CUESTIÓN 39
Del bautismo de Cristo
Ahora hemos de tratar del bautismo que Cristo recibió.
Y sobre esto proponemos ocho cosas:
Primera: si Cristo debió ser bautizado.
Segunda: si debió recibir el bautismo de Juan.
Tercera: de la edad en que debió ser bautizado.
Cuarta: del lugar.
Quinta: de que los cielos se abrieran.
Sexta: del Espíritu Santo, que apareció en forma de paloma.
Séptima: si la paloma fue verdadero animal.
Octava: de la voz del testimonio paterno.
ARTÍCULO 1
Si fue conveniente que Cristo fuera bautizado
Dificultades. Parece que no fue conveniente que Cristo fuera bautizado.
- El bautismo es una purificación; pero Cristo no necesitaba de esto, no habiendo en Él impureza alguna; luego parece que Cristo no debía ser bautizado.
- Cristo recibió la circuncisión para cumplir la ley; pero el bautismo no estaba preceptuado por la ley; luego no debía ser bautizado.
- El primer motor en cualquier género ha de ser inmóvil en ese género de movimiento –como el cielo, que es la primera causa de las alteraciones, y él mismo es inalterable–; pero Cristo es el primero que bautiza, según aquellas palabras de San Juan: “Sobre el que vieres descender y posarse el Espíritu, ése es el que bautiza” (Jn 1,33). Luego Cristo no debió ser bautizado.
Por otra parte, se lee en San Mateo: “Vino Jesús de Galilea al Jordán a Juan, para ser por él bautizado” (Mt 3,13).
Respuesta. Fue conveniente que Cristo fuera bautizado: Primero, porque, según dice San Ambrosio, “fue Cristo bautizado, no porque quisiera ser purificado, sino para purificar las aguas y, limpias por el contacto de la carne de Cristo, que no conoció pecado, tuvieran la virtud de bautizar” y “las dejara santificadas para los que luego se habían de bautizar”, añade San Crisóstomo.
Segundo, porque, como dice este mismo Santo, “aunque Cristo no era pecador, sin embargo, recibió una naturaleza pecadora y la semejanza de la carne del pecado. Por esto, aunque no necesitaba el bautismo para sí, lo necesitaba en otros la naturaleza carnal”. Y, como dice San Gregorio Nacianceno, “se bautizó Cristo para sumergir en las aguas todo el viejo Adán”.
Tercero, quiso ser bautizado, dice San Agustín en un sermón de la Epifanía, “porque quiso hacer lo que había mandado que todos hiciesen”. Esto significan aquellas palabras: “Así nos conviene cumplir toda justicia” (Mt 3,15). Y como dice San Ambrosio: “Esta es la justicia, que primero hagas lo que quieres que otros hagan y los muevas con tu ejemplo”.
Soluciones. 1. Cristo no fue bautizado para ser lavado, sino para lavar, como queda dicho (in c).
- Cristo no debía cumplir sólo los preceptos de la ley vieja, sino incoar los de la nueva. Y así, no sólo quiso ser circuncidado, sino también bautizado.
- Cristo es el primero en bautizar espiritualmente, y según esto no fue bautizado, pues Él lo fue sólo en el agua.
ARTÍCULO 2
Si Cristo debía recibir el bautismo de Juan
Dificultades. Parece que Cristo no debía recibir el bautismo de Juan.
- Fue el bautismo de Juan “bautismo de penitencia” (Mc 14); pero no conviene a Cristo la penitencia, puesto que no tuvo pecado; luego tampoco debió ser bautizado con el bautismo de Juan.
- Dice San Crisóstomo que “el bautismo de Juan fue intermedio entre el bautismo de los judíos y el de Cristo”. Pero “el intermedio participa de la naturaleza de los extremos”; luego, si Cristo no fue bautizado con el bautismo de los judíos ni con el suyo, tampoco parece que debió ser bautizado con el bautismo de Juan.
- Debe atribuirse a Cristo cuanto en lo humano alcanza la categoría de óptimo; pero el bautismo de Juan no tiene esta categoría entre los bautismos; luego no convino que fuera bautizado con el bautismo de Juan.
Por otra parte está lo que se dice en San Mateo: “Vino Jesús al Jordán para ser bautizado por Juan” (Mt 3,13).
Respuesta. Dice San Agustín que Cristo, “una vez bautizado, bautizaba a su vez, pero no con el bautismo que Él había recibido”. De suerte que, bautizando Él con su propio bautismo, es natural, que no fuera bautizado con su propio bautismo, sino con el de Juan. Y esto fue conveniente: Primero, por la condición del bautismo de Juan, que no fue bautismo en el Espíritu, sino “en el agua” (cf. Mt 3,11). Cristo no necesitaba de bautismo espiritual, puesto que desde el primer instante de su concepción estaba lleno del Espíritu Santo (S.Th. 3,34,1). Tal es la razón de San Crisóstomo.
Segundo, porque, según San Beda, Cristo fue bautizado con el bautismo de Juan “para aprobar el bautismo de Juan con el hecho de recibirlo Él mismo”.
Tercero, al decir de San Gregorio Nacianceno, “se acercó Jesús a recibir el bautismo de Juan para santificar el bautismo”.
Soluciones. 1. Cristo quiso ser bautizado para que con su ejemplo nos indujese al bautismo (a.1). Y para que su inducción fuese más eficaz, quiso recibir un bautismo que, evidentemente, no necesitaba, a fin de mover a los hombres a acercarse al bautismo que necesitaban. Por esto dice San Ambrosio: “Nadie rehúya el lavatorio de la gracia, ya que Cristo no rehuyó el lavatorio de la penitencia”.
- El bautismo de los judíos que estaba prescrito en la ley, era sólo figurativo; pero el bautismo de Juan era un tanto real, puesto que inducía a los hombres a abstenerse de pecar; en cambio, el bautismo de Cristo tiene eficacia para limpiar los pecados y conferir la gracia. Cuanto a Cristo, no necesitaba de la remisión de los pecados, que no tenía, ni necesitaba recibir gracia, de la que estaba lleno. Siendo, además, la “Verdad” (cfJn 14,6), no le cuadraba lo que no tenía más que un ser figurativo. Por esto fue más razonable que fuese bautizado con el bautismo medio que con alguno de los extremos.
- Es el bautismo un remedio espiritual. Ahora bien, cuanto uno es más perfecto, menos necesidad tiene de remedios. Y así, por lo mismo que Cristo es en sumo grado perfecto, fue conveniente que no recibiese un bautismo que también lo fuese; como el que está sano no necesita remedios eficaces.
ARTÍCULO 3
Si Cristo fue bautizado en edad conveniente
Dificultades. Parece que, en efecto, Cristo no fue bautizado en edad conveniente.
- Cristo se bautizó para mover a otros a recibir el bautismo. Pero los fieles de Cristo son alabados de recibir el bautismo, no sólo antes de cumplir los treinta años, pero aun en la infancia; luego parece que Cristo no debió ser bautizado a los treinta años.
- No leemos que Cristo haya enseñado o hecho milagros antes de su bautismo; pero más útil hubiera sido para el mundo si hubiera enseñado mucho tiempo, empezando a los veinte años o antes; luego parece que Cristo, que había venido para provecho de los hombres, debió haber sido bautizado antes de los treinta años.
- El indicio de su sabiduría divinamente infusa debió manifestarse en Cristo más que en nadie. Pero la manifestó Daniel en la niñez, según está escrito: “Suscitó el Señor el espíritu santo del joven Daniel” (Dn 13,45)). Luego mucho más Cristo debió en su niñez ser bautizado y enseñar.
- El bautismo de Juan se ordenaba al de Cristo como a su fin; pero “el fin es lo primero en la intención y lo postrero en la ejecución”; luego Cristo debió ser bautizado por Juan, o el primero o el último.
Por otra parte, leemos en San Lucas: “Sucedió mientras se bautizaba todo el pueblo, y Jesús era bautizado y oraba” (Lc 3,21). Y luego: “Él mismo Jesús, al empezar, tenía unos treinta años” (Lc 3,23).
Respuesta. Muy razonable fue que Cristo se bautizase a los treinta años. Primero, porque Cristo se bautizó cuando iba a comenzar su enseñanza y predicación, para lo cual se requiere edad perfecta, cual es la de los treinta años. Así, leemos en el Génesis que “José tenía treinta años” (Gn 41,46) cuando se hizo cargo del gobierno de Egipto. También David “tenía treinta años cuando comenzó a reinar” (2Re 5,4). Y Ezequiel comenzó a profetizar “el año trigésimo” de su edad (Ez 1,1).
Segundo, porque, según dice San Crisóstomo, “había de suceder que después del bautismo comenzase a cesar la ley. De esta suerte vino Cristo al bautismo en la edad en que podía llevar todos los pecados, a fin de que, habiendo observado la ley, nadie dijese que la había abrogado porque no podía observarla”.
Tercero, porque el bautismo de Cristo en su edad perfecta da a entender que el bautismo engendra varones perfectos, según la sentencia del Apóstol: “Hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, cual varones perfectos, a la medida de la plenitud de Cristo” (Ef 4,13). Y la misma propiedad del número parece expresar esto mismo, pues el treinta resulta de multiplicar el tres por el diez. Por el tres se entiende la fe en la Trinidad; por el diez, la observancia de los preceptos de la ley, y en estas dos cosas está la perfección de la vida cristiana.
Soluciones. 1. Dice San Gregorio Nacianceno que Cristo no se bautizó “como si necesitase de ser purificado ni le amenazara peligro alguno de diferir el bautismo. Para cualquiera otro hay peligro de que no vaya a salir de esta vida sin la túnica de la incorrupción”, es decir, sin la gracia. Y, aunque sea bueno conservar la limpieza después del bautismo, mucho mejor es “mancharse a veces algún tanto que del todo carecer de la gracia”, añade el mismo santo.
- La utilidad que a los hombres viene de Cristo es principalmente por la fe y la humildad, y para una y otra aprovecha el que Cristo no haya comenzado a enseñar en la niñez o en la adolescencia, sino en la edad perfecta. Para la fe, porque con esto se manifiesta la humanidad verdadera, que va progresando según el correr de los años. Para que este crecimiento no se creyera fantástico, no quiso manifestar su sabiduría y su poder antes de la edad perfecta. Aprovecha para la humildad, para que nadie presuma, antes de la edad perfecta, asumir la dignidad de la prelatura o el oficio de enseñar.
- Cristo se proponía a los hombres como ejemplar de toda virtud. Por esto debía mostrarse en Él lo que pertenece al común de los hombres: enseñar en la edad perfecta. Pero dice San Gregorio Nacianceno que “no es ley de la Iglesia lo que raras veces sucede, según el proverbio de que una golondrina no hace verano”. A algunos, por especial disposición de la divina sabiduría, se concedió, fuera de la ley común, el gobernar o enseñar antes de la edad perfecta, como a Salomón (1Re 3,7), a Daniel (Dn 13,45) y a Jeremías (Jer 1,5).
- Cristo no debía recibir el bautismo de Juan, ni el primero ni el último, pues dice San Crisóstomo que Cristo se bautizó “para confirmar la predicación y el bautismo de Juan y asimismo para recibir el testimonio de Juan”. Nadie creería el testimonio de Juan sino después de haber bautizado a muchos. Por esto no debió ser el primero. Tampoco debió ser el postrero, pues, como el mismo Santo añade, “a la manera que la luz del sol no espera el ocaso de la estrella de la mañana, sino que sale, durante el curso del lucero y lo apaga con su claridad, así Cristo no esperó que Juan terminase su carrera, sino que apareció Él cuando todavía Juan enseñaba y bautizaba”.
ARTÍCULO 4
Si Cristo debió ser bautizado en el Jordán
Dificultades. Parece que Cristo no debió recibir el bautismo en el Jordán.
- La verdad debe responder a la figura; pero el bautismo fue figurado en el paso del mar Rojo, donde perecieron ahogados los egipcios, como los pecados son lavados en el bautismo; luego parece que en el mar y no en el río Jordán debió ser Cristo bautizado.
- Jordán quiere decir “bajada”; pero por el bautismo más sube que baja el bautizado, y así se dice en San Mateo “que Jesús, una vez bautizado, subió enseguida del agua” (Mt 3,16); luego parece que no estuvo bien que Cristo fuera bautizado en el Jordán.
- Al pasar los hijos de Israel el Jordán, las aguas “se volvieron atrás” (Jos 4), según leemos en Josué y en el salmo (Ps 113,3-5); pero los que son bautizados no caminan para atrás, sino para adelante; luego no estuvo bien que Cristo se bautizara en el Jordán.
Por otra parte, dice San Marcos que “Jesús fue bautizado por Juan en el Jordán” (Mc 1,9).
Respuesta. Fue el río Jordán el que atravesaron los hijos de Israel para entrar en la tierra de promisión. Ahora bien, esto tiene de especial sobre los demás bautismos el bautismo de Cristo, que introduce en el reino del cielo, significado por la tierra de promisión. Por esto se dice en San Juan: “Si uno no renace del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn 3,5). El mismo sentido tiene el que Elías dividiera las aguas del Jordán antes de ser arrebatado al cielo en el carro de fuego (2 Re 2,7ss), pues a los que pasan por las aguas del bautismo el fuego del Espíritu Santo les abre la entrada del cielo. Y por esto fue conveniente que Cristo fuera bautizado en el Jordán.
Soluciones. 1. El paso del mar Rojo figuraba el bautismo, en cuanto que éste borra los pecados; pero el paso del Jordán, en cuanto abre las puertas del reino del cielo. Y este es el principal efecto del bautismo que sólo Cristo realizó. Fue más conveniente que Cristo fuera bautizado en el Jordán que no en el mar.
- Hay en el bautismo una ascensión por el progreso de la gracia; esta ascensión exige un descenso de la humildad, según la sentencia de Santiago: “Da su gracia a los humildes” (St 4,6). A este descenso se refiere la “bajada” del nombre del Jordán.
- Dice San Agustín en un sermón de la Epifanía: “Como antes las aguas del Jordán retrocedieron, así ahora, bautizado Cristo, retroceden los pecados”.
También se podría decir que, contra el descenso de las aguas, subía el río de las bendiciones.
ARTÍCULO 5
Si debían abrirse los cielos al ser bautizado Cristo
Dificultades. No parece convenía que, al ser bautizado Cristo, se abrieran los cielos.
- Sólo para aquel se deben abrir los cielos que necesita entrar en los cielos porque vive fuera de ellos; pero Cristo vivía siempre en el cielo, según las palabras de San Juan: “El Hijo del hombre, que está en los cielos” (Jn 3,13); luego no parece que para Él debieran abrirse los cielos.
- La apertura de los cielos se ha de entender corporal o espiritualmente. No corporalmente, porque los cuerpos celestes son impasibles e infrangibles, según las palabras de Job: “¿Acaso no fabricaste tú los cielos, que son sólidos como el bronce fundido?” (Job 37,18). Tampoco se puede entender espiritualmente, porque ante los ojos del Hijo de Dios nunca se habían cerrado. Luego sin razón se dice que “los cielos se abrieron” (Mt 3,16) al ser bautizado Cristo.
- Los cielos se abrieron a los fieles por la pasión de Cristo, según la sentencia del Apóstol: “Tenemos confianza de entrar en el santuario del cielo en virtud de la sangre de Cristo” (Hb 10,19). De manera que ni los bautizados con el bautismo de Cristo, si algunos que murieron antes de su pasión, pudieron entrar en los cielos, Luego más debieron abrirse los cielos en la pasión de Cristo que en su bautismo.
Por otra parte, se lee en San Lucas: “Al ser bautizado Jesús y mientras oraba, se abrieron los cielos” (Lc 3,21).
Respuesta. Ya queda dicho (S.Th. 3,39,1; S.Th.3,38,1) que Cristo quiso ser bautizado para consagrar con su bautizo el bautismo con que nosotros debíamos ser bautizados. Por eso, en el bautizo de Cristo debieron mostrarse aquellas cosas que muestran la eficacia del bautizo nuestro. Sobre esta eficacia hemos de considerar tres causas: Primera, la virtud principal de donde el bautismo tiene su eficacia, que es celestial. Por esto, al bautizarse Cristo, los cielos se abren, para mostrar que en adelante la virtud celestial santificaba el bautismo.
Segunda, concurre a la eficacia del bautismo la fe de la Iglesia y la de aquel que se bautiza, por lo cual los bautizados hacen profesión de fe y el bautismo se llama “sacramento de la fe”. Con la fe contemplamos las cosas del cielo, que superan los sentidos y la razón. Pues para significar esto se abren los cielos al ser bautizado Cristo.
Tercera, porque por el bautismo de Cristo especialmente se nos abre la entrada del reino celestial, cerrado al primer hombre por el pecado. De manera que, al bautizarse Cristo, se abren los cielos para manifestar que a los bautizados queda expedita la vía del cielo.
Después del bautismo le es necesaria al hombre la asidua oración para lograr la entrada en el cielo; pues, si bien por el bautismo se perdonan los pecados, pero queda el “peccati”, que interiormente nos combate, y quedan el mundo y el demonio, que exteriormente nos impugnan. Por esto se lee en San Lucas que, “al ser bautizado Jesús y mientras oraba, se abrieron los cielos” (Lc 3,21); porque es necesaria a los fieles la oración después del bautismo. –O también para dar a entender que por el bautismo se abren los cielos a los fieles en virtud de la oración de Cristo. Y así intencionadamente se dice en San Mateo: “Se le abrieron los cielos” (Mt 3,16), y a los demás por Él, como si el emperador respondiese a uno que pide una gracia para otro: “A ti te concedo esta merced, no al otro, es decir, al otro por amor de ti”, como declara San Crisóstomo.
Soluciones. 1. Dice San Crisóstomo que, “así como Cristo, según la naturaleza humana, se bautizó, no obstante que no necesitase ser bautizado, de la misma suerte se le abrieron los cielos, aunque según la naturaleza divina moraba siempre en los cielos”.
- Dice San Jerónimo que “los cielos se le abrieron a Cristo, no por la separación de los elementos, sino a los ojos espirituales; como Ezequiel, en el principio de su libro, dice que se le abrieron los cielos”. Y esto lo prueba San Crisóstomo, diciendo que, “si la misma criatura de los cielos se hubiera rasgado, no diría que se le habían abierto, pues lo que materialmente se abre, abierto queda para todos”. Por donde leemos en San Marcos que “Jesús, al salir del agua, vio los cielos abiertos” (Mc 1,10), como si la apertura de los cielos a Cristo sólo se ordenase. Esto lo refieren algunos a la visión corporal, y dicen que en torno de Cristo bautizado se formó tal esplendor, que no parecía sino que los cielos se habían abierto. Puede también referirse a una visión imaginaria, al modo de la visión de Ezequiel, que vio los cielos abiertos. Tal visión se formaba por el poder divino y la voluntad de la razón en la imaginación de Cristo, para significar que por el bautismo se abren a los hombres las puertas del cielo. Puede, finalmente, explicarse por una visión intelectual, de modo que Cristo vio, santificado ya el bautismo, que los cielos se abrían a los hombres; lo que antes había visto que se había de hacer.
- Por la pasión de Cristo se abren los cielos a los hombres, y ésta es la causa universal de la apertura de los cielos. Pero es necesario que esta causa se aplique a los individuos para que entren en los cielos, lo cual se verifica por el bautismo, según las palabras del Apóstol: “Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, en su muerte fuimos bautizados” (Ro 6,3). Por esto se hace mención de la apertura de los cielos en el bautismo más bien que en la pasión.
O se puede decir con San Crisóstomo que, “bautizado Cristo, sólo se abrieron los cielos; mas, después que por la cruz venció al tirano, porque las puertas no eran ya necesarias en el cielo, que no se habría de cerrar, no dicen los ángeles: “Abrid las puertas” (cf. Ps 23,7.9), sino “Quitad las puertas”. Con esto da a entender San Crisóstomo que los obstáculos que antes se oponían a la entrada de las almas de los difuntos en el cielo han sido por la pasión de Cristo totalmente quitados; pero ya en el bautismo se abren, como indicando que queda expedita la vía por la que los hombres han de entrar en el cielo.
ARTÍCULO 6
Si está bien dicho que el Espíritu Santo descendió en forma de paloma sobre Cristo bautizado
Dificultades. Parece que no está bien dicho que el Espíritu Santo descendió sobre Cristo en forma de paloma.
- El Espíritu Santo habita en el hombre por la gracia; pero, en el hombre Cristo estuvo la plenitud de la gracia desde el principio de su concepción, como “Unigénito del Padre”, según de lo dicho aparece claro (S.Th. 3,7,12; S.Th.3,34,1); luego no debió el Espíritu Santo serle enviado en el bautismo.
- Se dice que Cristo “bajó” al mundo por el misterio de la encarnación, cuando “se anonadó, tomando la forma de siervo” (Flp 2,7); pero el Espíritu Santo no se encarnó; luego sin razón se dice que “descendió sobre Él”.
- En el bautismo de Cristo debió verificarse, a modo ejemplar, lo que se verifica en nuestro bautismo; pero en nuestro bautismo no hay misión alguna visible del Espíritu Santo; luego tampoco en el de Cristo debió aparecer una misión visible del Espíritu Santo.
- El Espíritu Santo se deriva de Cristo a todos los otros hombres, según las palabras de San Juan: “De su plenitud recibimos todos” (Jn 1,16); pero el Espíritu Santo no descendió sobre los apóstoles en forma de paloma, sino en forma de fuego (Act 2,3); luego ni sobre Cristo debió descender en forma de paloma, sino en la de fuego.
Por otra parte, dice San Lucas: “Descendió sobre él el Espíritu Santo en la forma corporal de paloma” (Lc 3,22).
Respuesta. Lo que se verificó, dice San Crisóstomo, en el bautismo de Cristo, “viene a significar el misterio que se realiza en todos los que luego se habrían de bautizar”. Cuantos reciben el bautismo de Cristo, como no lo reciban fingidamente, reciben con él el Espíritu Santo, según el dicho de San Mateo: “Él os bautizará en el Espíritu Santo” (Mt 3,11). Por eso fue conveniente que sobre el Señor bautizado descendiese el Espíritu Santo.
Soluciones. 1. “Es soberanamente absurdo, dice San Agustín, decir que Cristo a los treinta años recibió el Espíritu Santo. Él se llegó al bautismo sin pecado, y, por tanto, no carecía del Espíritu Santo. Si de Juan se escribe que será lleno del Espíritu Santo desde el seno materno, ¿qué hemos de decir de Cristo, cuya concepción humana no fue carnal, sino espiritual? Pero en su bautismo se dignó prefigurar su cuerpo; es decir, su Iglesia, en la que los bautizados principalmente reciben el Espíritu Santo”.
- Dice San Agustín que, cuando se escribe que el Espíritu Santo descendió sobre Cristo en forma de paloma, no quiere decir que la misma substancia del Espíritu Santo se dejase ver, siendo invisible. Ni tampoco se ha de pensar que la criatura visible estuviese unida personalmente con el Espíritu Santo, pues no se dice que el Espíritu Santo fuese la paloma, como se dice que el Hijo de Dios es hombre por razón de la unión. Ni el Espíritu Santo fue visto en la forma de paloma, como vio Juan en el Apocalipsis al Cordero muerto (Ap 5,6), pues aquella visión fue en espíritu, por imágenes espirituales de los cuerpos. De aquella paloma nadie dudó nunca que no haya sido vista con los ojos. Ni tampoco apareció en forma de paloma el Espíritu Santo, como dice el Apóstol: “La roca era Cristo” (1Co 10,4). La roca ya existía en la realidad y por la semejanza de su acción fue denominada con el nombre de Cristo, a quien significaba. En cambio, aquella paloma vino de repente a la existencia para significar aquel misterio y luego dejó de ser, igual que la llama que en la zarza apareció a Moisés.
Se dice, pues, que el Espíritu Santo “descendió” sobre Cristo, no por razón de la unión con la paloma, sino por razón de que la misma paloma designaba al Espíritu Santo, la cual, descendiendo, vino sobre Cristo, o, por razón de la gracia espiritual, que, descendiendo de Dios, viene a la criatura, según aquellas palabras de Santiago: “Todo don óptimo y todo don perfecto de arriba viene, baja del Padre de las luces” (St 1,17).
- Dice San Crisóstomo que “en los comienzos de las comunicaciones espirituales aparecen las visiones sensibles, a causa de aquellos que de otro modo no son capaces de recibir la inteligencia de la naturaleza incorpórea, para que, si luego no se repiten, por las que antes se verificaron reciban la fe”. Y así descendió el Espíritu Santo en forma corporal sobre Cristo bautizado, para que creamos que invisiblemente desciende sobre todos los bautizados.
- Apareció el Espíritu Santo en forma de paloma sobre Cristo bautizado por cuatro razones: Primera, para indicar las disposiciones que se requieren en el bautizado, a saber, que no se acerque con ánimo fingido, pues, según se dice en la Sabiduría, “el Espíritu Santo de la disciplina huye del engaño” (Sb 1,5). La paloma es animal sencillo, que carece de astucia y dolo, por lo cual se dice en San Mateo: “Sed sencillos como palomas” (Mt 10,16).
Segundo, para designar los siete dones del Espíritu Santo, significados en las propiedades de la paloma: Mora junto a las corrientes de las aguas para que, visto el milano, se sumerja y escape, lo que pertenece al don de sabiduría, por la cual los santos, que moran cerca de las corrientes de la divina Escritura, escapan a las acometidas del diablo. –La paloma escoge los mejores granos, y esto pertenece al don de ciencia, con ayuda de la cual eligen los santos las sentencias sanas para su alimento. –La paloma aumenta los pichones ajenos, y esto pertenece al don de consejo, con el que los santos, que fueron pollos, esto es, imitadores del diablo, alimentan con su doctrina y ejemplo. –La paloma no maltrata con el pico, lo que pertenece al don de entendimiento, con el cual los santos no pervierten las buenas sentencias, maltratándolas, según acostumbran los herejes. –La paloma carece de hiel, y esto pertenece al don de piedad, en virtud de la cual los santos carecen de ira irracional. –La paloma hace su nido en las grietas de las rocas, lo que toca al don de fortaleza, con la que los santos hacen su nido, es decir, ponen su refugio y esperanza en las llagas de la muerte de Cristo, que es la roca firme. –La paloma tiene por canto el arrullo, y esto pertenece al don de temor, con que los santos se deleitan en llorar sus pecados.
Tercero, aparece el Espíritu Santo en forma de paloma para indicar el efecto propio del bautismo, que es el perdón de los pecados y la reconciliación con Dios, pues la paloma es animal manso. Y así, dice San Crisóstomo que “en el diluvio apareció este animal llevando un ramo de olivo y anunciando la tranquilidad universal de toda la tierra, y ahora también aparece la paloma en el bautismo para demostrarnos la liberación”.
Cuarto, aparece el Espíritu Santo en forma de paloma sobre el Señor bautizado, para significar el efecto común del bautismo, que es la construcción de la unidad eclesiástica. Así dice el Apóstol que “Cristo se entregó por la Iglesia para santificarla, purificándola mediante el lavado del agua con la palabra de vida”. Y así, con razón, el Espíritu Santo se muestra en forma de paloma, que es animal amable y gusta de vivir en bandadas. Por esto se dice de la Iglesia: “Una es mi paloma” (Ct 6,8).
Sobre los apóstoles vino el Espíritu Santo en forma de fuego por dos razones. La primera, para manifestar el fervor que conmovía sus corazones para predicar a Cristo en todas partes, aun en medio de las tribulaciones. Por esto también se apareció en lenguas de fuego. Sobre esto dice San Agustín: “De dos maneras manifestó el Señor visiblemente al Espíritu Santo”, a saber, “por la paloma que descendió sobre el Señor bautizado y por el fuego sobre los discípulos congregados. Allí se muestra la sencillez, aquí el fervor. Luego, para que los santificados por el Espíritu Santo huyan del dolo, se mostró en forma de paloma; y para que la sencillez no se quede fría, se manifestó en el fuego. Ni te inquiete el que las lenguas estén divididas; en la paloma reconocerás la unidad”.
Segunda, porque dice San Crisóstomo: “Cuando se han de perdonar los pecados –lo que se hace en el bautismo– es necesaria la mansedumbre”, y esto se demuestra en la paloma; “pero cuando hemos alcanzado la gracia, queda el tiempo del juicio”, y esté está significado por el fuego.
ARTÍCULO 7
Si fue verdadero animal la paloma en que apareció el Espíritu Santo
Dificultades. Parece que no fue verdadero animal aquella paloma en que apareció el Espíritu Santo.
- Lo que aparece sólo en una semejanza, eso parece no ser sino una imagen; pero San Lucas dice que “descendió sobre Él el Espíritu Santo en imagen corporal como de paloma” (Lc 3,22). Luego no fue verdadera paloma, sino cierta semejanza de paloma.
- La “naturaleza no hace nada en vano”, ni tampoco Dios, según dice Aristóteles. Ahora bien, como aquella paloma no vino nada más que “para significar alguna cosa y luego desaparecer”, según dice San Agustín, sería en vano una paloma verdadera, pues lo mismo podría hacerse por una semejanza de ella. Luego la paloma aquella no era un verdadero animal.
- Las propiedades de una cosa nos llevan al conocimiento de ella. Si, pues, aquella paloma fuera verdadero animal, las propiedades de la paloma indicarían la naturaleza del verdadero animal, no los efectos del Espíritu Santo. No parece, pues, que la paloma aquella fuera un animal verdadero.
Por otra parte, dice San Agustín en su libro “Del combate cristiano”: “No pretendemos decir que sólo nuestro Señor Jesucristo; haya tenido verdadero cuerpo y que el Espíritu Santo se haya presentado con engaño a los ojos humanos; antes creemos que ambos cuerpos fueron verdaderos”.
Respuesta. Como ya queda dicho atrás (S.Th. 3,5,1), no convenía que el Hijo de Dios, que es la Verdad del Padre, se valiese de alguna ficción, y por eso tomó un cuerpo real, no fantástico. Y porque el Espíritu Santo se denomina “Espíritu de Verdad” (Jn 16,13), por eso formó una paloma verdadera, aunque sin tomarla en unidad de persona. Y San Agustín añade a las palabras antes citadas: “Como no convenía que el Hijo de Dios engañase a los hombres, tampoco convenía que lo hiciera el Espíritu Santo. Y al Dios omnipotente, que todas las cosas hizo de la nada, fácil le era representar el cuerpo verdadero de una paloma sin el ministerio de las otras palomas, como no le fue difícil fabricar un verdadero cuerpo en el seno de la Virgen sin la cooperación de varón. Las criaturas corporales están sometidas al imperio y a la voluntad de Dios, tanto en el seno de una mujer para formar un hombre como en el seno del mismo mundo para formar una paloma”.
Soluciones. 1. Se dice que el Espíritu Santo descendió en figura o semejanza de paloma, no para excluir la realidad de la paloma, sino para mostrar que no apareció en la forma de su substancia.
- No fue superfluo formar una verdadera paloma para que en ella apareciese el Espíritu Santo, pues por la misma verdad de la paloma se significaba la verdad del Espíritu Santo y sus efectos.
- Las propiedades de la paloma lo mismo sirven para significar la naturaleza de la paloma que para designar los efectos del Espíritu Santo. Precisamente porque tiene tales propiedades, significa la paloma al Espíritu Santo.
ARTÍCULO 8
Si estuvo bien que en el bautismo de Cristo se dejara oír la voz del Padre, que daba testimonio de Él
Dificultades. Parece que no estuvo bien que en el bautismo de Cristo se oyese la voz del Padre dando testimonio de Él.
- El Hijo y el Espíritu Santo, en aparecer sensiblemente, se dice que fueron visiblemente enviados; pero al Padre no le conviene el ser enviado, según dice San Agustín; luego ni aparecerse.
- La voz es expresión de la palabra concebida en la mente; pero el Padre no es el Verbo; luego no estuvo bien que en la voz se manifestase.
- Cristo, hombre, no empezó a ser Hijo de Dios en el bautismo, como se imaginan ciertos herejes, pues desde el principio de su concepción fue Hijo de Dios; luego con más razón debió la voz del Padre testificar la divinidad de Cristo en el nacimiento que en su bautismo.
Por otra parte, se lee en San Mateo: “He aquí una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias” (Mt 3,17).
Respuesta. Ya queda dicho atrás que el bautismo de Cristo fue el ejemplar de nuestro bautismo y que en él deben mostrarse las cosas que en el nuestro se cumplen. El bautismo que reciben los fieles queda consagrado por la invocación y la virtud de la Santísima Trinidad, según las palabras del Señor en San Mateo: “Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). Por esto dice San Jerónimo: “En el bautismo de Cristo se manifiesta el misterio de la Trinidad. El Señor, que en la naturaleza humana es bautizado; el Espíritu Santo, que desciende en forma de paloma; y el Padre, cuya voz se hace oír dando testimonio del Hijo”. Por esto fue conveniente que en aquel bautismo se manifestase el Padre en su voz.
Soluciones. 1. La misión visible añade algo a la aparición, a saber, la autoridad del que envía. Por esto, del Hijo y del Espíritu Santo, que proceden de otro, no se dice sólo que aparecen, sino también que son enviados visiblemente. Pero el Padre, que no procede de otro, puede aparecer, pero no puede ser visiblemente enviado.
- El Padre se manifiesta en la voz, como quien profiere la voz, como quien habla mediante la voz. Y porque es propio del Padre producir el Verbo, que es igual que decir o hablar, por eso fue convenientísimo que el Padre se manifestase por la voz, que significa la palabra. De aquí que la misma voz emitida por el Padre da testimonio de la filiación del Verbo. Y como la imagen de la paloma, en que se manifestó el Espíritu Santo, no es la naturaleza del Espíritu Santo, ni la forma del hombre en que se mostró el mismo Hijo es la naturaleza del Hijo de Dios, así tampoco la voz pertenece a la naturaleza del Verbo o del Padre que habla. Por esto dice Jesús en San Juan, hablando del Padre: “Nunca habéis oído su voz ni visteis su imagen” (Jn 5,37). Por esta vía, dice San Crisóstomo, “los introducía poco a poco en el dogma filosófico, mostrándoles que en Dios ni hay voz ni imagen, porque está por encima de toda figura y locución”. Y como la Trinidad toda obra en la formación de la paloma y de la misma naturaleza humana que tomó Cristo, así obró también la formación de la voz. Sin embargo, en la voz se declara sólo el Padre, que habla; como sólo el Hijo es el que toma la naturaleza humana, como en la paloma sólo el Espíritu Santo es el que se manifiesta, según declara San Fulgencio.
- La divinidad de. Cristo no debió manifestarse a todos en su natividad, antes debió ocultarse en los defectos de la edad infantil. Pero cuando ya llegó a la edad perfecta, en que deba enseñar, hacer milagros y atraer a los hombres a sí, entonces debió ser indicada su divinidad por el Padre, a fin de que su doctrina se hiciera más creíble. Por esto dice Él mismo: “El Padre, que me envió, es quien da testimonio de mí” (Jn 5,37). Y esto, sobre todo, en el bautismo, por el que renacen los hombres hechos hijos adoptivos de Dios. Ahora bien, los hijos adoptivos de Dios son formados a semejanza del que es Hijo de Dios por naturaleza, según el Apóstol: “A los que de antemano conoció, a éstos predestinó para hacerlos conformes con la imagen de su Hijo” (Ro 8,29). Por esto dice San Hilario que sobre Cristo bautizado descendió el Espíritu Santo y se oyó la voz del Padre, que decía: “Este es mi Hijo muy amado”, “para que entendamos, por cuanto se realizaba en Cristo, que después del lavatorio del agua, el Espíritu Santo volaba de las regiones celestes sobre nosotros y que por la voz del Padre, que nos adopta, éramos hechos hijos de Dios”.
SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, IIIª parte, cuestión 39