Kangeme, Kahama, Tanzania, 5 de noviembre de 2025
Hoy volví a Bupandwamhuri luego de más de seis meses sin poder llegar. Es un poco difícil la comunicación con el catequista y la gente del lugar, porque muchos de ellos ni siquiera manejan el teléfono celular antiguo, el de los botones, o porque no funcionan, no tienen buena señal, o no los cargan al no tener luz eléctrica. Aprovechan a cargarlos con alguien que tenga algún panel solar. Por este motivo, en varias ocasiones había planificado ir, pero no les llegó el aviso. Después tuvo lugar mi viaje a la Argentina, y me quedaba esta capilla con mucho tiempo sin visitar. Es un lugar al que sólo se puede llegar en moto, aunque no es muy lejos, pero los últimos cuatro kilómetros antes de llegar, se trata de senderos en medio de los campos arados, por donde sólo pasa una moto, o caminos muy arruinados porque cuando llueve, el agua corre por el mismo camino y se transforma en el lecho de un río.
Les pedí que envíen a alguien desde allá que me busque y me lleve, pues la última vez que contraté una “vodavoda” (las motos taxis), nos perdimos antes de llegar, pues yo era el que lo debía guiar, supuestamente, y la verdad que llegar a la capillita de Bupandwamhuri puede cambiar mucho en las distintas épocas del año. Por ejemplo, ahora que están esperando las lluvias, los campos están trabajados y limpios, y la vista llega muy lejos y se pueden identificar bien los lugares y hacia donde uno se dirige. Pero cuando llueve, además del camino más complicado, los campos sembrados con maíz no te permiten ver más allá que el sendero que se va recorriendo.
Aprender el camino, o los senderos, no es fácil, además, porque cada vez viajamos por uno distinto. Hoy llegamos en pocos minutos y la comunidad estaba esperando, mucha gente para lo que es ése lugar, en su gran mayoría, paganos. Me animo a decir que allí los católicos no deben llegar ni al 20%. La capilla está muy linda, donada por unos sacerdotes de la Congregación, para pedirnos que siempre recemos por ellos. Le faltan pocas cosas, como los bancos, las veredas que rodean la capilla por fuera, y finalmente poder pintarla. Pero así como está, es todo un lujo. Como siempre, me senté a confesar afuera, debajo de un árbol, mientras rezaban el rosario adentro. Luego tuvimos la misa, y al final la bendición de las semillas para sembrar cuando comience a llover, y la bendición del agua y la sal. Después me invitaron a comer allí, y en esta capilla es costumbre que todos se quedan a comer, un hermoso espectáculo familiar.


El catequista Matías me guio hasta la casa, y al entrar a su habitación, pude hablar un poco con él. Le hice preguntas a ver si se acordaba cosas de la fe, y lo más importante estaba claro. Le ayudamos haciendo una explicación breve del credo. Luego le dije que debía rechazar todo eso en lo que había creído y trabajado todos estos años, y que al terminar el bautismo me debía dar todos los elementos, medicinas, amuletos, etc., para que me los lleve para quemar en la parroquia. A todo accedió, y con mucha conciencia. Luego de exhortarlo al arrepentimiento y dolor de los pecados, llamamos al resto de la gente que ya se había congregado fuera de la casa, en su mayoría católicos de esa aldea. En caso de un bautismo de adulto en peligro de muerte, hay todo un diálogo, con preguntas al que se va a bautizar (si su condición lo permite), sobre todo pidiendo que en caso de recuperarse, se compromete a seguir practicando y conociendo la fe. Fue muy impresionante ver que quien había sido un curandero, estaba dando ése testimonio delante de todas estas personas. Le pusimos como padrino al catequista, y cuando le pregunté que nombre quería para el bautismo, no sabía qué responder, pues que no conocía de muchos santos. Le propuse el de Antonio, el patrono de la capilla, San Antonio de Padua. Le pareció bien, y así lo bautizamos, luego confirmación, y unción de los enfermos. Le dejé de regalo uno de los rosarios que hace mi hermana, lo miró con atención, y lo colocó en la almohada junto a su cabeza.



Que Dios los bendiga a todos. Gracias por sus oraciones. Recen por nuestra misión, por los misioneros, y por Tanzania, para que pronto vuelva todo a la normalidad, y se puede seguir trabajando para obtener la paz y la justicia.
¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE




Comentarios 2
Que bueno ver como la semilla dio fruto en este hombre al final de su vida, porque para Dios, nunca es tarde.
Bendiciones para el Catequista y para el padre.
Muy lindo esos gestos para la gloria de Dios! Bendiciones para ustedes 🙏🙏🙏