P. José A. Marcone, I.V.E.
P. José A. Marcone, IVE
“Dad al César…”
Introducción
Es necesario recordar que el evangelio que hemos leído hoy se desarrolla ya dentro de la semana santa, al igual que los tres domingos anteriores. Éste es el cuarto domingo consecutivo en el que la Iglesia nos propone un evangelio que se desenvuelve dentro de la semana santa. ¿Por qué? Porque se acerca el fin de la vida pública de Jesús y se acerca su muerte. Y esto coincide con el fin del año litúrgico, que terminará dentro de apenas cinco domingos.
A esta altura de la predicación de Jesús, los fariseos ya han tomado la firme decisión de matarlo y buscan el pretexto que les permita hacerlo sin alborotar demasiado al pueblo, al cual temían. Jesucristo ya intentó la conversión de los fariseos a través de la predicación llana y benigna. Pero nada de eso ha resultado. Luego echó mano Jesús a las parábolas donde anunciaba el terrible fin que les esperaba si lo rechazaban a Él1. Ahora no le queda otra herramienta que la disputa abierta que, por otra parte, es propuesta por los mismos fariseos. En la respuesta que Jesús les da hoy: “¡Hipócritas!” (Mt 22,18), ya se vislumbra el discurso acre y violento que les dedicará en el capítulo siguiente de San Mateo, donde por seis veces les repetirá la misma palabra. Esa invectiva contra los fariseos es el último intento de Jesús de hacerlos reaccionar, al modo en que se usa un electroshock como último recurso para reanimar un corazón que ya se considera muerto.
En general, todas las predicaciones sobre este evangelio toman la senda de la explicación de la relación entre Iglesia y Estado, y no está mal. Pero es muy importante no olvidar el momento concreto (y dramático) de la vida de Jesús en que el evangelio de hoy se desarrolla, ya en el umbral mismo de su condenación y de su trágica muerte. Jesucristo responde con una serenidad y una lucidez admirables, pero a Él no se le oculta que su fin está próximo.
Es muy llamativo que Santo Tomás de Aquino, en su “Comentario a San Mateo”, al explicar este paso, no hace la más mínima mención a la relación entre Iglesia y Estado. Si bien la respuesta de Jesús tiene un contenido doctrinal enorme y profundísimo, sin embargo Santo Tomás presta más atención a la actitud maliciosa, hipócrita y aduladora de los fariseos que, en definitiva, será la causa de la muerte del Señor.
1. El sentido fundamental de la perícopa
El sentido fundamental del evangelio de hoy es claro y ha sido explicado infinidad de veces. Es el siguiente: los fariseos quieren matar a Jesús, pero para eso necesitan un pretexto. Buscan, entonces, provocarlo para que diga algo que les sirva para acusarlo. Se alían con los herodianos, quienes, con el mayor gusto, estaban al servicio del Imperio Romano. Los herodianos, en cuanto a su doctrina y a su actitud política, eran enemigos naturales de los fariseos. Sin embargo, para buscar un pretexto para matar a Cristo, se hacen amigos.
La intención de los fariseos era que Jesús negara que había que pagar el impuesto. Este era el camino más corto para poder acusarlo ante el poder romano y hacer que este lo mate. De hecho, el invasor romano ya había matado a otros judíos que se habían sublevado.
Pretenden ‘hacerle la cama’2 a Jesús, adulándolo con dos cosas. Primero, con su fidelidad a Dios y su recta doctrina teológica. De esa manera, pensaban que iban a inclinar a Jesús a pensar en el pueblo elegido y consagrado a Dios, que no debía rendir tributo a ningún hombre ni poder humano. Segundo, lo adulan con su valentía y su carencia de acepción de personas, invitándolo a que demostrara que no le tenía miedo a los herodianos.
Pero Jesús responde destruyendo la falsa dialéctica que le presentan: es perfectamente posible afirmar con certeza que Israel es el pueblo elegido, consagrado y santo y, al mismo tiempo, pagar los impuestos al que, de hecho, en ese momento ostenta el poder político. Pagar los impuestos al Estado no debe, en ningún caso, a un verdadero israelita (cf. Jn 1,47) impedirle entregarse con alma y vida a Dios. No es una herejía ni una lesión a los derechos de Dios el ajustarse a los requerimientos impositivos del poder político invasor, desde el mismo momento que el hecho de haber sido invadidos está causado por la falta de fidelidad del pueblo a su Alianza con Dios.
Santo Tomás hace una aplicación muy particular de este principio enunciado por Jesús. Dice el santo: “La frase de Jesús místicamente significa lo siguiente: nosotros tenemos un alma que es a imagen de Dios. Por eso a esa alma debemos devolvérsela a Dios. Ahora bien, en cuanto a aquellas cosas que tenemos y que provienen del mundo, debemos usarlas para estar en paz con el mundo. En efecto, también los varones santos que se encuentran elevados por encima del mundo, pero que, sin embargo, conviven con otros hombres dentro del mundo, deben requerir la paz con Babilonia (que significa el mundo), como se narra en Baruc 10,1 y siguientes”3. En estos versículos de Baruc se narra cómo los judíos deportados en Babilonia hacen una colecta para enviarla a los judíos que están en Jerusalén para que éstos últimos ofrezcan sacrificios para que Dios bendiga a Nabucodonosor y bien disponga su corazón hacia los judíos que están en Babilonia. El verdadero israelita (y el cristiano), que está en el mundo pero no es del mundo (cf. Jn 17,11.14.16), debe buscar, en la medida de lo posible, la paz con los gobernantes del mundo para que la Iglesia tenga paz. Es lo que se llama pro bono pacis, ‘por el bien que es la paz’. Aquí también puede aplicarse aquel dicho del Señor: “Haceos amigos con el dinero de la injusticia” (Lc 16,9). Es un bien enorme para la Iglesia el sólo hecho de que el Estado no le ponga impedimentos a su labor evangelizadora. Por eso San Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, lo señala como un don singular: “Las Iglesias por entonces gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se edificaban y progresaban en el temor del Señor y estaban llenas de la consolación del Espíritu Santo” (Hech 9,31).
San Pablo dice lo mismo con otras palabras: “Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. Dad a cada cual lo que se debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor” (Rm 13,1.7). “En lo posible, y en cuanto de vosotros dependa, vivid en paz con todos los hombres” (Rm 12,8).
2. La malicia de los fariseos
Una vez conocido el contenido doctrinal de la respuesta de Jesús, es necesario volver a considerar el momento concreto que vive Él y que lo llevará a la muerte. La lucha con los fariseos es la clave de interpretación de los últimos evangelios del año litúrgico. Aunque nos quedamos cortos con lo recién dicho. La lucha con los fariseos es la clave de interpretación de toda la vida de Jesús. Dice el P. Castellani: “Toda la biografía de Jesús de Nazareth como hombre se puede resumir en esta fórmula: fue el Mesías y luchó contra el fariseísmo; o quizás más brevemente todavía: luchó con los fariseos. Ése fue el trabajo que personalmente se asignó Cristo como hombre: su Empresa”4.
2.a La malicia de los fariseos en sí misma
El evangelio de hoy, según el Leccionario en uso en Argentina, dice: “Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones” (Mt 22,15). Sin embargo, el original griego dice literalmente que los fariseos fueron y celebraron consejo “para trampearlo en una palabra” (hópos autòn pagideúsosin en lógo). El verbo pagideúo, que se usa solamente aquí en todo el NT, significa: ‘poner una insidia’, ‘empujar o llevar a engaño’; ‘enredar’; figurativamente: ‘engatusar’, ‘engañar’. Este verbo proviene del sustantivo pagís, que significa ‘todo aquello que sirve para tener algo unido’; ‘lazo’; figurativamente: ‘lazo en cuanto trampa’5. El sustantivo pagís se usa varias veces en el NT y siempre con el sentido del lazo que es una trampa (Lc 21,35; Rm 11,9; 1Tim 3,7; 1Tim 6,9; 2 Tim 2,26). Incluso, en 2Tim 2,26 se usa en el sentido del lazo que tiende el mismo demonio como trampa6.
Es difícil verter este verbo al castellano con la misma concisión que posee en griego. Creo que la mejor traducción sería: “Celebraron consejo con el fin de entramparlo (o capturarlo) en sus propias palabras”. Como dijimos, literalmente dice “en una palabra” (en griego, en lógo). Santo Tomás hace notar la ironía que encierra esta frase y la necedad de los fariseos en este intento: “Quieren capturar a Jesús en una palabra y esto es una necedad, porque Jesús es la misma Palabra de Dios, y la Palabra de Dios no puede ser comprehendida”7. Quieren entrampar al Verbo en un verbo, quieren capturar al Lógos en un lógos.
La malicia de los fariseos también se nota en el hecho de que no van ellos mismos a interrogar a Jesús sino que envían a ‘sus discípulos’ (Mt 22,16), tratando de velar sus dañadas intenciones. Respecto a esto dice Santo Tomás: “¿Y por qué no fueron ellos mismos? La razón de esto es que querían interrogarlo con dolo. Se daban cuenta que, si ellos iban, no iba a ser posible interrogarlo con dolo. Pero envían a sus discípulos, que eran iguales que ellos”8.
2.b La adulación de los fariseos
Santo Tomás reserva un amplio espacio a la maldad de los fariseos representada en la adulación que hacen a Jesucristo. Santo Tomás comienza su comentario sobre la adulación de los fariseos con esta frase definitiva: “Homines mali ab adulatione incipiunt”, es decir, “Los hombres malos comienzan por la adulación”9. Y aplica a los fariseos el Salmo 28,3: “Los malvados y los malhechores hablan de paz con el prójimo, pero su corazón está lleno de malicia”. También podría aplicarse a estos fariseos aquel otro salmo, tratando de mantener su ritmo poético: “Su boca es más blanda que la manteca, / pero desean la guerra; / sus palabras son más suaves que el aceite, / pero son puñales” (Sal 54,21).
Santo Tomás desmenuza con cuidado la adulación hecha por los fariseos. Dice que “lo adulan, primero, en cuanto a la persona; segundo, en cuanto a su doctrina; tercero, en cuanto a su integridad moral. En cuanto a la persona lo adulan por su autoridad y su virtud. En cuanto a su autoridad, porque le dicen ‘maestro’. Y en esto mienten en su corazón, porque no lo consideraban maestro sino un seductor, como ellos mismos dicen Mt 27,63: ‘Hemos recordado que este seductor dijo que al tercer día resucitaría’”10. En cuanto a su virtud, lo adulan porque le dicen ‘veraz’ (Mt 22,16). Pero en su corazón ellos no piensan que Jesús fuese veraz, porque ellos lo tenían por mentiroso. En efecto, se dice en Jn 8,13: “Los fariseos le dijeron: ‘Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale’”.
En cuanto a su doctrina, lo adulan cuando le dicen ‘tú enseñas en verdad el camino de Dios’ (Mt 22,16). Pero mienten, porque Jesús les había dicho: “¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi Palabra. A mí, como os digo la verdad, no me creéis. El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios” (Jn 8,43.45.47).
Y sigue diciendo Santo Tomás: “En cuanto a su integridad moral, lo adulan cuando le dicen ‘no te importa lo que piensen o digan los demás, pues no haces acepción de persona’, porque no omites por temor lo que debes decir o hacer, como dice Isaías: ‘¿Quién eres tú, que tengas miedo del mortal y del hijo del hombre?’ (Is 51,12, Vulg). ¿Y por qué? ‘Pues no haces acepción de persona’, es decir, ‘no haces acepción de persona’ en detrimento de Dios. Pues hace acepción de persona el que, por causa de alguna persona, omite decir a otro la verdad que tiene obligación de decirle, como se dice en el libro del Deuteronomio: ‘No haréis acepción de persona’. Ved cuán maliciosos eran”11. Pero en todo esto mentían, porque los fariseos no creían en su autoridad moral, lo desprestigiaban y lo acusaban falsamente de ser un pecador. En efecto, ya antes Jesús les había dicho: “Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’” (Lc 7,34; Mt 11,19). Y también: “Los judíos le respondieron: ‘¿No decimos, con razón, que eres samaritano y que tienes un demonio?’” (Jn 8,48).
En la respuesta de Jesucristo queda en evidencia que no acepta de ninguna manera las palabras aduladoras de los fariseos. El rechazo por parte de Jesús de la repugnante y humillante actitud de los fariseos es absoluto. Para manifestar este rechazo absoluto, Jesús no sólo responde a sus palabras sino que, antes, responde a sus propias mentes. Lo dice Santo Tomás: “Luego sigue la respuesta de Cristo: ‘Conociendo Jesús su malicia dice…’ Y primero responde a sus mentes; después a sus palabras. (…) Y por eso primero les dice: ‘¡Hipócritas!’. Y dice bien al decirles ‘hipócritas’, porque hipócritas son propiamente aquellos que una cosa tienen en la boca y otra cosa en el corazón. Y por eso les dice también: ‘¿Por qué me tentáis?’”12. La palabra ‘hipócrita’, entonces, tiene como fin desvelar las intenciones del corazón y de las mentes de los fariseos. Y entonces sentencia magníficamente Santo Tomás: “Los fariseos hablan blandamente a Cristo; pero Cristo les responde ásperamente, porque les responde al corazón de ellos, no a sus palabras. Y de esta manera nos da ejemplo a nosotros, que no debemos creer ni aceptar a los aduladores, como se dice en el libro de los Proverbios: ‘El príncipe que oye con gusto las palabras que adulan mintiendo, hará que todos sus ministros sean impíos’”13.
Conclusión
El evangelio de hoy guarda una doctrina teológica que es esencial para el desenvolvimiento y desarrollo de la cristiandad. Por esta razón, todo cristiano, sobre todo los laicos, que son los que deben consagrar al mundo viviendo en el mundo, deben conocer y aplicar esta doctrina teológica. La primera consecuencia de esto será el no permitir que el Estado se inmiscuya en el ámbito que le corresponde a la familia y a la Iglesia. La segunda consecuencia será el hacer que el Estado y todo el entramado social esté ordenado a la consecución del fin último, que es la salvación eterna.
Sin embargo, atendiendo al momento crucial de la vida de Cristo del cual el evangelio de hoy es testigo, el cristiano debe comprender la necesidad de no claudicar frente al fariseísmo. En primer lugar, no claudicar frente al propio fariseísmo, alejándonos de toda hipocresía y hasta de la más mínima apariencia de hipocresía. En segundo lugar, no claudicar ante las actitudes farisaicas de aquellos que buscan adularnos para ‘hacernos la cama’, ‘tendernos lazos’, ‘entramparnos’, ‘capturarnos’. Son aquellos que nos dicen: “¡Qué hermoso sermón! ¡Qué bien que predicás!”, pero uno sabe que, en el fondo, lo que buscan es sacar tajada.
Santo Tomás dice que Jesús les habló ásperamente a los fariseos y les dijo ‘¡hipócritas!’ para darnos ejemplo a nosotros, para que no creamos ni aceptemos a los aduladores. Si la obra primera y principal de Cristo fue luchar contra el fariseísmo (como dice el P. Castellani), la nuestra, que llevamos el nombre de ‘cristianos’, también debe serlo.
1 Parábola de los dos hijos (Mt 21,28-32, Domingo XXVI); parábola de los viñadores homicidas (Mt 21,33-46; Domingo XXVII); parábola del banquete nupcial (Mt 22,1-14; Domingo XXVIII)
2 Este argentinismo no entraña ninguna vulgaridad. Es una expresión que significa que alguien prepara una cama muy bien tendida, cómoda y confortable para inducir al que la ve, a tirarse a descansar en ella y, de esa manera, cumplir con el propósito del que tendió la cama. Expresa muy bien el hecho de la adulación. Este tipo de adulación o ‘cama’ implica siempre una sobrevaloración de la propia inteligencia y un desprecio de la inteligencia del otro, presuponiendo que no tiene el suficiente coeficiente intelectual para darse cuenta de la trampa. Por eso Santo Tomás dice que la causa por la cual los herodianos se atreven a ir con los fariseos para tratar de engañar a Jesús es que no conocen a Jesús: “¿Por qué fueron los fariseos con los Herodianos? Entre otras razones, porque estos últimos no conocían bien a Jesús y por eso creían que Jesús no se iba a dar cuenta. Y por eso actúan contra Él” (“Sed quare iverunt cum Herodianis? (…) Una ratio, quia isti non cognoscebantur, ideo credebant quod non perciperet; unde faciebant contra illud”; Sancti Tomae de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, caput 22, lectio 2; traducción nuestra).
3 “Mystice sic: nos habemus animam quae est ad imaginem Dei, ideo eam Deo reddere debemus; secundum ea quae a mundo habemus, pacem cum mundo habere debemus. Etiam sancti viri hic elevati a mundo, quia tamen in mundo cum aliis conversantur, debent pacem requirere Babylonis, ut habetur Baruch I, 10 ss.” (Sancti Tomae de Aquino, Ibidem; traducción nuestra).
4 Castellani, L., El Evangelio de Jesucristo, Ediciones Dictio, Buenos Aires, 1977, p. 297.
5 Schenkl, F. – Brunetti, F., Dizionario Greco – Italiano – Greco, Fratelli Melita Editori, La Spezia, 1990, p. 645.
6 La Vulgata traduce el verbo pagideúo con el verbo capto, que significa ‘tratar de coger, de obtener, ambicionar’, ‘ir a la caza de’, ‘ir a la zaga de’, ‘dar caza a’; ‘tratar de sorprender a alguien con engaños, ardides o trampas’; ‘atraer’; ‘captar’; ‘capturar’ (Diccionario Vox).
7 “Consilium inierunt ut caperent eum in sermone. Et hoc erat stultum, quia ipse erat verbum Dei, et verbum Dei non est comprehensibile” (Sancti Tomae de Aquino, Ibidem; traducción nuestra).
8 “Sed quare non iverunt? Ratio est, quia dolose interrogare voluerunt: unde si ivissent, non haberet locum dolus; sed ipsi etiam discipuli erant”; Sancti Tomae de Aquino, Ibidem; traducción nuestra).
9 Sancti Tomae de Aquino, Ibidem; traducción nuestra.
10 “Et primo commendant personam; secundo doctrinam; tertio constantiam. Personam commendant ex auctoritate et virtute. Ex auctoritate cum dicunt magister. Et licet mentirentur secundum cor suum, quia non eum magistrum putabant, sed seductorem, ut habetur infra XXVII, 63: recordati sumus quod seductor ille dixit, quia die tertia resurgam etc.” (Sancti Tomae de Aquino, Ibidem; traducción nuestra).
11 “Item commendant de constantia; unde dicunt non est tibi cura de aliquo, non praetermittis timore alicuius quod debes dicere vel facere; Is. LI, 12: quis tu ut timeas ab homine mortali? Et quare? Non enim respicis personam hominum, scilicet contra Deum. Ille enim accipit personam qui, ratione hominis, dimittit dicere veritatem quam debet dicere; Deut. I, 17: non accipietis personam cuiusquam. Et videte qualiter malitiosi erant” (Sancti Tomae de Aquino, Ibidem; traducción nuestra). Acepción de persona es “la acción de favorecer o inclinarse a unas personas más que a otras por algún motivo o afecto particular, sin atender al mérito o a la razón” (DRAE).
12 “Sequitur responsio cognita autem Iesus malitia eorum ait. Et primo respondet ad mentem eorum; secundo ad verba, ibi reddite. (…) Hypocritae. Et bene dicit hypocritas, quia hypocritae sunt proprie qui aliud in ore habent, aliud in corde. Quid me tentatis?” (Sancti Tomae de Aquino, Ibidem; traducción nuestra).
13 “Item isti blande allocuti sunt Christum; Christus autem aspere respondit, quia respondit ad cor eorum, non ad verba. Item datur nobis exemplum, quod non debemus adulatoribus credere; Prov. XXIX, 12: princeps qui libenter audit verba mendacii, omnes ministros suos habet impios” (Sancti Tomae de Aquino, Ibidem; traducción nuestra).