡Ave María y adelante!

Quinto día de la Novena de Navidad. 20 de diciembre

Día 5

20 De Diciembre

✠ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Meditación de Santa Teresa del Niño Jesús

En el nombre del que adoro os tiendo, hermanas, la mano, y canto por este niño que todavía no habla. Para este Niño Jesús, el desterrado del cielo, sólo he encontrado en el mundo indiferencia profunda.

Que todas vuestras caricias, alabanzas y ternuras sean para el Niño Dios. ¡Almas, que el amor os queme viendo que el Dios inmortal se hace mortal por vosotras!

¡Oh, conmovedor misterio! ¡Viene a pediros limosna el que es Dios, el Verbo eterno!

Que siempre para este Niño sean vuestros sufrimientos, vuestras penas y alegrías. ¡Almas, que el amor os queme viendo que el Dios inmortal se hace mortal por vosotras!

¡Oh, conmovedor misterio! ¡Viene a pediros limosna el que es Dios, el Verbo eterno!

Jesús, el divino Niño, para entregarte su vida, transforma en él cada día una hostia pequeñita, toda blanca y pequeñita. Con más amor todavía, ¡oh, hermanita afortunada!, quiere transformarte a ti en su misma carne y sangre. Tu corazón es su dicha, su placer y su tesoro.

¡Navidad! Bajo del cielo para decirle a tu alma: “el dulcísimo Cordero se abaja hasta ti, procura ser su hostia blanca y pura”.

Extracto de una prosa escrita para sus hermanas carmelitas

Reflexión teológica

Consideremos, pues, cómo la Encarnación de Dios es un auxilio eficacísimo para el hombre que tiende a la bienaventuranza:

Supuesto que la perfecta bienaventuranza consiste en el goce de Dios, fue necesario que el afecto del hombre se dispusiese al deseo de ese goce divino; así como vemos que en el hombre reside el deseo natural de la felicidad, y que el deseo del goce de alguna cosa es producido por el amor a dicha cosa, del mismo modo fue necesario llevar hacia el amor divino al hombre que se dirige a la bienaventuranza perfecta. Nada nos lleva tan intensamente a amar a alguno como la experiencia del amor que aquél nos profesa. Mas el amor de Dios al hombre no pudo mostrarse de modo más eficaz que habiendo querido unirse en persona al hombre. Porque es propio del amor unir al amante con el amado, en cuanto es posible. Fue por consiguiente necesario, al hombre que se dirige a la bienaventuranza perfecta, que Dios se hiciese hombre. Además, como la amistad consiste en cierta igualdad, no parece que puedan unirse en amistad seres que son muy desiguales. Pero para que fuese más familiar la amistad entre el hombre y Dios, fue conveniente que Dios se hiciese hombre, porque también el hombre es naturalmente amigo del hombre; y así, conociendo visiblemente a Dios, somos arrastrados al amor de lo invisible.

Santo Tomás de Aquino. Contra Gentiles, lib. 4, cap. 54

Oración de san Juan Pablo II

Señor Jesús, junto con los pastores, nos acercamos al Portal de Belén para contemplarte envuelto en pañales y acostado en el pesebre.

¡Oh Niño de Belén, te adoramos en silencio con María, tu Madre siempre virgen! ¡A ti la gloria y la alabanza por los siglos, divino Salvador del mundo! Amén. ✠

¡Ave María y adelante!

Sexto día de la Novena de Navidad. 21 de diciembre

Día 6

21 De Diciembre

✠ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Meditación de san Carlos de Foucauld

Ha llegado el momento fijado por Dios desde toda la eternidad para su aparición entre los hombres … Navidad, Navidad, Dios es nuestro, Emmanuel, ¡Dios está con nosotros! La cueva se iluminó de repente: los cánticos de los ángeles la llenan, un niño pequeño aparece en los brazos de María: ¡un niño nos ha nacido!

Afuera hace frío y nieve, imágenes del mundo … Pero en la caverna, iluminada por Jesús, ¡qué buena es! Qué suave, cálido, luminoso …

Cuando entraste en el mundo, no fuiste recibido: todas las puertas de Belén se cerraron ante ti en tu nacimiento. ¡Así recibió la tierra a su Dios, y tú no la maldijiste, Dios mío! ¡La dejarás bendiciéndola!

Mi Señor Jesús, el mundo no te ha recibido. ¡Oh! ¡Quiero recibirte! Pero, ay, con todos mis deseos, ¿qué tengo para ofrecerte? ¿Tengo mejor para ofrecerte que una cueva fría, oscura, sucia, habitada por bueyes y burros, por naturaleza ruda, pensamientos terrenales, sentimientos bajos y vulgares? Ay, Dios mío, lo admito, es la triste hospitalidad que te ofrezco. Pero lo que no hice, ¡hazlo Tú, Señor Jesús! ¡Ilumina esta cueva de mi alma, oh Divino Sol!

«En mi nacimiento -dice Jesús- me entrego completamente a Ti: me pongo en Tus manos. A partir de ahora, podrás verme, tocarme, escucharme, poseerme, servirme, consolarme».

No temas, no tengas miedo frente a este niñito tan dulce que te sonríe y te extiende los brazos. Él es tu Dios, pero está lleno de mansedumbre y sonríe: no temas. Sea todo ternura, todo amor y toda confianza».

Extracto de sus meditaciones

Reflexión teológica

Cristo quiso nacer en Belén por dos motivos:

Primero, porque nació de la descendencia de David según la carne, como se dice en la carta a los Romanos (1,3). Por eso quiso nacer en Belén, donde nació David, para que por el mismo lugar de nacimiento quedase demostrado el cumplimiento de la promesa que le había sido hecha (2 Sam. 23,1). Y esto es lo que indica el Evangelista (Lc 2,4) cuando dice: Porque era de la casa y de la familia de David.

Segundo, porque, como dice Gregorio en una Homilía, Belén se traduce por casa de pan. Es el mismo Cristo quien dice: “Yo soy el pan vivo que he bajado del cielo”.

Tuvo a bien nacer en Belén peregrinando como extranjero, porque, como dice San Gregorio, mediante la humanidad que había tomado, nacía como en casa ajena, no conforme a su poder, sino conforme a la naturaleza. Y, como también escribe Beda, por carecer de lugar en el mesón, nos preparó muchas mansiones en la casa de su Padre.

Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica III, q. 35, a.7

Oración de san Juan Pablo II

Señor Jesús, junto con los pastores, nos acercamos al Portal de Belén para contemplarte envuelto en pañales y acostado en el pesebre.

¡Oh Niño de Belén, te adoramos en silencio con María, tu Madre siempre virgen! ¡A ti la gloria y la alabanza por los siglos, divino Salvador del mundo! Amén. ✠

¡Ave María y adelante!

Séptimo día de la Novena de Navidad. 22 de diciembre

Día 7

22 De Diciembre

✠ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Meditación de San Pío de Pietrelcina

Al comenzar la santa novena en honor del santo Niño Jesús, mi espíritu se ha sentido como renacer a una vida nueva; el corazón se siente demasiado pequeño para contener los bienes del cielo; el alma se siente deshacerse completamente ante la presencia de nuestro Dios, que se ha hecho carne por nosotros.

¿Cómo resignarse a no amarlo cada día con nuevo entusiasmo?

Oh, acerquémonos al Niño Jesús con corazón limpio de culpa, que, de este modo, saborearemos lo dulce y suave que es amarlo».

Estate muy cerca de la cuna de este gracioso Niño… Si amas las riquezas, aquí encontrarás el oro que los reyes magos le dejaron; si amas el humo de los honores, aquí encontrarás el del incienso; y si amas la delicadeza de los sentidos, sentirás el olor de la mirra, que perfuma por entero la santa gruta.

Sé rico de amor hacia este celeste Niño, respetuoso en la actitud que tomes ante él en la oración, y plenamente dichoso al sentir en ti las santas inspiraciones y los afectos de ser enteramente suyo.

Extracto y adaptación de sus cartas

Reflexión teológica

Se dice en Gal 4,4: Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley.

La diferencia entre Cristo y los otros hombres está en esto: Los otros hombres nacen sujetos a la necesidad del tiempo; Cristo, en cambio, como Señor y Creador de todos los tiempos, escogió el tiempo en que había de nacer, lo mismo que eligió la madre y el lugar. Y porque cuanto procede de Dios está perfectamente ordenado (cf. Rom 13,1) y convenientemente dispuesto (cf. Sab 8,1), síguese que Cristo nació en el tiempo más oportuno.

Cristo quiso nacer cuando la luz del día comienza a crecer, para que quedase claro que él había venido para que los hombres se dirigiesen hacia la luz divina, según aquellas palabras de Lc 1,79: Para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Del mismo modo escogió también la crudeza del invierno para nacer, a fin de sufrir por nosotros las penalidades corporales ya desde entonces.

Por aquellos días, en que el mundo entero vivía bajo la autoridad de un solo príncipe (el emperador romano), reinó la mayor paz. Y por eso convenía que en tal época naciese Cristo, que es nuestra paz que hizo de los dos pueblos uno, como se dice en la carta a los Efesios (2,14). Por lo que escribe Jerónimo: Repasemos las antiguas historias, y descubriremos que hasta el año veintiocho de César Augusto imperó la discordia en todo el mundo, y que, una vez nacido el Señor, cesaron todas las guerras, conforme a aquellas palabras de Isaías: “No levantará espada nación contra nación”.

Convenía asimismo que, cuando imperaba un solo príncipe en el mundo, naciese Cristo, que venía a congregar a los suyos en uno, para que hubiese un solo redil y un solo Pastor.

Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica III, q. 35, a.8

Oración de san Juan Pablo II

Señor Jesús, junto con los pastores, nos acercamos al Portal de Belén para contemplarte envuelto en pañales y acostado en el pesebre.

¡Oh Niño de Belén, te adoramos en silencio con María, tu Madre siempre virgen! ¡A ti la gloria y la alabanza por los siglos, divino Salvador del mundo! Amén. ✠

¡Ave María y adelante!

Octavo día de la Novena de Navidad. 23 de diciembre

Día 8

23 De Diciembre

✠ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Meditación del Papa Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas, vivamos con alegría la Navidad que se acerca. Vivamos este acontecimiento maravilloso: el Hijo de Dios nace también «hoy»; Dios está verdaderamente cerca de cada uno de nosotros y quiere encontrarnos, quiere llevarnos a él. Él es la verdadera luz, que disipa y disuelve las tinieblas que envuelven nuestra vida y la humanidad. Vivamos el Nacimiento del Señor contemplando el camino del inmenso amor de Dios que nos la elevado hasta él a través del Misterio de Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de su Hijo, pues, como afirma san Agustín, «en Cristo la divinidad del Unigénito se hizo partícipe de nuestra mortalidad, para que nosotros fuéramos partícipes de su inmortalidad» (Epístola 187, 6, 20: PL 33, 839-840). Sobre todo, contemplemos y vivamos este Misterio en la celebración de la Eucaristía, centro de la Santa Navidad; en ella se hace presente de modo real Jesús, verdadero Pan bajado del cielo, verdadero Cordero sacrificado por nuestra salvación.

Audiencia General, 21 de diciembre de 2011

Reflexión teológica

El nacimiento de Cristo fue manifestado, no a todos los hombres sino solo a algunos elegidos. Ya que las cosas que se hacen según la sabiduría de Dios, se hacen adecuadamente.

Así, la salvación que Cristo iba a realizar pertenecía a toda la multiplicidad humana, pues, como se lee en la carta a los colosenses (3,11), en Cristo no hay varón y mujer, gentil y judío, esclavo y libre, y así sucede con otras cosas por el estilo. Y, para que esto quedase prefigurado en el mismo nacimiento de Cristo, fue manifestado a hombres de toda condición. Porque, como dice San Agustín en un Sermón sobre la Epifanía, los pastores eran israelitas; los Magos, gentiles. Aquéllos estaban cerca, éstos vinieron de lejos. Unos y otros corrieron juntos como a su piedra angular. Hubo también entre ellos otra diferencia: los Magos fueron sabios y poderosos; los pastores, humildes y plebeyos. También se reveló a justos, tales Simeón y Ana, y a pecadores, a saber, los Magos. Se manifestó asimismo a hombres y mujeres, como Ana, para demostrar con ello que nadie quedaba excluido de la salvación de Cristo.

Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica III, q. 36, a.3

Oración de san Juan Pablo II

Señor Jesús, junto con los pastores, nos acercamos al Portal de Belén para contemplarte envuelto en pañales y acostado en el pesebre.

¡Oh Niño de Belén, te adoramos en silencio con María, tu Madre siempre virgen! ¡A ti la gloria y la alabanza por los siglos, divino Salvador del mundo! Amén. ✠

¡Ave María y adelante!

Noveno día de la Novena de Navidad. 24 de diciembre

Noveno Día De La Novena De Navidad. 24 De Diciembre

✠ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Meditación del Papa Francisco

Si de verdad queremos celebrar la Navidad, redescubramos a través del pesebre la sorpresa y el asombro de la pequeñez, la pequeñez de Dios, que se hace pequeño, que no nace en el esplendor de las apariencias, sino en la pobreza de un establo. Y para encontrarse con Él hay que llegar allí, donde Él está; hay que rebajarse, hay que hacerse pequeño, dejar atrás toda vanidad, para llegar donde Él está. Y la oración es la mejor manera de dar las gracias ante este don de amor gratuito, de dar las gracias a Jesús que desea entrar en nuestras casas y en nuestros corazones. Sí, Dios nos ama tanto que comparte nuestra humanidad y nuestras vidas. Nunca nos deja solos, está a nuestro lado en toda circunstancia, en la alegría como en la tristeza. Incluso en los peores momentos, Él está ahí, porque Él es el Emmanuel, el Dios con nosotros, la luz que ilumina la oscuridad y la presencia tierna que nos acompaña en nuestro camino.

Discurso en el Aula San Pablo VI. 3 de diciembre 2022.

Reflexión teológica

La manifestación del nacimiento del Señor se produjo a través de distintos signos. La manifestación que se realiza mediante señales debe hacerse por medio de las que son familiares a aquellos a quienes se orienta la manifestación.

Pero es claro que a los justos les resulta familiar y habitual el ser instruido por interior instinto del Espíritu Santo, a saber, por el espíritu de profecía, sin la demostración de signos sensibles. Mas otros, acostumbrados a las cosas corporales, son llevados mediante éstas a las espirituales.

Los judíos estaban acostumbrados a recibir las instrucciones divinas por medio de ángeles, mediante los cuales también habían recibido la Ley. Los gentiles, en cambio, y sobre todo los astrólogos, estaban acostumbrados a contemplar el curso de las estrellas. Y por eso, a los justos, esto es, a Simeón y a Ana, les fue revelado el nacimiento de Cristo por interior instinto del Espíritu Santo, según el texto de san Lucas (2,26): “Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de ver al Ungido del Señor”. Pero a los pastores y a los Magos, como dados a las cosas corporales, les fue manifestado el nacimiento de Cristo por medio de apariciones visibles. Y como el nacimiento no era puramente terrenal, sino en cierto modo celestial, por eso les fue revelado el nacimiento de Cristo a unos y otros mediante señales celestes (los ángeles y la estrella).

Con razón, pues, fue revelado el nacimiento de Cristo a los pastores por los ángeles, como a judíos, entre los cuales fueron frecuentes las apariciones angélicas; a los Magos, en cambio, como acostumbrados a la contemplación de los cuerpos celestes, fue manifestado mediante la señal de la estrella. Porque, como dice el Crisóstomo, el Señor, condescendiendo con ellos, quiso llamarlos por medio de las cosas a que estaban habituados.

Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica III, q. 36, a.5

Oración de san Juan Pablo II

Señor Jesús, junto con los pastores, nos acercamos al Portal de Belén para contemplarte envuelto en pañales y acostado en el pesebre.

¡Oh Niño de Belén, te adoramos en silencio con María, tu Madre siempre virgen! ¡A ti la gloria y la alabanza por los siglos, divino Salvador del mundo! Amén. ✠

¡Ave María y adelante!

Seguir Leyendo

Librería Dictio

Anda. Velez Sarsfield 30 local 6
– pasaje Santo Domingo  –
Córdoba Centro
 tel 0351-4240578
de 10:30 a 18:00

Envíos a todo el país
[email protected]

Especifícanos los libros por los que estás interesado y nos pondremos en contacto lo antes posible.

Librería Gladius

Bartolomé Mitre 1721,
Buenos Aires, Argentina.
[email protected]

Envíos a todo el país