En la primera semana de julio de 2026, el Pequeño Cotolengo Don Orione recibió a otra persona enferma, una mujer que se encuentra en la etapa final de un cáncer. Su llegada fue una bendición especial para nuestra casa de caridad, porque, cuando era niña, fue cuidada y criada por nuestras hermanas en el Hogar de Niñas Luján. Ahora, después de muchos años, ha regresado a nosotros en un momento de gran necesidad. Para nosotros, recibirla ha sido una profunda alegría y gracia.
El propósito del Pequeño Cotolengo Don Orione no es simplemente brindar refugio y cuidado físico, sino acompañar a los enfermos, especialmente a aquellos que no pueden desempeñarse sin la ayuda de otra persona. Aquí pueden recibir la atención personal, la dignidad, el amor y el cuidado espiritual que merecen.
Una de las mayores bendiciones que hemos vivido es la oportunidad de llevar los sacramentos a nuestros hermanos y hermanas enfermos. Todos los que están en nuestra casa de caridad han podido recibir los sacramentos, y esto es una gracia. Como compartí en mi crónica anterior titulada Cómo nuestra primera persona con discapacidad recibió el sacramento del bautismo, seguimos siendo testigos de la actuación de la gracia de Dios en esta pequeña comunidad.
Con la ayuda de las hermanas SSVM, nuestra nueva residente ha comenzado a recibir la sagrada comunión todos los domingos. Es un hermoso recordatorio de que nuestra mayor labor no es solo cuidar el cuerpo, sino llevar a Jesús al alma. Como nos recuerda bellamente san Luis Orione: “¡La caridad más grande que se puede hacer a un alma es darle a Jesús! Y el consuelo más dulce que podemos darle a Jesús es darle un alma”.
Estas palabras expresan el corazón de nuestra misión. Cada momento de cuidado, cada comida, cada momento de asistencia y, especialmente, cada distribución de un sacramento se convierte en una oportunidad para acercar a Cristo a quienes nos han sido confiados.
También estamos agradecidos de que dos de nuestros voluntarios adultos se estén preparando para recibir el sacramento del bautismo. A través de su servicio y preparación, vemos otro hermoso fruto de este apostolado: no solo cuidar a los enfermos, sino también ayudar a las almas a encontrarse con Cristo.
El Pequeño Cotolengo Don Orione nos sigue enseñando que la verdadera caridad va más allá de la asistencia material. Es una caridad que cuida a la persona entera, cuerpo y alma, y busca llevar a cada persona hacia Jesús. Como nos recuerda Don Orione: “Sólo la caridad salvará al mundo”.
Que Dios siga bendiciendo a esta pequeña casa y a todos los que sirven y son servidos aquí, para que, a través de nuestros pequeños actos de caridad, muchas almas puedan encontrar el amor y la misericordia de Jesús.
P. Praveen Stanley, IVE
Misionero en Papúa Nueva Guinea



