Hoy la iglesia celebra a Santo Tomás de Aquino. Les compartimos unos párrafos de su obra en defensa de la vida religiosa:
Después de haber visto cómo estos hombres perversos maliciosamente deforman el juicio sobre las cosas, ahora hay que ver cómo lo hacen también respecto de las personas… No se contentan con difamar. Su intención es hacernos desaparecer. Esto resulta evidente por varias razones. Intrigan ante los prelados para que procuren que nadie se les acerque; buscan que no sean provistos de lo necesario; quieren también que no se les permita recibir candidato alguno…
Para resistir a sus calumnias, hay que tener en cuenta que, al calumniar, siguen cuatro procedimientos. En relación con los varones espirituales, hacen esto:
– los males que encuentran, los exageran;
– dan por hecho lo dudoso;
– inventan falsedades;
– echan a mala parte lo bueno…Eliminar de este mundo a los santos, antiguamente los tiranos intentaron realizarla usando la violencia…. Pero ahora, hombres perversos tratan de hacer esto mismo en relación con los religiosos, especialmente contra aquellos que, profesando perfección, pueden, con la palabra y el ejemplo, producir mayor fruto. Para lograr lo que pretenden, centran el interés en asentar tales cosas capaces de hacer que su estado desaparezca por completo o resulte del todo insoportable…
Después de que, con el auxilio de la divina gracia, ha sido rechazada la difamación de hombres perversos, queda bien claro que no hay condena alguna para quienes viven en Cristo Jesús, los cuales no se guían por lo carnal (Rom 8,1.4), sino que, cargando con la cruz del Señor, se consagran a obras espirituales, despreciando apetencias de la carne. Habría lugar a decir otras muchas cosas, replicando a los susodichos calumniadores. Sea Dios quien los juzgue, pues su perversidad se pone de manifiesto con las cosas que, salidas de su corazón, propalaron perversísimamente [nequissime protulerunt]. Baste pensar en la sentencia del Señor acerca del particular: ¿Cómo podéis decir cosas buenas, siendo malos? La boca habla de la abundancia del corazón (Mt 12,34). Si alguien se purifica de todo esto, desaprobando su maldad, será vaso de honor, santificado para servir al Señor y apto para toda obra buena (2 Tim 2,11). Quienes están de acuerdo con ellos, ciegos que siguen a ciegos, caerán junto con ellos en el hoyo: para librarnos de caer, baste lo dicho aquí con la ayuda de Dios, a quien sea honor y acción de gracias por los siglos de los siglos. Amén.


