P. José A. Marcone, IVE
José A. Marcone, IVE
Valentía y audacia ante un mundo hostil
(Mt 10, 26-33)
Introducción
El capítulo 10 de San Mateo, al cual pertenecen los versículos presentados en el evangelio de hoy, constituye una unidad literaria en sí misma. En efecto, el bloque literario anterior a este capítulo 10 está constituido por los capítulos 8 y 9, donde se narran diez milagros en forma sucesiva. Y en 11,1 comienza claramente otra sección, ya que en ese versículo se dice que Jesús terminó de dar instrucciones a sus discípulos y se marchó a predicar a otras ciudades.
El tema fundamental de este capítulo 10 de San Mateo es el envío que Jesús hace de sus Doce Apóstoles[1] a dar testimonio de Él y a predicar su Palabra. Con toda claridad lo dice San Mateo: “A estos Doce envió Jesús” (Mt 10,5). Y el mismo Jesús lo dice: “Yo os envío” (Mt 10,16).
El envío que Jesús hace es para predicar o anunciar el evangelio. Lo dice dos veces en este capítulo 10 de San Mateo: “Id y predicad: "El Reino de los Ciel"s está cerca"” (Mt 10,7). “Lo que escuchasteis al oído, predicadlo desde las azoteas” (Mt 10,27). Marcos también lo dice con toda claridad: “Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar” (Mc 3,14).
- Enviados a predicar
El verbo griego que usa aquí el evangelista para expresar la acción de enviar es el verbo apostéllo. En la Biblia griega de los LXX, traducción autorizada de la Biblia hebrea del AT, se usa el verbo apostéllo para traducir el verbo hebreo salah. El verbo salah se usa en el AT para expresar el envío que Yahveh hace de los profetas a predicar. El verbo salah “no indicaba puramente el envío en sí, sino que subrayaba el encargo o investidura del enviado, que adquiría para aquella tarea concreta y determinada la misma autoridad que la persona mandante”[2]. En este caso, la persona mandante era Yahveh. Se usa especialmente “para indicar con este verbo la misión de los profetas de Israel para hablar en nombre de Dios” [3].
Por lo tanto, enviar, en sentido bíblico, significa:
- que se trata de una persona que ha sido llamada
- ha sido vinculada estrechamente al que va a enviar
- ha sido revestida con la autoridad del que envía y, por lo tanto…
- hace las veces del que envía;
- es enviado para una misión muy concreta asignada por el que envía y…
- tiene que volver a dar cuentas de su misión.
Todo esto se aplica a los Apóstoles de una manera más estricta todavía que a los profetas del AT, dado que la misma palabra "apóstol" (en griego,"apóstolos), el nombre con el que el mismo Cristo los llamó (Lc 6,13), es un término que proviene del verbo apostéllo y que, por lo tanto, significa, "enviado".
Y la misión que Jesús les asigna a estos "Apóstoles", a estos "enviados" es la de p"edicar o anunciar el Reino de Dios, es decir, el Evangelio[4], tal como queda de manifiesto en los textos ya citados de Mt 10,7.27; Mc 3,14. Esta predicación los Apóstoles la harán con la misma autoridad de Jesucristo[5].
Pero apóstoles no son solamente los Doce. Todo discípulo del Señor, el simple bautizado, también es enviado al mundo para predicar, anunciar y proclamar el Evangelio con la misma autoridad de Jesucristo. Esto queda claro en Lc 10,1, donde Jesucristo envía a 72 discípulos que se distinguen claramente de los Doce: “Después de esto, designó el Señor a otros 72, y los envió (verbo apostéllo) de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir” (Lc 10,1). Al decir, "otros 72" Lucas tien" la intención de diferenciarlos de los Doce apóstoles. Por lo tanto, los 72 también son apóstoles, no en el sentido jerárquico, pero sí en el sentido de que son enviados (= apóstoles) a predicar el Evangelio. San Pablo, al menos una vez, llama a simples bautizados, apóstoles. Y entre ellos se encuentra una mujer. Dice San Pablo: “Saludad a Andrónico y Junia, mis parientes y compañeros de prisión, ilustres entre los apóstoles” (Rm 16,7). Y en el momento culmen de su partida al cielo, Jesucristo deja un mandato que, con toda evidencia, es para todo discípulo: “Y les dijo: Id por todo el mundo y proclamad (verbo kerýsso) la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16,15).
En el Ritual del Bautismo hay un rito conocido como el "Éfeta" que represent" el envío que todo bautizado recibe para predicar el evangelio. En este rito, que es la repetición de un gesto del mismo Jesús (cf. Mc 7,33-34), el celebrante toca al bautizado la boca y los oídos, y le dice: “El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te permita, muy pronto, escuchar su Palabra y profesar la fe para gloria y alabanza de Dios Padre”. De esta manera, hay en el Bautismo un envío claro a confesar la fe y a dar testimonio de Cristo con la predicación.
Por lo tanto, cada uno de nosotros, cada bautizado ha sido enviado por Jesús al mundo a predicar el Evangelio con la misma autoridad de Jesucristo. Cada uno de nosotros es apóstol en sentido estricto. Por esta razón, todo lo dicho por Jesús en este capítulo 10 de San Mateo se aplica a la letra a cada uno de nosotros.
- No tener miedo ante la hostilidad del mundo
Pero Jesucristo nos anuncia con muchísima claridad que el anuncio del Evangelio encontrará una gran hostilidad por parte del mundo.
Las primeras palabras del evangelio de hoy en el Leccionario de uso en Argentina dicen así: “No teman a los hombres”. La Iglesia ordena así estas palabras para poder hacer que el resto del texto evangélico sea entendible. Pero no se refiere a los hombres en general, sino a unos hombres concretos. En realidad, el texto original dice así: “Pero no tengáis miedo a aquellos”[6]. ¿Quiénes son "aquellos"? Son "os hombres que en los versículos anteriores se mencionan como enemigos y perseguidores del apóstol cristiano. Y el "pero" hace menc"ón al tipo de enemistad y persecución que recibirá el apóstol cristiano. El "pero" significa: " A pesar de "a hostilidad de aquellos hombres, no les tengáis miedo".
¿Quiénes son, concretamente, los enemigos a los que no hay que tener miedo? Esos hombres están retratados sobre todo en los versículos 14-25, los más próximos al texto del evangelio que hemos leído hoy. Son aquellos que no van a recibir la Palabra de Cristo. Son aquellos que se comportarán con el apóstol como un lobo se comporta con un cordero. Son aquellos que considerarán al apóstol, por el solo hecho de predicar el Evangelio, como un delincuente digno de ser procesado y condenado. Incluso dentro de la misma familia habrá quienes considerarán al apóstol como un malhechor y no tendrán compasión de él, aun cuando fueran hermanos o padres del apóstol. Son éstos los hombres de los que Jesús habla y a los cuales no hay que tener miedo.
Jesús advierte con absoluta franqueza el destino que le espera al apóstol si quiere realmente predicar el Evangelio. El verdadero apóstol, que no esconde la doctrina de Jesucristo, será odiado por todos. Y correrá la misma suerte que su Maestro y Señor, Jesucristo, a quien acusaron de estar endemoniado (Mt 12,24). “A estos hombres, dice Jesús, no les tengáis miedo”.
El "¡No tengáis miedo!" "e Jesucristo se presenta como un ritornello o un estribillo en la exhortación que hace a los enviados a predicar, es decir, a los apóstoles, en este capítulo 10 de San Mateo. Y las tres veces comparecen en el evangelio del domingo de hoy (Mt 10,26.28.31). Por esta razón podemos afirmar que el mensaje central del evangelio que la Iglesia nos presenta hoy es la exhortación a no tener miedo de aquellos hombres que se oponen y persiguen a los apóstoles enviados a predicar el Reino de Dios. El hecho de que se repita tres veces esta exhortación indica insistencia por parte del Espíritu Santo, que es el autor principal del texto bíblico.
- Parresía
Jesucristo no se contenta con exhortar a evitar el miedo, sino que les pide a los apóstoles algo más: audacia para predicar el evangelio. Por eso les dice: “Hablen a la luz del día y prediquen desde las azoteas” (Mt 10,27).
San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, dice que al diablo no sólo hay que resistirle sino incluso derrocarlo, es decir, voltearlo de la roca en la que se hace fuerte[7]. No sólo hay que tener la actitud firme del que se defiende y resiste, sino que se debe pasar al ataque para hacer huir al enemigo y, si es posible, aniquilarlo[8]. Aquí es más cierto que nunca aquel axioma que se usa en los deportes: no hay mejor defensa que un buen ataque. El "predicar desde las a"oteas" del que habla Cristo suena parecido al "quitar de la roca" d"l que habla San Ignacio. Para "predicar desde las a"oteas" primero hay que derrocar al enemigo que está en la azotea. El ganar las alturas es siempre un objetivo primario en el combate. Desde allí se domina al enemigo. Jesucristo exhorta no sólo a no tener miedo sino a pasar al ataque y conquistar la altura de las colinas para, desde allí, prevalecer sobre el enemigo.
San Ignacio tiene otra semejanza que expresa la misma idea. En la regla nº 12 de las Reglas de Discernimiento para la segunda semana dice que para poder vencer al diablo hay que hacer "lo diametralmente op"esto" a lo que el diablo sugiere con su tentación[9]. No basta con decirle que no a lo que sugiere, sino que, además, hay que hacer todo lo contrario de lo que insinúa. Si no se hace esto no sólo que se cede a la tentación, sino que el diablo se envalentona tanto que “no hay bestia tan fiera sobre la faz de la tierra como el enemigo de natura humana, en prosecución de su dañada intención con tan crecida malicia”, como dice San Ignacio textualmente en el lugar recién citado[10]. Algo así pasa con el predicador: no sólo no debe tener miedo, no sólo debe resistir el ataque de "aquellos hombres" perseguidores, sino que debe ganar las alturas (= las azoteas) y predicar a la vista de todos con una voz tan alta que a los enemigos no les quede otro remedio que retirarse derrotados. Si no se hace esto, no sólo estaremos callando el Evangelio, sino que estaremos "agrandando" al enemi"o y excitándolo para que nos persiga con mayor encarnizamiento.
Creo que debemos preguntarnos si los feroces ataques que está sufriendo la Iglesia Católica hoy, año 2017, sobre todo desde "las azoteas" de los mass media, no se deben a una actitud timorata de nosotros, apóstoles de hoy, actitud que consiste en estar siempre a la defensiva, que no pasa al ataque, que no busca derrocar al enemigo, que no hace el oppósitum per diámetrum.
Sin duda que Jacques Maritain ha hecho mucho mal en este sentido exponiendo una doctrina según la cual el mundo actual es "vitalmente cristiano" y camina, de modo necesario, según él, al progreso indefinido. Esto lo hace sobre todo en sus libros “Humanismo Integral” y “Cristianismo y democracia”. Si ni siquiera somos capaces de identificar al enemigo y lo confundimos con tropas amigas, mal podremos hacerle el agere contra o el oppósitum per diámetrum. Mucho de esta actitud indolente ante los ataques del mundo procede de esta actitud maritainiana de conformismo con el mundo.
Los Apóstoles comprendieron bien esta enseñanza de Jesús de subirse a las azoteas a plena luz del día y gritar con fuerza la consoladora verdad del Evangelio. La comprendieron y la pusieron en práctica de una manera egregia. El original griego del NT tiene una palabra específica para expresar esta valentía en el proclamar el Evangelio. Esa palabra es parresía. Los Apóstoles la pidieron insistentemente al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo se las dio: “Y ahora, Señor, ten en cuenta las amenazas de estos hombres y concede a tus siervos que puedan predicar tu Palabra con toda valentía (parresía)[12]. Acabada su oración, retembló el lugar donde estaban reunidos, y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y predicaban la Palabra de Dios con valentía (parresía)” (Hech 4,29.31)[13].
Los Apóstoles hicieron esto siguiendo el ejemplo del Maestro. En efecto, después de haber sido entregado, cuando el Sumo Sacerdote le pregunta acerca de su doctrina, Jesús responde: “Yo hablé al mundo con parresía” (Jn 18,20), es decir, valientemente, con toda claridad, a plena luz del día y públicamente.
La palabra parresía proviene de otras dos palabras griegas: pan, "todo", y rema, "decir", "hablar". El"sentido "iteral de este término, brotado inmediatamente de su etimología es "hablar o decir todo""y quiere indicar, en primer lugar, el "decir todo" en el se"tido de "no guardarse nada". "or eso, el significado primero de este sustantivo es "libertad plena en el"hablar". Hablar con parresía significa entonces, "hablar con total lib"rtad interior, sin esconder ni callar nada de lo que se considera que hay que decir". La palabra parresía implica desde su concepción etimológica el compromiso con la verdad. Por eso podemos decir que parresía en su sentido pleno es la "libertad de espíritu"para decir la verdad".
Dado que tener libertad de espíritu para decir la verdad requiere "valentía" y "franque"a", parr"sía también puede indicar estas dos virtudes. Incluso en algunos casos es usada como "audacia". Hablar con"franqueza también requiere "confianza" y "seguri"ad" y por eso"en algunos casos también es usada con esos sentidos. La parresía así entendida traerá ciertamente peligros. Muchas veces se entiende, entonces, la parresía como la actitud del espíritu que pone a alguien en peligro de muerte, como es el caso de los Apóstoles en los textos de los Hechos de los Apóstoles recién citados (Hech 4,21-31).
Todos estos sentidos de la palabra parresía se aplican a Cristo en Jn 18,20 (y otros pasos) y a los Apóstoles en Hech 4,29.31. Libertad de espíritu para decir la verdad, franqueza, valentía, confianza en el hablar, seguridad en el modo de decir las cosas y ausencia de miedo ante el peligro de muerte que se cierne sobre ellos al decir la verdad: todo esto brilla en Cristo y los Apóstoles cuando deben predicar el Evangelio.
Y el agere contra y el oppósitum per diámetrum les dio resultado a los Apóstoles, porque dejaron boquiabiertos a los enemigos. En efecto, luego de haber sido aprehendidos y puestos en la cárcel, cuando los llaman a comparecer ante el Sanedrín en medio de amenazas, Pedro toma la palabra y les dice frontalmente que fueron ellos los que crucificaron a Jesucristo. Y entonces dice el narrador, San Lucas: “Viendo los miembros del Sanedrín la valentía (parresía) de Pedro y Juan, y sabiendo que eran hombres sin instrucción ni cultura, estaban maravillados” (Hech 4,13). Fue la parresía y no la erudición lo que paralizó a los enemigos[14].
Conclusión
“No tengáis miedo, no tengáis miedo, no tengáis miedo”; tres veces nos dice Jesucristo estas palabras en el evangelio de hoy[15], en el corto lapso de 6 versículos. A los mismos Apóstoles, Jesucristo los va a reprender con franqueza por haber tenido miedo ante la tormenta que azotó la barca en medio del Mar de Galilea, y les dirá frontalmente: “¿Por qué sois cobardes?” (Mc 4,40).
El siglo XX, muy cercano todavía a nosotros, a causa de la persecución comunista al cristianismo, fue el siglo de la mayor persecución religiosa de la historia de la Iglesia, después de las persecuciones de los primeros tiempos. Y el siglo XXI en el cual vivimos no se diferencia mucho del siglo anterior.
Incluso, hay quienes piensan que la situación actual es peor que la de los cristianos de las persecuciones romanas y las persecuciones comunistas, como es el caso del ex - Arzobispo de Toledo y primado de España, Mons. Antonio Cañizares Llovera. Mons. Cañizares denunció las amenazas que sufre la Iglesia por parte de los poderes y medios de comunicación social, que “están incluso dispuestos a despedazar a la Iglesia”[16]. Mons. Cañizares explicó que “la Iglesia en su peregrinar a lo largo del siglo XX y comienzos del XXI padeció muchas persecuciones y tuvo que lidiar dura batalla contra el poder de las tinieblas, pero nunca tal vez en la historia se vio acosada como en este período”. Pero, según el ex – Primado de España, lo que está pasando ahora la Iglesia en España es incluso más grave que lo que pasó la Iglesia durante la guerra civil e incluso las otras tribulaciones que ha tenido que pasar la Iglesia a lo largo de la historia.
Y el P. Buela concluye: “Las cosas no están nada bien y, tal vez, podría estar gestándose una persecución cruenta aquí en Europa. (…) Estamos realmente en una situación más difícil de lo que la inmensa mayoría piensa. Hay que prepararse para los momentos difíciles que nos puedan tocar, para ser fieles como los santos mártires, que fueron fieles a Cristo hasta el derramamiento de la sangre”[17].
Uno de los primeros en hablar de "cristofobia" en Euro"a fue un estudioso norteamericano de religión judía, al ver el encarnizamiento con que los jefes de Estado europeos se oponían a la mención del cristianismo en la constitución europea[18].
Mons. Aguer denuncia con valentía (= parresía) la presencia de esta "cristofobia" en el m"ndo actual: “Últimamente se ha desatado en todo el mundo una ola prepotente, impúdica, de desprecio y odio a Jesucristo. No sólo a la Iglesia o a los cristianos, sino al mismo Cristo”. Y todo esto sostenido por “la flojedad, la desidia, la inacción de los cristianos, que sufren sin chistar que se insulte a su Señor y que se manoseen las realidades más santas de la religión” [19].
Un gran luchador de los valores cristianos, Alexander Solzhenytsin, que sobrevivió a la gran persecución comunista en Rusia, habla de "el declive de la val"ntía en Occidente". Dice él: “La merma de coraje puede ser la característica más sobresaliente que un observador imparcial nota en Occidente en nuestros días. El mundo Occidental ha perdido en su vida civil el coraje, tanto global como individualmente. (…) Tal descenso de la valentía se nota particularmente en las élites gobernantes e intelectuales y causa una impresión de cobardía en toda la sociedad. (…) ¿Habrá que señalar que, desde la más remota antigüedad, la pérdida de coraje ha sido considerada siempre como el principio del fin?”[20].
La respuesta a esta realidad tiene una sola palabra: parresía. Los macabeos habían recibido también el don de la parresía y eso los llevó a pasar al ataque con un denuedo nunca visto. Dice el Espíritu Santo en el texto bíblico: “Todos a una bendijeron a Dios misericordioso; y sus almas se llenaron de valentía (parresía), de tal forma que se sentían capaces de acometer no sólo a hombres, sino a fieras y aun a penetrar los muros de hierro” (2Mac 11,9). Esta misma parresía es necesaria para el día de hoy.
Pidámosle a la Virgen María la gracia de tener la misma parresía que tenían los macabeos.
[1] "Doce Apóstoles" escr"to con mayúsculas porque son el núcleo de la constitución jerárquica de la Iglesia.
[2] Leonardi, G., Voz Apóstol / Discípulo, en Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Ediciones Paulinas, Madrid, 1990, p. 144 – 145.
[3] Leonardi, G., Voz Apóstol / Discípulo…, p. 145.
[4] El verbo que San Mateo y los otros evangelistas usan para decir "predicar" o "anuncia"" es el verb" griego kerýsso. Éste verbo significa "predicar", "anunciar", "proclama"". El dicci"nario de Swanson lo define con más exactitud: “1. Anunciar, en calidad de oficial (Apoc 5,2); 2. Decir, anunciar públicamente (Mc 5,20); 3. Prédica, prédica destinada a persuadir, instar, advertir sobre la necesidad del acatamiento de algo (Rm 10,14)”, en Multiléxico, nº 2784. De este verbo kerýsso proviene la palabra kérygma que expresa el mensaje o el contenido de la predicación. En el lenguaje técnico de la teología kérygma ha pasado a significar el núcleo fundamental del mensaje evangélico: encarnación – pasión y muerte – resurrección y ascensión a la derecha del Padre.
[5] Este envío a predicar que hace Jesucristo de los Apóstoles no es otra cosa sino un eco del envío que el Padre ha hecho del mismo Jesucristo. Jesucristo es el enviado del Padre ya en el seno de la Trinidad, ya que Él es la Palabra que procede del Padre. Pero, además, por la Encarnación, Jesús ha sido enviado al mundo por el Padre: “El Padre ha enviado al mundo a su Hijo” (Jn 3,17). Y, además, lo envió a decir una palabra, a predicar, a anunciar la Buena Nueva de la Encarnación: “Yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar” (Jn 12,48-49). Y Jesús cumplió perfectamente ese envío: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar (verbo kerýsso), diciendo: "Convertíos, porque e" Reino de los Cielos ha llegado"” (Mt 4,17). “Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando (verbo kerýsso) la Buena Nueva del Reino” (Mt 9,35). El envío que Jesús hace a los Doce es un calco del envío que el Padre hace de Jesucristo: “Como tú, Padre, me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo” (Jn 17,18).
[6] En el original griego: mè oûn phobethête autoús.
[7] San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, nº 13.
[8] Un principio básico de toda doctrina de la guerra, sea antigua o moderna, es que su finalidad es la aniquilación del enemigo.
[9] Oppósito per diametrum, dice San Ignacio (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, nº 325).
[10] San Ignacio tiene una tercera expresión para significar la misma idea. Esta expresión, que él usa en latín, es agere contra, es decir, "obrar contra", y la "sa en el nº 13 de sus Ejercicios Espirituales. La aplica a los afectos desordenados del alma y por eso dice que “muy conveniente es moverse, poniendo todas sus fuerzas, para venir al contrario de lo que está mal afectada” (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, nº 16). Y en el nº 350 la usa para aplicarla al diablo: “La ánima que desea aprovecharse en la vida espiritual, siempre debe proceder contrario modo que el enemigo procede”.
[12] El texto griego dice: metà parresías páses laleîn tòn lógon sou, que literalmente significa: "con toda valentía de"ir tu Palabra".
[13] Respecto a este paso de los Hechos, dice Benedicto XVI: “¿Qué pide a Dios la comunidad cristiana en este momento de prueba? No pide la incolumidad de la vida frente a la persecución, ni que el Señor castigue a quienes encarcelaron a Pedro y a Juan; pide sólo que se le conceda «predicar con valentía» la Palabra de Dios (cf. Hch 4, 29), es decir, pide no perder la valentía de la fe, la valentía de anunciar la fe” (Benedicto XVI, Catequesis en la Audiencia General, Plaza San Pedro, 18 de abril de 2012).
[14] Respecto a la parresía dice Monseñor Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata (Argentina): “Parresía es un concepto capital del Nuevo Testamento para comprender la misión de la Iglesia y del cristiano. Como que procede de pan-resía, connota la libertad total para hablar, no tanto en sentido objetivo, porque lo permiten las condiciones externas o la autorización de la ley, sino más bien en sentido subjetivo, es decir, una libertad que procede de la constancia de ánimo y de la firme persuasión de la verdad.
“La parresía ante los hombres es la actitud apostólica por excelencia en el desarrollo de la misión de predicar y de implantar la Iglesia. Es la libertad espontánea de hablar por la que no se teme decir algo claramente (lo opuesto a callar por timidez o a hablar crípticamente) y no se vacila en amonestar, si es preciso, con toda franqueza (ver Hch 4,13; 2,29; 4,31; 28,31; 2Cor 7,4; 3,12; Flm 8)” (Aguer, H., Parresía de la fe, audacia de la razón. Las trece encíclicas de Juan Pablo II, en Revista Espiritualidad y Vida).
[15] Las tres veces con exactamente la misma expresión griega: mè phobethête (Mt 10,26.28.31).
[16] Cañizares Llovera, A., en AICA (Agencia Informativa Católica Argentina, dependiente de la Conferencia Episcopal Argentina), n. 2496, 20 de Octubre 2004, edición impresa, p. 117, citado en Buela, C., Algunas señales de la apostasía de Europa, 21 de enero de 2015.
[17] Buela, C., Algunas señales de la apostasía de Europa, 21 de enero de 2015.
[18] Cf. Buela, C., Cristofobia europea, 25 de enero de 2015.
[19] Aguer, H., en AICA (Agencia Informativa Católica Argentina, dependiente de la Conferencia Episcopal Argentina) n. 2574, 19 de Abril 2006, p. 85, citado en Buela, C., Cristofobia europea, 25 de enero de 2015. Y nosotros nos preguntamos: ¿es éste el mundo "vitalmente cristiano" del que habla Maritain?
[20] Solzhenitsyn, A., Un mundo dividido en pedazos, Discurso de graduación en Harvard, 8 de junio, 1978.