P. José A. Marcone, I.V.E.
P. José A. Marcone, IVE
La expulsión de un demonio
(Mt 15,21-28)
Introducción
El evangelio de hoy tiene una particularidad de gran importancia: es la única narración de un milagro de Jesús que se lee en todo el presente año litúrgico, que es el correspondiente al Ciclo A de lecturas. Si revisamos uno por uno todos los evangelios del presente año litúrgico nos daremos cuenta que no se lee ninguna otra narración de milagro. De aquí se sigue que algo habrá que decir acerca de los milagros de Jesús en general, lo cual nosotros haremos muy brevemente.
Pero además este único milagro narrado en el presente Ciclo A se trata de la expulsión de un demonio. En efecto, la hija de la mujer cananea estaba poseída por el demonio o, si queremos hablar en lenguaje técnico teológico, era una obsesa1. El Leccionario en uso en Argentina traduce: “Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio” (Mt 15,22). Sin embargo, el texto griego dice simplemente: kakôs daimonídsetai. El verbo daimonídsomai significa ‘estar endemoniado’, ‘estar poseído por el demonio’2. La Biblia de Jerusalén traduce de manera perfecta: “Mi hija está malamente endemoniada” (Mt 15,22).
Por lo tanto, lo central del evangelio de hoy y sobre lo cual debemos predicar es el milagro de Jesús, y este milagro consiste en expulsar, a la distancia y sin decir una sola palabra, un demonio de una mujer posesa u obsesa, es decir, la hija de la mujer cananea.
Sin embargo, la primera lectura, tomada del AT (Is 56,1.6-7), nos indica que la Iglesia pone el acento en el hecho de que el mensaje de Jesús es predicado no sólo al pueblo de Israel sino también a los pueblos paganos, quienes también están llamados a formar parte del Reino de Dios. En efecto, en el evangelio se resalta que la mujer era cananea, es decir, no-judía, y el milagro fue hecho en la zona de Tiro y Sidón, es decir, en tierras paganas. Y el texto de Isaías de la primera lectura dice: “A los hijos de una tierra extranjera (…) yo los conduciré hasta mi santa Montaña y los colmaré de alegría en mi Casa de oración; porque mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos”.
Ahora bien, el hecho de que se subraye la entrada de todos los pueblos en la Iglesia Católica no le quita el primer plano al milagro de expulsión de un demonio. En efecto, dice Santo Tomás: “En esta segunda parte del capítulo 15 de San Mateo se muestra que la doctrina de Cristo no se reduce a un solo pueblo, sino que también se pone a disposición para la salvación de los paganos. Y así se muestran tres efectos de la sagrada doctrina en los paganos. Primero, la liberación de la potestad del Demonio (mujer cananea, Mt 15,21-28). Segundo, la liberación de las enfermedades de los pecadores (cura enfermos, Mt 15,29-31). Tercero, la restauración espiritual (multiplicación de los panes, Mt 15,31-39)”3.
De esta manera se conjugan perfectamente los dos temas fundamentales del evangelio de hoy: la liberación del demonio de los pueblos paganos y su entrada a la Iglesia Católica. Se verifica en esta segunda parte del capítulo 15 de San Mateo el axioma clave con que se expresa la acción redentora de Cristo: exorcizó lo diabólico (Mt 15,21-28), curó la naturaleza (Mt 29-31) y elevó lo natural al nivel de lo sobrenatural (Mt 15,31-39).
1. Los milagros de Jesús en general
Digámoslo desde el primer momento y de una manera muy clara: la finalidad principal de los milagros de Jesús no es la de hacer una obra de misericordia corporal. La finalidad principal de los milagros de Jesús es mostrar su identidad, es decir, hacer ver que Él es Dios.
Hay un milagro que, en este sentido, es paradigmático: la curación del paralítico (cf. Mc 2,1-12; Lc 5,17-26; Mt 9,1-8). Lo primer que dice Jesús ante el paralítico que descolgaron por un agujero del techo fue: “Tus pecados te son perdonados” (Mc 2,5). Los presentes, sobre todo los fariseos, se escandalizaban de que un mero hombre hablara así, pues, correctamente, pensaban que sólo Dios puede perdonar los pecados. Jesús también piensa lo mismo: sólo Dios puede perdonar los pecados. Entonces Jesús dice: “Para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico -: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’. Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos” (2,10-12).
Cualquiera que lee con un mínimum de honestidad intelectual este trozo del evangelio, entiende lo que quiso decir Jesús: “Para que sepan que Yo soy Dios y que tengo poder de perdonar los pecados, queda curado”. La finalidad principal del milagro era mostrar su divinidad. La finalidad secundaria era hacerle una obra de misericordia corporal al pobre paralítico.
Lo mismo sucedió en las Bodas de Caná (Jn 2,1-11). Jesús hace el milagro de la conversión del agua en vino por intercesión de su madre. Y San Juan concluye todo el relato diciendo: “Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus signos (= milagros). Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos”. La gloria que Jesús manifestó es su divinidad. Para San Juan, la ‘gloria’ de Jesús es su divinidad, lo cual queda de manifiesto en Jn 1,14, cuando el evangelista dice: “Nosotros hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único”. La gloria que Jesús recibe del Padre en cuanto Hijo único no puede ser otra que la misma naturaleza divina que posee como segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo.
Es notable que San Juan llama ‘signos’ (semeîon) a los milagros de Jesús, y esto es así porque están ordenados a mostrar la divinidad de Jesús. El signo no tiene una finalidad en sí mismo, sino que está ordenado a ‘signi-ficar’ otra cosa. Los milagros, en San Juan, signi-fican la divinidad de Jesús. El primer significado del signo en el evangelio de San Juan, es decir, del milagro es mostrar la gloria de la persona de Jesús4. La finalidad principal del milagro es mostrar quién es Jesús, es decir que está en relación con la persona divina de Jesús.
Los sinópticos llaman siempre dýnamis a los milagros de Jesús. Dýnamis significa ‘fuerza’, ‘poder’. Para los sinópticos los milagros de Jesús son obras de ‘poder’ y ‘autoridad’. A través de sus milagros Jesús muestra que realmente ha sido enviado por el Padre y que su misión es verdadera y auténtica5.
Ciertamente que también está presente en Jesús la compasión propia de la caridad que quiere una vida plena para el hombre incluso durante esta edad temporal de su vida en la tierra. Jesús llora y se conmueve ante la muerte de su amigo Lázaro, y después lo resucita (Jn 11).
2. Expulsión del demonio de la hija de la mujer cananea
Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cf. Gn 3,1-5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (cf. Sb 2,24). La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (cf. Jn 8,44; Ap 12,9). La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. (…). La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama ‘homicida desde el principio’ (Jn 8,44) y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre (cf. Mt 4,1-11)” (CEC, nº 391. 394).
Muchas veces se ha querido ocultar la presencia inquietante de este ser personal que se opone por odio a la obra y a la persona de Jesús. Por eso, muchas veces se lo ha querido presentar como una simple representación teatral del mal abstracto del mundo. Es un dogma de nuestra fe que el diablo es un ser personal y que actúa como persona.
La característica principal de satanás y de los demonios caídos como él, es que sigue teniendo un cierto poder debido a su naturaleza angélica, pero que Él ahora ejerce con absoluta independencia de Dios6. Lo esencial de satanás es que tiene ahora un ser totalmente autónomo de Dios. Y no solamente lo ejerce como poder autónomo de Dios sino que lo ejerce contra Dios. Este ‘ser contra Dios’ es ahora parte integrante de su esencia. Este ‘ser contra Dios’ es lo que explica todo su afán por acusar, corromper, tentar y deformar. En definitiva, es lo que explica que satanás sea la misma destrucción del ser.
No obstante todo esto, satanás y sus poderes, han sido derrotados por Cristo y situados al margen hasta que llegue la definitiva aniquilación de su poder. Esta realidad es mencionada con frecuencia y triunfalmente por los evangelios y pertenece al anuncio apostólico esencial del Nuevo Testamento.
Jesús establece a lo largo de toda su vida pública una larga, incansable e ininterrumpida lucha contra la esencia del espíritu del mal. Y el espíritu del mal se muestra igualmente activo y combativo contra Jesús. Sería larguísimo enumerar aquí las incontables ocasiones en que Jesús se enfrenta con el demonio o las veces en que el mismo NT presenta toda la actividad de Jesús resumida en su lucha con el tentador7. Jesucristo numerosas veces expulsa demonios de hombres endemoniados. Y Él mismo resume toda su actividad de esta manera: “Mira, yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado” (Lc 13,32). Y los Hechos de los Apóstoles resumen así toda la actividad de Jesús: “Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, y (…) Él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hech 10,38). Y esto es, precisamente, lo que narra el evangelio de hoy.
Jesús no obra siempre de la misma manera al hacer un milagro. A veces hace el milagro para suscitar la fe en su identidad de Hijo de Dios, como en el caso del paralítico recién mencionado, o el caso del ciego de nacimiento (Jn 9,35-38). Pero en el milagro de hoy Jesucristo exige primero la fe de la mujer cananea. El milagro de la expulsión del demonio de su hija confirma lo que ella proclamó primero.
Dice Santo Tomás que Jesucristo, luego de las primeras frases de la cananea, ya se dio cuenta de la gran piedad que ella tenía. Pero esa piedad todavía guardaba las formas de una piedad natural. Y por eso, antes de concederle el milagro de la expulsión del demonio que atenaza a su hija, le exige una profesión de fe completa8. Y esta exigencia de Jesús de una profesión de fe por parte de la cananea se ve en tres cosas: primero, en su silencio ante el primer pedido (Mt 15,23); segundo, en la primera respuesta negativa de Jesús: “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de Israel” (Mt 15,24); tercero, en la segunda respuesta negativa de Jesús: “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos” (Mt 15,26).
La profesión de fe en la divinidad de Jesús está, en primer lugar, en la postración que ella hace, que es un acto de adoración verdadero y propio. El Leccionario traduce: “La mujer fue a postrarse ante Él” (Mt 15,25). Sin embargo, San Jerónimo traduce: “Illa venit et adoravit eum”, es decir, “Ella vino y lo adoró”. El verbo proskynéo usado en el original griego significa, como primer significado y significado-base, ‘adorar’9.
Y Santo Tomás comenta: “Es una profesión de fe, porque reconoció que Jesús es Dios, y esto es así porque lo adoró. A pesar de haber sido rechazada por los Apóstoles, ella se postró y lo adoró. Y con este acto lo reconoció como Dios, según dice Deut 8,19: ‘Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo rendirás culto’. Y además dice: ‘¡Ayúdame!’ No dice: ‘Ruega por mí’, sino ‘ayúdame, porque tú puedes’”10.
Jesús expresará que hay un vínculo estrecho entre la fe en su divinidad y el milagro de la expulsión del demonio. Por eso Jesús le dice: “¡Grande es tu fe!”. La fe de la cananea es grande, en primer lugar, porque creyó cosas grandes11, es decir, creyó en la divinidad de Cristo. Entonces viene el desenlace de la acción y la realización del milagro: “Que te suceda como deseas. Y desde aquel momento quedó curada su hija” (Mt 15,28), es decir, quedó libre del poder del diablo que la poseía12.
3. El papel de la cananea en la expulsión del demonio
Jesucristo hizo el milagro de la expulsión del demonio impelido por la fe, la humildad y el ruego de la cananea13. En efecto, son muchas las virtudes que Santo Tomás descubre en la mujer cananea y que empujaron a Jesús a hacer el milagro.
En primer lugar, la devoción, es decir, el afecto y la diligencia para ocuparse de las cosas de Dios, lo cual Santo Tomás descubre porque clamaba gritando al Señor (Mt 15,22). “Y el clamor es signo de gran afecto”14.
En segundo lugar, la misericordia, “porque reputaba como propia la miseria ajena, y por eso dice ‘ten misericordia de mí’, y esto quiere decir que tenía una gran misericordia”15.
En tercer lugar, la esperanza firme y audaz en la misericordia de Dios, que fue la causa de su petición a Cristo. Esta esperanza iba acompañada de una confianza estrecha e íntima en Dios16.
En cuarto lugar, la humildad. Esta humildad se evidencia cuando Jesús, con toda intención, la prueba en esta virtud, “mostrando la excelencia de los judíos sobre los paganos, poniendo en evidencia que la raza de la mujer ha sido reprobada”17. Además, cuando compara la raza de la mujer con los perros, “porque, así como el perro es un animal inmundo, también los paganos”18. La respuesta de la mujer está llena de humildad: “Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores” (Mt 15,27). “El Señor llama ‘hijos’ a los judíos, pero ella los llama ‘señores’”19. “Aquí se puede ver una sorprendente humildad y sabiduría de la mujer. Ella vio el ultraje inferido a su raza, pero, como es propio de la humildad, admite dicho ultraje”20.
En quinto lugar, pero como la corona más preciosa, la fe. “Después que ella se humilla, Jesús le dice: ‘Grande es tu fe’. Grande, porque creyó cosas grandes. Grande, por su seguridad, como dice el Apóstol Santiago: ‘El que pide que pida con fe, sin vacilar en nada’. Grande, por su ímpetu y su ardor, como se dice en Mt 17,20: ‘Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a ese monte: desplázate de aquí a allá, y se desplazaría’”21.
Conclusión
Suele suceder con cierta frecuencia ver cristianos católicos turbados y hasta angustiados por el espectáculo del mundo actual, donde se ve la acción palpable del diablo. La mujer cananea (mujer pagana, vergüenza debiera darnos) se yergue como un gran ejemplo. ¿Cómo permite Cristo que el cristiano venza al poder de los demonios, que son una fuerza que busca desplazar el poder de Dios y marginar el espíritu que proviene de Dios? La respuesta es la siguiente: en la medida en que el cristiano recibe y acepta la Palabra de Dios, practica la oración y la obediencia radical a Dios, en esa misma medida vence al demonio. Al cristiano que así actúa, Cristo lo hace omnipotente ante el poder del demonio.
Dice Santo Tomás: “San Juan Crisóstomo dice que cuanto más elevada está un alma, tanto más es terrible para los demonios. Pues el mismo Cristo es terrible para los demonios. Por lo tanto, los que están unidos a Cristo, son terribles para ellos”22. Debemos tomar cada vez mayor conciencia que nosotros podemos ser terribles para los demonios y los demonios pueden vernos a nosotros como terribles para ellos. Entonces, se da vuelta la tortilla: ya no somos nosotros los que tememos al demonio sino ellos los que nos temen a nosotros.
1 El término técnico en latín para aquel que ha sido poseído por el demonio es obsessus. Esto se entiende si vemos la etimología de la palabra obsessus. Obsessus es un participio del verbo obsideo; y el verbo obsideo proviene de la preposición ob, que significa ‘a causa de’ o ‘ante’, y del verbo sedeo, que significa ‘sentarse’. Por lo tanto, obsideo significa, literalmente, ‘aposentarse’, ‘tomar posesión’, ‘poseer’. Esto lo confirma la palabra autorizada del Card. Medina Estevez: “La sagrada Escritura nos enseña que los espíritus malignos, enemigos de Dios y del hombre, realizan su acción de modos diversos; entre éstos se señala la obsesión diabólica, llamada también posesión diabólica” (Medina Estévez, J., El Nuevo Rito de los Exorcismos, Presentación oficial del Cardenal Jorge Medina Estévez, prefecto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos en la sala de Prensa de la Santa Sede, Martes 26 de enero de 1999).
2 Cf. Tuggy, Strong, Vine y Swanson, en Multiléxico del NT, nº 1139.
3 “Hic ostendit quod non coarctatur ad unum populum, sed etiam ad salutem gentilium sufficit. Ostenditur autem triplex effectus in gentilibus. Primo in liberatione a potestate Daemonis; secundo ab infirmitatibus peccatorum; tertio in spirituali refectione” (Sancti Tomae de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, caput 15, lectio 2; traducción nuestra).
4 Cf. Stock, K., Gesù, il Figlio di Dio, Edizioni ADP, Roma, 1993, p. 39.
5 Es notable que el NT en ningún momento usa el término del griego clásico para expresar el milagro; ese término es thaûma (Schenkl, F. – Brunetti, F., Dizionario Greco – Italiano – Greco, Fratelli Melita Editori, La Spezia, 1990, Segunda Parte, p. 311). De aquí proviene la palabra castellana taumaturgo que significa ‘el que hace milagros’. El término clásico thaûma pertenece a la raíz de ‘admirar’. También en castellano tiene ese matiz: milagro proviene del latín miraculum, que significa ‘lo que es digno de ser admirado’. Quizá lo que el Espíritu Santo quiere decir con esto es que, para el NT, es decir, para el Espíritu Santo no hay ninguna intención de espectacularidad en los milagros. Los judíos sí veían los milagros en este sentido (1Cor 1,22). Jesús reprocha severamente a los fariseos que le piden que haga milagros y les responde que el único ‘milagro’ que verán será su pasión y su muerte, el signo o ‘milagro’ de Jonás (Mt 12,38-42). Y esto también puede aplicarse a los milagros sucedidos después de la muerte del último apóstol. Los milagros no tienen una finalidad en sí mismos sino que son signos para mostrar la divinidad, el poder o la grandeza de Jesús.
6 Seguimos aquí, libremente, a Schlier, H., Poderes y dominios en el Nuevo Testamento, EDICEP, Valencia, 2008.
7 Remitimos al libro ya citado de Schlier, H., Poderes y dominios en el Nuevo Testamento… etc.
8 El texto literal de Santo Tomás es el siguiente: “La mujer había mostrado de manera suficiente su piedad, pero esta piedad parecía una piedad natural. Por eso el Señor le exige una profesión de fe”. “Satis videbatur mulier pietatem ostendisse, sed haec videbatur naturalis, ideo dominus exigebat professionem fidei” (Sancti Tomae de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, caput 15, lectio 2; traducción nuestra).
9 Cf. Louw – Nida, Greek – English Lexicon of the NT; Moulton – Milligan, Vocabulary of the Greek New Testament; Tuggy, Vine y Swanson, en Multiléxico del NT, nº 4352.
10 “Ponitur professio, quia Deum recognovit, quia eum adoravit. Licet enim haberet repulsus apostolorum, tamen ingessit se, et adoravit. In hoc Deum recognoscit; Deut. VIII, v. 19: dominum Deum tuum adorabis, et illi soli servies; Ps. LXV, 4: omnis terra adoret te, Deus et cetera. Adiuva me. Non dicit, ora pro me, sed, tu adiuva me, quia potes; Ps. CXX, 2: auxilium meum a domino qui fecit caelum et terram et cetera” (Sancti Tomae de Aquino, Super Evangelium Matthaei lectura, caput 15, lectio 2; traducción nuestra).
11 “Dice: ‘Grande es tu fe’. Grande, porque creyó cosas grandes”. “Dicit magna est fides tua. Magna, quia magna credit” (Sancti Tomae de Aquino, Super Evangelium Matthaei lectura, caput 15, lectio 2; traducción nuestra).
12 Santo Tomás hace notar que el mismo Jesús presenta su acción como la acción de Dios, ya que dice, en el latín de la Vulgata: “Fiat tibi sicut vis”, “hágase para ti como lo deseas”, poniendo el fiat de este evangelio de hoy (Mt 15,28) en relación con el fiat de la creación: “Fiat lux, et facta est lux” (“Hágase la luz, y la luz se hizo”, Gén 1,3). La exégesis de Santo Tomás basada en la Vulgata es correcta ya que la traducción griega de la LXX hecha a partir del original hebreo dice en Gén 3,1 genethéto (= fiat = hágase), y en el original griego de Mt 15,28 también se dice genethéto. La frase textual de Santo Tomás es la siguiente: “En el principio (Gén 3,1) Dios dijo: ‘Hágase la luz, y la luz se hizo’. De la misma manera aquí dice Jesús: ‘Hágase para ti…’ Pues aquel Verbo (que hablaba) era el Verbo Eterno (al igual que el que habla ahora); como dice el Qoh 8,4: ‘Su palabra está llena de poder’”. “Unde principio, Gen. I, 3, dixit, fiat lux, et facta est lux: sic et hic, fiat tibi; illud enim verbum fuit verbum aeternum; Eccle. VIII, 4: sermo eius potestate plenus est” (Sancti Tomae de Aquino, Super Evangelium Matthaei lectura, caput 15, lectio 2; traducción nuestra).
13 “Y así, la mujer, humildemente, supo compeler al Señor, (…) como se dice en Qoh 35,21: ‘La oración del que se humilla penetra los cielos’”. “Et humiliter ita scivit compellere dominum (…); Eccli. c. XXXV, 21: oratio humiliantis se penetrat caelos” (Sancti Tomae de Aquino, Super Evangelium Matthaei lectura, caput 15, lectio 2; traducción nuestra).
14 “Notanda est devotio, quia clamabat. Clamor magnum affectum designat”.
15 “Notatur pietas, quia alienam miseriam suam reputabat, unde dicit miserere mei, et hoc est magna misericordia”.
16 “Petiit ex confidentia misericordiae Dei”. Confidentia en latín significa: ‘esperanza firme; osadía’. En castellano también existe la palabra confidencia, cuya segunda acepción según el DRAE es: ‘confianza estrecha e íntima’.
17 “Qui respondens dixit: non est bonum sumere panem filiorum, et mittere canibus. Hoc additur ad probandum humilitatem, quia iam constabat satis de fide, ostendens excellentiam Iudaeorum ad gentes: tunc enim probatur humilitas, quando patitur quod exprobretur gens sua”.
18 “Et mittere canibus, scilicet gentilibus: quia sicut canis est animal immundum, sic gentes. Unde supra VII, 6: nolite sanctum dare canibus”.
19 “Dominus vocaverat filios Iudaeos, sed ista dominos”.
20 “At illa dixit: etiam, domine. Hic tangitur mira humilitas mulieris, et sapientia. Visus est contumeliam inferre genti suae, sed humilitatis est, quod concedit contumeliam dictam”.
21 “Quando se humiliat, dicit magna est fides tua. Magna, quia magna credit. Item propter rectitudinem; Iac. I, 6: postulet autem in fide nihil haesitans. Item magna propter fervorem. Unde si habueritis fidem sicut granum sinapis, dicetis monti huic: transi hinc illuc, et transibit”
22 “Chrysostomus dicit, quod quanto anima est magis elevata, tanto Daemonibus est magis terribilis; ipse enim Christus Daemonibus est terribilis: unde qui Christo coniuncti sunt, sunt terribiles ei” (Sancti Tomae de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, caput 17, lectio 2; traducción nuestra).