Job 29 Biblia Straubinger Capítulo 29 de 42

Job 29

Libros sapienciales · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Job 29

Último discurso de Job

1 Siguió Job explicando y dijo:

2 «¡Ojalá volviera a ser
como en los meses pasados,
como en los días
en que Dios me protegía,

3 cuando su luz brillaba sobre mi cabeza,
y su luz me guiaba en las tinieblas!

4 ¡Cuál era en la madurez de mi vida,
cuando era amigo de Dios
y Este guardaba mi morada!;*

5 cuando el Todopoderoso estaba conmigo,
y me rodeaban mis hijos;

6 cuando lavaba mis pies con leche,
y de la roca me brotaban ríos de aceite.*

7 (En aquel tiempo) cuando yo salía
a la puerta de la ciudad,
y en la plaza establecía mi asiento,

8 los jóvenes al verme se retiraban,
y los ancianos se levantaban,
y se mantenían en pie.

9 Los príncipes contenían la palabra,
y ponían su mano sobre la boca.

10 Se callaba la voz de los magnates
y su lengua se pegaba a su paladar.

11 El que me escuchaba,
me llamaba dichoso,
y el ojo que me veía,
daba señas en favor mío.

12 Yo libraba al pobre que pedía auxilio,
y al huérfano que no tenía sostén.*

13 Sobre mí venía la bendición
del que hubiera perecido,
y yo alegraba el corazón de la viuda.

14 Me revestía de justicia,
y esta me revestía a mí,
mi equidad me servía de manto y tiara.

15 Era yo ojo para el ciego,
y pie para el cojo,*

16 padre de los pobres,
que examinaba con diligencia
aun la causa del desconocido.

17 Quebraba los colmillos del malvado,
y de sus dientes arrancaba la presa.

18 Por lo cual me decía:
“Moriré en mi nido,
y mis días serán tan numerosos como la arena;*

19 mi raíz se extenderá hacia las aguas,
y el rocío pasará la noche en mis hojas.*

20 Será siempre nueva en mí la gloria mía,
y mi arco se renovará en mi mano.”

21 A mí me escuchaban
sin perder la paciencia,
aguardando silenciosamente mi consejo.

22 Después de hablar ya no respondía nadie,
porque (cual rocío) caían sobre ellos mis palabras.

23 Me esperaban como se espera la lluvia,
abrían su boca como a la lluvia tardía.*

24 Si les sonreía estaban admirados,
y se alegraban de esa luz de mi rostro.*

25 Yo decidía su conducta
y me sentaba a la cabecera,
habitaba como un rey entre sus tropas,
cual consolador en medio de los afligidos.»

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