
EL JOVEN CREYENTE. La lectura de estas páginas suscita siempre el deseo de vivir de cara a Dios, pues enseña que la verdadera fe es la de los verdaderos hombres, la de los héroes y mártires. Esa fe digna no es para pusilánimes. Muchos jóvenes se espantan y no se atreven a llevar una vida verdaderamente religiosa al descubrir la contradicción entre la aparente religiosidad exterior y la vaciedad espiritual de algunos de sus compañeros. Otros, en cambio, ponen demasiado énfasis en el sentimentalismo religioso y, con ello, despojan a la religión de la autoridad que, de otro modo, impondría a los hombres serios.




