San Juan Pablo II: amó a Cristo y lo hizo amar

El pontificado de San Juan Pablo II fue algo realmente impresionante en todos sus aspectos. Desde sus comienzos, estuvo marcado por un ritmo verdaderamente frenético, hasta el punto de que a quienes lo rodeaban les resultaba dificil seguirle el paso. De ahí que algunos, en tono de broma, se refirieran a él como «el huracán Wojtyla».

Más allá de la broma y la figura del huracán, cabe preguntarse que había detrás de aquella vida santa y de aquel pontificado extraordinario. La respuesta nos la ofrece el Papa Benedicto XVI, quien afirmó que a Juan Pablo II «lo movía únicamente el amor místico a Cristo».[1]

Esta es la clave: Cristo fue la causa de todo. Él es la clave para comprender a san Juan Pablo II y, únicamente a la luz de Cristo, se puede entender su pontificado. Toda su vida se comprende desde ese amor del que estaba verdaderamente prendado. Por eso, podríamos sintetizar su vida y su magnífico pontificado en estas palabras: amó a Cristo e intentó hacerlo amar.

Este amor se manifestó a lo largo de todo su pontificado, en sus escritos, discursos y homilías. Juan Pablo II no dejaba pasar la ocasión para hablar de Cristo, de anunciarlo y de invitar a los demas a conocerlo y amarlo.  

«Este Papa —testigo de Cristo, amante de la cruz y de la resurrección— viene hoy a este lugar para dar testimonio de Cristo».[2]  «Nada en mi ministerio ni en mi vida puede anteponerse a esta misión: proclamar a Cristo».[3] «Abrid de par en par las puertas a Cristo!»[4]; «Amad a Cristo como él os ama».[5]

«¿Qué otra cosa podía deciros mejor que ésta? ¡Aprended a conocer a Cristo y dejaos conocer por El! (…). Estad seguros de que El conoce a cada uno de vosotros más que cuanto cada uno de vosotros se conoce a sí mismo. Conoce, porque ha dado su vida (cf. Jn 15, 13). Permitidle que os encuentre».[6]

«Quisiéramos decir como San Pablo: “Mi vida es Cristo”. Nuestra vida no tiene sentido sin Ti. Queremos aprender a estar con quien sabemos nos ama».[7] Y al recordar su propia relación con Jesús Juan Pablo II confesaba:  «Cada día se repite en mi corazón el mismo diálogo entre Jesús y Pedro (…). Él, consciente de mi fragilidad humana, me anima a responder con confianza como Pedro:  “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero” (Jn 21, 17)».[8]

               «Recordad: Lo que os he dicho y os digo, lo he dicho y lo digo por experiencia personal. Me he maravillado siempre de este admirable poder que Cristo tiene sobre el corazón humano».[9]

Quizá en estas últimas palabras encontremos una de las claves para comprender la vida de san Juan Pablo II: su asombro ante el amor de Cristo y el poder que este tiene para transformar el corazón humano.

Por eso, al celebrar hoy su fiesta, no basta con admirar su figura ni recordar sus obras. Si queremos imitarlo y seguir su ejemplo, procuremos amar a Cristo y hacerlo amar. En eso se puede resumir la vida de san Juan Pablo II: amó a Cristo e intentó hacerlo amar.

 P. Francisco Javier de Igarzábal, IVE

 

[1] Benedicto XVI, Homilía por el segundo aniversario de la muerte de Juan Pablo II, 2 de abril de 2007.

[2] Juan Pablo II, Homilía en la Catedral de Gniezno, 3 de junio de 1979.

[3] Juan Pablo II, Homilía en el pontificio colegio americano, 22 de febrero de 1980.

[4][4] Juan Pablo II, Homilía inicio del pontificado, 22 de octubre 1978.

[5] Juan Pablo II, Homilía misa para los jóvenes del VII foro internacional de la juventud, 17 de agosto del 2000.

[6] Juan Pablo II, Discurso a los jóvenes universitarios de Cracovia, 8 de junio de 1979.

[7] Juan Pablo II, Oración del Papa Juan Pablo II durante la adoracion nocturna, 31 de octubre de 1982.

[8] Juan Pablo II, Homilía por el 25º aniversario del Pontificado, 16 de octubre de 2003.

[9] Juan Pablo II, Discurso a los jóvenes universitarios, 8 de junio de 1979.

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