Preparación durante el Adviento

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Introducción – Preparación durante el Adviento

Introducción – Preparación Durante El Adviento

Preparación Durante El Adviento

Desde el primer Domingo de Adviento y hasta comenzar la Novena de Navidad les vamos a estar ofreciendo textos extraidos del Tratado de las Virtudes y los Vicios escrito por la Beata Concepción Cabrera de Armida hacia 1900. Concepción Cabrera fue una laica católica mexicana, mujer casada y madre de nueve hijos. Fundó la Congregación de las religiosas de la Cruz, fue inspiradora de los misioneros del Espíritu Santo y de las Obras de la Cruz, y beatificada en mayo de 2019.

Su amor a Jesús, a quien consideraba su esposo crucificado, le hizo soportar muchos sufrimientos, que ella ofreció por la salvación de las almas. Su vida se desarrolló en un ambiente social de persecución permanente contra la Iglesia y ella tuvo que acoger a muchas religiosas y sacerdotes perseguidos.

Para prepararnos durante este Adviento, cada día compartiremos un texto sobre una virtud, una flor con la que adornar nuestro camino en búsqueda de la santidad, para que aspiremos a ser santos en medio de las dificultades de la vida diaria. En palabras de la Beata:

Sentía gran inclinación a la oración, porque en mis penas de niña me encantaba esconderme a platicar con los ángeles, refiriéndoles lo que me apenaba y pidiéndoles ayuda para otros y para mí. Yo sentía en esto, en invocar a la santísima Virgen, mucho consuelo y plena seguridad de ser escuchada… A veces, por los caminos me iba saboreando con decir palabra por palabra las oraciones o plegarias al Santísimo Sacramento o a la santísima Virgen, que me aprendía de memoria… El campo, los pájaros, la naturaleza y aquella paz y aquellas puestas de sol, siempre me llevaban el alma a Dios desde muy niña. Me deleitaba la soledad de los bosques… A mí la naturaleza, como la música, siempre me ha llevado a Dios.

¡Es Tan Hermoso El Campo De Las Virtudes!

Se contemplan con tan deslumbradoras luces, con tan variados colores, que el alma se encanta maravillada, alabando al Señor que vive entre ellas gozándose en sus distintos aromas.

Y no se crea que esto es como una ilusión; es una encantadora realidad, que al tocarse enciende el pecho en el santo fuego del Divino Amor. Ahí si que hay paz, quietud, tranquilidad y bienestar! Queda este campo o lugar tan lejos del ruido y bullicio del mundo y de las criaturas!…

El campo de las virtudes se riega con la Sangre de Je­sús, por eso es tan fecundo y sus flores y sus frutos inmortales; la sombra de la Cruz lo cobija, por eso es tan fértil y la gracia en el abunda.

En ese divino campo, siembra el Espíritu Santo, la Sencillez, la Inocencia, el Recogimiento, la Hu­mildad, la Obediencia, la Mortificación, la Constancia y las mil preciosas virtudes.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 01 – Humildad

Día 01

Humildad

La humildad es el cimiento, el fundamento de todas las virtudes, la sal y la vida de ellas: la tierra en donde todas se producen, el agua que las fertiliza y el sol que las hace crecer y reproducirse. Sin humildad no puede haber Obediencia, Pobreza ni Pureza que no caiga. No acostumbro dar a ningún alma estas joyas, sin el sólido fundamento de la Humildad, madre de todas ellas.

La obediencia tiene muchos grados, pero no existe verdadera obediencia sin la humildad. La pobreza, tampoco es efectiva o real, sin humildad, mucho menos sin la humildad espiritual perfecta; y la Pureza no se conserva, sino que se marchita y muere sin esta como invernadero de la humildad, que como planta delicada, la guarda debajo de sus cristales.

La humildad es la vida de todo acto puro, de todo movimiento santo del alma.
Sólo sobre ella arroja las perlas de sus dones el Espíritu Santo: sólo sobre ella la Divina Paloma edifica y forma su nido… sólo con la humildad trabaja en las almas, y no descansa, sino que continuamente se les comunica, hasta concluir por poseerlas… Donde no está la humildad, tampoco estoy yo.

La Pobreza y la Obediencia tienen un color y un aroma muy parecido que embalsaman cuanto tocan, y aquilatan los actos de la criatura hasta un punto que yo sólo sé: huelen a divino; las dos son muy amadas de mi Corazón y de él nacidas…

La Humildad es hija del Verbo.

Nació, por decirlo así, en el purísimo seno de María, cuando la Encarnación; y se desarrolló en su totalidad durante el curso de la vida de Jesús. María, más que nadie, recibió los frutos inapreciables de la Humildad. Juntas con la virtud de la Humildad vinieron la Pobreza y la Obediencia.

Nació la Humildad, produciendo al mismo tiempo la Obediencia, porque la Obediencia y la Humillación del Verbo fueron en un sólo acto… Acto sublime para la Redención, que el hombre no puede ni entender, ni apreciar en su justo valor. Los mismos cielos quedaron pasmados de profunda admiración, adorando reverentes los ocultos juicios del Omnipotente. Se empleó la Omnipotencia para tan grande paso… En aquel momento sublime del ofrecimiento del Verbo para devolver la gloria al Eterno Padre y salvar al pobre hombre, en aquél instante, brotaron estas virtudes del Verbo hecho carne…

Por eso llevan en si la propiedad que yo les comunique de salvar a las almas. Ningún humilde, ningún obediente se pierde… Y de estas dos grandiosas virtudes, divinizadas por mi Corazón sediento de padecer por el hombre y enseñarle el camino del cielo en el portal de Belén.

Allí me esperaba esta virtud, que también divinicé luego al practicarla… y no la separé de mí en todo mi paso por la tierra. No pudo mi Corazón separarse de estas tres virtudes tan queridas. ¡Las amo tanto que aun me están acompañando constantemente en los altares, en el Sacramento del amor, en la Eucaristía…! Allí muestro más que en ninguna parte estas virtudes que me acompañaran hasta el fin de los siglos, mientras haya un alma a quien salvar, y por quien sufrir. Humilde, Obediente y Pobre, encerrado, en mi inmensidad, en el más pequeño fragmento de una Hostia consagrada, este es el más grande de los milagros de mi omnipotencia, al cual la obligó el amor, el amor y sólo el amor.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 02 – Recogimiento

Día 02

Recogimiento

El Recogimiento es hijo del Silencio y de la Modestia. Es indispensable en la vida espiritual.

El Recogimiento es una virtud interior del alma, y el recogimiento exterior brota o nace del interno que existe en el fondo del espíritu. Una persona que muestra un exterior compuesto y recogido, si no nace esta compostura y recogimiento del que existe en el fondo del alma, es recogimiento falso y tal vez brotado de la Soberbia. El Recogimiento interno es inseparable de la Presencia de Dios: no puede andar la una sin el otro, porque en el alma disipada no descansa jamás el Espíritu Santo.

El Recogimiento interno es el centinela o guarda del Silencio interno: como si el Silencio fuera la celda o el aposento, y el Recogimiento la puerta de ellos.

Es también la llave de la Oración, porque sin esta llave preciosa del Recogimiento, no se puede entrar en ella, a no ser que Dios, de una manera extraordinaria, meta al alma sin que ésta entre por la puerta común.

Y no tan solo el Recogimiento lleva a la Oración, sino que conserva al alma en ella…

¡Qué rica es esta virtud interior, que el mundo no conoce sino de nombre!

Si las almas comprendieran su inmenso valor, ¡cuántas trabajarían por adquirirla! por que el Recogimiento es una virtud que se adquiere con el Trabajo y la Constancia, ayudados por supuesto con la divina gracia; es preciso saber también que para conseguir todo lo sobrenatural no bastan las fuerzas humanas; se necesitan también las divinas.

El alma recogida tiene que ser alma de Oración, y el alma de Oración escala el cielo, y abre los Tesoros de las Misericordias divinas.
El Recogimiento fue la atmósfera en donde vivió María. ¡Qué bella es, a los ojos de Dios, un alma verdaderamente poseída de este santo Recogimiento! Ella atrae sobre sí las miradas del Espíritu Santo!

¡Es preciso amar mucho a esta virtud bendita!

En ella o dentro de ella habita también la santa libertad del alma. No perdamos nunca, aun en medio del mundo, este santo Recogimiento que nos llevará de la mano a la divina Presencia.

Es un recurso divino para el alma enamorada este santo Recogimiento interno: ella vive en él y dentro de él, sin salir jamás de su seno.

Muy bien puede comunicarse esta alma feliz con las criaturas, sin perderme de vista, sin dejar de mirar al Amado de su alma. En esta virtud bendita se encuentra “la mirada a sólo Jesús!”

Y no crean que el Recogimiento, o esa virtud es tan sólo para las Comunidades; esto es un error. Es cierto que en las comunidades debe tener principalmente su reinado y su asiento, pero el Recogimiento es de toda alma que ama a Dios: porque el que ama, piensa en el Amado, y si en la soledad material o exterior es donde se piensa mejor y con más libertad, también existe una soledad espiritual, en la que, con creces y seguridad, se goza de esta felicidad incomparable.

No quiere decir que la soledad material sea mala o menos necesaria y perfecta en cierto grado; lo que quiero indicar es que, en estas virtudes, existe mucha exterioridad que a veces hasta las nulifica. Yo voy al fondo de la perfección de las virtudes que es lo que me satisface y lo que alcanza merecimientos.

La Soledad y el Recogimiento exteriores solamente son medios o escalones para llegar al fin de la virtud interna, que es la que santifica. A este fin va dirigido el conocimiento de estas virtudes prácticas en la verdadera solidez de que están formadas. En la Soledad externa solamente, o en el Recogimiento exterior solamente, nunca el Señor se comunica.

Busca para derramar sus gracias el Espíritu Santo, la Soledad, el Recogimiento y el Silencio interno: en esa quietud tranquila es donde el Espíritu Santo se deja sentir… y escuchar… y tocar… Solo se escucha, solo se deja tocar en el silencioso Recogimiento santo. Y este es el privilegio del alma pudorosa.

Nunca un alma que ha tenido malicia goza de esta gracia del vergonzoso pudor en los favores divinos.

En el Silencio y en el Recogimiento del alma es en donde se encienden y crecen los divinos amores. Ya verás si es necesario este Recogimiento para la vida espiritual y como más aun para la extraordinaria.

Hay que guardar el alma dentro de este santuario interno de las comunicaciones divinas. Tocar la tierra como si no se tocara, tratar a las criaturas, pero con el corazón muy dentro de nuestro Dios y Señor, sin derramarlo en las exterioridades y sin salir de este santo Recogimiento.

Los enemigos del santo Recogimiento son el Mundo, la Disipación, la Veleidad, la Precipitación y la Infidelidad a la gracia. Este último es el veneno que mata el Recogimiento, por lo que Dios es muy delicado en este punto, y más cuando ha encumbrado al alma a estas alturas: entonces exige de ella una Fidelidad a toda prueba.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 03 – Perdón

Día 03

Perdón

El Perdón es una virtud que nace del Sacrificio y de la Generosidad.

Esta virtud sublime tomó en la Cruz el ser divino: ahí, clavado Yo en la Cruz se lo di, y al mismo tiempo le di la Fortaleza y la Energía para que se sostuviera. El Perdón es una producción de amor divino que obliga al alma a olvidar los agravios recibidos, y aun más: a no manifestarse ofendida.

El perdón espiritual perfecto sube más alto, y llega no tan sólo a olvidar y callar, sino a hacer el bien en todas las formas posibles, al que la ha ofendido.

Esta virtud del Perdón es tan alta por el esfuerzo que a la naturaleza cuesta, que es de las más agradables a Dios, y la que escuchó el mundo asombrado en la primera palabra que hablé sobre la Cruz.

De mil maneras se puede perdonar, esto es, no solo con la boca o de palabra a la cual si no va unida la voluntad de nada sirve. Se perdona disimulando las ofensas y arrancando del fondo del corazón toda acritud o aspereza; se perdona orando por el enemigo que ofendió; y esto es muy agradable a Dios y uno de los puntos más elevados del Perdón espiritual perfecto; porque el bien que este Perdón espiritual perfecto debe hacer al ofensor no basta que sea material, sino además de este y muy principalmente tiene que ser espiritual, pidiendo a Dios que derrame sus bendiciones sobre aquella alma.

Todavía pasa más allá esta virtud del Perdón, que no es otra cosa más que la Caridad al prójimo perfecta: y consiste este otro escalón en que las gracias que pudiera esta alma recibir las dona espontáneamente, y ruega que pasen al enemigo. Aquí sí que sube a su punto culminante esta virtud sublime del Perdón espiritual perfecto. Pocas almas suben a este último peldaño del Perdón; pero ellas serán felices; porque Dios olvidará sus pecados y miserias, perdonando al que perdona.

Esta virtud sobrenatural presupone en el alma que la practica una crecida práctica de virtudes morales. Esta virtud es sobrenatural; pero necesita la cooperación del hombre para ejecutarse. Entre una multitud de frutos que reporta al alma feliz que la practica, tiene el de la Paz que el Espíritu derrama abundantemente sobre ella.

Esta virtud guerrera, por la lucha interna que traba con el corazón y la naturaleza, lleva siempre consigo al Vencimiento, al Dominio propio y aun al Desprecio de sí mismo; porque la virtud que entonces mas despliega en su fondo, es la de una profundísima Humildad. Cuando el alma perdona y olvida, tiene la Fortaleza de vencer aún a la Justicia y ponerla debajo de la Humildad. Entonces se ponen en juego en aquella dichosa alma un conjunto de virtudes heroicas, es a saber: la Firmeza, la Energía, la Entereza, la Paciencia, la Serenidad y la Constancia. Todas ellas se dan la mano, reprimiendo a las pasiones levantadas, sosteniendo a la pobre alma en su generosidad y ayudándole todas a conseguir su fin, que es el Perdón y la Caridad del prójimo.
El Demonio alborota las pasiones, ofusca la razón, abulta las ofensas, levantando tempestades terribles en el corazón y en el entendimiento.

Satanás no tiene límite cuando se trata del Perdón: pone en juego todas sus maquinaciones: y viene la Soberbia y el Amor propio, a veces descubiertos y otras cubiertos con la virtud, a impedir con mil fingidas excusas, la práctica de esta grande virtud.

Grandes estragos hace en el mundo la falta de esta virtud bendita: pues es el plan cotidiano de las riñas, los rencores y las venganzas. Hay muchos demonios encargados del espíritu de división y venganza, arrollando al Perdón en su vertiginosa carrera. ¡Qué poco Perdón hay en el mundo (dice el Señor entristecido), y mucho menos hay Perdón espiritual perfecto! De aquí proceden infinitos males en todas las escalas sociales: y aun lo que es peor, existe también en las Religiones mismas este corrosivo veneno: ahí también hay secretas venganzas. ¿Es posible? Si, es más que posible, es una realidad lamentable que mucho hace sufrir a mi Corazón manso y humilde. He fulminado esta sentencia de que no perdono al que no perdona; he vinculado a la Oración el Perdón al enemigo, sin el cual Yo no escucho, no, al alma que ora: y sin embargo, el mundo y los que se llaman míos, muy poco caso hacen de mis palabras. Casi todos los pecados del mundo llevan el sello espantoso de la venganza; casi en todos se mete este maldito vicio que detesto, porque la Venganza es hija de la Soberbia, y no hay vicio que mas aborrezca que a esta Soberbia que todo lo llena; y aun en el mundo espiritual tiene su asiento.

Perdonen, perdonen, y nunca se cansen de perdonar, olvidando y haciendo el bien. El alma que esto haga recibirá en el cielo una corona inmortal.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 04 – Paciencia

Día 04

Paciencia

La Paciencia tiene algo de la Humildad; pero la da el Espíritu Santo: esta virtud es tan grande que hace fuerza al mismo cielo, y crece con el Sacrificio.

La Paciencia espiritual perfecta es una virtud bellísima e indispensable para caminar en la vida interior. Descuella esta virtud entre muchas otras: y el alma que en ella persevera tiene un grande premio en el cielo.

Esta virtud tiene tres grados perfectos prácticos y de grande mérito a los ojos de Dios.

El primer grado consiste en la paciencia interior con el prójimo. No hablo de la Paciencia exterior o disimulada, pues para entrar en estos tres grados perfectos, se supone que el alma ya se venció a sí misma, dulcificando todos sus actos externos para con el prójimo. En este primer grado se trata de la Paciencia interna, la que va o debe ir muy unida con la caridad fraterna. Debe el alma soportar amorosamente todos los defectos, humillaciones y contradicciones que le vengan de parte de los demás: debe sobrellevar todos sus defectos internos, encomendando a Dios con especialidad a los que le fueren más molestos. Esta paciencia interna para con el prójimo cuesta mucho, pero feliz el alma que llega a adquirirla; porque puede decir esta alma que ha dado un paso grande en el camino del cielo.

El segundo grado de la Paciencia espiritual perfecta consiste en la Paciencia consigo mismo. Este paso es más alto que el primero, porque cuesta más; ya que el hombre tiene la lucha dentro de sí, y no concluye esta sino con la muerte. Más el alma que se entrega a Mí de corazón, le doy abundante gracia que lo sostiene. Debe, pues, el alma triunfar de sí misma siempre; pero la principal arma está encerrada en este segundo grado, y es la paciencia consigo misma. En sus caídas paciencia, humildad y confianza; en sus debilidades, desmayos, fastidios e inconstancias, paciencia y más paciencia; en sus imperfecciones, distracciones y aun en sus faltas, paciencia. Cuesta a la naturaleza alcanzar este perfecto dominio sobre sí mismo en sus movimientos espirituales; pero feliz si en esta vida llega a conseguirlo.
El tercer grado de la paciencia espiritual perfecta consiste en la paciencia para con Dios. Aquí está el último paso de la perfección de esta virtud, la paciencia para con Dios.

Este es aquel dejarse hacer que labra el alma como le place; y aunque El lo dispone todo, y todo está sujeto a Él. Sin embargo, de una manera más especial obra en las almas que quiere directamente purificar. Estas dichosas almas son las mártires de la Perfección, porque Dios las mete en los caminos oscurísimos de los desamparos, de las tinieblas y de las desolaciones: y en estas aperturas del alma, en estas terribles tempestades, en estos huracanes desatados es en donde se prueba esta virtud en el tercer grado.

Este es el punto más alto de la paciencia interna, pues solamente las almas que han pasado por estos crisoles, pueden comprender lo que cuesta adquirirla. Pero mil veces dichosa el alma que, voluntariamente y por puro amor se deja hacer de Dios en todas las operaciones de la purificación y de la gracia: esta ha alcanzado el último grado de la Paciencia espiritual perfecta.

Las tres virtudes teologales deben acompañar y ayudar a estos tres grados de la Paciencia espiritual perfecta. La Fe mucho ayuda a la Paciencia para con el prójimo poniendo la mirada alta y fija en Dios; y en Él y por Él sirviéndole y sobrellevándole.

Esta pura mirada de la Fe traspasa a las criaturas y sobrenaturaliza los actos del alma.

La virtud de la Esperanza ayuda a la Paciencia consigo mismo. La mirada de la Esperanza traspasa todo lo de la tierra, y colgándose de la confianza en Dios siempre esperando, se alienta el alma, y si mil veces cae, mil veces se levanta, confiada y humilde, viendo clara su impotencia y la grande misericordia del Señor.

La virtud de la Caridad también ayuda, siendo casi la que da la Fortaleza necesaria al alma para dejarse hacer de Dios en las terribles internas purificaciones. Sin la Caridad de Dios, sin este fuego santo que sostiene el espíritu, aun en las mayores pruebas, no podría haber Paciencia espiritual perfecta; y menos en este tercer grado tan sublime. Aquí el amor entrega al alma en brazos del Amado: cree, espera, ama, y por tanto es feliz en la tierra.

Que se estudie y ponga en práctica en el Oasis esta virtud tan importante para la perfección de la Paciencia espiritual perfecta.

La Paciencia para con el prójimo se deriva también del Celo y de la Caridad: es hija de la Humildad y fruto del Espíritu Santo. Ella es indispensable en la vida humana y en la vida espiritual.

¡Cuán pocas, sin embargo, son las almas que practican esta necesaria virtud! ¡Cuántos pecados, faltas, riñas, disgustos, discusiones y hasta terribles caídas se evitarían! A veces una falta de Paciencia es origen de infinitos males. En el orden espiritual ¡de cuanta importancia es esta virtud bendita! El alma que entra en el camino del espíritu debe tener paciencia para con Dios, para con el prójimo y para consigo misma.

Esta virtud es una de las más difíciles para el hombre: tiene que ser, repito, hija legitima de la Humildad, para que tranquila soporte el peso de tantos y tantos sinsabores, fastidios, persecuciones, niñerías y hasta terribles calumnias. Es una piedra en que todos los vicios tropiezan o cuando menos la tocan; y no solo los vicios o defectos propios, sino también los ajenos.

Esta virtud guerrera abarca un inmenso campo y alcanza una corona de infinitos méritos.

La Paciencia es virtud de Santos, porque implica una serie de virtudes ejercitadas prácticamente por el alma feliz que la posee.

PacienciaEsta virtud es de mucho valor por la multitud de penas que lleva consigo. El Dominio propio campea muy particularmente en la Paciencia; y la Abnegación es su compañera inseparable. La vida entera del hombre trae consigo a los enemigos de esta virtud de la Paciencia, desde su nacimiento hasta su muerte: pues la Paciencia es la victoria en la Lucha y su galardón.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 05 – Celo

Día 05

Celo

El Celo de las almas; el Amor al prójimo; el Dolor interno y desgarrador por las ofensas hechas a Dios: el purísimo deseo de mi gloria, de mi mayor gloria: todas estas virtudes nacen directamente del Amor divino. Son las consecuencias y los actos que este celestial incendio produce en las almas.

El Celo es hijo del Amor activo y una gracia muy especial que regalo a pocas almas. Es el Celo una comunicación de mi propio Ser: es un fuego que enciende a las almas en el deseo vehemente de la gloria de Dios y de la salvación del prójimo. Para este Celo divino no existen fatigas, ni cansancios, ni sacrificios por insuperables que sean y que con gozo no venza; lo sostiene una fuerza divina, lo impele constantemente un celestial fuego; las virtudes guerreras forman su séquito y es capaz de llevar a cabo grandes empresas. Llega su intensidad al grado de martirio, el cual devora a las almas que lo poseen en la ardiente sed, infinita, diré, de mi gloria, de mi mayor gloria; esta admirable virtud lleva consigo el impulso sublime de la Caridad. En las almas puras es muy grande este Celo, y a la medida que crece su pureza, crece también su celo, y a la medida del Celo crece y toma incremento el Amor divino; y dentro de este círculo de Pureza, Amor y Celo, se consume en amor Mío aquella alma feliz. La vida de esta alma, su comida y su sueño, sus aspiraciones, anhelos, deseos y cuanto en ella existe es solamente para darme con grande ansiedad, a conocer a otras almas. Sueña con el martirio mismo, si éste con todos sus dolores, alcanza para Mí una sola alabanza. Esta grandiosa virtud del Celo tiene también otra faz y consiste en el torcedor martirio con que amarga al alma pura que lo posee, por los pecados ajenos con que me ofenden los hombres. En este dolor el alma se consume y muere, y daría la vida en el más cruel martirio, por alcanzarme una alabanza; igualmente, y con creces ofrecería la vida por evitarme una sola ofensa.

¡Ah! esta virtud arrastra mi Corazón y desata las gracias divinas en favor de las almas. Esta virtud fue la que dominó en mi Corazón durante mi paso por la tierra, y el ardor eterno consume todavía hoy mi Corazón que vive en los altares en favor del hombre. Esta virtud constituyó mi vida o existencia entera.

La Pureza plena, el Amor activo y el Celo infinito, y también activo, ardiente, constituyó repito, mi vida entera. El Celo es Dolor, Amor; y de estas dos substancias, diré, está formado mi Corazón. Los enemigos del Celo son incontables; pues el infierno entero se pronuncia contra el alma que lleva en su seno esta virtud bendita que tantos males le hace; pero el Celo santo lleva consigo al escuadrón valeroso e intrépido de las virtudes guerreras con las cuales se sostiene. La prudencia es su guía y la Oración su todo. El hombre sin Oración no puede poseer esta virtud del Celo, porque la Oración es el arma principal de esta virtud. Y no crean que el Celo lo doy solamente a los Misioneros y Ministros míos. Lo doy a quien lo merece y a quien me place; porque esta virtud en su plenitud, es gracia de mi Corazón, y un pedazo, diré de él mismo, más ni muchos Misioneros y Ministros míos merecen esa gracia, ni a todos me place dársela. Digo, que a muchas almas niego esta gracia y en cambio, la doy, en los grados que me parece, a otras almas, aunque generalmente a pocas, aunque no tengan que entenderse con los prójimos y con otras almas.

Existen Misioneros muy fríos y llenos de pasiones; existen también almas puras y purificadas, a quienes en un oculto rincón las abrasa esta virtud del Celo santo de mi gloria y hacen incontables conquistas, en el orden interno y secreto que solo Yo conozco; y ¿saben por qué medios alcanzaran estas conquistas? Por medio de la Oración; esta arma poderosa unida al Sacrificio en un alma pura, lleva al cielo muchísimas almas, sin saberlo ni entenderlo. Sí, estas almas, en la obscuridad y en el silencio, alcanzan para los pecadores más victorias que muchas que predican en los púlpitos, y en los campos.

La Oración, repito, es el arma poderosa del Celo, a Ia cual ni el mismo Dios, en su eterna Bondad, resiste. ¿Saben quién regala esta virtud de mi Corazón? El Espíritu Santo. Invóquenlo, y que el mundo todo lo invoque, y sobre todo mis Ministros, porque el Celo es el campo de mi Iglesia.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 06 – Fe

Día 06

Fe

La Fe es una virtud teologal que sólo Yo que la produzco, sé medir su hermosura y apreciar su valor. Es una luz oscura que arrastra al hombre hacia su Dios por medio de la humildad. Se desarrolla en el alma por medio de la virtud de la Humildad y es indispensable para la salvación.

La Fe es la prueba que exige Dios al entendimiento humano, a la orgullosa inteligencia del hombre, el cual así correspondiendo a la fe, compra el cielo.
La Fe es el escollo en donde la soberbia cae; la Fe rinde a los pies del Omnipotente el juicio del hombre y hace meritorios sus actos: la Fe es el farol luminoso que alumbra el camino oscuro del espíritu; la Fe es un caos en donde el soberbio se hunde: la Fe es una roca inquebrantable donde el orgullo se estrella.

La Fe es Luz para los humildes y tinieblas para los soberbios: la Fe es el precio del cielo: la Fe desata las manos del Omnipotente; La Fe aplaca la justicia divina; la Fe arranca gracias al Eterno; la Fe santifica y salva: la Fe da valor a los actos más sencillos y los lleva, sobrenaturalizados a Dios: la Fe es madre de la confianza: la Fe es un lazo de luz que une el cielo con la tierra: es un lazo de unión que pone en comunicación al alma con Dios.

La Misión de esta virtud sublime es la de sobrenaturalizar los actos del hombre, esto es, al pasar los actos de la pobre criatura por sus manos imprime la Fe en ellos un carácter divino, transformándolos y embelleciéndolos.
Con esta comparación gráfica se entenderá: los actos que son de barro, la Fe los platea, los de plata los dora; los dorados los cerca de brillantes; y los de brillantes los enriquece de tal manera, que si los actos pudieran volver al hombre no los conocería.

La Fe es el fundamento de la Perfección: es una luz especial del cielo con que el alma ve a Dios en este mundo: es un rayo de luz que ilumina el rostro de Dios, haciéndolo visible al alma: es la vida, la fortaleza del espíritu: es el sol que lo calienta, lo ilumina haciéndolo crecer siempre en perfección y santidad.
Ama Dios tanto esta virtud que el alma que la posee dispone, por decirlo así, de la voluntad de Dios, inclinándolo a conceder lo que desea: es una virtud a la cual Dios no puede resistir, a la que tiene dado su poder; pero, se entiende, la Fe del alma humilde.

La Fe es una antorcha que ilumina con su luz las oscuridades del espíritu. Solamente con esta luz camina el alma firme en medio de las espinas de la vida de perfección. De manera que la Fe espiritual perfecta es indispensable, y un punto capital del alma que se entrega a la vida interior.

Consiste esta Fe espiritual perfecta en traspasar todo lo creado, todo lo natural, fijando su mirada en un solo punto: DIOS y jamás separándose de Él en ninguna circunstancia de la vida ni en la muerte.

Dios regala esta virtud a las almas; y es de tal fuerza la virtud de la Fe, que el hombre en cierto modo, no puede jamás arrancarla de su Corazón: muchas almas la enlodan, la oscurecen, la pisan: pero en el fondo ella vive sin morir jamás, para tormento de los malos.

Ella les repite siempre que hay un Dios justo, y nunca pueden callar esta voz, dulce para los buenos y terrible para los pecadores obstinados.
Y si esta Fe derrama en otras almas su Luz e influencia divina, en las almas espirituales como que las afirma más y lleva todos sus actos y movimientos más allá de la tierra, a esas regiones del cielo donde ella se sustenta, haciéndolas adquirir grandes méritos.

La Fe, aunque es luz, vive en la oscuridad, se envuelve con sus sombras, se percibe dentro del alma haciéndola conocer o vislumbrar los escollos y las riquezas del espíritu; pero muy pocas veces se exterioriza.
Esta vida de oscuridad que purifica y da luz a las almas, es la que les hace adquirir el hermoso título de mártires de la Fe.

La vida del espíritu es vida de martirio, es decir, vida de Cruz, aun en el ejercicio de las virtudes.

La Fe rasga el velo de los Misterios, y el alma que posee esta virtud, siente y a veces como que ve mi presencia real en la Eucaristía.

Este es Misterio de fe por excelencia, y Misterio de Amor. El alma pura se ve arrastrada por este misterio de fe; y si no contempla en él a Dios cara a cara, su esplendor, a lo menos, la deslumbra; su mismo ardor la consume y con la viveza de la Fe se anonada ante la grandeza de la Eucaristía, comprendiendo con luz sobrenatural, algo del amor de Dios.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 07 – Esperanza

Día 07

Esperanza

La virtud de la esperanza es una virtud sobrenatural y divina, una virtud del cielo.

No se puede separar de la Fe y de la Caridad, porque son estas tres virtudes teologales una imagen de la Santísima Trinidad; son virtudes divinas que proceden del mismo Dios, y son inseparables.

El alma que tiene Fe, que va unida con la gracia, tiene también la Esperanza y la Caridad. La Esperanza no es la que desea y pide bienes de la tierra, ni nombre, ni riquezas, ni honores; tiende su vuelo más alto y espera la posesión del mismo Dios, no por los méritos propios del alma sino por los Míos copiosísimos.

El alma que posee esta esperanza, se goza en ella, pero no por el bien propio que le resultará eternamente, sino que traspasado su bienestar justo y permitido, pasa más allá y se regocija no en su gloria, sino en la gloria que por su medio recibirá el mismo Dios.

La virtud de la esperanza espiritual perfecta consiste en suspirar constantemente por la posesión del Amado no por el bien propio, sino por la gloria de Dios, trabajando el alma prácticamente por alcanzarla siguiendo el camino de la Cruz.

Yo, Jesús, soy su Esperanza y también su Camino. El que me sigue no anda en tinieblas; pero el camino que yo represento es la Cruz; y el que quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame poniendo su pie en mis huellas ensangrentadas.

La Esperanza que es Jesús, es una estrella que desde toda la eternidad existe; la cual se anunció al mundo y pasó por él iluminándolo; y ha dejado en él su purísimo Evangelio, y nos espera en la misma eternidad.

Esta Esperanza existe en los Altares, y en cada momento ahí nos espera; porque es la misma Fidelidad y no nos puede abandonar.

Si Jesús es la Esperanza, el Padre la Verdad y la Luz y el Espíritu Santo la Caridad, la Vida y el Amor, con razón María es la Madre de la Santa Esperanza, Hija de la Verdad y de la Luz y Esposa de la Caridad, de la Vida y del Amor.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 08 – Caridad

Día 08

Caridad

La Caridad, virtud de las virtudes, se puede considerar en el Espíritu Santo como en su asiento eterno.

Por el Espíritu Santo se obra la santificación, perfección y unión de las almas con su Creador.

El Espíritu Santo se comunica por esta inefable virtud. La Caridad es como el centro de todas las virtudes y de toda Santidad y perfección: da vida, luz y calor a todas las virtudes.

La Caridad sobrenaturaliza todas las virtudes y les da brillo para el cielo, poniendo en ellas el sello sobrenatural con que las diviniza y las hace merecer.
La Caridad, con ser tan grande, se abaja como la madre que da la mano al más pequeño de sus hijos.

Todas las virtudes forman un campo de hermosas flores y cada virtud es bella y delicada y tiene colores hermosísimos y brillantes, mas este campo es como si fuera de noche, que aunque está ahí la hermosura de todas las virtudes, nada se ve hasta que viene la luz de la Caridad, la cual ilumina tanta belleza y da valor y crecimiento y vida a las virtudes.

La Caridad es el riego del cielo que fecundiza este campo y por ella trabaja el Espíritu Santo con su asombrosa fecundidad para hacer santos a los espíritus.
El Espíritu Santo derrama en nosotros la Caridad, de suerte que ella es el grado más alto de las virtudes; es, además, esta virtud tan extensa que abarca todo acto vital del alma, sobrenaturalizándolo.

Cualquier acto de virtud, aun el más heroico si no va envuelto en esta virtud, si no lleva su sello, de nada sirve para la vida eterna; nada tiene valor sino lo que lleva en sí la marca de la Caridad, pues es la dispensadora de los merecimientos del hombre; es la que da actividad al alma para obrar en la práctica de las virtudes; es el pulso de la vida espiritual; y no se crea que la Caridad es fuego de amor quieto, que solo consuela y satisface, no, la Caridad obra, trabaja, lucha, se comunica y no descansa en el alma que la posee; porque la Caridad es fuego activo que arde sin consumirse.

El centro de la Caridad, acá en la tierra, está en el Dolor: por lo mismo el DOLOR es el trono de la Caridad.

El trono del Verbo hecho Hombre es la Cruz; El Trono de la Caridad es el Dolor.
El Dolor, o la Cruz, divinizado por el Hijo, es el único escalón para subir al Amor-Caridad. Por esto los mas crucificados son los que más aman; porque el Dolor trae hacia sí al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

En la virtud de la Caridad está el centro de toda perfección y si en todo hombre es necesaria, en un religioso es indispensable. Un religioso sin caridad me da en rostro.

La Caridad fraterna encierra muchas virtudes, porque para practicarla se ponen en juego: la humildad, la mortificación, la paciencia, la abnegación, el olvido propio y otras virtudes.

Esta Caridad me trajo al mundo a vivir sacrificado, y a morir en una Cruz.
Esta Caridad me tiene aquí, en la tierra, oculto en la Eucaristía, y esta es la que quiero ver reinar en mis Oasis.

Sin Caridad no hay unión. En estos lugares de mi recreo y descanso, quiero que se practique esta virtud hasta la perfección…

Si se practicara en los Institutos Religiosos la Caridad ¡cuántas lagrimas se evitarían y cuanta gloria recibiría Yo, gloria que, por falta de Caridad, ahora se me quita!

En los Oasis no debe ser así; en ellos debe cuidarse mucho este punto capital, y no permitir que entre la lepra de las faltas de Caridad que emponzoñen los Claustros; de tal manera que si apareciese este mal, se cure con energía, y se corte y se arranque sin compasión todo lo dañado.

La Virtud principal de mi Corazón es la Caridad para con mi Padre y para con la pobre humanidad.

En la Cruz llega a su punto más alto la Caridad, y glorifica a Dios y alcanza gracias para el prójimo.

La Cruz del Apostolado representa en todas sus partes esta Divina Caridad. ¡Cuánto ama Dios esta virtud divina! Más ¡Cuán pocas almas en el mundo la poseen y practican!

Los que tienen mayor obligación como son los religiosos y Sacerdotes abren en mi Pecho honda herida, me causan una pena grande cada vez que faltan a esta virtud de la Caridad y en vez de consolarme llenan de amargura mi Corazón.
¡Cuánto sufre mi Iglesia por estas faltas! No hay celo en el mundo, o hay muy poco, porque no hay Caridad, porque muy pocos me aman en verdad. Si me amaran tendrían caridad fraterna y celo por la salvación de las almas, porque el celo es hijo de la Caridad y siempre andan juntos.

Por lo mismo el alma que tiene Caridad no puede dejar de amar a sus hermanos y desear y procurar su salvación, y desvivirse por alcanzarla, para darme gloria.

Es muy grande y hermosa la virtud de la Caridad, y Yo amo al alma que la posee.

Quiero a mis religiosos llenos de esta virtud; pero no sólo exijo en ellos la Caridad exterior sino la interior de las almas, ya entre sí, ya con su Madre la Religión, en un solo pensamiento, en una sola voluntad, con idénticos pensamientos.

La perfección de esta virtud en cuanto es posible en la tierra, está en la crucifixión. Esto es lo que vine a enseñar a la tierra y esto hacen las almas que de veras la poseen: Dios se da y estas almas se dan; Dios hombre se crucificó por los hombres y ellas, a mi ejemplo, también por el mismo fin se crucifican. Esta Caridad espiritual es la que une el cielo con la tierra.
Un Religioso verdadero debe vivir de esta savia celestial y estar saturado de ella.

La Caridad es el aceite que suaviza todos los goznes en donde giran las ruedas de la máquina de la Religión; y todos los religiosos deben ser aceiteras bien surtidas.

La esencia de la Caridad es el amor comunicativo.

En este amor comunicativo se gozan eternamente las Tres Divinas Personas: aquí se encierra la felicidad de Dios.

Dios es amor: el Padre tuvo tan grande amor al hombre que dio a su propio Hijo para la Redención: el Hijo tuvo tan grande amor, para con el Padre y para con el hombre, que se dio a sí mismo al Dolor para salvar al hombre y dar gloria al Padre: el Espíritu Santo manifestó su amor tomando parte en el misterio de la Encarnación, atestiguando durante la vida de Jesús su Divinidad, sellando la Obra de la Redención, y amparando la Iglesia, su Esposa Inmaculada.

El Padre es Amor y Poder, el Hijo Amor y Vida, el Espíritu Santo es Amor y Gracia.
La sustancia de las Tres Personas de la Trinidad es la Caridad, es decir el Amor de comunicación. Este amor comunicado al hombre es el Amor-Caridad.
El dolor, divinizado por el Hijo de Dios, es el que conquista al Amor. Por esto los que más se crucifican son los que más aman; porque el Dolor atrae al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Y en el alma que así ama habitan las Tres Divinas Personas, real y verdaderamente, y el Espíritu Santo, en los corazones más crucificados, forma su nido.

María fue el trono de la Caridad porque su purísimo Corazón fue Dolor.
María es la única criatura confirmada en gracia desde el primer instante de su ser, y siempre fue llena de gracia: la poseyó en un grado altísimo e incomprensible a toda inteligencia creada: tuvo con la plenitud de esta gracia la plenitud de todas las virtudes.

Más solo una cosa faltaba a la corona de María y esta también se le dio, y en grado plenísimo: EL DOLOR.

María no tuvo enemigos; puesto que a todos los tenía bajo sus plantas; no tuvo vicios que combatir, ni pasiones contra quienes luchar.

Nació perfectísima, santísima y tuvo altísima unión con Dios desde el primer instante de su ser. María fue vaso purísimo que contuvo todas las virtudes.
El Dolor también engrandeció a María. Porque el único crisol de María fue el Dolor, pero un Dolor sobre todo dolor, porque su Corazón estuvo lleno siempre de un amor sobre todo amor.

La Voluntad de María estuvo identificada con la voluntad del Padre, y la Voluntad divina que me destino al Dolor fue el Martirio de María y la espada con que siempre tuvo traspasada el alma; así la Voluntad divina fue instrumento de la virtud de María, y Ella, fidelísima como ninguna criatura, se abrazo a ella en mi Pasión y en mi muerte.

El Dolor fue alimento y vida de María; su gozo fue el recuerdo de mi Pasión y de mi muerte, recuerdo que le traía el Martirio, y Martirio que le traía el recuerdo.
Fue éste el mayor crisol que haya existido para un alma y para un alma tan pura como la de María: pues en Ella no hubo ni pudo haber purificación, ya que en su alma habitó la plenitud de la gracia.

El crisol de María fue totalmente para acrecentar más y más los grados de gracia y sus merecimientos, grados que rayaran casi en lo infinito.

María tuvo vida de amor activo en el dolor más cruel; con ese amor activo unido al Dolor ejercitó las virtudes en un grado heroico al cual no ha llegado ninguna criatura, siempre unió sus penas a las mías para expiación de los pecados de los hombres, pues sobre su Corazón también pesó el enorme fardo de los pecados del mundo, y ardió siempre en el celo santo de la gloria de Dios.
María sacrificó constantemente los sentimientos de su Corazón de Madre a la divina Voluntad; unida al Espíritu Santo, no hizo otra cosa sino ofrecer su sacrificio en unión de mi Sacrificio, en conformidad total con la Divina Voluntad.
Es así como el Amor y el Dolor constituyeron la vida de María.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 09 – Dulzura

Día 09

Dulzura

La Dulzura es hija de la Paz, ¡Bienaventurados los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios!

Y no digo o hablo de los pacíficos por naturaleza, sino de la Dulzura y de la Paz adquiridas en la continuada lucha y práctica de todas las virtudes: hablo de los que habiendo luchado con sus pasiones desordenadas y vicios o hábitos viciosos, han triunfado con la gracia de sí mismos, y alcanzado la dulzura y la paz en su alma, para ellos y para cuantos los rodean.

Esta dulzura es la que hace a los hijos de Dios y a los herederos del cielo.
No es, ciertamente, la dulzura natural de un buen carácter, ni la dulzura falsa que cubre la hipocresía del corazón, de la cual hay mucha en el mundo y en los claustros; también en los que se llaman míos… Muy lejos de semejante vicio está la dulzura que trae consigo la paz del Espíritu Santo, esa paz bendita que en el constante vencimiento propio se alcanza, se conserva y crece… y que, purificando a los corazones, los asemeja a su Padre que está en los cielos, haciéndolos verdaderamente hijos de Dios…

No está la Dulzura verdadera en las palabras melosas y amorosas, no; el mundo se engaña, y esta moneda falsa circula más de lo que parece a primera vista… y aún hay más: las personas que usan con exceso de este modo en su trato, muchas hay de ellas, con el cuño, no de Dios por cierto, sino del Demonio con una soberbia solapada y traidora.

Mucho mal hace esta dulzura falsa en la vida del espíritu, más de lo que se cree.

La Dulzura recta y santa, repito, no es afectada, no es rebuscada, sino que es sencilla, llana, franca, natural y producida en el corazón por su madre la Paz del Espíritu Santo. El alma que posee esta paz, es dulce sin conocerlo ni procurarlo… Brota la Dulzura santa y pacífica siempre de un corazón puro o purificado, que hay mucha diferencia, si bien se nota, en estas dos palabras. Hay esta dulzura en los corazones cándidos, en donde Dios mismo ha puesto la Paz… y existe también en los corazones que han luchado con sus vicios y pasiones, como son los de muchos Santos, que han llegado a adquirirla como premio de sus victorias internas.

Estas dos clases de Dulzuras son las mías, y no hay que fiarse de otras dulzuras si no llevan este cuño santo, como lo dejo explicado.

La Dulzura es compañera del Reposo y de la Serenidad y nunca se les separan. Su apoyo es la Rectitud… y su vida el Vencimiento propio: su descanso, la Claridad de conciencia. Sus enemigos capitales: la Hipocresía, la Doblez y el Juicio propio.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 10 – Delicadeza Espiritual

Día 10

Delicadeza Espiritual

La Delicadeza espiritual, es como pureza en el alma, que hace que lastime a la conciencia el menor polvo de falta cualquiera, aún sin llegar a pecado.

Es una virtud muy útil y eficaz para conservar el alma limpia y pura a los ojos de Dios. Esta delicadeza, trae consigo la luz divina para conocer y detestar las faltas y es un don especial del Espíritu Santo con que regala a las almas predilectas.

No puede esta delicadeza conservar, ni siquiera admitir sin pena, la más ligera mancha en el alma.

¡Qué grande y que útil para el espíritu es esta virtud angelical y bendita! La Delicadeza hace que sienta el alma la pena del pecado en un grado extraordinario, y en la Delicadeza espiritual perfecta, esta pena interior, ese miedo de haber desagrado a Dios, se cambia en dolor sobrenatural.

No tan solo sufre por verse manchada; sufre mucho más aún por creer que ella misma ha ofendido a su Dios y Señor. Esta pena mata y no descansa hasta hacer completamente efectiva la contrición, que en realidad ya experimenta. La Delicadeza es compañera de la contrición, porque nace en el alma pura por medio del amor de Dios. Es gracia singular del Espíritu Santo.

El alma delicada no peca, y el alma que no peca se salva. Cuando llega a faltar, luego se arrepiente, y se humilla, y llora su pecado o falta; y no por cierto sobrepuja en ella el amor propio al verse fea y manchada, sino que el amor de Dios purísimo siempre es su norte, y por eso sufre y por su infidelidad se muere de pena al considerar la Bondad infinita de Dios.

Gracias y merecimientos, muchos merecimientos y gracias alcanza esta virtud de la delicadeza para el alma feliz que la lleva consigo.

Sus enemigos son el mundo, la vanidad y los escrúpulos. Sus únicos apoyos son la humildad y la pureza. El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 11 – Limosna Espiritual

Día 11

Limosna Espiritual

La Limosna Espiritual es hija del Celo y hermana gemela del Consejo; lleva consigo todas las cualidades del Consejo y también sus escollos y tropiezos.

La Limosna Espiritual perfecta se asemeja a la Caridad: y consiste en una comunicación de riquezas espirituales para con el alma que no las tiene: es un dar espiritualmente el alma pura y prudente de lo que tiene recibido, al alma que no tiene. Pero como nadie da lo que no tiene, y para tener se necesita hacerse digno de recibir, el alma que quiere practicar esta Obra de Misericordia necesita trabajar primero en la propia santificación para atesorar las riquezas que después ha de regalar y comunicar.

La limosna es una moneda de infinito valor, con la cual se compra el cielo; pero necesita también esta Obra de Misericordia sus condiciones para ser meritoria ante mis divinos ojos.

La Limosna necesita ser espontánea, oculta y sobrenatural; espontánea, esto es, que nazca del corazón y no obligada por los respetos humanos, o envenenada con otros fines no rectos y santos: oculta, y mientras más oculta a las miradas y alabanzas humanas y a toda vanidad, mejor: porque esta ponzoña la desvirtúa, pagando el mundo con tierra lo que debiera Yo pagar con cielo; y sobrenatural quiere decir que el hombre debe sobrenaturalizar el acto natural, practicando esta virtud con el solo fin de agradarme a Mí, y tomando al pobre, al triste y al desvalido como la fiel imagen de Mí mismo, más aún: como mi misma Persona.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzaran misericordia, recibiendo centuplicada la recompensa del menor acto que hagan por el pobre.
¡Feliz el alma que en su carrera por el mundo practica las Obras de Misericordia! ella atesora eternas riquezas que en el cielo encontrarán entre las Misericordias Mías. Más no sólo el premio con que galardono a los misericordiosos es para allí, sino aún en esta vida los lleno de bienes espirituales y aun temporales.
La Misericordia es una virtud muy alta que en su seno lleva la Caridad del prójimo, emanando del mismo Dios, que es Caridad inagotable de infinitas misericordias.

Dios es Caridad; Dios es Misericordia. El alma misericordiosa que toma como suyas todas las dolencias del prójimo, en el orden material y espiritual puede con verdad decir que lleva en su ser una parte de mi Substancia o Ser divino que misericordiosamente le he comunicado: lleva en sí un signo de predestinación: porque los misericordiosos alcanzarán misericordia. Más en cuanto es más el espíritu que la materia, tanto más vale la limosna espiritual que la material: aunque ambas son muy amadas de mi Corazón divino.
Todos pueden practicar la limosna espiritual, en más o menos escala: la material no está al alcance de muchos.

La Limosna perfecta material no está en dar dinero u objetos materiales, sino en la manera de dar este dinero u objetos.

La Limosna Espiritual tiene muchísimas formas y medios con que se practica. Muchas virtudes se ponen en juego al practicar esta Limosna. La Dulzura, la Paciencia, la Amabilidad y el Amor e interés santo son sus inseparables compañeros. Con estas virtudes sublimes se derrama ocultamente el bálsamo del consuelo en las almas doloridas.

La Limosna Espiritual Perfecta consiste en un darse interiormente al prójimo, por la Oración y por el Consejo santo, aliviando sus penas y tomándolas como propias.

La Limosna de la Oración es muy alta y sublime, y la que ejecutan con fruto por los pecadores y por los necesitados de todo género es la Limosna mayor y más santa.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 12 – Constancia

Día 12

Constancia

La Constancia es hija de la Perseverancia y muy parecida a su madre. Es una virtud enérgica y de mucho valor. También es guerrera y empuña sin descanso las armas contra el enemigo. La Lucha es su campo de batalla; pero su único apoyo está en la Paciencia; y su carácter diré, es de suavidad, pero de una suavidad unida con la Energía y la Firmeza y la Entereza. Es la Constancia una virtud a la vez que reposa, como que nada le corre prisa, incansable en las penas, trabajos y dolores y cuantos trabajos de alma y cuerpo puedan existir.

Ella siempre aparece serena y llena de Paz; pero es porque siempre se alberga en los corazones puros y sacrificados. La Constancia no descansa en las almas inquietas, agitadas y mundanas: sino en la tranquila quietud de una conciencia recta. La Rectitudes su derrotero, y su fin la salvación del alma. Es muy bella la virtud de la Constancia y tan indispensable en la vida del hombre y en la vida del espíritu, que sin ella la más esforzada y vigorosa virtud se viene abajo.

Ella es el germen que corona todas las victorias con celestiales merecimientos.

Sin la Constancia el campo de las virtudes y cada una de ellas sería como un cuerpo mutilado, como una torre a medias, como un edificio sin concluir: es decir, sería inútil y de ningún valor. Al expiar la vida de los Santos, el consuelo que endulza su agonía es el recuerdo de esta virtud bendita que no ha cesado de acompañarlos un solo instante de su existencia. No se imaginan lo que experimentan a la hora de la muerte, las almas que la han poseído, y como bendicen a esta virtud que los deja en la puerta del cielo. Sin embargo, casi ninguna virtud tiene que trabajar tanto, ni luchar tan incesantemente con las pasiones y vicios del hombre como esta virtud de la Constancia. Ella no es precipitada, ni arrolladora ni vehemente: su paso es siempre ascendente, acompasado y firme. No se crea por esto que es fría o reside en un corazón frio; lejos tal error. La Constancia se nutre con el amor activo, con este santo fuego que es el que impulsa, le da fuerzas y la sostiene. Sin Amor divino no existe la Constancia, porque la Constancia que cae o se derriba con cualquier viento de pasiones, no es Constancia verdadera. El Espíritu Santo la sostiene, porque en lo humano nada es capaz de sostenerla. Esta virtud es sobrenatural, y por lo mismo una gracia de las mayores, por no decir la mayor que puede poseer un alma. Esta virtud nunca se detiene; su impulso es divino: y su paso, diré, es lento, es también continuado.

Sus enemigos capitales con que lucha principalmente son: la Veleidad, la Fragilidad y el Desaliento; mas como su apoyo es la Paciencia, con esta arma vence también a Satanás con todas sus maquinaciones, y continúa su camino de espinas, sin detenerse hasta el fin de la vida del hombre, que corona.

Hermoso y nunca imaginado es el premio con el cual Yo galardono a esta virtud de la Constancia. Esta virtud es muy difícil poseerla: más ¿saben cuál es el único medio para adquirirla? La Oración, la Oración y la Oración.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 13 – Fidelidad

Día 13

Fidelidad

La Fidelidad es hija de la Correspondencia y del Vencimiento: es fruto del Dominio propio y la da el Espíritu Santo a las almas muy ejercitadas en las virtudes. La Fidelidad es hermana de la Perseverancia, y la que corona la vida de los Santos en su paso por la tierra. La Fidelidad es la prueba del divino amor: llega a un grado más alto que su Madre la Correspondencia, porque esta puede detenerse más o menos tarde, o puede corresponder más o menos; pero la Fidelidad es la que corona todas las virtudes. El alma que la posee, posee el cielo. Su fin es la gloria de Dios, porque su vida está concretada en Dios sólo: Él es su Todo. Aquella dichosa alma es fiel porque ama, y la Fidelidad amorosa no tiene otra razón que el mismo amor. Es fiel en las penas porque ama; es fiel en las contradicciones, porque ama; es fiel en las penitencias, porque ama; es fiel en los dolores, en los desamparos, en las luchas y abandonos, y sequedades y oscuridades y tempestades horribles, porque ama, porque ama, y sólo porque ama; ¡Oh admirable fuerza la del Amor divino! El alma que está poseída de este amor Mío, esta alma es fiel. El alma infiel no me ama: o su amor no es puro, ni es para Mí sólo; el alma infiel se busca a sí, ni soy Yo sólo el objeto principal de sus amores.

Muchas almas existen engañadas sobre este punto tan importante. Creen que puede haber amor puro en donde existe el amor de la criatura. Se engañan, se engañan. Doy también el grito de alerta al Oasis, para que conozca el escollo que tiene la Fidelidad, que está en el amor propio, en el cariño.

La virtud de la Fidelidad es muy fina: se mete o interna muy adentro en el delicadísimo campo de las inspiraciones divinas. El Espíritu Santo se goza en el alma fiel, y le regala sus gracias y la adorna con sus Dones, y la enriquece con sus purísimos Frutos: pero esta Fidelidad es una joya escondida y de mucho valor, que tropieza y cae muchas veces en mil escollos que Satanás envidioso de tanto bien, le pone. Los principales escollos son: El Cansancio, el Fastidio, la Duda, la Soberbia, el Mundo, la Agitación, el Incienso y el Amor propio. La Fidelidad tiene por defensa: el Silencio, la Oscuridad, el Ocultamiento, el Sacrificio y la Sagrada Eucaristía.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 14 – Simplicidad

Día 14

Simplicidad

La Simplicidad es una virtud muy hermosa: es hija de la Humildad y hermana de la Sencillez.

No es esta virtud efecto de un entendimiento corto, pues, en la verdadera Sabiduría está la Simplicidad.

La Simplicidad se alberga sólo en los corazones limpios; y los corazones limpios reflejan al mismo Dios. La Simplicidad es de Dios en este sentido, porque Dios es simple, sin compuesto, Acto puro.

La substancia, diré, de esta virtud, es una; su esencia y su ser están en una amistad purísima.

Yo soy como un purísimo y limpísimo cristal, en donde sólo se reflejan las otras Divinas Personas.

La Simplicidad en un alma sacude de ella el compuesto de pasiones viciosas y la deja limpia y pura, para recibir la impresión divina de la Santísima Trinidad. ¡Ya se verá por aquí si es grande esta virtud!

Digo más: El Espíritu Santo no se comunica con el alma que no lleva en sí esta virtud de la Simplicidad. ¿Y sabes por qué? Porque el alma que no tiene esta virtud, interpreta mal las inspiraciones divinas, se las atribuye a sí misma y no a Mí sólo autor y dispensador de ellas, y se precipita en grandes males.
La Simplicidad es el contrapeso de la Soberbia y el demonio la aborrece y la odia. Es muy grande esta virtud que parece pequeña; es una de las que más acercan al alma a su Dios.

Los enemigos capitales de la Simplicidad son la Malicia y la Doblez. La Hipocresía, algunas veces, la hace su presa. Es tan delicada esta virtud que a veces con sólo el contacto del vicio se mancha, y se detiene luego en esta pobre alma la comunicación de la gracia. Esta virtud edifica a otros, pero sin darse cuenta de ello; su campo es ella misma; su apoyo, en la práctica de las virtudes sus compañeras, es Dios. Pasa esta virtud por el mundo desconocida de quien la posee y en esta oscuridad alcanza su completo desarrollo. Es una gracia dada, innata en el alma a quien Dios ha querido regalar o vestir con este solo color. La verdadera, la legítima simplicidad no se adquiere; sin embargo hay una parecida y buena en las almas ejercitadas en lo más profundo de la Humildad.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 15 – Inocencia

Día 15

Inocencia

La Inocencia es hija de la Pureza y hermana del Candor. La Limpieza y la Claridad constituyen su ser: se manifiesta en la Sencillez, en la Llaneza, en la Simplicidad y en la Franqueza. La Dulzura y la Bondad son su atmósfera: su apoyo la Humildad profundísima; su desarrollo y total crecimiento se halla en el sacrificio y en el dolor, la Modestia es su fisonomía, la Paz su asiento, La Obediencia su descanso.

Todas las virtudes se acompañan a hacer la corte a la Inocencia.

Es esta una virtud que arrastra al alma hacia su Dios, y a Dios hacia el alma purísima que la posee. La Inocencia no es sólo de los niños: los niños llevan la Inocencia impresa en su ser: más no hablo Yo de esa Inocencia, aunque en parte, es la misma. Hay niños sin inocencia, y hay almas aunque pocas, que en la edad madura la conservan.

La Inocencia consiste en la limpieza total del alma. El alma pura es inocente: el alma purificada recobra la Inocencia, pero no es inocente: fue inocente; pues el que la recobra señal es que la perdió. Mas esta Inocencia no es como la moneda que se pierde y se vuelve a recobrar exactamente la misma que se perdió; porque la Inocencia que se pierde no se recobra ya como estaba antes de perderse, sino siempre es menos; se recobra mermada.

La Inocencia que no se pierde se conserva intacta, es pura y limpia, santa y perfecta. Esta Inocencia perfecta es el escalón que generalmente lleva al alma a la unión divina, a un indisoluble apretamiento con la misma Inocencia, con el Foco eterno de Inmaculada Pureza. ¡Cuán hermosa es la Inocencia y como se recrea en ella la Trinidad Beatísima! Ella es el Nido escogido del Espíritu Santo: los ángeles la acompañan: los Santos la admiran: los hombres, en general, no la comprenden, y Yo la amo!

¡Sus enemigos son tantos! Satanás tanto la odia cuanto la puede odiar su negro corazón, porque la Inocencia en todo su esplendor es María, la cual jamás, en lo más mínimo la empaño; y Satanás a nadie odia tanto como a María cuya planta bendita continuamente lo aplasta.

La Inocencia es la tierra más a propósito para formar el jardín de las virtudes. En la Inocencia crece sin dificultad el árbol santo de la Cruz. La Inocencia y el Sacrificio se unen con tal apretamiento, que nada es capaz de separarlos.
Esto quiero que sea el Oasis: Inocencia y Sacrificio, Amor y Dolor, Pureza y Crucifixión.

En la Inocencia pura, y en la Inocencia purificada quiero descansar; prefiero sin embargo, la Inocencia pura. La Inocencia se conserva entre las espinas, y se aja entre el placer y las comodidades.

La Inocencia unida a la Penitencia y a la Mortificación forman mi verdadero Descanso. Lo que no existe, o casi no existe es precisamente esto: la Inocencia y el Dolor: y ¿en dónde he de buscarlo, en dónde, sino en mi Oasis querido?

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 16 – Mortificación

Día 16

Mortificación

La vida espiritual subsiste y crece con la savia de la Mortificación; esta virtud la vigoriza y prepara el alma para grandes gracias.

En cambio la Inmortificación mata esta vida del alma, o cuando menos la hiela y seca, enervándola para todo bien; porque hay que desengañarse: la vida del espíritu, nace, crece y se desarrolla solamente en el campo doloroso de la Mortificación voluntaria, o sea de la Cruz: no existe otra vereda para llegar a ella, sino la estrechísima del Dolor.

La Mortificación es la escala que más pronto y directamente lleva al cielo por las virtudes, ella es la perla del corazón que me ama. En cambio no existe declive más inclinado, que haga descender al corazón por toda clase de vicios, como la Inmortificación.

El alma que se deja llevar de ella, pronto caerá en el pecado
Siempre y en todas partes se debe mortificar, especialmente cuando siente el alma alguna afición desordenada aún en lo más santo; cuanto más en cualquier determinado vicio. En todo lo que no sea recto debe el alma mortificarse, enderezando sus actos e intenciones hacia Mí solamente, y con el único fin de agradarme.

En lo ilícito siempre hay que mortificarse por deber y en lo lícito, por amor Mío.
La Mortificación debe ser el pan cotidiano del alma: ella es el crisol en donde constantemente debe purificarse, y el agua en que debe lavarse.

Es un maná la mortificación que contiene muchos sabores y siempre nuevos en los cuales el alma se llega a embriagar de tal manera, que pasa a constituir su felicidad en la tierra, siéndole penoso vivir sin Dolor, y solamente con el fin sobrenatural de darme gusto y complacerme.

Progresos muy grandes en la perfección, hace un alma mortificada; en cambio la que se deja llevar de sus gustos e inclinaciones, se mancha, se abaja y retrocede, poniéndose en peligro de perder el calor y la vida espiritual del alma. La Inmortificación, sin embargo, reina hoy en el mundo y desgraciadamente invade también a las Religiones.

La nieve de los claustros es la Inmortificación: ella destruye el calor y del amor divino y congela a las almas con su contacto.

Es además, la Inmortificación, la destructora de la Oración; infiltra en el alma la Disipación y el Fastidio, las Distracciones y el cansancio, poniéndose como poderoso obstáculo entre Dios y el alma.

La inmortificación deseca las fuentes de las inspiraciones divinas y cierra las puertas a las comunicaciones del Espíritu Santo. Grande mal es la Inmortificación, y uno de los venenos con que Satanás mata a las Congregaciones religiosas.

¡Desgraciadas las Religiones sin la Mortificación como reina y Señora! ellas vendrán por tierra más o menos tarde, porque una de las más poderosas palancas que la sostienen, es la mortificación.

Un alma fría, generalmente, es un alma Inmortificada. Un alma con frecuentes recaídas, tiene también por causa de su debilidad la Inmortificación. Un alma que no avanza en los caminos de la perfección, es decir, de las virtudes y de la Cruz, es también sin duda, inmortificada. Un alma que no adelanta en la oración no vacilen en afirmar que le falta el indispensable apoyo de la Mortificación, o llave con la cual se abren esas divinas puertas que ponen al espíritu en comunicación directa con Dios.

La Mortificación debe acompañar a todos los actos del hombre tanto interiores como exteriores en sus potencias y sentidos. ¡Oh y qué bella es la Mortificación interna y espiritual! ¡en ella se complace el Espíritu Santo!

Y de la misma manera que existe Mortificación interna, de la cual se produce la externa, igualmente hay Inmortificación interna más refinada, y de la que se produce la externa. No existe la una sin la otra puesto que del corazón parte el bien y el mal, y ahí se elaboran tanto las virtudes como los vicios: pero, existen unos vicios internos, que tocan con especialidad los puntos más íntimos del alma, creciendo con esto su daño y malicia. La Inmortificación interna, por ejemplo, pasa a dejar desarrollarse los pecados secretos, sin oponer resistencia: ella patrocina a los vicios espirituales, y a los vicios espirituales perfectos, y da rienda suelta a la Libertad culpable de las pasiones todas.
Grandes y estupendos males causa esta clase de Inmortificación y solo se cura con la santa Rectitud, Penitencia, Mortificación, y Pureza de intención.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 17 – Obediencia

Día 17

Obediencia

La Desobediencia fue el primer pecado con que Dios fue ofendido, y necesita repararse con la Obediencia. La Obediencia es una virtud que mucho ama mi Corazón. En el Oasis la quiero perfecta, con una perfección no solo externa sino interna. La perfección de la Obediencia consiste en seguir prontamente las inspiraciones todas del Espíritu y practicarlas. Les abro la puerta que las conducirá a una grande santidad si toman el camino. No sólo exijo del Oasis la obediencia ciega a sus Superiores, dispuestos siempre a renunciar su voluntad a la ajena, sino que también exijo de ellos que obedezcan siempre y en cuanto puedan a las inspiraciones del Espíritu Santo. Cada vez que escuchen esa voz interior que no hace ruido, atiéndanla. No se disimulen, que bien saben cuando ella les habla. Si les dice: vénzanse, háganlo, háganlo sin detenerse. Si les dice: vengan, vayan; tomen, tomen; déjenlo, déjenlo; levántense, háganlo, arrodíllense, lo mismo; recójanse, déjenlo todo y recojan su alma, que tal vez vaya entonces a darles alguna gracia. Si les dice tomen esta Cruz, abrácenla; beban este cáliz de amargura, no dejen una sola gota, sufran esas desolaciones y desamparos, ábranles sus brazos y arrójense en el mar sin fondo de sus dolores y amarguras. Mortifíquense y humíllense siempre y a cada paso, en su exterior e interior. Esto se llama Obediencia del espíritu, en la cual se obedece al Espíritu Santo, y se hace nada menos que la voluntad de Dios en lo que consiste la perfección completa de las virtudes internas.

La Obediencia es Madre de la Mortificación, y por tanto de muchas cruces. La Obediencia, pues, es la Madre de las cruces. Mediten estas palabras: Madre de las cruces. Como a Madre, pues, debe amarla todo el que quiera llamarse Cruz y serlo en realidad.

Esta Obediencia es hija del Espíritu Santo, y por ella di mi vida en una Cruz, para enseñarla a mis futuras Cruces. La Obediencia interna perfecta clava a las almas en la Cruz y hace que vivan crucificadas. Grande cosa es lo que pido; nada menos que la total renuncia de la voluntad; sacrifíquense en su cuerpo, en sus sentidos, en su alma, en sus afectos, en todos los movimientos de su espíritu. Entiendan las Cruces vivas del Oasis que nada son y nada pueden sin mi auxilio, pero con mi gracia vencerán. Emprendan el camino real para el cielo; el camino áspero y espinoso de las virtudes: sean humildes, obedientes, mortificados, sean Cruz para clavarme en ellos. Vivan mi vida común a los ojos del mundo; pero muy sobrenatural y divina, obediencia al menor movimiento de la gracia, de las inspiraciones del Espíritu Santo. La criatura más santa y perfecta que ha existido es María, porque correspondió desde el primer instante de su ser a las inspiraciones todas del Espíritu Santo. Imítenla, pidiendo su protección soberana para marchar por sus mismas huellas. María es la mejor Maestra de la vida espiritual.

Desde el momento en que los Religiosos de la Cruz se entreguen a la Obediencia ciega, al renunciamiento total de su libertad, a no pertenecerse jamás, serán libres, experimentarán un espiritual y sobrenatural efecto en su alma, encontrarán un tesoro escondido, se les abrirá un campo de perfección práctica inacabable; serán felices no teniendo libertad, y su alma quedará henchida de una desconocida dicha; sus manos se hallarán vacías, pero su corazón lleno; al contrario de lo que pasa en el mundo. Podrán decir “estoy sentado a la sombra de mi nada, descansando, o más bien, descansando y descargado de un peso que llevaba a cuestas y me oprimía; camino en brazos ajenos, y tan totalmente desposeído de mi mismo y de cuanto me rodea, que nada me puede detener y preocupar”.

¡Oh hermosa Obediencia! ¡Oh libre sujeción! ¡Oh rica pobreza! ¡Oh felicidad incomparable la del verdadero despojo donde está la felicidad!

En el verdadero despojo está la felicidad, la sana libertad, una alegría divinizada y pura. En este despojo concluye la criatura y comienza Dios: se vive en Dios, por Dios y para Dios, muertos ya a todo propio querer; así se nace a una nueva vida. Con esta nueva vida deben vivir los Religiosos del Oasis, y también con Pobreza, Obediencia, y así con todas las otras virtudes.

Deben amar a la Obediencia como a una madre muy querida, pues es ella, pura, y tan llena de claridad divina, que ilumina los pasos del espíritu. Su majestad, su rectitud y su entereza encantan.

La virtud de la Obediencia ha recibido del mismo Espíritu Santo la misión de santificar y dar valor a todas las acciones del hombre. Ella tiene la virtud de enderezar lo torcido; y la fortaleza de llevar en sus brazos a puerto seguro al alma que de veras se entrega a la Obediencia.

La Obediencia descuella en hermosura y poder entre todas las virtudes. ¡Cuán triste es que los Religiosos que viven en Obediencia apenas la conozcan y mucho menos la practiquen con toda perfección! Resuélvanse a no descansar, ni a pensar, ni a querer sino lo que la Obediencia quiera que piensen, deseen y quieran.

La Humildad y la Mortificación son como la sustancia misma del Religioso.

Después de estas virtudes, amen y practiquen la Obediencia. Es la Obediencia hija de la Humildad; un humilde tiene que ser obediente, y no hay obediencia perfecta sin Humildad. Este no depender de sí, este dejarse hacer de los hombres es de altísimo valor en el cielo y es un encanto para Jesús.

Sin obediencia se desmoronan las Comunidades y todo gobierno espiritual o temporal.

En un Oasis de virtudes internas quiere recrearse su Jesús. Ya me canso de exterioridades, fingimientos y paja. Yo practiqué toda mi vida la virtud de la Obediencia en un grado sublime, hasta la muerte de Cruz.

Tengan sed de perfección aunque caigan en algunas faltas propias de la miseria humana. Trabajen para abarcar y abrácense en la práctica de las virtudes, sólo para agradarme y complacerme. Todas las virtudes están llenas de Luz.

La virtud de la Obediencia pronta y amorosa, sin mezcla de propio juicio en las inspiraciones divinas, o en el orden exterior, es grande y sublime. Yo practiqué esta virtud primero que ninguna otra, “hecho obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz”. Apenas conocí la voluntad divina me arrojé con todo mi Corazón a cumplirla, comenzando en aquel mismo instante mi sacrificio amoroso en favor de los hombres.

Amé y me sacrifiqué, obedeciendo entonces a mi Padre celestial; y ahora amo y me sacrifico, obedeciendo, a las palabras de cualquier Sacerdote, por indigno que este sea, en el Sacrificio del Altar. Siempre obedezco en el Sacrificio, sacrificándome.
El Sacrificio, el Dolor, la Cruz es lo que sobresale en todas las virtudes. No hay virtud que no lleve consigo el sacrificio, el cual hace que tenga más valor y mérito.
Quiero que los hijos de la Cruz suban a Mí por la escalera de la Cruz, y cogidos de Mí. Les voy a dar una regla que los conducirá fácilmente a la perfección: “Tengan sed de Obediencia”, un deseo vivo de obedecer, queriendo no moverse sino al impulso de esta virtud. “Tengan hambre de Obediencia”. Sujeten, no sólo todos los actos del día y de la noche y todos los movimientos del corazón, pensamientos e imaginación, sino todo lo espiritual a la voluntad de Obediencia. No quieran ya ni pensar, ni sentir, ni desear con libertad renuncien con todo su corazón, con toda su voluntad y libre albedrío a toda su libertad. Llenos de gozo, pongan su libertad debajo de la santa y amada sed de no pertenecerse y de sacrificarse. Sean libres perdiendo toda su libertad en todos sus pensamientos, palabras y obras, sobrenaturalizando las obras para la gloria de Dios. Cedan al impulso de la divina gracia, porque ésta, a veces, pasa y no vuelve. Quiero de las almas del Oasis no solo la perfecta Obediencia, renunciándose totalmente a otra voluntad, sin volverse a tomar sino que sean fidelísimos, obedeciendo a las divinas inspiraciones, en las que fácilmente se disimulan o las tuercen.

Otra gracia comunico a las almas que son fieles: es el afinarles los oídos para que escuchen aquella secreta voz que tanto habla al alma. Dispongo sus oídos interiores, y a la vez su corazón para aceptar y ejecutar al punto lo que conocen que es la voluntad del Amado.

En la práctica de estas virtudes de Obediencia y Pobreza, en su total despojo, está la muerte del Religioso de la Cruz, y su vida dentro del Corazón Santísimo de su Jesús.

El Religioso que se ha dado totalmente a la voluntad ajena, sentirá poseer algo y muy grande, que antes no tenía. Más solamente puede entender esto quien lo pase; porque, ¿cómo explicar y entender que en el no tener se encuentra la verdadera riqueza, y que en el renunciamiento propio se halla la libertad? Estos son secretos tan profundos, que sólo los comprende el que los experimenta.

A estas virtudes de la Obediencia y Pobreza les falta una cosa de mucha importancia que les da valor, les falta como un broche de oro para su perfección. Esto es, que envuelva a las virtudes y los domine, en todos sus actos, la divina voluntad. Deben estas virtudes girar, crecer y fructificar dentro de esta voluntad santísima. Tomen los Religiosos de la Cruz estas virtudes: entréguense a ellas con todas sus fuerzas: despójense, renúnciense y vivan dentro de otra voluntad que no sea la suya sin volverse a tomar. Más al practicar éstas virtudes, obren por la Caridad, por la voluntad divina. Lo mismo deben hacer en la práctica de las otras virtudes que hagan, piensen y quieran, debe llegar el color hermosísimo de la Obediencia; el purísimo de la Pobreza y el más divino de todos el color de oro de la divina voluntad.

A estas virtudes se debe unir otra grande virtud, y es la pureza de intención en todas las obras, complaciéndose, en cada una de ellas, en las complacencias de la voluntad divina. Esto es Caridad, esto es amor puro y sublime que diviniza las obras.

A todas las virtudes dichas, acompaña la santa indiferencia, el abandono amoroso, el sacrificio del yo, y el amor más puro y desinteresado.

En la sola joya de la pobreza y obediencia ¡cuántas riquezas se encuentran!

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 18 – Pureza de intención

Día 18

Pureza De Intención

La Pureza de intención es otra virtud de suma importancia en la vida del espíritu; sin la cual se anulan la mayor parte de las obras que se practican. Nace esta Pureza de intención del Amor de Dios, y crece y se desarrolla en el Silencio y Recogimiento interno de un alma limpia. La Sencillez es su compañera: sin embargo, la Pureza de intención la supera, porque se eleva a otra esfera más alta que la de las virtudes simples. La Pureza de intención va a dar hasta el trono mismo de Dios, llevando consigo las acciones del hombre, y no solamente las que por su grandeza merecen ser mencionadas y elevadas; sino aun las más bajas y sencillas: a todas diviniza con su contacto sobrenatural. La Pureza de intención es como un oro líquido en el cual se sumergen los actos de la criatura, aun los más pequeños y ordinarios, saliendo de ahí con un valor más o menos grande que antes no tenían. Es la Pureza de intención un obsequio divino y regalado al hombre para ameritar sus actos y ayudarle a escalar el cielo: nace, repito, del Amor de Dios, de la Bondad infinita, de la Caridad inagotable, de la Santidad por esencia.

Es la Pureza de intención una moneda de infinito precio puesta al alcance de todo hombre que la quiere tomar para comprar el cielo. La Pureza de intención consiste en sobrenaturalizar un acto cualquiera, con el solo fin de agradar a Dios y de complacerle a Él solo: esto basta para que Yo lo reciba y lo valorice y lo agradezca. Pero necesita esta Pureza de intención una dualidad para que a Mí me sea grata: y es que salga de un corazón puro o purificado: porque de un alma pecadora o manchada no tiene para Mí este valor. El alma pura o purificada es la que en este comercio divino atesora riquezas infinitas que ni el hollín ni los gusanos pueden destruir. Nadie comprende la infinita Liberalidad Mía concediendo a la Pureza de intención gracia tan singular. La mayor parte de las almas no la conocen; y las pocas, relativamente hablando, que la conocen, no la practican, despreciando así un tesoro infinito; y generalmente no la agradecen como debieran. Si con los ojos naturales pudieran ver las áreas divinas en las cuales se recogen estos tesoros adquiridos con la Pureza de intención, se pasmarían, y no harían después otra cosa sino negociar con semejante valor. Esta Pureza de intención tiene también sus grados.

La Pureza de intención verdaderamente perfecta, hace que la criatura se olvide de sí misma, en el sentido de lucrar con ella y atesorar, aunque justamente, para recibir más tarde el premio. Esta Pureza perfecta, digo, pasa más allá, puesto que no se ve la criatura a sí, ni atiende al provecho espiritual que de ella saca, sino que abandonándose a mi Voluntad divina, en su purísimo amor, lo mismo le da que Yo la recompense, como que no le dé nada; ella busca solamente, y siempre, y a cada paso, el recordarme en todas santas obras, intenciones y aspiraciones: su único fin es agradarme y complacerme, y todo lo demás para ella es secundario. Esta, es la es la Pureza de intención perfecta y la que Yo mas amo, y también a la que mas copiosamente recompenso.

Esta Pureza de intención espiritual perfecta anda siempre acompañada de la Presencia de Dios y de un hermoso escuadrón de sólidas virtudes.
Los enemigos con los cuales lucha son un gran número de pasiones y vicios que tratan de empañar su brillo, de cortar sus alas para que no suba tan alto ni tan limpia al Trono de Dios. La detiene el Egoísmo, la Avaricia, el Fastidio, el Cansancio y otros muchos enemigos: pero como su vuelo viene de muy alto, en la Oración recupera sus fuerzas, sirviéndole además de escudo la Humildad, y de apoyo la Constancia.

El alma que vive en esta Pureza de intención y dentro de ella, en poco tiempo se santifica y aun sube presto a la cumbre de la Perfección, y algunas veces hasta a una muy alta unión.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

¡Ave María y adelante!

Día 19 – Paz

Día 19

Paz

La Paz es hija de la Caridad y Fruto dulcísimo del Espíritu Santo. El árbol de la Cruz es el que produce este fruto en las almas. La Paz se alimenta con el Sacrificio. La Paz descansa en el Dolor, y crece y se desarrolla con la continua crucifixión. El alma pura la posee; el alma impura no la conoce. El demonio engaña a muchas almas con una falsa paz que él fábrica; pero esta paz es inestable, es fingida y muy peligrosa. Esta paz diabólica lleva consigo la ceguera infernal y precipita al alma más o menos tarde a la tibieza y a los vicios. Hay virtudes que el demonio trata de imitar y sabe disfrazarlas. Sin embargo, hay piedras de toque en la vida espiritual para conocerlas y desenmascararlas. Las piedras de toque son: la Humildad, la Obediencia, y la Pureza; porque estas tres virtudes son enemigas de Satanás, el cual no puede imitar el limpio color de estas virtudes, ni sufrir su esplendor; de tal manera, en seguida se le conoce; porque estas tres virtudes son transparentes; y por más que en ellas se envuelva, se conoce su negrura. La Paz verdadera y divina lleva en sí estas virtudes en grado eminente, además de otras muchas, es decir, a la Obediencia, Humildad y Pureza.

Cuando el alma falta, aunque sea en cosa pequeña, a estos tres ejes que la sostienen, en seguida se turba, se inquieta; y la Paz que había tornado posesión de la misma, se retira. La Paz es la indispensable atmósfera en la que la divina Palomita respira. La Paz es la rama indispensable sobre la cual forma su Nido. La Paz en un alma es como la tierra vegetal en la cual todas las virtudes crecen y florecen. Satanás se aleja de un alma que lleva en sí este fruto divino. Yo soy el Dios de la Paz: y Satanás lleva en su ser la Inestabilidad, la Precipitación, la Veleidad, el Ruido y la Ofuscación: y emplea estas armas con toda su fuerza, contra esta tranquila, silenciosa, reposada y serena virtud de la Paz. En donde reina la Paz no reina Satanás; porque en donde reina la Paz allí está el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la Paz misma.

El Señor a la Beata Concepción Cabrera

En Nuestra Preparación Durante El Adviento …

…hemos venido compartiendo cada día, desde el Primer Domingo de Adviento, un texto extraido del Tratado de las Virtudes y los Vicios escrito por la Beata Concepción Cabrera de Armida hacia 1900, meditando cada día sobre una virtud como si esta fuera una flor con la que adornar nuestro corazón, en su camino a la búsqueda de la santidad.

En nuestro recorrido hemos meditado sobre Humildad, Recogimiento, Perdón, Paciencia, Celo, Fe, Esperanza, Caridad, Dulzura, Delicadeza Espiritual, Limosna Espiritual, Constancia, Fidelidad, Simplicidad, Inocencia, Mortificación, Obediencia, Pureza de Intención y Paz.

Seguimos preparando nuestros corazones con una Novena de Navidad , meditando el misterio del Verbo Encarnado, la irrupción de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad en la historia.

¡Ave María y adelante!

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