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La Muerte del Alma

por P. Gustavo Lombardo

Descripción

La Muerte del Alma – Perseverancia – Episodio 30 – 2 Temporada

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Resumen:

¡Hola a todos!

San Marcelino Champagnat hace una comparación, que nos puede ayudar, entre lo que produce la muerte en el cuerpo y lo que produce el pecado en el alma.

En primer lugar, va a decir lo que produce la muerte en el cuerpo es justamente que el cuerpo ya no tenga vida, que es el don más grande que tiene. Bueno, así también el pecado, el pecado grave, el pecado mortal, produce que el alma no tenga vida, no tenga la vida de Dios, no tenga la amistad de Dios, no tenga la gracia de Dios. “El alma que pecare esa morirá” (Ex 8,4). “El pecado una vez consumado engendra la muerte” (Sgo 1,15), y san Agustín va a decir: “Muere el cuerpo cuando el alma se retira y lo abandona, muere el alma cuando Dios la abandona, cuando Dios se retira. El pecado es entonces el que hace retirar y abandonar a Dios al alma”.

En segundo lugar, también el cuerpo pierde totalmente su belleza cuando muere. Una persona puede haber sido muy hermosa, una vez que murió esa hermosura ya no se puede percibir, no quedó nada de esa hermosura. Bueno, así pasa en el alma, como es hermosa estando en gracia, tan hermosa que santa Catalina va a decir que si no fuera porque tenía fe de que había un solo Dios, una vez que pudo ver un alma en gracia hubiera pensado, dice ella, que era una divinidad, así también cuando el alma queda sin Dios, cuando queda en pecado, va a decir el santo Cura de Ars, que si tuviésemos fe y viésemos un alma en pecado mortal moriríamos de terror. Que cosa fea es el alma que no está en gracia de Dios.

En tercer lugar, la muerte hace que la persona pierda todos sus bienes, dinero, todo, no hay nada que nos podamos llevar a la otra vida. Bueno también el pecado produce la pérdida de todos los bienes espirituales. La persona puede haber hecho cosas hermosísimas en su vida, pero si está en pecado mortal, las perdió. Sí, las recupera cuando por supuesto recupera la gracia, cuando se confiesa. Bueno y si la alcanza la muerte, entonces, pierde esos bienes para toda la eternidad.

Por último, en cuarto lugar, el alma cuando peca pierde todos sus sentidos, todo su entendimiento, toda su voluntad. La conciencia se embota lo mismo que pasa con el cuerpo cuando este muere, ya no hay sentidos exteriores, no siente, no huele, no escucha. El alma que está en pecado pierde sus capacidades, el corazón está endurecido, no tiene memoria de su pasado, está como loca, está, dice el santo como, animalizada. Es por eso que el Señor a los judíos le va a decir que son “raza de víboras” (Mt 23, 33), y, es más, nos hacemos casi como el diablo, “hijos del diablo” (Jn 8, 44) va a decir en primer lugar e Señor y después, hablando de Judas, dice “es un demonio” (Jn 6, 70). Eso produce el pecado en nuestra alma, hasta tal punto, la hace fea, la aleja de Dios, le quita todos los bienes, le acarrea todos los males. El alma es símbolo de aquellos leprosos del Antiguo Testamento que Dios justamente hizo notar la fealdad de esa enfermedad como un signo de lo que iba a ser el pecado, lo que era ya el pecado, que el leproso tenía que andar gritando “impuro, impuro” y alejarse del campamento, para que veamos la gravedad del pecado, es un signo del Antiguo Testamento que nos trae la lectura de Ezequiel.

Le vamos a pedir a María en estos días que nos quedan para comenzar la Cuaresma que nos ayude a entender, a profundizar, este misterio del pecado. Porque Cuaresma es una invitación a convertirnos y como dirá hermosamente San Juan Pablo II la convicción del pecado es necesaria para la conversión.

Que nuestra Madre del Cielo nos alcance esa gracia.

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