San Teófano Vénard y los misioneros de sus tiempo – Hna. María Gloria de la Creu

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Anexo

Los misioneros de las MEP compañeros de San Teófano en el Tonkín

Conozcamos también el corazón de los demás misioneros por medio de sus experiencias, escritos y dichos recogidos por testigos. 

El vicario de Teófano en Tonkín, Mons. Retord1, era conocido en la misión y hasta en Francia como el ‘obispo de la Cruz’. Durante sus años de labor apostólica pasó frecuentes temporadas escondido donde podía, casi siempre en casas de feligreses, aunque en una ocasión estuvo varios días metido en un hoyo de dos metros cavado en el suelo de un tupido bosquecillo en Tan-do, cuya única entrada de oxígeno era una caña de bambú camuflada entre unos juncos. Fue nombrado Vicario de Tonkín occidental a los treinta y siete años, sucediendo a Mons. Borie, que había sido decapitado en 1838. Entonces eligió su lema episcopal: Fac me cruce inebriari. Tenía su propio refranero y era más que bromista. Con alegría solía decir: ¡Viva la miseria y la cruz! o ¡Viva la alegría a toda costa!, y se empeñaba en mantener un clima festivo entre los compatriotas de la misión. Al arreciar la persecución, decidió reforzar el Vicariato consagrando obispos y presbíteros. «Aquí debemos apresurarnos —decía— a imprimir la unción sobre otras frentes, cuando nuestra cabeza está a punto de caer bajo el hierro de los verdugos»2. Al P. Bonnard, encarcelado y a la espera de la sentencia de muerte, Mons. Retord se quejaba de no compartir su suerte: «¡Qué hermosa carrera la del martirio…! Oh, estoy más que triste, estoy celoso de veros partir para la patria celestial por el camino más seguro y más breve […]. Yo, vuestro obispo, yo, viejo capitán de ventura, que sirvo desde hace veinticinco años en tierras extranjeras, […], ¿no debería haber recibido la palma antes que vos? ¿Cómo osáis precederme de ese modo? Pero os perdono, porque ésta es la voluntad de Dios»3. Monseñor logró recuperar el cuerpo del P. Bonnard y lo hizo venerar a cajón abierto en la iglesia de Vin-Thri, sede de la misión. Mons. Retord murió consumido por la fiebre, oculto en una cabaña en las selvas annamitas de Dong Bau, acompañado del P. Mathevon, mientras huía del mandarín. Era el 22 de octubre de 1858. Mientras entregaba su espíritu, sus labios murmuraban que estaba «ebrio de la cruz»4.

Jean-Louis Bonnard, de quien tanto habla San Teófano, fue arrestado el 21 de marzo de 1848. Lo condujeron a Nam-Dinh, donde recibió la condena de muerte por decapitación, sin sufrir maltratos. Estando encarcelado, pudo comulgar gracias a un sacerdote nativo que le trajo secretamente a Jesús Sacramentado. Así se despedía de sus padres antes del martirio: «Cuando recibáis esta carta, podéis estar seguros de que mi cabeza habrá caído bajo el filo de la espada, porque no os debe ser enviada hasta después de mi martirio. Moriré por la fe de Jesucristo… Espero ascender con él a la patria de los bienaventurados. Así pues, alegraos».

                                         

El P. Bonnard                                                  El P. Schoeffler                                                          

El otro santo de su devoción fue Agustín Schoeffler. Llegó a Tonkín occidental en 1848, escribiendo poco después: «¿El pequeño golpe de sable está reservado a uno de nosotros? ¡Oh, qué gracia! Pero ahora, cada día, en el Santo Sacrificio, ¡ofrezco mi sangre a Jesús por la sangre que derramó por mí! ¡Qué dulce es ofrecer un vasito de sangre a Jesús!» 

Compañero queridísimo de Teófano, muy alabado por él, fue San Auguste Chapdelaine. En 1856, al haber sido advertido de que le buscaban las huestes imperiales, por unas semanas vivió oculto en casa de un cristiano, hasta que el 25 de febrero fue arrestado y encarcelado con otros veinticuatro cristianos. En los días previos al prendimiento, decía: «Aquel que nos da la vida nos exige que cuidemos razonablemente de ese don. Pero si nos llega el peligro, entonces felices aquellos que sean considerados dignos de sufrir por su amor»5. Acusado ante el mandarín y condenado a la pena capital, primero recibió cien latigazos en la boca con una correa de cuero, tortura que provocaba la fractura de la mandíbula y llegaba a arrancar los dientes de los castigados. Luego se le aplicaron trescientos golpes de caña de bambú en la espalda, quedando hecho una llaga. «Le era imposible dar un paso. Pero, por la misericordiosa bondad de Dios, poco después pudo levantarse y caminar, como si gozara de perfecta salud. Los oficiales que presenciaron este nuevo milagro se acercaron para preguntar cómo era posible que en un momento dado fuera incapaz de moverse y al siguiente caminara con facilidad. El padre respondió con una sonrisa: “Es el buen Dios quien me protege y me bendice”»6. Después permaneció encadenado con las rodillas estrechamente dobladas hasta el 28 de febrero. A menudo los verdugos sacaban tajada de sus ajusticiados. El que debía ejecutar a Chapdelaine intentó sin éxito ofrecerle la redención a cambio de una suma de dinero. El Santo le replicó que no tenía dinero, sino solo libros. Como aquél insistiera rebajando la oferta, Chapdelaine concluyó la conversación: «Deje al mandarín hacer conmigo lo que le plazca. Estoy en sus manos»7. El 29 le aplicaron la condena de muerte por asfixia en una jaula de gran tamaño que hacía las veces de horca. Como quedó con vida, fue decapitado al día siguiente.

 

En una carta, San Teófano nos relata la aventura de su amigo, el P. Néron, durante su regreso a su misión tras un encuentro de misioneros. Salió con vida providencialmente y lo tomaron a risa. El P. Néron decía que «No hay que exponerse. Sería un pecado entregarse. Pero si me capturan, estaré en la cima de la felicidad»8. Fue detenido a traición en agosto de 1860 y encarcelado en Son-Tay durante cuatro meses. Hizo voluntariamente un ayuno de veintiún días sin menoscabo de su salud. Al tener que declarar ante el juez, afirmó que había venido a Tonkín para predicar el Evangelio. El 3 de noviembre fue decapitado en los alrededores tras haber perdonado a sus verdugos.

                             
El P. Néron                                                                                               Mons. Berneux

 

Simeon-François Berneux fue también coetáneo de San Teófano en la misión. Como tantos otros, sufrió la persecución y las cárceles. Escribía en una de estas ocasiones: «A pesar de no poder dar más de seis pasos, de no recibir la luz del sol más que por una pequeña abertura a quince centímetros del suelo, y de tenerme que tumbar cuan largo soy sobre mi estera para escribir, soy el más feliz de los hombres». El domingo de Pascua de 1841, el P. Berneux y el P. Galy son arrestados y conducidos a Nam-Dinh. Los soldados y demás paganos están perplejos de la felicidad que muestran los dos reos. Berneux les dice el motivo: «Porque los que seguimos la verdadera Religión, que es la de Jesús, poseemos un secreto que vosotros no conocéis. Ese secreto transforma la pena en gozo. Y venimos a decíroslo porque os amamos»9. Luego son conducidos a la capital, Hué, y allí les obligan en vano a pisotear la cruz. El mandarín ordena su ejecución, solicitando la orden al emperador. Responde el P. Berneux: «¡Qué alegría poder sufrir por nuestro Dios!» Hay tres misioneros franceses en la prisión desde hace casi dos años; uno de ellos es el P. Charrier. Pasados varios meses, el brazo militar de Francia interviene y logra la liberación de los cinco reos. Berneux tiene la consolación de quedarse en tierras de misión: pasará diez años en Manchuria, China, hasta que en 1854 el papa Pío IX le nombre obispo de Corea. «Corea, esa tierra de mártires, ¡cómo negarse a entrar!», exclama el Santo al recibir la noticia. En 1866, Mons. Berneux fue arrestado, crudelísimamente torturado para que delatase el paradero de sus compatriotas y finalmente decapitado a orillas del río Han, en la actual Seúl, capital de Corea del Sur —por eso figura entre los mártires de Corea y no del Vietnam. La noche previa a su detención pudo confesar a varios fieles; en sus últimas cartas afirmaba que «Eran las primicias de mi apostolado en tierras vietnamitas, y fueron también el final. Los designios de Dios son inescrutables, pero siempre dignos de ser adorados».    

El vicario apostólico que precedió a Mons. Retord fue San Pedro R. U. Borie. Llegó a la misión de Tonkín en 1832. Pronto se inició en el arte de vivir como fugitivo. En 1838 fue delatado por un cristiano que había sucumbido al miedo. Fue conducido ante la presencia del mandarín de su provincia y, estando en la cárcel, recibió la noticia de su nombramiento como vicario apostólico. En noviembre se pronunció su sentencia de muerte. Mons. Borie se arrodilló en presencia del mandarín y le dijo: «Desde mi infancia, nunca me he postrado ante nadie; ahora agradezco al gran mandarín el favor que me ha concedido y le muestro mi gratitud con esta postración»10.

*   *   *

 

Huelga una conclusión después de conocer el espíritu de mártir de San Teófano y de sus compañeros. Mejor hagamos llegar al Cielo nuestra oración por intercesión de este buen amigo y de todos los mártires de Jesucristo que han regado la tierra entera con su gloriosa sangre: ¡Dadnos, santos mártires, dos tercios de vuestro espíritu! Amén. 

Hna. María Gloria de la Creu, SSVM

 

NOTAS:

1. Puede leerse otro artículo en Voz Católica con una biografía más detallada sobre Mons. Andrée Retord: Fac me cruce inebriari.

2. Vie de Mgr Pierre-André Retord, évêque d’Acanthe et vicaire apostolique du Tonking occidental, pág. 12

3. https://es.catholic.net/op/articulos/34710/simen-berneux-santo.html#modal

4. TROCHU, Un martire moderno – Il beato Teofano Vénard, pág.293.

5. https://findthesaint.com /saints/saint-auguste-chapdelaine/ 

6.  The New Glories of the Catholic Church, pág. 146

7. https://soul-candy.info/2016/07/feb-28-st-auguste-chapdelaine-mep-1814-1856/

8. 1.200 mots pour parler de Pierre-François Néron. Paroisses des vignes. Cfr.

9. https://es.catholic.net/op/articulos/34710/simen-berneux-santo.html

10. https://irfa.paris/en/missionnaire/0386-dumoulin-borie-pierre/

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