P. Carlos M. Buela, I.V.E.
P. Carlos M. Buela, I.V.E.
El apostolado en el propio ambiente
'Vosotros sois la luz del mundo, vosotrossois la sal de la tierra' (Mt 5,13-14)
Plenaria pronunciada en el Seminario Mayor, María Madre del Verbo Encarnado, el domingo 28-07-2002
Una vez más en esta Jornada de los jóvenes. Como saben, el lema que eligió el Papa para esta Jornada de los jóvenes son esas palabras que Jesús dice en el Sermón de la montaña: somos luz del mundo y sal de la tierra (Mt 5,13-14). Con ellas nuestro Señor quiere indicar la dignidad singular que tienen aquellos hombres y mujeres que son apóstoles de Él, es decir, que son enviados por Él a todo el mundo a predicar su Evangelio[1].
La función que tiene el apóstol es iluminar, por eso: luz del mundo. Y, además, al predicar y al dar buen ejemplo de vida cristiana nos convertimos en sal de la tierra, es decir, somos los que evitamos que haya más corrupción, somos los que le damos sabor cristiano a la vida del hombre sobre la tierra.
Por eso nos pareció que podía ser de utilidad para los jóvenes que nos visitan el hablarles acerca del apostolado, de manera particular el apostolado al cual estamos todos obligados, que es el apostolado en el propio ambiente. Y esto lo vamos a tratar en seis puntos[2], que son: 1º el concepto del apostolado: qué es el apostolado; 2º su necesidad, 3º su obligatoriedad; 4º los objetivos que hay que tener presente; 5º los medios, y 6º la táctica o el procedimiento a emplear.
- Concepto de apostolado
Apóstol viene de una palabra griega, apóstolos∀, que a su vez deriva de un verbo que significa enviar. Esto ya nos indica la condición del apóstol: es un enviado, un embajador, un mensajero. Y en sentido religioso, que es el sentido que nos interesa aquí, el apóstol es un enviado de Dios para predicar el Evangelio. San Pablo explícitamente lo dice así: enviado de Dios para predicar el Evangelio (Ro 1,1). Por eso apostolado no es otra cosa que la obra y la actividad del apóstol. Y debemos saber que en el apostolado hay grados.
El primer apóstol, el apóstol más grande es nuestro Señor Jesucristo, que es el primer enviado, y enviado para una misión substancial, y por eso Él es y debe ser el ejemplo para todo apóstol.
Después están aquellos que Él eligió, y que a su vez envió: así como el Padre me envió así yo os envío a vosotros (Jn 20,21). Estos son los doce apóstoles, a los que eligió y los destinó a ser columnas de su Iglesia, y columnas de su Iglesia para todos los tiempos que dure su Iglesia. De ahí que nuestra Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica, porque está fundada sobre los apóstoles y porque sigue predicando la doctrina que nuestro Señor Jesucristo enseñó a los apóstoles. Y será apostólica hasta el fin de los siglos. Por eso hay que tenerle siempre mucha devoción a los apóstoles: Pedro, Pablo, Santiago, Juan... a los doce.
Luego, podemos señalar al Papa, sucesor de San Pedro; a los obispos, sucesores de los demás apóstoles; a los sacerdotes; a los laicos... Todo bautizado tiene que ser apóstol. Ya es apóstol por el bautismo, pero además, tiene que serlo de verdad, en la práctica, en su propio ambiente.
Y, ¿qué quiere decir apostolado en el propio ambiente? Se refiere al apostolado que debemos y tenemos que hacer cada uno de nosotros en forma inmediata sobre las personas con las cuales tratamos habitualmente, que son las personas que nos rodean: la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, de estudio, de deporte, del barrio, la comunidad religiosa en donde vivo... Todos debemos estar persuadidos de que debemos ser apóstoles de Jesucristo porque todos somos enviados por Jesucristo para predicar su Evangelio a los hombres.
Pongamos un ejemplo: en la casa. Allí un joven o una joven tiene que ser la alegría de la casa, no el que crea problemas sino el que busca soluciones; el que sabe hablar con su padre, con su madre, el que sabe ponerlos contentos, el que pone optimismo. Escucha: - ¡Está todo mal!; responde - Bueno, nunca algo está del todo mal, siempre hay algo que está bien. Además, deber ser el que sabe hacer cosas buenas, el que ayuda, el que es servicial, el que trata de consolar al que está triste, el que trata de dar buen consejo al que lo necesita, el que enseña al que no sabe, en fin, el que vive las obras de misericordia espirituales y también las obras de misericordia corporales. De este modo, el joven o la joven que en su casa se comporta de esa manera, es apóstol en su casa, es apóstol en su propio ambiente. ¿Por qué? Porque está viviendo según Cristo quiere que viva uno, y por vivir así ya está dando testimonio de Cristo.
- Necesidad del apostolado
El apostolado no solamente es obligatorio sólo -como veremos- por razón de nuestro Bautismo, sino que incluso actualmente cada vez es más necesario que sea hecho. ¿Por qué?
En primer lugar porque, lamentablemente, nuestras sociedades se van paganizando cada vez más. Cada vez Cristo es más extraño en las familias, en los ambientes de recreación, en los medios de comunicación social, en aquellos lugares donde se determinan las leyes, como es el Parlamento... Así, prácticamente, cada vez es más rechazado y hay más gente que lo desconoce. Esto hace que sea más urgente y más necesario que aquellos que son bautizados y que son conscientes de lo que significa su santo Bautismo den testimonio de ese Señor que lo único que busca es el bien de los hombres, y de que llegue a todos los hombres la salvación que Él obró de una vez para siempre muriendo en la cruz, derramando su Sangre por amor de todos nosotros.
¿A ustedes les parece que la Argentina se encontraría en la situación en que está si nuestros políticos fuesen cristianos de verdad? Evidentemente que no. Son cristianos de letrerito, pero no lo son de verdad. Y entonces ocurre lo que ocurre: esa furia prácticamente desatada de destrucción de las instituciones, de las leyes, de la economía, del trabajo... Hay 5.000.000 de personas que no tienen trabajo. El nivel de pobreza está arriba del 50%[3], y por lo que uno puede ver, pareciera que no aciertan en encontrar una solución de fondo, como tendría que ser.
En segundo lugar, la necesidad de este apostolado se ve por la escasez de sacerdotes. Imagínense lo que significan, por ejemplo, en nuestra patria aquellos 5.000 sacerdotes (aproximadamente) que hay para 35.360.000 de habitantes. ¿Cuál puede ser la acción del sacerdote en llevar el Evangelio a todos lados si en la práctica no puede atender a tanta gente? Aunque, es verdad, hay casos también que son excepcionales, que no son la norma común. Por ejemplo, en Chile, el Padre Marcone tiene a cargo una parroquia de 50.000 almas, y está él solo por ahora, si bien irá otro sacerdote cuando se pueda. Pero ¿qué puede hacer un sacerdote, o dos, o tres o cuatro teniendo que atender 50.000 almas? Podemos ver lo que aquí mismo pasa con la Jornada de jóvenes: tenemos alrededor de 130 seminaristas, por gracia de Dios, además, cuántas religiosas que ayudan. Y, sin embargo, si no estuviesen los jóvenes laicos que también colaboran, que son los que forman la Comisión, que atienden esto o aquello otro, no se podría hacer una Jornada de jóvenes así, tan numerosa, tan grande. De este modo, la misma escasez de vocaciones consagradas, de sacerdotes, de religiosas... nos está hablando de un problema serio que debe interpelar realmente nuestra conciencia para hacernos ver la necesidad que tenemos de dar el testimonio que nosotros tenemos que dar, de lo contrario va a seguir avanzando la descristianización de nuestra patria y nos van a seguir colonizando culturalmente, de tal modo que se va a ir perdiendo cada vez más la fe católica, la fe nuestros mayores.
- La obligatoriedad del apostolado de los seglares
¿Y qué obligatoriedad hay del apostolado de los seglares? Hay una estricta obligatoriedad.
El apostolado no obliga solamente al sacerdote o a la religiosa, sino que obliga, en conciencia, a todo bautizado en la medida de las propias posibilidades, que deben ser, por lo menos, la de realizar apostolado en el propio ambiente. Este constituye una grave obligación, y obligación de conciencia, cuya infracción voluntaria y culpable podría agravar la conciencia con un verdadero pecado.
Y ¿cuáles son las principales razones de la obligatoriedad del apostolado de los seglares?
En primer lugar es una exigencia de la caridad para con Dios; para con el prójimo, y para con nosotros mimos
- La exigencia de la caridad para con Dios. Es imposible amar a Dios sin querer, al mismo tiempo, que ese Dios vivo y verdadero sea conocido por los demás. Así lo decimos cuando rezamos el Padrenuestro: santificado sea tu nombre. Con eso estamos expresando que queremos que todos los hombres conozcan el nombre de Dios, lo alaben y lo glorifiquen.
El amor egoísta y sensual es exclusivista, y no es verdadero amor. Este es el de aquellos que no quieren que nadie participe de las cosas buenas que tienen. En cambio, el verdadero amor de suyo es difusivo y quiere que los demás también participen de los bienes que uno tiene.
- La exigencia de la caridad para con el prójimo. Ciertamente que si vemos a alguien con hambre le tenemos que dar de comer, incluso hasta llegar a quitarnos la comida de la boca para que esa otra pobre persona pueda comer, ya que eso es lo que enseña el Evangelio. Pero los males del cuerpo no son los males más grandes que tiene el ser humano, sino que los males más grandes del ser humano son los males del alma. Mucho más grave que una enfermedad física es una enfermedad moral. ¿Por qué? Porque el cuerpo finalmente un día va a ir a la tierra, pero el alma es inmortal. ¿Y qué cosa puede dar el hombre a cambio de su alma? De aquí que el mal más grande que tiene el ser humano es el pecado. Y el apóstol, justamente por llevar a los demás el Evangelio de Jesucristo, está llevando a los demás la gracia de Jesucristo, que es lo que Cristo vino a traer a la tierra: he venido a traer vida y vida en abundancia (Jn 10,10). Esa vida y vida en abundancia es la gracia santificante, es la que nos hace vivir unidos a Dios por la fe, por la esperanza, por la caridad. Y si perseveramos en esas disposiciones alcanzaremos la gloria del Cielo. Y ¿acaso puede haber algo más grande para el hombre que la gloria del Cielo?
Por eso es una exigencia de la caridad para con los demás el saberles decir, de manera prudente, inteligente pero firme y fuerte, que estamos llamados a otros horizontes. La vida del hombre no termina acá en la tierra, sino que comienza acá, pero llega a su plenitud en la vida eterna, en ese gozar de esa felicidad que no pasa, que no muere. Pero para eso tenemos que vivir como Dios quiere porque estamos acá en una especie de examen de ingreso, para ver si realmente merecemos el premio o no.
- Es un exigencia de la caridad para con nosotros mismos. Si nosotros nos amásemos de verdad, así como buscamos hacer limosna a los demás, nos daríamos limosna a nosotros mismos, como dice Jesús en el Evangelio: Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben (Mt 6,20). El cielo es uno de los tesoros que no pasan. Por eso, cada uno de nosotros, en este tiempo que Dios nos da de vida, tenemos que ganar méritos para la vida eterna y tenemos que desarrollar los talentos que Dios nos ha dado: talentos de inteligencia, de sinceridad, de simpatía, de saber hablar, de servir, de alegrar, etc., porque como nos dice nuestro Señor en la parábola de los talentos[4]: uno recibió diez talentos e hizo rendir a los diez; otro cinco, y los hizo rendir a los cinco, pero otro recibió uno y ¿qué hizo?: tuvo miedo y lo enterró. ¡Hay servidor malo y perezoso! Así también pasa con cada uno de ustedes. Hay algunos que tienen diez, otros cinco, otros uno. ¿Qué es lo que hay que hacer? Tanto el que tiene diez, como el que tiene cinco, como el que tiene uno debe hacer rendir los talentos dados por Dios, porque sino, incluso, se comete pecado de omisión.
En segundo lugar, la obligatoriedad del apostolado de los seglares es también una exigencia del Cuerpo Místico de Cristo.
Es inconcebible que miembros de un mismo organismo sobrenatural permanezcan indiferentes ante la salud y el bienestar de los demás miembros. Y eso es exigencia que tenemos por el santo Bautismo y por la Confirmación, que nos hace soldados de Cristo, que vigoriza y refuerza las exigencias apostólicas del Bautismo, dándonos fortaleza para librar las batallas del Señor. El soldado tiene por obligación defender el bien común. Por eso el confirmado tiene que ser un apóstol por una exigencia intrínseca de su propia condición. Recordaba el Papa Pío XI: 'Todos los hombres están obligados a cooperar al reino de Jesucristo, lo mismo que todos los miembros de la misma familia deben hacer algo por ella, y no hacerlo es un pecado de omisión, que puede ser grave'[5].
- Objetivos
¿Cuáles son los objetivos del apostolado en el propio ambiente? Los objetivos son todas las personas con las cuales nosotros entramos en contacto, evidentemente, según el grado en que esa persona se encuentre.
Así, por ejemplo, un sacerdote al que lo nombran párroco y dice de sus feligreses: - Yo tengo asco de tratar con estos pecadores. ¿Acaso es buen sacerdote? O a un sacerdote que dice: - Ésta gente es ignorante, no sabe nada. No habría que responderle: - Si no saben hay que enseñarles. Tal vez le sucede eso porque él no comprende a esas personas, y si no las comprende no podrá encontrar el modo de hacer apostolado con ellas. Por eso debe buscar la manera de llegar al corazón, a las almas de esas personas, es decir, buscar el modo de hacer que Jesucristo llegue a las almas. Pero para esto hay que tratarlas como lo que realmente son y no como uno se imagina que tendrían que ser. Por esto, podemos agrupar a las personas que son objetivo de nuestro apostolado en distintas categorías:
- Los incrédulos. Son los que no tienen fe y por eso hay que atenderlos a ellos. Dirá alguno: - ¡No! Pero padre, si no tienen fe. Justamente es por eso que hay que atenderlos, para predicarles la fe. Como dice San Pablo: ¿Cómo creerán sin que se les predique? (Ro 10,14). Pero para esto hay que buscar la forma para que vaya llegando a sus almas, aunque sean de a gotitas, la gracia de Dios.
Pongamos un ejemplo. Estamos acá, en San Rafael. Podemos invitarlos a salir:
- ¿Qué te parece si vamos a dar una vuelta?
- Bueno, cómo no, vamos.
- ¡Ah, mirá! (es el domingo a la tarde), ¿por qué no vamos al Chañaral ya que allá se reúnen jóvenes?
- ¿Y eso qué?
- Vayamos a ver lo mismo.
¡Cuántas veces pasa así! Ese joven, ese incrédulo no resulta tan incrédulo sino que estaba en búsqueda de una verdad que había olvidado o que estaba adormecida en su alma, y con una cosa así de simple vuelve a Dios.
- Los que tienen ignorancia religiosa. Sucede con la inmensa mayoría de nuestros jóvenes, y no sólo aquí, sino en muchos lados. Por ejemplo, en Italia. Sí, ¡en Italia los jóvenes no conocen a Jesucristo! A pesar de que están rodeados de obras de arte cristianas, monumentos, catedrales hermosísimas, Cristos y Vírgenes, estatuas formidables, etc.; a pesar de que hay devoción popular, ¡no hay un conocimiento profundo de lo que es la doctrina de nuestro Señor! Lo percibimos nosotros en Segni. Cuando se habla con un joven cuántas veces nos encontramos que no tiene idea de cuántos sacramentos hay. Y lo mismo pasa aquí, en Argentina. Si le preguntás a un joven en Buenos Aires: - ¿Sabés qué es un Sacramento?, te responde: - Sí, una factura que se come.
Aunque no nos demos cuenta, la ignorancia religiosa es una peste, una plaga total. Así sucede que se ignoran las verdades más elementales de la santa fe y no se conoce el catecismo. Cuando yo era niño, hace algunos años, aprendíamos el catecismo de las 93 preguntas. De este modo sabíamos el catecismo, aunque en 93 preguntas. Hoy en día no pasa así. Los catecismos, en general, dejan mucho que desear porque no se les ilustra la mente a los niños, a pesar de que se alargan y alargan los años de catecismo. E incluso, a veces, salen peor que cuando entran.
- Los que tienen prejuicios. Son aquellos que por alguna cosa que les pasó se cerraron a la fe. Sea porque no comprendieron, sea porque les pasó algo que no les gustó, etc. Así, por ejemplo, van a anotarse para hacer un bautismo. El que los atiende les pregunta: - ¿están bautizados los padres? Entonces se enojan y dicen: - ¿Por qué me tiene que preguntar eso? Ignoran que preguntarles eso es una obligación.
Sucede, muchas veces, que esos prejuicios son propios de la ignorancia religiosa. Pongamos otro ejemplo: una persona que vive en concubinato y quiere comulgar. Para poder comulgar tiene que dejar de vivir en concubinato, sino no puede comulgar. Eso es elemental. Y ¿por qué no puede? Porque la gracia de Dios no llega si no se tienen las disposiciones adecuadas para recibirla.
O también ese prejuicio que aparece tan frecuentemente: ¿por qué existe el mal en el mundo? El mal existe en el mundo y va a existir mientras el mundo sea mundo, por razón de nuestra libertad. Somos nosotros los que hacemos el mal. No es Dios el que hace el mal. Dios no quiere el mal, ni lo crea, ni lo causa. Pero lo permite porque respeta nuestra libertad; así somos nosotros los que muchas veces elegimos el mal. Por ejemplo, el caso de ese que chocó en la ruta y dijo - ¿por qué Dios permitió este accidente? Se le podría preguntar: - ¿Quién apretaba el acelerador? Y son muchos los que caen en este error. Por ejemplo, Borges que escribió preguntándose cómo Dios puede existir siendo un ser infinitamente bueno, si hay mal en el mundo. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra? Dios es infinitamente bueno pero nosotros no somos infinitamente buenos. Y somos nosotros los que hacemos el mal: el mal entró en el mundo por razón del pecado del hombre que eligió obrar en contra de Dios.
O, por ejemplo, al ver cómo está la Patria, nos podemos preguntar: ¿Dios tiene la culpa? No. Eso es una cosa que no puede ser. Tenemos una pampa húmeda como pocas en el mundo, donde uno tira una semilla de cualquier cosa y crece. Entonces, ¿cómo puede ser que estemos como estamos? Es por la estupidez de todos nosotros juntos que no sabemos hacer las cosas como corresponde. Tenemos todos los climas... incluso tenemos gente buenísima. Un pueblo noble. Pero malos dirigentes. ¿Quién tiene la culpa? ¿Dios? Si Dios nos dio todo. Somos nosotros los que le hemos dado la espalda a Dios. ¿Cuándo? Con la ley del divorcio.... Como dice la Escritura: Siembran vientos, recogen tempestades (Os 8,7).
O, por ejemplo, los que están sumergidos en el materialismo no se dan cuenta de las cosas espirituales, y de que lo espiritual es mucho más importante que lo material. Es por el pecado de la idolatría. Lo mismo que le pasó al pueblo hebreo en el Sinaí. Cuando Moisés sube al monte Sinaí Dios le entrega las tablas de la ley. Cuando baja, se encuentra con que el pueblo estaba cantando y haciendo una fiesta. Y aun más, se entera que durante los cuarenta días que él había estado en el Sinaí, los judíos se habían hecho un becerro de oro y lo habían estado adorando. Habían cometido un pecado muy grave. ¿Qué hizo él? Hizo polvo el becerro de oro y se los dio a comer.
Pero, ante todos estos casos, a veces basta con que una mano piadosa quite el obstáculo que esa persona tiene y esa persona accede a la fe.
- Los indiferentes, a los que nada les importa. Me pasó que tenía un compañero que era así. Le querías decir hablar: - Hola, ¿cómo te va? No respondía. O les decías: - Hay que hacer el bien. Te respondía: - Me da lo mismo. - Entonces hay que hacer el mal. - Me da lo mismo.
Estos, a veces, son más difíciles a veces que los incrédulos. Porque el incrédulo todavía tiene algo, alguna llamita ahí adentro, apasionado a lo mejor y quizás por ahí se puede llegar a él. Pero al indiferente no le importa nada. Y hoy día hay jóvenes así. No les importa vivir; no les importa morir; no les importa alegrarse; no les importa ser felices, les importa ser infelices. Así se convierten en plantas. Pero a esos también hay que atenderlos y ese es nuestro trabajo. Hay que buscar pacientemente llevarlos a que hagan de su vida algo hermoso. Y eso es posible.
- Los pecadores. Son aquellos cristianos que conservan la fe, a diferencia de los incrédulos, y que se preocupan de las cosas del alma, a diferencia de los indiferentes, pero no aciertan en superar las pasiones y se entregan al pecado, aunque con pena y dolor de su propia fragilidad e inconsecuencia. Quisieran vivir cristianamente, se lamentan de su falta de energía en rechazar las tentaciones, pero de hecho sucumben fácilmente a ellas, sobre todo cuando cometen la imprudencia de ponerse voluntariamente en ocasiones peligrosas, sean malas películas, malos espectáculos, malas compañías, lecturas frívolas o directamente indecentes y así caen en pecado. Y el que va cayendo en pecado cree que va a salir, pero como no pone los medios para salir, cada vez va cayendo más hasta que llega un momento en donde tiene el alma encallecida, tiene la conciencia cauterizada y ya, prácticamente, no hay nada ni nadie que lo pueda sacar de tan desastroso estado. Pero por ellos murió Cristo en la Cruz y por ellos también nosotros debemos hacer apostolado. Hay que buscar la forma de ayudarles para que luchen contra la concupiscencia desordenada, para que no se dejen abatir por las tentaciones sino que, por el contrario, aprendan a superar las tentaciones.
Por todo esto ¡qué importante son los Ejercicios Espirituales! Son muy importantes para el incrédulo, para el indiferente, para el pecador, porque allí uno aprende cómo hay que vivir. Cuánto bien hizo el Beato Hurtado en Chile con ejercicios de San Ignacio, ¡cuánto bien! Esa es una forma de apostolado muy importante.
- Pero también deben ser nuestro objetivo los buenos cristianos. ¿Por qué? Porque siempre se puede ayudar al buen cristiano -que es aquél que cree, aquél que se ocupa de las cosas del alma, aquél que incluso lucha contra las tentaciones-. Se lo puede, y se lo debe ayudar, para que vaya siendo mas perfecto, para que vaya siendo mejor, para que siga trabajando en el camino de la santidad, para que pueda llegar a decir ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí (Ga 2,19).
- Y también los propios familiares. Ya hemos dicho cómo tiene que ser el hijo, la hija en la casa, con los padres, con los hermanos, con los demás parientes.
- Y, finalmente, también con los amigos, compañeros de profesión, de juegos, de trabajo, de apostolado...
- Medios
¿Cuáles son los medios principales de apostolado? Los medios principales de apostolado son varios.
El primer medio de apostolado importantísimo, insustituible y que todo el mundo puede hacer y debe hacer es la oración. Jesús lo dijo con toda claridad: sin Mi nada podéis hacer (Jn 15,5). En la oración nosotros vamos a Jesús, golpeamos en el corazón de Jesús, y pedimos por las cosas que necesitamos. Y en especial debemos de pedir para poder hacer correctamente nuestro apostolado. Cuántas veces resulta que es difícil tratar con un alma que está empedernida en sus pecados, pero igualmente rezamos y le pedimos al Espíritu Santo que le ilumine para que pueda entrar en esa alma a decir algo. Y no sabemos como, pero Dios la ilumina. Es porque Dios nos ilumina en la oración. Por eso es que Jesús nos dijo: orad sin cesar, por medio del apóstol San Pablo (1Tes 5,16). Y también: es necesario orar en todo tiempo (Lc 18,1). De aquí la obligación que tienen el sacerdote y el diácono del rezo del oficio divino, la Liturgia de las horas, donde se reza por todos los miembros de la Iglesia, por todo hombre y mujer que camina por este mundo. Y es poca la gente que sabe eso. El sacerdote es aquella persona consagrada a Dios que hace bien a los hombres, y ofrece oraciones, sacrificios por los pecados propios y por los pecados de los demás. Por eso es que es el padre común de todos: ese es su oficio. ¡Qué importante es la oración!
Recuerdo que un escritor narraba, en una novela, lo que ocurría en una Parroquia. Había allí poca gente: 4 ancianas. Pero esas 4 ancianas eran las que sostenían el mundo. En toda Parroquia hay mujeres que realmente son las obreras del Evangelio, que rezan, que piden a Dios que envíe sacerdotes, que se ocupan de las cosas de sacristía, que se ocupan de la atención de los enfermos, y ¡qué bien enorme que hacen! Algunas ya no pueden atender a los enfermos pero siguen rezando. Y los enfermos que no pueden moverse rezan y piden, como, por ejemplo, tantos enfermos nuestros de aquí de San Rafael que están rezando ahora, en este miso momento, por los frutos espirituales de la Jornada de los jóvenes. Santa Teresita del Niño Jesús fue declarada Patrona de las Misiones y eso que entró a un Convento y nunca más salió de ahí. Murió en el Convento y, sin embargo, es Patrona de las misiones porque estando en el Convento ella rezaba por todos los misioneros.
Por lo tanto la oración es insustituible. La mejor arma apostólica que podemos tener es hacer el apostolado de la oración.
En segundo lugar, el ejemplo. Según aquella frase tan antigua: las palabras convencen pero los ejemplos arrastran. ¡Qué hermoso es un buen ejemplo! Creo que ya alguna vez les conté cuando ví a la Madre Teresa, tuve oportunidad de hablar con ella. ¡Qué ejemplo! ¡Qué cosa! Tenía ochenta años cuando la conocí. Caminaba golpeando el piso con una especie de alpargata que usaba. Y me dijo -ochenta años- que estaba preocupada porque en Bangladesh habían habido inundaciones y pasaban los cadáveres flotando. Siempre me acuerdo de eso. Al día siguiente se encontraba con Sadam Hussein en Bagdad. ¡Qué ejemplo! Ochenta años y se pasaba la hora de adoración arrodillada, en el suelo, como acostumbran ellas, sobre algunas esteras, descalzas, como es el estilo oriental. O también el ejemplo extraordinario de Juan Pablo II. Tuve la dicha de estar en al canonización del Padre Pío. Me pusieron en un lugar desde donde veía perfectamente bien al Papa. Tenía gran dificultad para caminar, sin embargo él empeñado en hacer lo que tiene que hacer. Y cuando el Cardenal prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, un portugués, Saraiva Martin le dice: Santo Padre -todo en latín- le pido que haga las cartas apostólicas donde se declare que ha sido canonizado, que Usted ha canonizado al Padre Pío de Pietrelcina, se oyó una voz poderosa: -Dicernimus (¡lo disponemos!) ¡Qué energía! O ahora, en la Jornada de los jóvenes, a pesar de toda la campaña en contra que le hacen los medios de comunicación social, él sigue haciendo lo que tiene que hacer. Una vez un periodista le preguntó en uno de los viajes: -Santo Padre, ¿cómo anda de salud? Él le respondió: - No sé. Cuando quiero saber cómo ando de salud leo los diarios.
Recientemente tuvimos que hacer un apostolado en Roma por una futura fundación. Entonces nos contó un monseñorino de la curia que ese día el Secretario de Estado había recibido los mismos presidentes que recibió el Papa. ¿Cuántos presidentes había recibido el Papa ese día? ¡Nueve presidentes! ¡Qué responsabilidad! Y los temas que debe tratar con estos altos mandatarios, temas importantes. O antes de ayer, que almorzó con 14 jóvenes, y habló con ellos porque quería saber qué hacían. Uno era de Sudán, otro de Hong Kong... eran de distintos lugares. Al mediodía, cuando se sienta a almorzar, lo primero que dice es: - ¿en qué lengua hablamos? ¡Increíble! También tuve la oportunidad de escucharlo en Ucrania. Los saludos los hizo en 14 lenguas. ¡Qué ejemplo! Pero cómo uno no se va a entusiasmar viendo ese ejemplo. El podría estar tranquilo, sin embargo, con ochenta y dos años está trabajando 16 horas por día. Es un ejemplo extraordinario.
¡El ejemplo extraordinario de toda esta gente! Todos los medios de comunicación social, como declaró el Cardenal de México, en una campaña de prensa orquestada a nivel internacional contra la Iglesia Católica. Sin embargo, cuando arrasaba esa campaña internacional, el Papa canoniza al primer sacerdote estigmatizado en 2000 años de historia, el Padre Pío. La plaza San Pedro estaba llena de gente, a pesar del calor que hacía. Además muchos otros la vieron por televisión. La canonización más grande de toda la historia de la Iglesia. ¿Y de quién? De un humilde fraile, un hombre de oración intensa, un hombre tan querido por toda la gente.
El tercer lugar, el sacrificio. Cuando se hace algún sacrificio y se ofrece ese sacrificio a Dios sobre todo en la Santa Misa, ese sacrificio de alguna manera se une al sacrificio de nuestro Señor y adquiere un valor enormemente grande para el bien de los demás, para la predicación del Evangelio. No hay que olvidarse nunca de eso. Nuestro Señor dice en el Evangelio: esta clase de demonios sólo se expulsa con la oración y el ayuno (Mc 9,29). La oración, el ayuno, el sacrificio. Si Cristo pasó por la Cruz, si Cristo sufrió, nosotros también tenemos que pasar por la cruz. Nosotros también tenemos que ofrecer nuestro sufrimiento como hacen las madres. Yo creo que no hay madre que cuando sufre no ofrezca los sufrimientos por el hijo, y eso tiene un valor enorme porque es estar haciendo lo mismo que hizo Jesús en la Cruz.
El cuarto lugar, la caridad. Les habrá pasado a los que conocieron por primera vez los hogarcitos: ver a esas religiosas, a esos padres, a esos seminaristas, atendiendo a los discapacitados ¿Qué objeción puede haber ahí? La caridad concreta con los más pobres, los necesitados. ¿Qué argumento en contra puede esgrimir uno? Aquellos que nadie quiere, aquellos que incluso la misma familia a veces se los saca de encima, atenderlos a ellos por amor a Jesús. Una vez, no fue acá, me parece que fue en el Cotolengo de Uruguay, si mal no recuerdo, entró un hombre materialista al Cotolengo y vio a una hermana que estaba limpiando a una niña que estaba toda sucia, la miró y le dijo: - Yo a esto no lo haría ni por 1.000.000 de dolores. La monjita se dio vuelta y le respondió: yo tampoco. Estas son cosas que no se hacen por dinero sino se hacen por amor a Dios, porque uno vive la caridad que nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio. Tantos casos, que los que están acá conocen con nombre y apellido, de niñas y niños que se cuidan desde bebés. ¡Qué tristeza hay cuando fallece uno!, pero al mismo tiempo gran alegría porque son ángeles que se van al Cielo porque no han cometido pecado. Y saber que se los atendió porque Jesús dijo: tuve hambre y me distes de comer, tuve sed y me distes de beber(Mt 25,35). Eso es la caridad cristiana y es la caridad de Cristo la que mueve los corazones y la que lleva a que muchos se conviertan porque ven el ejemplo concreto, el ejemplo práctico. Esto es Cristo, esto es el Evangelio. La Madre Teresa, de la que ya dijimos algo, ¡qué mujer extraordinaria! Murió con todos los honores, más de 100 delegaciones de gobiernos del mundo fueron a su funeral. La velaron en la India, en la caja mortuoria donde velaron a Nerú, considerado padre de la Patria, a Mahatma Ghandi, y también a ella, a la Madre Teresa. El cortejo fúnebre duró mas de 6 horas por la cantidad de gente que había. Mucho más que el funeral de Lady Di. (La Madre Teresa hacía apostolado con Lady Di. Esta fue una de las grandes colaboradoras que tuvo). Cuando me encontré con la Madre Teresa le dije: -La felicito, ¡qué hermosas palabras dijo cuando recibió el Premio Nóbel de la Paz! '¿Si una madre mata a su propio hijo en su propio cuerpo, qué razón hay para que no nos matemos entre nosotros?'. La Madre Teresa me respondió: esa frase me costó la ayuda de los países escandinavos, es decir, dejaron de ayudarla por el testimonio que ella dio, en contra del aborto. Y sin embargo, ella firme. O cuando estaba delante de Clinton y también defendió la vida de los no nacidos. Era Clinton, pero lo mismo se lo dijo.
Finalmente, el otro medio de apostolado es la palabra hablada y la palabra escrita. Roguemos para que nuestros jóvenes lleguen a tener el don de la pluma y para que escriban. Es necesario. Hoy en día prácticamente no se hace apostolado escrito. Estamos quedándonos prácticamente sin literatura cristiana actual. Y eso porque cuesta sacrificio escribir, cuesta trabajo, pero lo que uno escribe permanece. Eso es un apostolado. Uno está durmiendo y está haciendo apostolado porque los libros siguen predicando.
- Tácticas o estrategias del apóstol
¿Cuáles son las tácticas o estrategias del apóstol?
En primer lugar, convencer no imponer. No hay que imponer nada a nadie. Todo ser humano al cual nos dirigimos es un ser libre y hay que tratarlo como un ser libre. Hay que proponerle la verdad, pero no imponérsela. Si uno quiere imponer obtiene el efecto contrario y, además, está haciendo algo que Dios no quiere que uno haga. Hay que tener confianza en la otra persona y saber que si uno dice la verdad, ésta por si misma se impone. La verdad lo único que pide es ser escuchada
En segundo lugar, elegir el momento oportuno. Si no se elige el momento oportuno, se hace odiosa a la verdad. Si uno está, por ejemplo, descansando y viene otro y le dice: - Despierta, que te quiero hablar de Jesucristo. Me parece que no es la ocasión más oportuna. Hay que crear la ocasión. Y esto muchas veces. Por ejemplo, había un joven que rechazaba todo. Tenía un amigo que era muy bueno y rezaba para que el Espíritu Santo le iluminase. Así, un día se le ocurrió dejar arriba del escritorio de su compañero, como quien no quiere la cosa, una vida de Pier Giorgio Frassati. Después se fue. ¡Claro! Despertó la curiosidad del otro, que al leer Pier Giorgio Frassati, se pregunta: ¿Éste quién será? Cuando volvió, su compañero le preguntó: - ¿éste quien es? Así le empezó a hablar, después le regaló el libro. Después de leer el libro, el que era indiferente, se convierte, se confiesa y recibe a Jesús en la comunión. Creó la ocasión e hizo un buen apostolado.
Otro ejemplo. Había una misión popular en una ciudad y resulta que justamente estaba la pared de la iglesia pegada a la herrería. Y el herrero era totalmente anticristiano y anticlerical. Entonces, justo a la hora en que empezaba el misionero a predicar, este agarraba la masa grande en el yunque: plin, plin, plin... imposible predicar por el ruido que hacia el herrero. Entonces el misionero, reza al Espíritu Santo para que lo ilumine. Y así sucede que ve que al Cristo en la Cruz, que tenía en la sacristía y que era de hierro, le faltaba un clavo en la mano. Por eso, al día siguiente le pide al herrero que haga el favor de ponerle el clavo que faltaba. Empieza la predicación y esperaba los martillazos. Nada. En medio de la predicación ve que entra por la puerta de atrás el herrero. ¿Qué le había pasado? Cuando fue a clavarle el clavo a Cristo se dio cuenta lo que él estaba haciendo: él estaba clavando espiritualmente el clavo para crucificarlo a la Cruz con su conducta anicristiana y anticatólica. Se había dado cuenta que había obrado mal y que tenía que cambiar. Por eso se convirtió. El misionero había buscado la ocasión.
Otro ejemplo, que me pasó a mí. Tenía un vecino, Don Pepe Merlo, que era solterón y viejo. Había sido chofer de colectivo de la línea 32. Era muy buen vecino, pero era socialista, de esos 'comecuras', anticlericales. Me veía y siempre me hablaba mal de los curas.
Yo me decía: - ¡qué pena este hombre! A ver cómo hago. Varias veces le dije: - no Don Pepe, no es así como Usted dice... y le daba los argumentos. Pero cuando lo volvía a ver, me decía: - porque los curas... Yo pensaba: Uh, otra vez con los curas. Entonces se me ocurrió pedirle un favor. A veces no hay mejor modo que pedir un favor, porque cuando uno pide un favor se pone en una posición débil. Me dijo: - Carlitos lo que vos quieras. Le dije: -Me tiene que acompañar, vamos a ir a Claypole. Así fue que tomamos el 60 para ir a Claypole. En el colectivo íbamos charlando de esto, lo otro, me contaba de todo: las historias habidas y por haber. Finalmente llegamos al Cotolengo de Claypole. Lo encontramos al padre Tomás, que lo había conocido a Don Orione. Él nos llevó a recorrer primero los pabellones de niños, después de mujeres, luego de varones, etc. Don Pepe estaba pálido. Cuando salimos, después de estar unas horas ahí me dijo: -¡quien iba a decir que tenía que vivir 72 años para conocer esto! Yo no dije nada, no iba a arruinar lo que estaba haciendo Dios. Finalmente regresamos y llegamos a casa. Me dijo: -muchas gracias Carlitos por lo que me has hecho conocer. Después regresé al seminario. A la semana siguiente vuelvo a mi casa y me encuentro con él, y lo primero que me dijo fue: -¡Qué obra grande que hacen los curas! Parecía imposible. Pero hay que buscar la ocasión y dar en el punto débil, porque todos tenemos un punto débil. A veces es un gusto, a veces es un amor, a veces es una pasión...
Otro ejemplo. A mi papá le encantaba jugar al truco. Nunca iba a Misa. Era ferroviario, maquinista de la fraternidad. También era 'comecuras', era un hombre bueno, pero nunca iba a misa. En la Parroquia hubo campeonato de truco y él ya se había jubilado. Le dije: - ¡Mirá papá!, hay un campeonato de truco. ¿Por qué no te anotás? Ahora tenés tanto tiempo. Me dijo: - Tenés razón. A él le gustaba mucho el truco. Fue y se anotó. Sortearon las parejas y le toco jugar con el cura párroco y salieron campeones. Porque mi papá, hombre vivo, le dijo: - Padre, cuando yo le diga algo Ud. diga que sí. Entonces le preguntaba: - ¿Tiene tanto para el envido? Sí, decía el párroco. Entonces los otros pensaban que no mentía. Y así fue que ganaron.
Debemos saber comprender, pero para saber comprender hay que ponerse en el pellejo del otro, saber porqué está en tal situación o en tal otra. Para saber comprender hay que saber oír. Hay personas que no escuchan y entonces no se dan cuenta de la situación en que está la otra persona. A veces uno escucha a personas que están rabiando por determinada cosa y resulta que es algo que es de labios para afuera solamente, pero para adentro no. Incluso están criticando algo que es criticable. Y está muy bien que lo critiquen. Debemos recordar que nosotros no seguimos a seres humanos, sino que seguimos a Jesucristo. Los seres humanos estamos llenos de pecados, de defectos, de miserias, de limitaciones. Por eso debemos perseverar una y otra vez, y otra vez, y otra vez... Así sucedió con ese gran santo que fue San Pedro Claver, jesuita, que vivió en Colombia, en Cartagena de Indias. Durante 22 años siempre que pasaba delante del negocio saludaba a su dueño, un musulmán: - ¿Qué tal don Fulano? ¿Cómo le va? ¡Buen día! -Eso lo hizo durante 22 años!- Y le repetía: -¡mire que tiene que hacerse cristiano! El otro no quería. Pero él insistía: -¿Cuando lo bautizo? El otro seguía obstinado. Murió San Pedro Claver y al poco tiempo este musulmán dijo: - en este mundo la única persona que me ha querido y que me ha amado ha sido el padre Pedro Claver. El quería que me bautizase. Si el me amaba quería lo mejor para mi, me voy a hacer bautizar. ¡22 años había insistido este santo! Hay que tener paciencia, hay que perseverar y hay que confiar, finalmente, en el poder de Dios y en el poder de la gracia, de manera particular, el apóstol debe vivir las virtudes de mansedumbre, de dulzura y de humildad porque la verdad que nosotros llevamos no es una verdad nuestra sino que es de Dios. Y si nosotros conocemos la verdad es por gracia de Dios. ¿Qué tienes que no hayas recibido? nos dice San Pablo (1Cor 4,7)
Entonces no debemos ir con esa prepotencia de la persona que habla como si fuese desde la cátedra. ¡No debe ser así! Deben ir con toda humildad, porque es un regalo que Dios nos ha hecho: el conocer la verdad que salva. Y por eso hay que ser manso sabiendo, como dice San Francisco de Sales, 'que más moscas se atrapan con una gota de miel que con un barril de hiel'.
Es cuestión de probar, prueben en sus casas, con sus hermanos, con sus hermanas. Aprendan a poner miel en vez de hiel y van a ver cómo los van a escuchar. Dirán -¿Qué le pasa a este? ¡Mirá vos!, menos mal que cambió. Más vale tarde que nunca.
Hay que aprender a vivir las virtudes que nos enseñó nuestro Señor: aprended de mi que soy manso y humilde corazón (Mt 11,29)
[1] Cfr. Mc 16,15.
[2] Seguimos a Royo Marín, Jesucristo y la vida cristiana (Madrid 1956) 530ss.
[3] Cfr. Diario Ámbito financiero, 26 de julio de 2002.
[4] Cfr. Mt 25,14ss.
[5] Pío XI, 'Discurso del 24 de septiembre de 1927