Novena San Ignacio 2021

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Introducción a la Novena a San Ignacio de Loyola

Introducción A La Novena A San Ignacio De Loyola

¿Por qué una novena a San Ignacio?

Antes de responder a esa pregunta deberíamos preguntarnos ¿por qué nuestra veneración a los santos?

Digamos, en primer lugar, que la veneración de los santos es parte del culto al mismo Dios, porque ellos son su obra maestra. Como dice el Misal Romano: “Manifiestas tu gloria en la asamblea de los santos, y, al coronar sus méritos, coronas tu propia obra[1]. En una Misa de Canonización afirmaba Benedicto XVI: “La Sabiduría de Dios se manifiesta en el cosmos, en la variedad y belleza de sus elementos, pero sus obras de arte son los santos[2].

Son para nosotros, además, un ejemplo a seguir porque han sido fidelísimos imitadores de Cristo hasta poder decir con San Pablo “Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Por eso dirá el mismo Benedicto: “¡los santos nunca tienen ocaso! – por haberse conformado totalmente a Cristo, de quien son íconos vivos”[3].

Ellos son también una interpretación viva de la Sagrada Escritura, como un evangelio encarnado. ¿Cómo debe vivirse esto o aquello que ha dicho el Señor? Pues tenemos a los santos como lumbreras para no errar. No hay duda que hay en ellos cosas “admirables y no imitables” pero tampoco hay duda que, como dirá San Agustín “Así como el Espíritu Santo habla en la Sagrada Escritura, así también habla en las obras de los santos”.

Son también nuestros intercesores ante Dios: “la oración de los santos es como perfume agradable ante el trono de Dios” (Ap. 8,4).

Por último, se trata de una fuente de consuelo, ya que, poniendo nuestros ojos en la vida de los santos, alcanzamos, como dirá el P. Cornelio Fabro, “una gota de alegría para no pensar en la propia miseria”[4].

Todo lo dicho se aplica a los santos en general. En cuanto al Santo de Loyola, estamos delante de un hombre de tal trascendencia que un historiador protestante, Lord Macaulay, llegó a decir que se encuentra “en el rango de los más grandes estadistas europeos” y es “el hombre que más ha influido en el mundo moderno dentro de la Iglesia”[5].

Además, como sabemos, San Ignacio es el autor del admirable libro de los Ejercicios, pequeño ciertamente en volumen, pero repleto de celestial sabiduría[6], y esta novena sin duda nos hará recordar los Ejercicios -si los hemos hecho- o prepararnos para hacerlos, porque es imposible evocar la vida de su autor, y no hacerlo también de la mayor obra que ha realizado.

Y que estemos dentro del jubileo ignaciano, por cumplirse 500 años de su conversión y “producción” de los Ejercicios, no debería hacer otra cosa que motivarnos aún más para realizar con devoción esta novena, con alguna intención importante para alcanzar por su intercesión.

Venerar a cualquiera de los Santos no puede hacernos olvidar a la Santísima, mediadora de todas las gracias. San Ignacio en su diario espiritual comenta que “al final de la Santa Misa, y por largos períodos durante la Santa Misa, en la preparación y después”, tuvo la clara visión de nuestra Señora, muy propicia ante el Padre, hasta tal grado, que las oraciones al Padre y al Hijo y en la consagración, no podía sino sentir y verla, como si fuera parte o la puerta, para toda la gracia que sentía en mi corazón”.

A Ella, por supuesto, también nos encomendamos. ¡Ave María y adelante!

¡Mañana comenzamos con la novena!

[1] Prefacio de los Santos I.

[2] VATICANO, 03 Jun. 07 Misa en San Pedro, canonización de Giorgio Preca (1880-1962), Simone da Lipnica (1435 ca.-1482), Karel van Sint Andries Houben (1821-1893) y de Marie Eugénie de Jésus Milleret (1817-1898).

[3] Del mensaje de Benedicto XVI a los obispos italianos reunidos en asamblea general, 4 de Noviembre de 2010.

[4] Profitili di Santi, Premessa, Opere Complete, Volume 14. Edictrice del Verbo Incarnato, 2008, p. 8. El P. Fabro además de haber sido un gran sacerdote, un hombre de Dios, defensor de la Verdad, es quizás el más grande tomista de toda la historia.

[5] Leonardo Castellani, Homilía de la fiesta de San Ignacio, 31 de julio de 1966.

[6] Carta Encíclica Mens Nostra, n. 22.

¡Ave María y adelante!

1º Día - San Ignacio Penitente

1º Día

San Ignacio Penitente

Para todos los días

† Por la Señal de la Santa Cruz…

Acto de Contrición

Señor Jesucristo, que de Creador has venido a hacerte hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así morir por mis pecados, te pido perdón por todas las ofensas cometidas contra tu Sacratísimo Corazón y te suplico la gracia de alcanzar un crecido e intenso dolor y lágrimas de mis muchos pecados. Amén.

Oración a San Ignacio

Glorioso San Ignacio, que nos diste ejemplo admirable de cumplimiento de la voluntad de Dios, y nos has dejado los santos Ejercicios Espirituales como una herramienta valiosísima para ordenar nuestra vida según el beneplácito divino, te pedimos que intercedas por nosotros y nos alcances la gracia de poder vencer nuestros afectos desordenados y así en todo amar y servir a su divina majestad. Amén.

De los años en que San Ignacio vivía lejos del Señor, comenta el p. Polanco, su secretario:

“Durante todo este tiempo de lo que más lejos estaba era de la vida espiritual. Como suele la juventud cortesana y militar, fue asaz libre en el amor de las mujeres, en el juego y en las riñas por puntos de honra”[1].

Como afirma San Juan Pablo II “La conversión exige la convicción del pecado[2], es por esto que nuestro Santo al convertirse al Señor, en su convalecencia en Loyola, adquirió un gran arrepentimiento de sus pecados. Ni bien pudo definir su vocación, nos dice en su Autobiografía “comenzó a pensar más de veras en su vida pasada, y en cuánta necesidad tenía de hacer penitencia de ella” (n. 9), y poco después, continua:

“Y echando sus cuentas, qué es lo que haría después que viniese de Jerusalem para que siempre viviese en penitencia, ofrecíasele meterse en la Cartuja de Sevilla, sin decir quién era para que en menos le tuviesen y allí nunca comer sino yerbas. Mas cuando otra vez tornaba a pensar en las penitencias, que andando por el mundo deseaba hacer, resfriábasele el deseo de la Cartuja, temiendo que no pudiese ejercitar el odio que contra sí tenía concebido” (n. 12).

Es que no hay mejor manera de amarnos que odiar en nosotros lo que es realmente odiable: el pecado.

Cuando años después debió ir por motivos de salud a su Loyola natal, vivía en el hospital, predicaba y pedía limosna. Y al poner mucho empeño su hermano mayor de que fuese a residir a su casa, le respondió que “él no había venido a pedirle a él la casa de Loyola, ni a andar en palacios, sino a sembrar la palabra de Dios, y dar a entender a las gentes cuán enorme cosa era el pecado mortal[3].

Siendo ya sacerdote mayor, estando en Roma, alguien le reprendió por ocuparse -personalmente y por medio de otros- en ayudar a mujeres de mala vida a volver buen camino, respondió:

“Si yo pudiese con todos los trabajos y cuidados de mi vida, hacer que alguna de éstas quisiese pasar sola una noche sin pecar, yo los tendría todos por bien empleados, a trueque de que en aquel breve tiempo no fuese ofendida la Majestad infinita de mi Criador y Señor[4].

Realmente, los santos se toman en serio a Dios y por tanto, entienden más profundamente cuán grave es el pecado.

Petición de la novena

(aquí se hace la petición que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión de San Ignacio)

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Oración final

San Ignacio, tú que nos enseñaste que la penitencia interna es dolerse de los pecados con firme propósito de no cometer aquellos ni otros algunos y la penitencia externa, o fruto de la interna, es castigo de los pecados cometidos, concédenos la gracia de que, viviendo ambas, alcancemos el perdón de nuestras faltas y encaminemos nuestras vidas por las sendas de la santidad. Amén.

Letanías A San Ignacio

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¡Ave María y adelante!

2º Día - San Ignacio el hombre del «Magis»

2º Día

San Ignacio El Hombre Del «Magis»

Para todos los días

† Por la Señal de la Santa Cruz…

Acto de Contrición

Señor Jesucristo, que de Creador has venido a hacerte hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así morir por mis pecados, te pido perdón por todas las ofensas cometidas contra tu Sacratísimo Corazón y te suplico la gracia de alcanzar un crecido e intenso dolor y lágrimas de mis muchos pecados. Amén.

Oración a San Ignacio

Glorioso San Ignacio, que nos diste ejemplo admirable de cumplimiento de la voluntad de Dios, y nos has dejado los santos Ejercicios Espirituales como una herramienta valiosísima para ordenar nuestra vida según el beneplácito divino, te pedimos que intercedas por nosotros y nos alcances la gracia de poder vencer nuestros afectos desordenados y así en todo amar y servir a su divina majestad. Amén.

“Magis” en latín significa “más” y es una palabra que sintetiza en gran medida la vida de San Ignacio; él fue un hombre del “magis”, siempre buscó “lo que más”.

Ya antes en su vida en el mundo tenía un grande y vano deseo de ganar honra” (Autobiografía, n.11); su conversión tuvo también visos de grandeza: “Leyendo la vida de nuestro Señor y de los santos, se paraba a pensar, razonando consigo: ¿qué sería, si yo hiciese esto que hizo San Francisco, y esto que hizo Santo Domingo?”, y continuaba: “Mas todo su discurso era decir consigo: Santo Domingo hizo esto; pues yo lo tengo de hacer. San Francisco hizo esto; pues yo lo tengo de hacer (n.7).

Estando todavía en Loyola miraba muchas veces el cielo y las estrellas “porque con aquello sentía en sí un muy grande esfuerzo para servir a nuestro Señor” (n.11). Siendo ya “el peregrino” tenía para con Dios “grandes deseos de servirle en todo lo que conociese” (n.14) y “toda su intención era hacer obras grandes… para gloria de Dios” (n.14). Casi llegando a Montserrat iba “pensando, como siempre solía, en las hazañas que había de hacer por amor de Dios” (n.17). Antes de viajar a Barcelona, para resolver un problema de conciencia habló con su confesor y “le declaró cuánto deseaba seguir la perfección, y lo que más fuese gloria de Dios” (n.39), y así podríamos seguir…

Los Ejercicios Espirituales no son otra cosa que una estructura psicológica y espiritual, humano-divina que impulsa, mueve y atrae hacia lo grande, hacia “lo que más”. Desde el mismo comienzo, cuando pide al ejercitante grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad” [5], pasando por el “Principio y Fundamento” donde a la par de movernos a santa indiferencia de las criaturas, nos invita a aquel heroico “solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados” [23] hasta la entrega de todo (libertad, memoria, entendimiento, voluntad…) de la “Contemplación para alcanzar amor”, no busca el Santo otra cosa que lograr que el Ejercitante, dejando de lado todo sentimiento o parecer puramente humano, pronuncie y ejecute un rotundo fiat (hágase) a todo aquello que el Señor quiere de él, lo que no es otra cosa que hacer lo más grande que un hombre puede hacer en la tierra: la voluntad de Dios.

San Ignacio pudo… ¿por qué nosotros no?

Petición de la novena

(aquí se hace la petición que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión de San Ignacio)

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Oración final

San Ignacio, que has sido un ejemplo de magnanimidad en la búsqueda de la santidad, alcánzanos la gracia de que, dejando de lado nuestro propio amor, querer, e interés, elijamos siempre “lo que más” sea para gloria de Dios y bien de nuestras almas. Amén.

Letanías A San Ignacio

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¡Ave María y adelante!

3º Día - San Ignacio varón de discernimiento

3º Día

San Ignacio Varón De Discernimiento

Para todos los días

† Por la Señal de la Santa Cruz…

Acto de Contrición

Señor Jesucristo, que de Creador has venido a hacerte hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así morir por mis pecados, te pido perdón por todas las ofensas cometidas contra tu Sacratísimo Corazón y te suplico la gracia de alcanzar un crecido e intenso dolor y lágrimas de mis muchos pecados. Amén.

Oración a San Ignacio

Glorioso San Ignacio, que nos diste ejemplo admirable de cumplimiento de la voluntad de Dios, y nos has dejado los santos Ejercicios Espirituales como una herramienta valiosísima para ordenar nuestra vida según el beneplácito divino, te pedimos que intercedas por nosotros y nos alcances la gracia de poder vencer nuestros afectos desordenados y así en todo amar y servir a su divina majestad. Amén.

Un biógrafo bien documentado de nuestro Santo, hablando de su vida antes de la conversión, afirma “sabemos que Ignacio de Loyola fue siempre tremendamente reflexivo, quizá el más reflexivo de cuantos hombres conoce la historia”, y por supuesto, como siempre pasa, la gracia vino a perfeccionar y a elevar grandemente esa cualidad natural, notando él hasta tal punto la diferencia entre una introspección puramente humana y el discernimiento de las diferentes mociones procedentes de los diferentes espíritus que ante las primeras noticias exclamó “¿qué nueva vida es esta, que agora comenzamos?” (Aut. n.21).

San Ignacio se tomó muy en serio su mundo interior: supo reconocer con ojo de lince qué pasaba por su alma -reconocer, en definitiva, que no estaba solo-; dedicó mucho tiempo a discernir las mociones -hasta quedar cansado de hacerlo-; no escatimó fuerzas en rechazar lo que no venía de Dios -hasta tanto que una vez, estando en agonía, más trabajo le daba una tentación de vanidad que la misma lucha contra la muerte-; y nunca dejó de poner por obra, costase lo que costase y arriesgase lo que arriesgase, lo que había reconocido ser moción del Espíritu Santo.

Y como no ha pasado en otro caso en la historia de la Iglesia, lo que él experimentó, lo que pasó por su alma, el modo y forma en el que el Señor lo llevó a la santidad, todo eso fue puesto por escrito en ese “manual” del espíritu, más práctico que teórico, que son los Ejercicios Espirituales. Allí nos dejó algo no visto ni antes ni después de él: las reglas de discernimiento de espíritus (14 para la primera semana y 8 para la segunda) que son una sistematización de 15 siglos de espiritualidad católica en cuanto a mociones interiores. Y lo mismo sucede con lo que se refiere al examinar la conciencia, fue él el primer sistematizador del Examen general de conciencia y del Examen particular”.

Con estas herramientas inapreciables en la mano -que se me hace que no llegamos a valorar del todo- contamos con un finísimo escrutador de nuestro interior y valiosísimo método para discernir lo bueno de lo malo, el trigo, de la cizaña en ese complejo mundo que como no vemos con los ojos del cuerpo, suele parecernos inalcanzable y misterioso.

Dos protestantes afirman que Iñigo se ha adelantado tres siglos a su tiempo en la fina introspección psíquica y en la atinada pedagogía” y que “Con toda seguridad y convicción digo que con esas normas y ejercicios en las manos [el método ignaciano], podríamos aún hoy día transformar nuestros asilos, prisiones y manicomios, e impedir que fuesen recluidos los dos tercios de los que allí están”.

Interceda por nosotros San Ignacio y nos conceda valorar lo que nos ha dejado o, mejor dicho, lo que Dios nos ha regalado a través suyo.

Petición de la novena

(aquí se hace la petición que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión de San Ignacio)

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Oración final

San Ignacio, que ayudado con el favor de Dios has logrado en gran manera sentir y conocer las mociones que se causan en el alma, otórganos la gracia de saber discernir nuestro mundo interior para rechazar todo aquello que nos aparte del buen camino, y recibir lo que venga de Dios y sus ángeles. Amén.

Letanías A San Ignacio

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¡Ave María y adelante!

4º Día - San Ignacio y la confianza en Dios

4º Día

San Ignacio Y La Confianza En Dios

Para todos los días

† Por la Señal de la Santa Cruz…

Acto de Contrición

Señor Jesucristo, que de Creador has venido a hacerte hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así morir por mis pecados, te pido perdón por todas las ofensas cometidas contra tu Sacratísimo Corazón y te suplico la gracia de alcanzar un crecido e intenso dolor y lágrimas de mis muchos pecados. Amén.

Oración a San Ignacio

Glorioso San Ignacio, que nos diste ejemplo admirable de cumplimiento de la voluntad de Dios, y nos has dejado los santos Ejercicios Espirituales como una herramienta valiosísima para ordenar nuestra vida según el beneplácito divino, te pedimos que intercedas por nosotros y nos alcances la gracia de poder vencer nuestros afectos desordenados y así en todo amar y servir a su divina majestad. Amén.

“Toda su cosa era tener a solo Dios por refugio” (Aut. n.35), así respondía san Ignacio cuando le instaban una y otra vez a no embarcarse solo hacia Italia y luego a Jerusalén; y lo explicaba así:

“Él deseaba tener tres virtudes: caridad y fe y esperanza; y llevando un compañero, cuando tuviese hambre esperaría ayuda dél; y cuando cayese, que le ayudaría a levantar; y así también se confiara dél y le tendría afición por estos respectos; y que esta confianza y afición y esperanza la quería tener en solo Dios. Y esto, que decía desta manera, lo sentía así en su corazón. Y con estos pensamientos él tenía deseos de embarcarse, no solamente solo, mas sin ninguna provisión”.

(ibid.)

Así fue que no dejó nada por hacer en su abandono total en Dios, viviendo la prudencia sobrenatural -la que estamos llamados todos a vivir- con una indiferencia absoluta de todo, como por ejemplo aquella vez que “le viene a nuestro peregrino una grave enfermedad de calenturas” (43) y “preguntaron los de casa al médico si podría embarcarse para Jerusalén, y el médico dijo que, para allá ser sepultado, bien se podría embarcar; mas él se embarcó y partió aquel día”.

No es de extrañarse que el Señor protegiera de una manera especial, hasta con casi milagros, a alguien que así confiaba y esperaba en Él.

Esta grandísima confianza le quitaba todo miedo, ¡cuánto para aprender para el hombre de hoy! Habiendo ya regresado de Tierra Santa “llegado a Barcelona todos los que le conocían le disuadieron la pasada a Francia por las grandes guerras que había, contándole ejemplos muy particulares, hasta decirle que en asadores metian a los españoles; más nunca tuvo ningún modo de temor(72).

Prudente y eficaz como pocos fue nuestro Santo en poner medios humanos para alcanzar el éxito de sus santas empresas, entre los cuales se cuenta las buenas influencias de personas importantes que tanto le estimaban y veneraban. Pero estos medios humanos no le impedían en absoluto tener toda su confianza en Dios:

“Un día un bienhechor nuestro pareció darse por sentido de que no se hubiera hecho más caso de su influencia. Ignacio contestó que ya hacía más de treinta años que Dios le había enseñado el poner todos los medios humanos; pero la esperanza dejarla toda entera para Dios Nuestro Señor; que si él quería ser uno de estos medios, de muy buen grado lo tomaría; pero que entendiese que ni en él, ni en otra persona, descansaría nunca su confianza, sino so­lamente en Dios”.

(Casanovas, p. 340)

Y aun con peligro de extendernos en este día un poco más de lo habitual, terminemos con un precioso texto de San Francisco Javier, que nos habla del empeño que hay que poner para alcanzar la verdadera confianza:

“Casi siempre llevo delante de mis ojos y entendimiento lo que muchas veces oí decir a nuestro bienaventurado P. Ignacio: que los de nuestra Compañía habían de ser, que debían mucho trabajar por se vencer, y lanzar de sí todos los temores que impiden a los hombres tener fe, esperanza y confianza en Dios, toman­do medios para eso. Y aunque toda fe, esperanza y con­fianza sea don de Dios; dala el Señor a quien le place; pero comúnmente a aquellos que se esfuerzan, venciéndose a sí mismos, tomando medios para eso. Mucha diferencia hay del que confía en Dios tomando todo lo necesario, al que con­fía en Dios sin tener ninguna cosa, privándose de lo nece­sario, pudiéndolo tener, por más imitar a Cristo: y así por semejante, mucha diferencia hay de los que tienen fe, espe­ranza y confianza en Dios, cuando por su amor y servicio, de voluntad se ponen en peligros casi evidentes de muerte, pudiéndolos evitar, si quisiesen, pues queda en su libertad dejarlos o tomarlos”

(Carta 82)

Que San Ignacio nos ayude a poder evadirnos de un mundo que, por haber olvidado a Dios y su Hijo, Nuestro Señor, nada sabe de confianza y vive esclavo del miedo, sobre todo del miedo a la muerte, ya que el Hijo de Dios se encarnó para “librar a aquellos que por el temor de la muerte estaban toda la vida sujetos a servidumbre” (Heb 2,15).

Petición de la novena

(aquí se hace la petición que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión de San Ignacio)

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Oración final

San Ignacio, que has sabido poner en Dios tu confianza sirviéndole en todo de manera heroica, concédenos la gracia de que por la fe, la esperanza y la caridad, podamos entregarnos totalmente al plan que el Señor tiene para nuestra vida. Amén.

Letanías A San Ignacio

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¡Ave María y adelante!

5º Día - San Ignacio fiel imitador de Jesucristo

5º Día

San Ignacio Fiel Imitador De Jesucristo

Para todos los días

† Por la Señal de la Santa Cruz…

Acto de Contrición

Señor Jesucristo, que de Creador has venido a hacerte hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así morir por mis pecados, te pido perdón por todas las ofensas cometidas contra tu Sacratísimo Corazón y te suplico la gracia de alcanzar un crecido e intenso dolor y lágrimas de mis muchos pecados. Amén.

Oración a San Ignacio

Glorioso San Ignacio, que nos diste ejemplo admirable de cumplimiento de la voluntad de Dios, y nos has dejado los santos Ejercicios Espirituales como una herramienta valiosísima para ordenar nuestra vida según el beneplácito divino, te pedimos que intercedas por nosotros y nos alcances la gracia de poder vencer nuestros afectos desordenados y así en todo amar y servir a su divina majestad. Amén.

No tuvo nuestro Santo, luego de su conversión, otro anhelo que no fuese imitar a Jesús y esto hasta el punto de querer incluso vivir donde el Señor vivió; de ahí que su destino, al salir de Loyola, no fuese otro que Jerusalén. Al partir ya había escrito “con mucha diligencia” un libro de casi 300 páginas con “algunas cosas en breve más esenciales de la vida de Cristo y de los Santos” y con la delicadeza de destacar los dichos del Señor escribía “las palabras de Cristo de tinta colorada” (Aut. n.11).

Va a Montserrat con el objetivo de “dejar sus vestidos y vestirse de las armas de Cristo(n.17), y así mismo se llama “nuevo soldado de Cristo” (n.21) y tan enamorado estaba del Señor y de su servicio que un monje de aquel monasterio -de Montserrat- lo llamó “loco por nuestro Señor Jesucristo”. No sorprende, entonces, que al conocer en Manresa la Imitación de Cristo (de Kempis) “nunca más había querido leer otro libro de devoción” como lo afirmara su secretario personal, el P. Gonçalvez de Cámara.

El Señor, que no se deja ganar en generosidad, tuvo con Iñigo deferencias especiales y así “muchas veces y por mucho tiempo, estando en oración, veía con los ojos interiores la humanidad de Cristo (…) Esto vió en Manresa muchas veces: si dijese veinte o cuarenta, no se atrevería a juzgar que era mentira” (n.29). Y yendo a Jerusalén, rodeado de penurias de todo tipo “en todo este tiempo le aparescía muchas veces nuestro Señor, el cual le daba mucha consolación y esfuerzo (n.44).

Como no podía ser de otra manera, en los santos Ejercicios nos presenta San Ignacio la persona adorable del Señor como el fin supremo al que puede aspirar un cristiano. En la Primera Semana es Él quien “es venido a hacerse hombre y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados” y de ahí la gran pregunta: “que he hecho por Christo, lo que hago por Christo, lo que debo hacer por Christo” [53].

La Segunda Semana comienza con “La vida del Rey eternal” [91] a quien debemos hacer nuestra entera oblación con una firmeza tal que no podría expresarse de manera más rotunda: “yo quiero y deseo y es mi determinación deliberada” [98]. Toda esa Semana es un continuo contemplar la vida del Señor, suplicando una y otra vez conoscimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga [104].

La Tercera y Cuarta Semana tienen como objetivo configurarnos a Cristo en su Pasión y después transfigurarnos con su Resurrección. Y hasta tal punto debe el Señor ser la fuente de inspiración, el parámetro para nuestros actos y la medida de lo que hacemos que en las Reglas para ordenarse en el comer nos recomienda: “mientras la persona come, considere como que ve a Christo nuestro Señor comer con sus apóstoles, y cómo bebe, y cómo mira, y cómo habla; y procure de imitarle” [214]. Y así también, en los Tres modos de orar nos enseña a “imitar en el uso de sus sentidos a Christo nuestro Señor[248].

Dirá San Ignacio que “los que van en espíritu y siguen de veras a Cristo nuestro Señor, aman y desean… vestirse de la misma vestidura y librea de su Señor por su debido amor y reverencia”. Que su ejemplo e intercesión nos ayuden a ser fieles imitadores de Nuestro Señor Jesucristo.

Petición de la novena

(aquí se hace la petición que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión de San Ignacio)

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Oración final

San Ignacio, fidelísimo imitador de Jesucristo, alcánzanos la gracia de tener conocimiento interno del Señor, que por nosotros se ha hecho hombre y ha padecido pobreza, trabajos, hambre, sed y frío, para que así más lo amemos y sigamos. Amén.

Letanías A San Ignacio

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¡Ave María y adelante!

6º Día - San Ignacio el enamorado de la Cruz

6º Día

San Ignacio El Enamorado De La Cruz

Para todos los días

† Por la Señal de la Santa Cruz…

Acto de Contrición

Señor Jesucristo, que de Creador has venido a hacerte hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así morir por mis pecados, te pido perdón por todas las ofensas cometidas contra tu Sacratísimo Corazón y te suplico la gracia de alcanzar un crecido e intenso dolor y lágrimas de mis muchos pecados. Amén.

Oración a San Ignacio

Glorioso San Ignacio, que nos diste ejemplo admirable de cumplimiento de la voluntad de Dios, y nos has dejado los santos Ejercicios Espirituales como una herramienta valiosísima para ordenar nuestra vida según el beneplácito divino, te pedimos que intercedas por nosotros y nos alcances la gracia de poder vencer nuestros afectos desordenados y así en todo amar y servir a su divina majestad. Amén.

Búscuese un santo que no se haya enamorado de la Cruz y no se lo encontrará. Sucede que el amor iguala, une, empareja, y si a quien se ama es a un Dios encarnado y crucificado, no se lo puede amar al margen de la Cruz.

El progreso espiritual que había hecho San Ignacio en poco tiempo era notable, porque ni bien salir de Loyola, dirá que “así determinaba de hacer grandes penitencias, no teniendo ya tanto ojo a satisfacer por sus pecados, sino agradar y aplacer a Dios(Aut. n.14), y entender el sufrimiento -en este caso la penitencia- no sólo como satisfacción de los pecados pasados sino también como una manera de agradar a Dios, es ya haber avanzado bastante en los caminos del espíritu.

Y así, la imitación de Cristo que llevaba adelante férreamente nuestro Santo era, a lo San Pablo, con un “muero cada día” (1Cor 15,31). Moría en su fama, porque no quería ser conocido por nadie; moría en su vanagloria, porque vestía “de saco” y pedía limosna para su subsistencia; moría en sus comodidades porque vivía muy pobremente y se mortificaba mucho y a diario; moría a cualquier seguridad humana, porque esperaba todo de Dios, y podríamos seguir… Y aunque estas cosas se leen e imaginan fácilmente, cualquiera de ellas que nos roce solo un poco, nos causaría una herida sangrante no fácil de cicatrizar.

A esas muertes a diario se le sumaban algunas más extraordinarias, generalmente provocadas por las persecuciones que le asediaban por el bien que hacía a las almas con los Santos Ejercicios. Y así, estando una vez en la cárcel de Salamanca, vino a verle quien sería después el cardenal de Burgos y le preguntó familiarmente cómo se hallaba en la prisión y si le pesaba de estar preso. San Ignacio le respondió:

«yo responderé lo que respondí hoy a una señora, que decía palabras de compasión por verme preso». Yo le dije: «en esto mostráis que no deseáis de estar presa por amor de Dios. ¿pues tanto mal os paresce que es la prisión? pues yo os digo que no hay tantos grillos ni cadenas en Salamanca, que yo no deseo más por amor de Dios».

(n.69)

En otra oportunidad, por haber ayudado a unas monjas relajadas en Barcelona, uno de los cuales sabía aprovecharse de esos“tratos y conversaciones, y desmedidas pláticas y familiaridades” envió a un esclavo a darle reprimendas a nuestro Santo:

“insultóle de palabra y puso en él las manos, pasando a las obras: fueron tales los golpes, bofetadas y azotes con un vergajo de buey hasta no poder más, que lo dejó en tierra por muerto. El Padre Ignacio sin queja alguna, sino alabando al Señor y pidiéndole recibiese aquel trabajo en satisfacción de sus culpas, quedó sin poder articular palabra ni removerse”. Luego de varios días de debatirse entre la vida y la muerte, al sugerirle doña Inés Pascual, una de sus principales bienhechoras, que no volviera a ese convento, respondió: “¿Qué cosa más dulce para él que morir por amor y honra de Jesucristo su Dios, y por su prójimo?”.

Yendo a Roma, ya con varios de sus primeros compañeros y con ciertas incertidumbres sobre el apoyo eclesiástico con que contaría para su incipiente proyecto de una nueva orden -la Compañía de Jesús-:

“díjome él, comenta el P. Laínez, que parecía que Dios Padre le imprimía en el corazón estas palabras: «Yo os seré propicio en Roma» ; y no sabiendo nuestro Padre qué quisiesen significar estas palabras, decía: «Yo no sé qué cosa será de nosotros; quizá seremos crucificados en Roma»”.

¡Menuda manera de entender que Dios les sea propicio!; los santos, si en algo sobretodo nos sorprenden, es cómo entienden, viven y sienten la Cruz.

Por supuesto que en los Ejercicios San Ignacio nos lleva decididamente a este amor a la Cruz. Para no alargar este día de novena solo transcribamos el tercer grado de humildad, la cual es perfectísima

por imitar y parescer más actualmente a Christo nuestro Señor quiero y elijo más probreza con Christo pobre que riqueza, opprobrios con Christo lleno dellos que honores, y desear más de ser estimado por vano y loco por Christo que primero fue tenido por tal, que por sabio ni prudente en este mundo”

[167]

No nos inquietemos sino vivimos aún estos grados y profundidades de amores, pero sepamos cuál es el objetivo y no cejemos en la tarea de avanzar, paso a paso, en pos del Crucificado.

San Ignacio ¡ruega por nosotros!

Petición de la novena

(aquí se hace la petición que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión de San Ignacio)

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Oración final

San Ignacio, que como San Pablo no quisiste saber otra cosa que Jesucristo crucificado, otórganos la gracia de preferir más pobreza con Cristo pobre que riqueza, oprobios con Cristo lleno de ellos que honores, y desear más de ser estimado por vano y loco por Cristo que primero fue tenido por tal, que por sabio ni prudente en este mundo. Amén.

Letanías A San Ignacio

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¡Ave María y adelante!

7º Día - San Ignacio el místico

7º Día

San Ignacio El Místico

Para todos los días

† Por la Señal de la Santa Cruz…

Acto de Contrición

Señor Jesucristo, que de Creador has venido a hacerte hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así morir por mis pecados, te pido perdón por todas las ofensas cometidas contra tu Sacratísimo Corazón y te suplico la gracia de alcanzar un crecido e intenso dolor y lágrimas de mis muchos pecados. Amén.

Oración a San Ignacio

Glorioso San Ignacio, que nos diste ejemplo admirable de cumplimiento de la voluntad de Dios, y nos has dejado los santos Ejercicios Espirituales como una herramienta valiosísima para ordenar nuestra vida según el beneplácito divino, te pedimos que intercedas por nosotros y nos alcances la gracia de poder vencer nuestros afectos desordenados y así en todo amar y servir a su divina majestad. Amén.

No podemos dudar que en el camino de santidad de San Ignacio hubo mucho de ascesis, es decir, de renuncia, de sacrificio abnegado; el “agere contra” (“hacer la contra”) a toda inclinación torcida y a toda tentación el demonio fue una constante en su camino de santidad.

Pero también hubo en él, y quizás con mayor evidencia aún, vida mística, es decir, aquellas virtudes y modos de obrar “a lo divino”, bajo el impulso de los dones del Espíritu Santo -a lo cual estamos todos llamados- y también fenómenos místicos extraordinarios, propios de un santo de su talla y elegido por Dios para una misión tan importante y particular en bien de toda la Iglesia.

Ya en su convalecencia en Loyola por medio de una visión recibió la gracia de la pureza triunfal:

“Estando una noche despierto, vido claramente una imagen de nuestra Señora con el santo Niño Jesús, con cuya vista por espacio notable recibió consolación muy excesiva, y quedó con tanto asco de toda la vida pasada; y especialmente de cosas de carne, que le parecía habérsele quitado del ánima todas las especies que antes tenía en ella pintadas. Así desde aquella hora hasta el Agosto de 53 que esto se escribe, nunca más tuvo ni un mínimo consenso en cosas de carne”

(Aut. n.10)

Estando en Manresa le sucedía algo que quizás no lleguemos a entender todo lo que implica: “Le trataba Dios -afirma- de la misma manera que trata un maestro de escuela a un niño, enseñándole” (n.27 y ss.), y luego de asegurar la certeza que tiene al respecto, declara que “algo de esto -es decir ¡hay mucho más!- se puede ver por los cinco puntos siguientes”, y cada uno de esos cinco puntos son de una densidad espiritual y mística que, hay que señalar de nuevo, se nos puede escurrir de las manos.

En el primer punto hace mención de un conocimiento y devoción tan elevado a la Santísima Trinidad que puede tratar con cada una de las Divinas Personas distintamente y hablar de ellas -a veces sin poder contenerse- “y esto con muchas comparaciones, y muy diversas, y con mucho gozo y consolación”, y hasta comenzó a escribir un libro sin tener aún estudio teológico alguno. Se ha afirmado repetidamente que la mística de San Ignacio es preferentemente trinitaria.

El segundo punto nos da noticia de cómo se le reveló el misterio de la creación: “se le representó en el entendimiento con grande alegría espiritual el modo con que Dios había criado el mundoy nos aclara que no puede darnos conocimiento de lo que entendió, diciendo, “mas estas cosas ni las sabía explicar”.

Sobre la Eucaristía versa el tercer punto: estando en la iglesia de los dominicos, al elevar el sacerdote el Cuerpo de Nuestro Señor “lo que él vió con el entendimiento claramente fue ver cómo estaba en aquel santísimo sacramento Jesu Cristo nuestro Señor”.

El cuarto punto trata de las numerosas y prolongadas apariciones de Nuestro Señor, que ya mencionamos en los días pasados de la novena. “Estas cosas que ha visto le confirmaron entonces, y le dieron tanta confirmación siempre de la fe, que muchas veces ha pensado consigo: si no huviese Escriptura que nos enseñase estas cosas de la fe, él se determinaría a morir por ellas, solamente por lo que ha visto”.

Como quinto punto nos relata la llamada Eximia ilustración del Cardoner de la cual depende en gran parte la composición de los Ejercicios y la misma Compañía de Jesús. “Recibió -nos comenta- una grande claridad en el entendimiento; de manera que en todo el discurso de su vida, hasta pasados sesenta y dos años, coligiendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las ayunte todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto, como de aquella vez sola. Y esto fue en tanta manera de quedar con el entendimiento ilustrado, que le parescía como si fuese otro hombre y tuviese otro intelecto, que tenía antes”.

La brevedad de una novena no permite extendernos pero no podemos terminar sin mencionar el don de lágrimas, expresión de consuelos divinos muy profundos. El P. Laínez comenta de San Ignacio: “Es tan tierno en lágrimas de cosas eternas y abstractas, que me decía que comúnmente seis o siete veces al día lloraba”. El papa Paulo III le había dispensado de recitar el Breviario por las muchas lágrimas que derramaba, con la consiguiente enfermedad de los ojos. En su Diario íntimo anota la efusión de lágrimas hasta unas 175 veces en los primeros cuarenta días, incluso algunas veces van acompañadas de “sollozos”. No se da “ejemplo equivalente en la literatura espiritual católica” (J. de Guibert). Las lágrimas del peregrino nos presentan un hecho que sobrepasa todos los análisis que no cuenten con la luz de la fe. Sin embargo, con la ayuda de esta luz, podemos percibir “una vivencia sabrosamente sentida de la última comunicación de Dios a su alma… el eco de la voz de Dios… el rebosar del desbordamiento producido por la catarata de dones particulares” (I. Iparraguirre). El P. Gonçalvez de Cámara nos ha conservado esta nota íntima:

“Solía tener el Padre tantas lágrimas continuamente, que, cuando en la misa no lloraba tres veces, teníase por desconsolado. El médico le mandó que no llorase, y así lo tomó por obediencia. Y así tomándolo por obediencia, como suele estas cosas, tiene agora mucha más consolación sin llorar, de lo que antes tenía”.

Que tales dones recibidos por él nos hagan aumentar en la esperanza de recibir los que el Señor tiene preparados para nosotros, si somos fieles a su voluntad.

Petición de la novena

(aquí se hace la petición que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión de San Ignacio)

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Oración final

San Ignacio, que habiendo dejado todo por Cristo llegaste a gozar la infinita suavidad y dulzura de la divinidad, concédenos que haciendo contra nuestra propia sensualidad y contra nuestro propio amor carnal y mundano, lleguemos a unirnos de tal manera con Nuestro Señor, que podamos alegrarnos y gozarnos internamente de la gloria de su resurrección. Amén.

Letanías A San Ignacio

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¡Ave María y adelante!

8º Día - San Ignacio y la Eucaristía

8º Día

San Ignacio Y La Eucaristía

Para todos los días

† Por la Señal de la Santa Cruz…

Acto de Contrición

Señor Jesucristo, que de Creador has venido a hacerte hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así morir por mis pecados, te pido perdón por todas las ofensas cometidas contra tu Sacratísimo Corazón y te suplico la gracia de alcanzar un crecido e intenso dolor y lágrimas de mis muchos pecados. Amén.

Oración a San Ignacio

Glorioso San Ignacio, que nos diste ejemplo admirable de cumplimiento de la voluntad de Dios, y nos has dejado los santos Ejercicios Espirituales como una herramienta valiosísima para ordenar nuestra vida según el beneplácito divino, te pedimos que intercedas por nosotros y nos alcances la gracia de poder vencer nuestros afectos desordenados y así en todo amar y servir a su divina majestad. Amén.

Hemos considerado cuánto amaba San Ignacio a Nuestro Señor Jesucristo y cuánto buscaba imitarlo, especialmente en su pasión, y cómo recibió abundantes y especiales gracias de visiones y consolaciones que lo elevaron a alturas sublimes de amor a Jesús y a su Cruz.

Pues bien, estando presente verdadera, real y sustancialmente Jesús en la Eucaristía y siendo la Santa Misa la actualización y perpetuación de su sacrificio redentor, no podía nuestro Santo no tener grandísima devoción y luces muy especiales con respecto a este augusto misterio.

Ayer hacíamos mención de cómo en Manresa “vió” con el entendimiento a Cristo presente en el Santísimo Sacramento; allí mismo fue donde ni bien llegar a la iglesia colegiata (la Seo) “estuvo por espacio de más de dos horas rezando devotísimamente delante del Santísimo Sacramento con gran admiración de todos”.

Pocos hicieron en su tiempo tanto como él por infundir en el pueblo cristiano el amor al Santísimo Sacramento. Fomentó la Comunión frecuente -algo muy novedoso para su tiempo- mostrando cómo si se había perdido esa santa costumbre había sido por haberse enfriado la devoción y la caridad.

En la carta que le escribe a sus paisanos desde Roma, adjuntando una Bula Papal sobre el Santísimo Sacramento, les recomienda vivamente el amor por la Eucaristía, con estas sentidísimas palabras que hemos puesto adrede, todas, en negrita:

“Os pido, requiero y suplico, por amor y reverencia de Dios Nuestro Señor, con muchas fuerzas y con mucho afecto os empleeis en mucho honrar, favorecer y servir á su Unigénito Hijo Cristo Señor Nuestro en esta obra tan grande del Santísimo Sacramento, donde su Divina Majestad, según Divinidad y según Humanidad, está tan grande, y tan entero, y tan poderoso, y tan infinito como está en el cielo”.

En cuanto a la Misa:

“Si hay una nota, bien característica, en la espiritualidad personal de San Ignacio de Loyola, es el lugar central que ocupa dentro de ella el Sacrificio de la Misa; es el rasgo más definido de la fisonomía interior de la fisonomía interior, personalísima e inconfundible, del santo; será difícil hallar otro, en cuyo sistema de vida ascético-mística entre la Misa en las proporciones y preeminencia que entra en la de éste: objeto de grandes gracias místicas es, al mismo tiempo, causa y resorte de su plenísima vida interior”.

(A. Goicoechea)

Estando en Roma dormía cuatro horas y al despertarse, hacía una hora de oración en su lecho, para no resentir su salud. Luego consagraba “largo tiempo a la oración” en preparación de la Misa. Por las lágrimas, el Santo Sacrificio le llevaba más de una hora y luego estaba dos horas en acción de gracias por la Misa, donde trataba con Dios todos sus negocios en largo coloquio inenarrable, sintiendo en lo más hondo de su alma las comunicaciones admirables de la Divinidad y en su cuerpo una especie de transfiguración esplendorosa.

“Las escuetas frases del Diario espiritual bastan para que cualquier lector pueda adivinar con qué fervores místicos celebraba Ignacio la santa Misa; cómo se preparaba a ella con larga oración; cómo se derretía en lágrimas abundantes, intensas y suaves, tan frecuentes, que estuvo a punto de perder la vista; cómo se dejaba inundar por un torrente diario de consolaciones divinas; cómo se arrobaba ante la Hostia consagrada, que se elevaba en sus manos igual que un Sol naciente que seguiría alumbrando su alma durante todo el día”

(Villoslada)

Escribe el Santo en su Diario:

“Al tener el Sanctísimo Sacramento en las manos, veniéndome un hablar y un mover intenso de dentro, de nunca le dexar por todo el cielo o mundo o etc., sentiendo nuevas mociones, devoción y gozo espiritual”.

Que nos ayude su ejemplo a vivir con más fervor nuestras Misas y valorar cada día más la presencia real, verdadera y sustancial del Señor en la Santísima Eucaristía.

Petición de la novena

(aquí se hace la petición que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión de San Ignacio)

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Oración final

San Ignacio, que fuiste especialmente favorecido por el Señor con el conocimiento de su presencia Eucaristía y del Santo Sacrificio de la Misa hiciste el centro de tu vida, otórganos la gracia de eucaristizar nuestra vida, uniéndonos al Cristo victimado del Altar y viéndolo, con los ojos de la fe, presente en la Sagrada Hostia. Amén.

Letanías A San Ignacio

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¡Ave María y adelante!

9º Día - San Ignacio y su amor por «Nuestra Señora»

9º Día

San Ignacio Y Su Amor Por «Nuestra Señora»

Para todos los días

† Por la Señal de la Santa Cruz…

Acto de Contrición

Señor Jesucristo, que de Creador has venido a hacerte hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así morir por mis pecados, te pido perdón por todas las ofensas cometidas contra tu Sacratísimo Corazón y te suplico la gracia de alcanzar un crecido e intenso dolor y lágrimas de mis muchos pecados. Amén.

Oración a San Ignacio

Glorioso San Ignacio, que nos diste ejemplo admirable de cumplimiento de la voluntad de Dios, y nos has dejado los santos Ejercicios Espirituales como una herramienta valiosísima para ordenar nuestra vida según el beneplácito divino, te pedimos que intercedas por nosotros y nos alcances la gracia de poder vencer nuestros afectos desordenados y así en todo amar y servir a su divina majestad. Amén.

El caballero que luchó por vanidades humanas y por puntos de honra, que pasaba en su convalecencia horas “imaginando lo que había de hacer en servicio de una señora” (Aut. 6) que no era “condesa, ni duquesa, mas era su estado más alto que ninguno de estas”, supo sublimar y sobrenaturalizar, con la ayuda de la gracia, ese amor humano, y transformarlo en un firme y tierno amor por Nuestra Señora, como la llamará siempre a la Santísima Virgen María.

Como ya vimos, Ella fue la que apareciéndosele con el Niño Jesús, le alcanzó la gracia de la pureza triunfal. Ni bien salido de Loyola, hizo su primera parada “para tener una vigilia en nuestra Señora de Aránzazu, para cobrar nuevas fuerzas para su camino” (13); algunos piensan que fue allí donde sucedió lo comenta el P. Laínez “Y porque tenía más miedo de ser vencido en lo que toca a la castidad que en otras cosas, hizo en el camino voto de castidad, y esto a nuestra Señora, a la cual tenía especial devoción”.

Un poco más adelante cobró unos dineros que le debía duque de Nájera “mandándolos repartir en ciertas personas a quienes se sentía obligado, y parte a una imagen de nuestra Señora, que estaba mal concertada, para que se concertase y ornase muy bien” (13).

Su primer objetivo en el camino fue el santuario de la Moreneta donde “se determinó de velar sus armas toda una noche, sin sentarse ni acostarse, mas a ratos en pie y a ratos de rodillas, delante el altar de nuestra Señora de Monserrate, adonde tenía determinado dejar sus vestidos y vestirse las armas de Cristo” (18).

Fue antes de llegar al santuario cuando sucedió aquel conocido episodio entendible en la mentalidad de la época y en un Ignacio todavía no convertido del todo. La providencia, como en tantos otros momentos, vino en auxilio del peregrino y todo terminó bien. El hecho fue que lo alcanzó un moro al “que bien le parecía a él la Virgen haber concebido sin hombre; mas el parir, quedando virgen, no lo podía creer”, y si bien lo trató de convencer, no dio con ello y el moro se alejó. Indignado Iñigo “pareciéndole que había hecho mal en consentir que un moro dijese tales cosas de nuestra Señora, y que era obligado volver por su honra. Y así le venían deseos de ir a buscar el moro y darle de puñaladas por lo que había dicho; y perseverando mucho en el combate destos deseos, a la fin quedó dubio, sin saber lo que era obligado a hacer” (15).

Sabido es cómo termina el episodio: dejando sueltas las riendas de su mula, esperó que la providencia le dictaminara qué era prudente hacer y, así, “quiso Nuestro Señor” que la mula no tomase el camino más a mano, y fuese por otro, salvándole de hacer un loco desatino. Podemos ver por un lado, como refiere el Santo, “cómo nuestro Señor se había con esta ánima, que aún estaba ciega, aunque con grandes deseos de servirle en todo lo que conociese” y, por otro, el gran amor que tenía a Nuestra Señora, aunque por supuesto con resabios aún de su vida de caballero.

Volviendo a Monsterrat, dirá el p. Villoslada que, además de vestirse de las armas de Cristo: “Simultáneamente se consagraría con más fervor que nunca a la que había de ser en adelante la única dama de sus pensamientos, la Virgen María. En los momentos de mayor trascendencia de su vida vemos que la Madre de Dios aparece como Madre, como Reina, como Abogada y Protectora del Santo”.

Y para no alargarnos, digamos que quizás no haya habido en la vida de San Ignacio momento que haya preparado con más intensidad de devoción, como su primera Santa Misa, y por supuesto, “ahí” también está presente Nuestra Madre: “Había determinado, después que fuese sacerdote, estar un año sin decir misa, preparándose y rogando a la Virgen que le quisiese poner con su Hijo” (n. 96).

Quien haya hecho Ejercicios Espirituales podrá recordar también cómo en los coloquios más importantes a la primera que nos hace invocar es a la Santísima Virgen “para que me alcance gracia de su Hijo y Señor”, y es que, como en otras tantas cosas, no sólo conocía del poder intercesor de María por la fe, como nosotros, sino también lo había “visto”, como escribe en su Diario:

“Durante la Santa Misa, en la preparación y después”, tuvo la clara visión de nuestra Señora, muy propicia ante el Padre, hasta tal grado, que las oraciones al Padre y al Hijo y en la consagración, no podía sino sentir y verla, como si fuera parte o la puerta, para toda la gracia que sentía en mi corazón”.

No terminemos esta novena sin pedir la gracia de un tierno y profundo amor a Nuestra Madre del Cielo, a imitación de San Ignacio.

¡Ave María y adelante! ¡y a prepararse para mañana!

Petición de la novena

(aquí se hace la petición que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión de San Ignacio)

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

Oración final

San Ignacio, que lleno de puro amor por María Santísima recurriste a Ella en los momentos más importantes de tu vida, concédenos amarla de todo corazón y descubrir en Ella la vía más segura para llegar a su Hijo Jesús. Amén.

Letanías A San Ignacio

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¡Ave María y adelante!

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