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¿Cómo son nuestros oratorios aquí en Tanzania? Trataré de compartirles un poco, pues es una actividad muy importante en la misión, y a la vez muy simple. Creo que en todas las misiones de la Congregación “el oratorio” juega un papel muy importante, sobre todo porque se trata de uno de los apostolados propios de nuestro Instituto, y que además, llevado adelante como Familia Religiosa, es decir, en conjunto con las Servidoras, siempre es de mucho fruto. Los oratorios de nuestras dos parroquias aquí en la misión, por un lado tienen lo propio de todo oratorio y que es común a todos, me imagino, a los oratorios festivos otras misiones; y por otra parte tienen sus particularidades derivadas del lugar, el clima, la cultura. Paso, entonces, a contarles.

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En primer lugar, lo que pienso que es común a todos los oratorios festivos, y que a la vez constituye la esencia de los mismos. El oratorio festivo es un ambiente religiosamente fervoroso y moralmente sano, que envuelve al joven en su totalidad para orientarlo con profundidad y decisión a ser honestos ciudadanos y buenos cristianos, en un clima de religiosidad, de razonable amabilidad, de alegría, de libre y juvenil expansión, parafraseando las enseñanzas del P. Pietro Braido, salesiano. Debe ser esencialmente educativo, y no sólo un lugar para divertirse, como una especie de club recreativo, sino que debe tener siempre el deseo de enseñar a los niños y jóvenes las virtudes humanas y cristianas, que se pueda dar un crecimiento en la fe y en la participación de los sacramentos. Para esto no se ahorran esfuerzos en lo que significan las “buenas tardes”, los sermones, pero de gran valor son las conversaciones, y la “asistencia” en medio de los niños y jóvenes, como padres, madres y hermanos de ellos. Y esto se trata de vivir cada domingo y días de fiesta, incluyendo los días de catecismo, y los campamentos.

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En segundo lugar, en relación a lo que puede ser particular de esta misión. Una de las cosas que destaco es que en estos lugares hay gran cantidad de niños, y por esto, generalmente el oratorio suele ser bien concurrido. Sin embargo, a veces tenemos la dificultad de que no son muy constantes en la asistencia, y podemos decir que una buena parte son niños que vienen alguna vez a jugar, y regresan después de algunas semanas. Creo que en otras misiones es fácil conocerlos a todos los chicos, y saber si alguno ése fin de semana no ha asistido, y así poder preguntarle porqué no vino, o si ha estado enfermo, etc. Para nosotros eso es casi imposible, sumado a que suelen haber muchas causas muy frecuentes de la falta de asistencia, como por ejemplo el que los papás los mandan a pastorear los animales, o los mandan a trabajar al campo en la época de lluvia. Otras veces deben quedarse en la casa a cuidar de sus hermanos, y en muchas ocasiones, las niñas deben ser las que van a buscar agua, o leña, o deben cocinar. Al ser muchos hermanos, generalmente, estos trabajos se hacen por turnos en la casa, y por eso no son siempre los mismos los que faltan.

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Un detalle para agregar sobre la asistencia de los niños al oratorio, al menos en la parroquia de Kangeme, es que los domingos por las tardes tiene lugar el mercado del pueblo. Esto capta mucha atención, pues el mercado es sólo un día en la semana, y vienen vendedores de todos lados trayendo todo lo que se puede necesitar en lo que respecta a ropa, comida, animales, verduras y frutas, herramientas, bicicletas, etc. Puedo decir que es realmente atractivo ver esos lugares llenos de gente, de vendedores, de quienes aprovechan a vender dulces, sodas, jugos, caña de azúcar, y tantas cosas que atraen a la gente del lugar, y a los niños les encanta. Puede ser, sobre todo en días festivos como Navidad, Año nuevo, o Pascua, que mucha gente se dirige hacia el mercado, y se ve reducido el oratorio. Sin embargo aquí está el trabajo nuestro, de los padres, hermanas y hermanos, novicios, y aspirantes, de tratar de “vestir de fiesta y de novedad” el oratorio, para que los mueva a venir. Eso en parte creo que lo conseguimos, aunque siempre se puede mejorar, pues en cada año logramos que más niños participen de la Kermesse de Navidad, y de Pascua. Es como si se fueran acordando de un año al otro, y se van pasando la noticia, y así logramos que esos días se llene de niños y jóvenes, pero sobre todo de niños. En este año, por ejemplo, se agregó la novedad de un teatro de títeres, que hicieron las aspirantes, y que produjo gran admiración a los niños, el deleite de los más chiquitos, que tendrían que ver cómo se reían a carcajadas. Así, hay que buscar siempre de hacer atractivo el oratorio, y crear el clima de “novedad”.

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Otra particularidad de esta misión es que siempre hace calor, y por eso nuestro oratorio es “al aire libre”, algo que nos beneficia totalmente. Es decir que siempre pueden jugar a la pelota: al fútbol (los varones), al netball (las niñas), al voley (los jóvenes). Además de todos los juegos organizados por equipos, competencias, carreras, saltar la soga, etc., etc. También, el calor hacer que el agua sea un elemento muy importante, y debemos prepararnos para el oratorio llenando varios baldes de agua, que los niños consumen con una avidez como si se tratase de Cocacola gratis.

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Lo bueno es que nuestros niños son muy simples y sencillos, y entonces con cualquier cosa se divierten, y pueden estar horas en sus juegos. Algunos dibujan su “rayuela” en el piso, otros juegan con las piedritas, con palos, con tierra, o cantan… en fin, saben jugar. Nadie tiene problema de ensuciarse, sentarse en la tierra, correr descalzo. A veces me admiro, aunque ya me he acostumbrado un poco, de ver algunos niños o niñas pequeños, que se caen estrepitosamente en un juego, se levantan de inmediato, se sacuden la tierra, ¡y siguen jugando como si nada! Esta simplicidad nos ayuda mucho, pues no necesitamos muchos juegos, sino que siempre debemos pensar en que hayan pelotas suficientes, y varias sogas, y listo. Nos ayuda también esta disposición de los niños, porque muchas veces los asistentes son pocos en relación a la cantidad de niños, y sin embrago el oratorio de desarrolla sin mayores inconvenientes.

Los únicos días que se debe usar el salón parroquial, son los días de lluvia, pero lo evitamos todo lo posible, pues generalmente son muchos chicos, y cuando entran al salón, se produce un entusiasmo y euforia tan grande en todos, que empiezan a silbar, gritar, correr, que se hace casi incontrolable ese batallón de niños. A veces, aún con equipo de audio y micrófono, es imposible que nos escuchen. En cuanto vemos que la lluvia termina, vuelven todos a correr por el campo, llenos de barro.

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Como regla general, se sabe que todos deben participar de las funciones religiosas. Por eso la gran mayoría han participado de la misa en la mañana, y en la tarde llegan al oratorio. Cuando se comienza el mismo, al llegar las hermanas y los hermanos, se dan las “buenas tardes”, que no hace falta que me explaye en esto. Luego todos a jugar, separados en diversos grupos. Al terminar la tarde se los reúne para rezar algunos misterios del santo rosario, caminando en una procesión de dos filas. Antes de irse vuelven a ingresar en la iglesia, donde se les da otro breve pensamiento, se le canta a la Virgen, reciben un caramelo a la salida, y a la casa. Los jóvenes suelen estar reunidos en la cancha de vóley, donde suelen tener también el rezo del rosario y una charla para ellos, sentados debajo de los árboles. Y con respecto a los sacramentos, es una gran gracia constatar que los que ya han recibido su primera comunión no tienen ningún reparo en venir a confesarse frecuentemente, aún en medio del patio y de los juegos.

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Como uno de los grandes beneficios que trae el oratorio, y me imagino que esto debe ser muy común en todos lados, es que aporta un gran clima de familia a la parroquia, a la misión. Los niños y jóvenes se sienten muy cómodos, en un ambiente de libertad, alegre, y religioso. Se logra un hermoso trato de amabilidad y confianza de los niños con los misioneros. Como aquí en nuestras dos parroquias el terreno se encuentra totalmente abierto, sucede que la gente que pasa por el camino mira asombrada el espectáculo de cientos de niños y jóvenes jugando en un clima sano y alegre. Como decía el mismo Don Bosco, que un recreo animado era un verdadero espectáculo digno de verse. Algunos de los que pasan caminando o en bicicleta, a veces se paran y se quedan un rato mirando esta fiesta del oratorio.

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Pero otro gran beneficio, que puedo ver aquí en nuestra misión, es que muchas veces se acercan niños que no son católicos, y algunos ni siquiera son cristianos. Pero vienen porque vienen sus amigos, o vecinos, y entonces la iglesia, y los misioneros, ya no son extraños para ellos. La iglesia pasa a ser un lugar que les trae gratos recuerdos de días alegres vividos allí. Y muchas veces podemos ver esto, cuando viajamos en auto, y muchos chicos nos saludan desde todas partes, con gran alegría, sabiendo que muchos no son católicos. El oratorio, en muchos casos, será lo que atraiga a muchos paganos a rezar, pues les queda el grato recuerdo, y la iglesia es su casa. En algunas ocasiones, cuando paso por el frente de iglesias protestantes que están cerca de nosotros, los niños de esas iglesias nos saludan con gran alegría, y sin reparos diciendo: ¡Padreee!

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Bien, podemos decir que, del oratorio, nunca es suficiente lo que se pueda decir. Tendría mucho más para escribir, pero ya se ha hecho muy largo. Resumo diciendo que es un gran apostolado, es un apostolado propio de nuestra familia religiosa, que exige sacrificio, y que siempre da mucho fruto.

¡Firmes en la Brecha! Y ¡Viva la misión!
¡Viva el Oratorio!
P. Diego Cano, IVE

PD: Estamos con la campaña para terminar de construir la sacristía de nuestra iglesia. ¡Ya casi llegamos a la mistad de la colecta! Cuando lleguemos a la mitad, podremos comenzar con el trabajo del piso y del cielorraso. Aquí abajo les copio el link, para que los que puedan colaborar, y para que nos ayuden a difundirlo también.
¡Mil gracias! Aquí el link
Campaña Sacristía en Tanzania

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