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Cartas de San Martín y Rosas sobre “la Vuelta de Obligado” – Jordan B. Genta

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Hoy se cumplen 178 años del combate de la Vuelta de Obligado, en el que la Argentina de Juan Manuel de Rosas rechazara la invasión de la armada anglo-francesa. En conmemoración de aquel 20 de noviembre de 1845, cada año se celebra en Argentina el día de la soberanía nacional.

Para honrar esta memoria compartimos algunos extractos del libro de Jordán Bruno Genta, “Doctrina Política de San Martín” (Ed. Nuevo Orden, 1965), particularmente de las páginas en las que Genta reproduce la correspondencia entre San Martín y Juan Manuel de Rosas en torno al conflicto con Francia e Inglaterra.


Es un crimen de lesa Patria que las sucesivas generaciones de argentinos ignoren oficialmente la aprobación sin reservas y la inapreciable colaboración de San Martín a la política de Rosas en defensa de la soberanía. La correspondencia entre ambos próceres que se inicia en 1838 -año del primer bloqueo francés-, y se prolonga hasta 1850, año de la muerte de San Martín, debiera ser lectura obligatoria en todos los grados de la enseñanza pública y privada, así como en los institutos militares. Y también la memorable carta de San Martín al Sr. Dickson, cuyos conceptos reiteró al ministro francés Bineau.

Los jóvenes aprenderían en esas breves páginas, la más pura y remontada lección de patriotismo; el precio que cuesta permanecer en la altura de la libertad y que es preciso renovar toda vez que sea exigido. Aprenderían a conocer el tiempo de la real grandeza de la Patria; una grandeza que no cimentaban ni el granero ni el frigorífico del mundo, sino el señorío y la capacidad de resistir la presión de los poderosos. Aprenderían que Rosas es el heredero y continuador de San Martin en el cuidado de la Soberanía Nacional; el que consolidó la libertad política fundada por su espada, a través del enfrentamiento permanente con enemigos externos e internos, confabulados para impedir la existencia de la Gran Argentina, histórica y geopolíticamente predestinada en la cuenca del Río de la Plata.

Los jóvenes aprenderían, sobre todo, a distinguir la riqueza de aquella Argentina pobre, de la pobreza de esta Argentina rica que tan angustiosamente nos duele.

Ofrecemos, una vez más, a nuestros lectores, el texto de la correspondencia entre San Martín y Rosas que se comenta por sí sola. Es un diálogo entre dos señores de la Patria que han hecho su grandeza histórica; una palabra sobria, ejemplar, señera, magistral que te arranca de la vulgaridad y te exalta, en su alto vuelo, a una vida noble, esforzada y heroica.

/…/ San Martín tenía ya definitivamente quebrantada su salud e iba camino de quedar ciego; pero su preocupación por la suerte de la Patria se mantenía intacta /…/

Nápoles, 11 de enero de 1846.

Excmo. Sr. Capitán General. Presidente de la República Argentina, D. Juan Manuel de Rosas.

Mi apreciable General y Amigo:

En principios de noviembre pasado, me dirigí a Italia con el objeto de experimentar si con su benigno clima recuperaba mi arruinada salud; bien poca es hasta el presente la mejoría que he sentido, lo que me es tanto más sensible, cuanto en las circunstancias en que se halla nuestra Patria, me hubiera sido muy lisonjero poder nuevamente ofrecerle mis servicios (como lo hice a Vd. en el primer bloqueo por la Francia), servicios que aunque conozco serían inútiles, sin embargo demostrarían que en la injustísima agresión y abuso de la fuerza de la Inglaterra y Francia contra nuestro país, éste tenía aún un viejo defensor de su honra e independencia; ya que el estado de mi salud me priva de esta satisfacción, por lo menos me complazco en manifestar a Vd. estos sentimientos, así como mi confianza no dudosa del triunfo de la justicia que nos asiste.

Acepte Vd., mi apreciable general, los votos que hago porque termine Vd. la presente contienda con honor y felicidad, con cuyos sentimientos se repite de Vd. su afectísimo servidor y compatriota.

José de San Martin

Al enterarse del Combate de Obligado -20 de noviembre de 1845, gloriosa derrota de las Armas de la Patria frente a un adversario muy superior en fuerza, San Martín escribe a Rosas:

“Esta contienda en mi opinión, es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España. Convencido de esta verdad, crea Vd., mi buen amigo, me ha sido tan sensible que el estado precario de mi salud me prive en estas circunstancias de ofrecer a mi Patria mis servicios, pare demostrar a mis compatriotas que ella tiene aún un viejo servidor cuando se trata de resistir a la agresión más injusta de que haya habido ejemplo…” (carta fechada el 10 de mayo de 1846).

Es el Libertador quien ve y estima que la agresión imperialista que enfrenta Rosas, “tiene tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España”. Quiere decir que el juicio de San Martín, el más autorizado de todos los argentinos de antes y después, reconoce en la Defensa del honor de la Patria que sostiene tan gallardamente Rosas, la continuidad de su propia obra histórica.

Se comprende la gratitud del Restaurador de las Leyes ante el reconocimiento sincero, desinteresa-do y valiosísimo del fundador de la soberanía nacional. De ahí las expresiones cálidas, entusiastas y agradecidas al primer servidor de la Patria que leemos en la siguiente carta:

La Encarnación en Palermo de San Benito, mayo 20(mes de América) de 1847.

Sr. General D. José de San Martín.

Mi querido y respetable General:

Tanto más placer he tenido al leer la muy apreciable carta con que Vd. me favorece, datada en Nápoles el 11 de enero último, cuando ella trae a nuestra Patria un recuerdo y un voto digno del heroico defensor de la Independencia.

General: no hay un verdadero argentino, un americano, que al oír el nombre ilustre de Vd., y saber lo que Vd. hace todavía por su Patria y por la causa americana, no sienta redoblar su ardor y su confianza. La influencia moral de los votos patrióticos americanos de Vd., en las presentes circunstancias, como en el anterior bloqueo francés, importa un distinguido servicio a la independencia de nuestra Patria y del continente americano, a la que Vd. consagró con tan glorioso honor, sus florecientes días.

/…/

Acepto con gratitud y alto aprecio sus benévolos votos por el buen éxito y honor de la actual contienda, y deseo a Vd. la mejor salud y felicidad.

Soy respetuosamente de Vd. atento compatriota y amigo.

Juan Manuel de Rosas

Boulogne Sur Mer, 2 de noviembre de 1848.Excmo. Sr. Capitán General D. Juan Manuel de Rosas.

Mi respetable General y Amigo:

A pesar de la distancia que me separa de nuestra Patria, Vd. me hará la justicia de creer que sus triunfos son un gran consuelo a mi achacosa vejez.

Así es que he tenido una verdadera satisfacción al saber el levantamiento del injusto bloqueo con que nos hostilizaban las dos primeras naciones de Europa; esta satisfacción es tanto más completa cuanto el honor del país no ha tenido nada que sufrir, y por el contrario presenta a todos los nuevos Estados Americanos un modelo que seguir y más cuando éste está apoyado en la justicia. No vaya Vd. a creer por lo que dejo expuesto, el que jamás he dudado que nuestra Patria tuviese que avergonzarse de ninguna concesión humillante presidiendo Vd. sus destinos; por el contrario, más bien he creído no tirase Vd. demasiado de la cuerda de las negociaciones seguidas cuando se trataba del honor nacional. Esta opinión demostrará a Vd. mi apreciable general, que al escribirle, lo hago con la franqueza de mi carácter y la que merece el que yo he formado del de Vd. Por tales acontecimientos reciba Vd. y nuestra Patria mis más sinceros enhorabuenas.

/…/

Que goce Vd. la mejor salud, que el acierto presida en todo lo que emprenda, son los votos de este su apasionado amigo y. compatriota.

José de San Martin

Buenos Aires, marzo de 1849.

Excmo. Sr. D. José de San Martín.

Mi querido general y amigo:

Tengo sumo placer en contestar su estimada carta fecha 2 de noviembre último. Aprecio intensamente las benévolas expresiones en cuanto a mi conducta administrativa sobre el país en la intervención anglo-francesa, en los asuntos de esta República. La noble franqueza con que Vd. me emite sus opiniones da un gran realce a la justicia que Vd. hace a mis sentimientos y procederes públicos.

Nada he tenido más a pecho en este grave y delicado asunto de la intervención, que salvar el honor y la dignidad de las Repúblicas del Plata y cuanto más fuertes eran los enemigos que se presentaban a combatirlas, mayor ha sido mi decisión y constancia para preservar ilesos aquellos queridos ídolos de todo americano. Vd. nos ha dejado el ejemplo de lo que vale esa decisión y no he hecho más que imitarlo.

Todos mis esfuerzos siempre serán dirigidos a sellar las diferencias con los poderes interventores de un modo tal, que nuestra honra y la independencia de estos países, como de la América toda, queden enteramente salvos e incólumes.

Agradezco sobremanera las apreciables felicitaciones que me dirige por el levantamiento del bloqueo de estos puertos por la fuerza de los poderes interventores. Este hecho, que ha tenido lugar por la presencia sola de nuestra decidida constancia y por la abnegación con que todos nos hemos consagrado en la defensa del país tan injustamente agredido, será perpetuamente glorioso. Ha tenido lugar sin que por nuestra parte hayamos cedido un palmo de terreno. Acepto complacido, pues, sus felicitaciones, y al retornárselas con encarecimiento, me es satisfactorio persuadirme que Vd., se regocijará de un resultado tan altamente honorífico para la República.

/…/ Deseándole, pues, un pronto y seguro restablecimiento y todas las felicidades posibles, tengo el mayor gusto, suscribiéndome como siempre, su apasionado amigo y compatriota.

Juan Manuel de Rosas

Bien podía decir Rosas que su decisión y constancia, su esfuerzo y abnegación en defensa de la Soberanía Nacional, no hacía más que seguir el ejemplo del Libertador, General San Martín.

/…/

El testamento de San Martín, redactado en 1844, en estado de plena lucidez y dominio de sí, establece de modo incontrovertible, la línea de nuestro destino histórico en la grandeza. En la cláusula más importante, hace el legado de su sable de Libertador de América a Rosas, porque lo reconoce expresamente como el continuador de su obra:

“El sable que me ha acompañado en la Independencia de América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.

Ningún argentino podrá recibir jamás testimonio tan honroso ni más consagratorio que el Dictador Juan M. de Rosas; justamente por su defensa de la soberanía, de la integridad y del honor de la República.

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