La peligrosa nivelación que borra la frontera entre la luz y las tinieblas
Queridos todos!
Continuamos el tema que habíamos comenzado el mes pasado sobre el martirio cristiano. Esta vez quiero compartir con ustedes, el pensamiento de un teólogo, que en el ámbito del tema que estamos abordando sobre el martirio, es cabal y ayuda mucho a interpretar lo que verificamos hoy día en nuestra sociedad.
Hablando del martirio, citando al Concilio Vaticano II GS. 27, decíamos que, ante las múltiples dificultades, que incluso en las circunstancias más ordinarias puede exigir la fidelidad al orden moral, el cristiano, implorando con su oración la gracia de Dios, está llamado a una entrega a veces heroica.
Tenemos que entender que, con el acontecimiento de la venida al mundo de Dios en Jesucristo Nuestro Señor, comenzó un tiempo nuevo. Es decir que, el Evangelio o buena noticia de la fe cristiana se refiere a la inauguración de una nueva realidad, no solo a una nueva corriente de pensamiento o a una nueva ética. Cristo hace nuevas todas las cosas. Realidad que es además escatológica, definitiva, especialmente relevante y decisiva en todo tiempo.
Un teólogo Aleman, Erik Peterson, (1890-1960) que se ha convertido del protestantismo al catolicismo, por que vio que la religión protestante no respondía a sus cuestionamientos; como historiador comenzó por estudiar la vida de los primeros cristianos. Como buen conocedor de la lengua, mentalidad y costumbres del Área Mediterránea en torno al siglo I, está atento a cómo resonaban en los oídos de entonces lo que dice el Nuevo Testamento, y los Evangelios, las Cartas apostólicas y el Apocalipsis.
Peterson percibe una visión del mundo que ha sido revolucionada por el acontecimiento «Cristo», marcada por la constatación de que ha empezado una realidad nueva, un tiempo nuevo. Son muchos los temas que trata, entre ellos el martirio y el mártir. Él vivió las dos guerras mundiales, y en la segunda se opuso al régimen de Hitler. El conocer la guerra de cerca, dejó una huella en su pensamiento posterior.
En toda la obra de Erik Peterson tiene especial protagonismo la dimensión escatológica, es decir: las realidades últimas; el destino final del ser humano y del universo entero. Él entiende todas las realidades relativas a nuestra fe desde esta perspectiva y cree que sin ella no se comprenden correctamente.
Advierte nuestro autor que, la incorporación a esta nueva era después de Cristo, tiene una dimensión espiritual, pero también tangible, corpórea, que conlleva renuncias también corpóreas (y por tanto dolorosas) para librarnos de la esclavitud del pecado.
Es que, a nosotros los cristianos, nos corresponde participar anticipadamente de la alegría de la victoria y la salvación, de la fuerza de la Vida, mientras se libra la batalla contra el mal, unidos a la cruz de Cristo, lo que en ocasiones requiere el sacrificio supremo de los mártires. El combate escatológico durará hasta que el Hijo del hombre venga sobre las nubes por lo que en todo el tiempo de la Iglesia nos encontraremos con la realidad del martirio.
Bajamos al concreto actual:
Muchos poderes tratan de establecer órdenes y valores diferentes, ejerciendo una tiranía destructiva. (consumismo, ideologías…) El testigo de la verdad reconoce la falsedad de estos ídolos: tarea urgente en una sociedad tan relativista.
Según Peterson, el lugar de la Iglesia y del cristiano, durante este tiempo escatológico, es decir hasta la segunda venida de Cristo, es la frontera entre dos realidades enormemente distintas, (entendiendo frontera como tensión existencial e histórica) pero con una cosa en común: son ámbitos de existencia que se encuentran dominados cada uno de ellos por un “señor” de modo que cada realidad sustenta una serie de valores.
Las dos realidades de Peterson funcionan de manera muy similar a las dos ciudades de San Agustín (la Ciudad de Dios y la Ciudad Terrenal), las cuales se dividen precisamente por sus dos amores y sus dos “señores” (el amor a Dios hasta el desprecio de uno mismo, y el amor a uno mismo hasta el desprecio de Dios).
El lugar fronterizo de la Iglesia es también el lugar del discernimiento: no da todo igual y hay que aprender a distinguir el bien del mal.
¿Qué es la “nivelación”? (El “todo da igual”)
Nivelar significa aplanar el terreno, borrar las diferencias. En la cultura actual, bajo la bandera de la tolerancia absoluta, el relativismo o la psicología superficial, existe una tendencia a justificarlo todo.
Entonces, ya no hay actos intrínsecamente buenos o malos; todo depende del “contexto”, de las “intenciones” o de “cómo se sienta” cada uno. Y al eliminar los contrastes firmes, la realidad se vuelve gris. Si nada es sagrado, nada es realmente profano. Si todo es tolerable, nada es verdaderamente valioso.
El discernimiento es la capacidad del espíritu humano para juzgar con rectitud: separar la luz de las tinieblas, el “eón” de Dios del “eón” del mundo.
(En los escritos del célebre teólogo alemán Erik Peterson, el concepto de eón (del griego aión, que significa época, era o espacio de tiempo) constituye el eje fundamental de su teología de la historia y su escatología.)
De ahí que: Cuando la sociedad “nivela” los valores, nuestra brújula interior se atrofia.
El pecado deja de llamarse pecado y pasa a llamarse “error”, “debilidad”, “baja autoestima” o simplemente “un estilo de vida alternativo”. Al perder el sentido del pecado, se pierde automáticamente el sentido de la gracia y del perdón. Si nadie hace nada malo, nadie necesita ser salvado.
Por tanto, el interés actual por nivelarlo todo embota nuestra capacidad de discernimiento, lo cual tiene consecuencias catastróficas: «… la nivelación de la capacidad de discernimiento, desde el punto de vista teológico, en último término terminará en la nivelación del cielo con el infierno». Son palabas a Peterson. Es decir, se pierde el sentido del pecado y es todo lo mismo.
La nivelación última: Cielo e Infierno
Aquí es donde la frase de Peterson se vuelve profética. Si borramos la frontera entre el bien y el mal en la tierra, las consecuencias definitivas de esos actos también se borran:
El Cielo representa la comunión total con Dios, el triunfo de la verdad y el amor.
El Infierno representa el aislamiento absoluto, el rechazo voluntario de Dios y el imperio del egoísmo, bajo el poder del maligno.
Si en nuestra vida diaria decidimos que da exactamente igual vivir bajo el señorío de Cristo que bajo el señorío del mundo, estamos diciendo implícitamente que el Cielo y el Infierno son la misma cosa. Es la indiferencia metafísica absoluta. En un mundo completamente nivelado, el sacrificio de los mártires se vuelve una estupidez innecesaria y la Cruz de Cristo pierde todo su significado.
El papel de la Iglesia como resistencia
Por eso Peterson insiste tanto en que el lugar de la Iglesia es la frontera. La Iglesia existe en el mundo precisamente para sostener esa frontera en pie. Su misión es recordar que:
- Sí hay una diferencia entre la luz y las tinieblas.
- No todas las opciones de vida valen lo mismo.
- El discernimiento no es intolerancia; es un acto de caridad para no perder el camino a casa.
- La nivelación promete una falsa paz donde “nadie juzga a nadie”, o “nadie contradice a nadie”, pero Peterson advierte que su verdadero resultado es el vacío espiritual más absoluto, donde la humanidad queda ciega, incapaz de reconocer el bien.
Me pareció, queridos lectores, que esta lectura de la realidad del martirio y la situación que nos toca vivir en la sociedad actual, nos puede ayudar a entender que todos como cristianos, estamos comprometidos por el solo hecho de ser bautizados y pertenecer al Cuerpo de Cristo, a velar sin cesar y a trabajar por el Reino de Dios que sufre violencia. (Mt 11, 12).
Es inevitable que participe en el sufrimiento de Cristo, quien pertenece a su iglesia, porque somos bautizados en la muerte del Señor y alimentados con su Sangre.
Nos anime y nos dé fortaleza la Virgen Santísima, Madre de Nuestro Señor Jesucristo, el Testigo Fiel.
Hna Maria de la Fe
Fuentes:
Juan Antonio Martínez Camino, “Los Mártires del Siglo XX, testigos de la Misericordia” Artículo del libro “Mártires, la Victoria sobre los ídolos”.
Amparo García- Plaza Vegas, “Maestros: Peterson y Ratzinger” Artículo del libro “Victimas y Mártires”



2 respuestas
La verdad en ese intento de demostrar su erudición la hna menciona un desatinado análisis y comentario del tal Peterson, a quien lo mejor q su cerebro y corazón pudo darle en la vida en aceptar la gracia de su conversión. Espero haya sido completa y sincera.
Aparte de ello NO veo cabida a ninguno de sus pensamientos sentimientos o teorías en el desarrollo del tema. El mundo esta lleno de tantis llamados teólogos, filósofos, siquiatrías y otros eruditos q aparentemente impresionan a la autora, que no alcanzarían 57 gigas para almacenar tanta “sabiduría inútil”. Bien haría la autora y cualquier otro catolico q pretenda escribir guiar u orientar a otros -especislmente en las redes o institución católica- desechar toda fuente de ciencia humana-teólogos filósofos siquiatras etc- y estudiar la Palabra de Dios a conciencia al preparar dichos escritos. Como cambiaría el mundo…religioso y con ello al resto de el.
Pero no espero que ocurra, pues si no en los seminarios se estudia la Palabra de Dios ni siquiera – hr al día, qué ocurrirá en los claustros de monjas!!!
Es que acaso no estamos facilitando la debilidad de la Iglesia y sus miembros al alejarnos de la Palabra de Dios ??
Quien es el único interesado y muy contento de que eso se dé dentro de la iglesia?
Y miren el titulo del artículo de marras!!
Como quisiera preguntar a ls autora que nos diera una respuesta (en 40 palabras) de cuando el cielo se vuelve igual al infierno?