P. José A. Marcone, I.V.E.
“Tuvo compasión de ellos”
(Mc.6,30-34; Mt.9,36-10,8)
Introducción
El evangelio de hoy está todo él orientado a presentarnos el modelo de Pastor, que es Jesús. La primera lectura, tomada del profeta Jeremías, nos confirma la orientación del evangelio. En ella, además de presentarnos los malos ejemplos de los malos pastores, nos presenta al futuro Mesías, que será el Buen Pastor, Jesucristo, hijo de David: “Llegarán los días —oráculo del Señor- en que suscitaré para David un germen justo; Él reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país. En sus días, Judá estará a salvo e Israel habitará seguro” (Jer.23,5-6).
- La compasión de Jesús
¿Y cuál es la característica más saliente de este Buen Pastor según el texto de San Marcos? La compasión: “Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor” (Mc.6,34). Sería mejor traducir “sintió compasión” de la gente o, mejor, “se movió a compasión”. El verbo griego que aquí se usa (splagjnídsomai) viene de un sustantivo (splágjnon) que significa lo más íntimo del ser, el corazón; y también: cariño, amor entrañable . Esta es la palabra que usa Zacarías en el Benedictus cuando quiere expresar “la entrañable misericordia de nuestro Dios” (Lc.1,78; dià splágjna eléous Theoû), aunque en realidad habría que traducir “la misericordiosa ternura de Dios”, como traduce el Diccionario Conciso recién citado. “Sintió compasión”, quiere decir, entonces, que Jesús se conmovió en lo más íntimo de su corazón, con gran amor y ternura, y con entrañable cariño. Todos esos movimientos del alma implica el verbo griego usado aquí.
En el evangelio de San Mateo se usa esta misma expresión para expresar el mismo sentimiento de Cristo, usando el mismo verbo, pero agregando algunas precisiones más respecto a las ovejas, es decir, al alma de la gente que conformaba la muchedumbre: “Al ver la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor” (Mt.9,36). Precisa, entonces, el texto de San Mateo que Jesús percibió que sus ‘ovejas’ estaban ‘vejadas y oprimidas’.
¿Cuál es, entonces, la razón de este sentimiento tan hondo de Jesús? Porque veía a las personas que estaban delante de Él, que conformaban una muchedumbre, “vejadas y abatidas”, dice el Evangelio de San Mateo. Es decir que Jesús las veía mortificadas, ultrajadas, injuriadas, heridas (que es lo que significa ‘vejadas’). También las veía desanimadas, desalentadas, apesadumbradas (que es lo que significa ‘abatidas’).
¿Y porqué estaban así las personas que estaban ante Jesús? “Porque estaban como ovejas sin pastor”, dicen Marcos y Mateo. ¿Y qué significa para una oveja estar sin pastor? Fundamentalmente dos cosas: 1. No tener nadie que las guíe por el sendero correcto para ir a pastear y tomar agua. 2. No tener nadie que las encierre en el redil para guardarlas de noche, nadie que las cure de sus heridas y de sus enfermedades. Es decir, que las personas estaban como ovejas sin pastor porque no tenían quién guíe su espíritu, es decir, no tenían a nadie que les enseñe y las guíe por el camino del bien. Y al mismo tiempo estaban con grandes necesidades corporales: eran pobres, muchas estaban enfermas e incluso con hambre.
Es decir que Jesús sintió en lo más profundo de su corazón una compasión y una pena llena de ternura porque veía a una gran cantidad de personas que no tenían a nadie que les enseñe las verdades fundamentales para llegar a la vida eterna, veía que no tenían a nadie que los guíe por el camino que lleva al cielo, a la salvación eterna. Y además los veía llenos de necesidades corporales, con hambre, enfermos, abatidos.…
En efecto, “mientras los saduceos y sumos sacerdotes se entregaban al negocio o a la política, y los fariseos se daban a sus meticulosas observancias, y los escribas se ocupaban en su ratera casuística, el pobre ‘pueblo de la tierra’ se hallaba en el deplorable estado que tan hondamente conmovió el Corazón del divino Maestro. Si “las turbas... andaban... como ovejas que no tenían pastor”, señal era que o no había pastores o los pastores no cuidaban de las ovejas”.
¿Y qué hace Jesús para solucionarle estas dos grandes causas de su desánimo y abatimiento? Para responder correctamente a esta pregunta tenemos que tener en cuenta los distintos contextos en que esta frase es dicha en San Mateo y en San Marcos.
- Los frutos de la compasión en el evangelio de San Mateo
En San Mateo la frase es dicha previamente a la exhortación a pedir misioneros al Padre y al envío de los apóstoles a la misión. En efecto, al v. 9,36, recién citado, sigue el trozo de 9,37 – 10,1: “Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.» Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A estos doce envió Jesús”.
Por lo tanto, lo primero que hace Jesús ante esta situación de los fieles, que se encuentran vejados y abatidos porque no tienen quien las proteja y las guíe es darles sacerdotes. Los Doce que nombra San Mateo son los que serán ordenados presbíteros y obispos la noche de la Última Cena. La intención de Jesucristo al dar sacerdotes a la gente es la de darles personas que puedan consolar a todos los que están cansados, ultrajados y abatidos. ¡Qué hermosa visión del sacerdocio, si lo vemos como aquel que consuela al Pueblo de Dios! ¡Y qué hermosa la misión la del sacerdote, la misión de consolar a su pueblo!
Pero…¿cómo consuela el sacerdote a su pueblo? El texto de San Mateo nos narra lo que Jesús hizo y dijo para que el sacerdote pueda cumplir su misión de ser buen pastor, es decir, de consolar a los cansados, ultrajados y abatidos: “Les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. (…) Jesús los envió con las siguientes instrucciones: “ (…) Por el camino, proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios” (Mt.10,1.5.7-8).
El primer modo con el que el sacerdote consuela el alma del pueblo afligido es actuando sobre sus heridas y dolores psíquicos, dolores del alma: “Les dio poder para curar cualquier enfermedad o dolencia”. ¡Cuántas almas han recobrado la paz y la alegría luego de una conversación con un sacerdote! El sacerdote, con sus palabras de aliento y sus consejos, arroja aceite sobre las heridas del alma y ese aceite calma el dolor de las heridas y las hace cicatrizar, le da la paz al alma.
También consuela el alma de los fieles a través de su asistencia corporal: “Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos”. ¡Cuántas personas han recobrado el ánimo y se han visto restauradas por la acción que los sacerdotes han hecho sobre sus cuerpos heridos o enfermos! Pensemos en San José Benito Cottolengo, con su inmensa obra caritativa en Turín; o en San Luis Orione, que multiplicó los hogares de discapacitados en todo el mundo; o en San Alberto Hurtado, con su vasta obra de caridad en Chile. Y esto por nombrar sólo a tres de la inmensa pléyade de sacerdotes católicos que han consagrado sus vidas a curar el cuerpo de sus hermanos.
Pero la misión de consolar del sacerdote se ejerce de una manera plena cuando da Dios al alma vejada y abatida: “Les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos”, para que Dios pueda habitar en sus almas, una vez exorcizados. “Al sacerdote confió Cristo la administración de sus sacramentos, que son en su Iglesia el medio por excelencia, y el camino ordinario de la efusión de la Gracia. El bautismo que lo incorpora al Cuerpo Místico, y que sólo en caso de grave necesidad puede ser conferido por laicos; la celebración de la Santa Misa, que es la renovación en nuestros altares del sacrificio de la Cruz, el acto más excelente que se realiza bajo los cielos, el acto que mayor gloria da al Padre, más que todos los trabajos apostólicos, los sacrificios, las oraciones... y este acto, el centro de la vida cristiana, sólo puede ser realizado por los sacerdotes; la Eucaristía, participación del santo Sacrificio, sólo las manos sacerdotales pueden distribuirla; la purificación de las almas manchadas por el pecado ha sido confiada al sacerdote; y no menos sólo él puede ungir los cuerpos con el óleo del perdón; bendecir el matrimonio; predicar con autoridad la palabra de Cristo.”
- Los frutos de la compasión en el evangelio de San Marcos
En el evangelio de San Marcos, que hemos leído hoy, la frase está puesta en otro contexto. En efecto, la frase está dicha al finalizar la misión a la que habían sido enviados los Doce (mientras que en Mateo, como vimos, está puesta al iniciar dicha misión). También al finalizar la misión lo más profundo del corazón de Jesús se conmueve ante la realidad de abandono espiritual y corporal en que se encuentra el pueblo de Dios. El contexto en San Marcos le agrega a la compasión de Jesús algunos matices importantes. En primer lugar, la compasión de Jesús nace en un momento en el que Él mismo y sus apóstoles están muy cansados: “Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer”, dice textualmente Mc.6,31. Ni siquiera el intensísimo trabajo pastoral impide que el corazón de Jesús se conmueva por sus almas. Además, en ese momento se están disponiendo a tomarse un tiempo de descanso corporal y refección espiritual, ampliamente merecido después de tanto trabajo. No prevaleció en el alma de Jesús la decepción de ver esfumarse el poco tiempo de descanso que tenían, sino la compasión, porque los veía desorientados y afligidos ‘como ovejas sin pastor’. La generosidad de Jesús no tiene límites.
¿Y qué hizo Jesús, según San Marcos, para solucionar la situación de abandono y aflicción de su pueblo? “Se puso a enseñarles muchas cosas” (Mc.6,34). Otros traducen: “Se puso a enseñarles largamente”, o “…por largo rato”. Una cosa implica a la otra: si les enseñó muchas cosas no pudo haber sido en poco tiempo; y si les enseñó por largo rato, les tuvo que haber enseñado hartas cosas. Jesús estuvo enseñándoles muchas cosas hermosas y útiles para la salvación eterna durante un largo rato, a pesar del cansancio, a pesar del descanso que estaba ya al alcance de la mano y desapareció. Jesús, entonces, ejerce su labor de buen pastor consolando a las almas a través de la enseñanza de las verdades de Dios que las guiarán al consuelo definitivo, que es el cielo.
Sin embargo, la reacción de Jesús ante la realidad de esas ovejas cansadas y abatidas no se acaba en enseñarles verdades divinas sino que se extiende a saciarles el hambre corporal. En efecto, inmediatamente después del texto de San Marcos que hemos leído hoy, el evangelista narra la multiplicación de cinco panes y dos peces que sació a cinco mil hombres (cf. Mc.6,35-44). Jesús es buen pastor consolando también con la preocupación corporal por su pueblo.
Conclusión
- La primera reacción de Nuestro Señor Jesucristo ante masas de hombres que están devastadas y abatidas a causa de su falta de conocimiento de las cosas de Dios fue la de conmoverse en lo más íntimo de su corazón, con gran amor y ternura, y con entrañable cariño (verbo splagjnídsomai). El cristiano de hoy debe tener la misma reacción ante la devastada situación espiritual de la sociedad de hoy. Jesucristo no tuvo una reacción de amargura, o de pesimismo, o de desesperanza. Tampoco el cristiano debe tener esas reacciones ante la situación de descristianización del mundo.
- Esa compasión de Jesús fue muy fecunda. En primer lugar lo llevó a rogar a Dios que enviara sacerdotes y a organizar la primera pastoral vocacional de la oración (Mt.9,37-38). En segundo lugar lo llevó, podríamos decir, a fundar un Seminario, donde se formaran pastores que pudieran salir al encuentro de las necesidades espirituales y corporales de la gente; todo el capítulo 10 de San Mateo es una instrucción para su nóveles misioneros. En tercer lugar, lo llevó a enseñar Él mismo a la gente, a pesar del cansancio (Mc.6,34). Y en cuarto lugar, lo llevó a darles de comer por sus propias manos (Mc.6,35-44).
El cristiano de hoy debe reaccionar de la misma manera. De nada sirven las quejas o los llantos amargos por la situación del mundo de hoy. Es necesario que haya una compasión teológica, llena de amor y ternura, que lo empuje a buscar soluciones, como lo hizo Cristo. En primer lugar, planteándose seriamente la vocación al sacerdocio o a la vida religiosa en el caso de aquel cuyo estado de vida se lo permita. En segundo lugar, trabajando por las vocaciones sacerdotales, ya sea a través de la oración de súplica al Dueño de la mies, ya sea a través de la colaboración material con los seminarios. En tercer lugar, estudiando y difundiendo la doctrina evangélica de Cristo. Y en cuarto lugar, buscando modos para consolar tantas psiquis y tantos cuerpos desquiciados que vemos en nuestro tiempo.