Érase una vez un abuelo y su nieto que decidieron emprender un viaje con un burro. Al principio, el anciano hizo que el niño montara el animal para que no se cansara. Sin embargo, al llegar a un pueblo, los lugareños comenzaron a comentar y criticar la situación, ya que el anciano tenía que caminar mientras que el niño, más joven y con más energía, iba montado. Las críticas llevaron al abuelo y al niño a cambiar de posición, de modo que ahora era el anciano quien montaba en el burro y el niño quien caminaba a su lado.
Sin embargo, al pasar por un segundo pueblo, los lugareños se indignaron al ver que el pobre niño caminaba mientras el anciano montaba cómodamente. Entonces, ambos decidieron montar juntos en el animal. Pero al llegar a un tercer pueblo, los aldeanos los criticaron duramente, acusándolos de sobrecargar al pobre burro.
Esta pequeña fábula enseña dos verdades muy importantes, una explícita y otra implícita. La verdad explícita es que es imposible que todo el mundo esté de acuerdo con nosotros. Si queremos que todo el mundo apruebe lo que hacemos, tendremos que cambiar constantemente lo que hacemos o cómo lo hacemos, porque siempre encontraremos personas que no estén de acuerdo con nuestras acciones, como le sucedió al pobre anciano y a su nieto, que cambiaron de posición según las críticas de los habitantes de los pueblos por los que pasaban.
La conclusión de esta primera lección es que no debemos actuar basándonos en las opiniones de los demás ni buscar su aplauso, porque estas opiniones cambian como el tiempo. Intentar vivir según la aprobación de los demás no tiene sentido.
De aquí se deriva la segunda lección de esta fábula, que, como he dicho, es implícita: debemos actuar según los criterios que nos proporcionan valores absolutos como la verdad, la justicia y la bondad. La verdad es inmutable e inquebrantable, y lo mismo se aplica a otros valores absolutos. Es precisamente de estos valores de donde debemos derivar los criterios para discernir lo que debemos hacer.
Si actuamos discerniendo según estos valores absolutos, no nos preocuparemos por lo que piensen los demás, porque descubriremos que sus pensamientos provienen de los criterios de sus pasiones desordenadas, que son malas guías y a menudo nos llevan a actuar mal y a cometer errores.

