Contenido de la serie
Los dones Espíritu Santo – día primero
Día 1
Los Dones Espíritu Santo
Los Dones Espíritu Santo – Día Primero
Los Dones Del Espíritu Santo :
Dice el libro de Isaías: Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, un tallo brotará de sus raíces. 2 Reposará sobre él el espíritu de Yahveh, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor de Yahveh. (Isaias 11:1-2 CAB)
Se trata del Espíritu que recibe el Mesías . El texto menciona seis características, que la tradición ha fijado en siete dones, simplemente porque el texto hebreo menciona como último el temor (יִרְאָה), y el griego de los Setenta usa una palabra que mejor se traduce como piedad (εὐσεβείας). La tradición ha asumido que expresan dos aspectos complementarios de la acción del Espíritu, por lo que ha conservado ambos, llevando el número a siete.
Son los dones del Mesías, que luego Él participa a su Cuerpo místico.
Son el regalo por el cual Cristo cristifica a sus miembros. ¡Cuántas veces los encontramos obrando maravillas en las almas que Dios pone en nuestras manos, en la gente que Él pone en nuestro camino!
Conocer la acción del Espíritu Santo es vital para nuestra vida espiritual . En orden a: Reconocer su acción en nosotros, para humillarnos y agradecerla. Disponernos a tratar bien a este Huésped del alma, por medio de la fidelidad a sus toques (en oración y fuera de ella). Evitar el contristarlo por falta de fidelidad, que podría ser por falta de reconocimiento de su acción, por no prestar atención a su obra. Disponer el alma por la práctica de las virtudes correspondientes a los dones, ya que la virtud habitúa la voluntad a afectarse al bien que el don produce sobrenaturalmente, por lo cual facilita la fidelidad por medio de la connaturalidad que produce en nuestra alma. Pedir humildemente su acción en nosotros, y pedir la gracia de la fidelidad a los dones. Humildemente, porque por más que los conozcamos, no podemos causarlos. Podemos pedirlos. Y pedirlos bien y humildemente es lo más importante. ¿Qué son los dones del Espíritu Santo? Son principios habituales de acción sobrenatural, que hacen a la obra sobrenatural no sólo en cuanto a los principios o a los fines, sino también en cuanto al modo, que es aquí ser movido por Dios .
Dice Santo Tomás en la Suma Teológica I-II, 68,1:
“Pues bien, es manifiesto que las virtudes humanas perfeccionan al hombre en cuanto que puede ser movido por la razón en las cosas que hace interior o exteriormente. Es , por tanto, necesario que existan en el hombre unas perfecciones más altas que le dispongan para ser movido por Dios.
Y estas perfecciones se llaman dones, no sólo porque son infundidos por Dios, sino también porque por ellas el hombre está dispuesto a ser prontamente móvil (movido) bajo la inspiración divina”.
Este “ser movido” tiene dos notas :
es libre, y supone la virtud de la caridad, es decir, estar en gracia. “Pero el hombre no es instrumento en ese sentido [inanimado], sino que es llevado por el Espíritu Santo de modo que también obra él, en cuanto que es libre” (art 3, ad 3). “El alma del hombre no es movida por el Espíritu Santo si no es estando unida a Él de algún modo, así como el instrumento no es movido por el artífice sino mediante el contacto o algún modo de unión. Pero la primera unión del hombre con Dios es mediante la fe, la esperanza y la caridad. De ahí que estas virtudes se presupongan a los dones como ciertas raíces de ellos. Por consiguiente, todos los dones pertenecen a estas tres virtudes como ciertas derivaciones de ellas”. Y en el art. 5: “Por lo que, así como las virtudes morales conectan entre sí en la prudencia, así los dones del Espíritu Santo conectan entre sí en la caridad, de modo que quien tiene la caridad tiene todos los dones del Espíritu Santo; ninguno de los cuales puede tenerse sin la caridad”. La Virgen nos conceda ser movidos por el Espíritu que la cubrió con su sombra e hizo en ella tantas maravillas.
Letanías Al Espíritu Santo
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo ten piedad – Cristo ten piedad
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo óyenos – Cristo óyenos
Cristo escúchanos – Cristo escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor, que aleteando sobre las aguas al comienzo de la creación la fecundaste – T en piedad de nosotros
Espíritu por cuya inspiración han hablado los santos hombres de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu cuya unción nos enseña todo – Ten piedad de nosotros
Espíritu testigo de Cristo – Ten piedad de nosotros
Espíritu de verdad que nos sugiere toda cosa – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te posas sobre María – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor que llenas la tierra – Ten piedad de nosotros
Espíritu de Dios que habitas en nosotros – Ten piedad de nosotros
Espíritu de sabiduría y entendimiento – Ten piedad de nosotros
Espíritu de consejo y fortaleza – Ten piedad de nosotros
Espíritu de ciencia y de piedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu del temor del Señor – Ten piedad de nosotros
Espíritu de gracia y misericordia – Ten piedad de nosotros
Espíritu de virtud, de dilección y de sobriedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ten piedad de nosotros
Espíritu de humildad y castidad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de benevolencia y de mansedumbre – Ten piedad de nosotros
Espíritu de la gracia multiforme – Ten piedad de nosotros
Espíritu que sondeaste también las profundidades divinas – Ten piedad de nosotros
Espíritu que pides por nosotros con gemidos inenarrables – Ten piedad de nosotros
Espíritu que bajaste sobre Cristo en forma de paloma – Ten piedad de nosotros
Espíritu en el cual nacemos – Ten piedad de nosotros
Espíritu por el que la caridad es infundida en nuestros corazones – Ten piedad de nosotros
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te apareciste sobre los discípulos en lenguas de fuego – Ten piedad de nosotros
Espíritu del cual están repletos los Apóstoles – Ten piedad de nosotros
Espíritu que repartes los dones como más te parece – Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten piedad de nosotros
¡Ave María y adelante!
Los Dones del Espíritu Santo: el modo divino – día segundo
Día 2
Los Dones Del Espíritu Santo: El Modo Divino
Los Dones Del Espíritu Santo: El Modo Divino – Día Segundo
Dijimos que los dones del Espíritu Santo se diferencian de las virtudes no por el objeto de los actos, sino principalmente por el modo de los dones.
Santo Tomás dice “ Los dones exceden la perfección común de las virtudes , no en cuanto al género de las obras (al modo como los consejos evangélicos exceden los preceptos), sino en cuanto al modo de obrar, por ser el hombre movido por un principio más alto”. (I-II, 68,2, ad 1).
Quizás se podría expresar esto diciendo que el don no producirá un acto “más ajustado a la virtud”, pero sí un acto de la virtud más elevado sobrenaturalmente y más excelente . Porque Dios mueve a lo más excelente, los modos divinos trascienden los humanos, y por los dones participamos de esos modos divinos: “Y esto es lo que algunos dicen: que los dones perfeccionan al hombre para unos actos más elevados que los actos de las virtudes” (I-II, 68,1)[1].
¿Qué significa ese “modo divino”, qué implica?
– El modo mismo: actuar “como por instinto”. Decimos que alguien o algo (por ejemplo, un animal) actúa por instinto cuando lo hace de acuerdo a su naturaleza, pero sin necesidad de explicitar racionalmente los motivos. Sea porque no tiene uso de razón, sea porque no necesita de esa operación.
Aquí lo que hace que no sea necesaria la razón es el hecho que Dios mueve, la persona simplemente secunda esa acción aceptando con su libertad la moción de Dios , simplemente se deja llevar.
No es movimiento “de autómata” ni necesario, porque la persona puede rechazar ; es “instintivo” porque es movido por algo distinto a las razones en su intelecto que suelen moverla . Es decir, no necesita más.
El mismo Aristóteles ya reconocía que a veces algunos hombres obran como por un “instinto divino”. Sin razonamientos, y sin perplejidades ni dudas.
Lo vemos a veces en nuestra propia vida (cuando reconocemos esas inspiraciones del Espíritu Santo), en la vida de otros, y mucho más claramente en la vida de los santos: tienen como un modo natural, instintivo, de ser movidos por Dios.
Santo Tomás pone algunos ejemplos:
“así como a la virtud de la templanza corresponde, por su propia naturaleza, que uno se aparte de los malos placeres por el bien de la razón, al don de temor corresponde que uno se aparte de los males placeres por temor de Dios” (Art 4, ad2). El santo temor, el temor filial, el del hijo que no quiere ofender a su Padre al que ama . Eso producirá una pureza “instintiva”.
Y otro: “la justicia toma su nombre de la rectitud de la razón; de ahí que sea un nombre que conviene más a la virtud que al don. En cambio, el nombre de piedad denota la reverencia que tenemos con el padre y con la patria. Y como Dios es el padre de todos, también se llama piedad el culto de Dios, como dice San Agustín (en el libro X De civ. Dei). Luego con razón se llama piedad el don por el que uno se comporta bien con todos por reverencia a Dios ”.
El fin de la acción de los dones es reproducir en nosotros la imagen de Jesucristo, por eso producen obras excelentes.
Obras excelentes no quiere decir obras notorias. La excelencia es intrínseca a la obra, puede ser sólo un acto en lo escondido del alma. El “modo divino” se trasluce en las obras. Así como en una pintura se puede distinguir la mano del aprendiz de la mano del maestro. El fin de la acción del Espíritu Santo por medio de los dones es reproducir en nosotros la imagen de Jesucristo. Y en los trazos se ve su mano.
Aquí sirve el mismo ejemplo que ya hemos mencionado: en el “tratar bien a todos porque son hijos del mismo Padre Dios”, el don de piedad producirá obras que, sin ir en contra de la justicia, tendrán aspectos que son incomprensibles para la justicia humana que se basa en lo que conoce, y que es siempre limitado, y no exento de error .
Dios conoce todo, y mueve según eso, aparecen aquí altísimos motivos y altísimas obras incomprensibles humanamente . Son las que los santos realizan “por un instinto divino”.
Pedimos a la Virgen reconocer y secundar siempre la acción del Espíritu de Dios.
[1] Ad 3: “De modo parecido, el don, en cuanto distinto de la virtud infusa, puede definirse como aquello que es dado por Dios en orden a la moción divina, es decir, aquello que hace al hombre secundar bien los instintos divinos”.
Letanías Al Espíritu Santo
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo ten piedad – Cristo ten piedad
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo óyenos – Cristo óyenos
Cristo escúchanos – Cristo escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor, que aleteando sobre las aguas al comienzo de la creación la fecundaste – T en piedad de nosotros
Espíritu por cuya inspiración han hablado los santos hombres de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu cuya unción nos enseña todo – Ten piedad de nosotros
Espíritu testigo de Cristo – Ten piedad de nosotros
Espíritu de verdad que nos sugiere toda cosa – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te posas sobre María – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor que llenas la tierra – Ten piedad de nosotros
Espíritu de Dios que habitas en nosotros – Ten piedad de nosotros
Espíritu de sabiduría y entendimiento – Ten piedad de nosotros
Espíritu de consejo y fortaleza – Ten piedad de nosotros
Espíritu de ciencia y de piedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu del temor del Señor – Ten piedad de nosotros
Espíritu de gracia y misericordia – Ten piedad de nosotros
Espíritu de virtud, de dilección y de sobriedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ten piedad de nosotros
Espíritu de humildad y castidad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de benevolencia y de mansedumbre – Ten piedad de nosotros
Espíritu de la gracia multiforme – Ten piedad de nosotros
Espíritu que sondeaste también las profundidades divinas – Ten piedad de nosotros
Espíritu que pides por nosotros con gemidos inenarrables – Ten piedad de nosotros
Espíritu que bajaste sobre Cristo en forma de paloma – Ten piedad de nosotros
Espíritu en el cual nacemos – Ten piedad de nosotros
Espíritu por el que la caridad es infundida en nuestros corazones – Ten piedad de nosotros
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te apareciste sobre los discípulos en lenguas de fuego – Ten piedad de nosotros
Espíritu del cual están repletos los Apóstoles – Ten piedad de nosotros
Espíritu que repartes los dones como más te parece – Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten piedad de nosotros
¡Ave María y adelante!
El temor de Dios – día tercero
Día 3
El Temor De Dios
El Temor De Dios – Día Tercero
Podemos comenzar nuestro camino hablando de los dones por el principio. Sabemos que el más elevado de todos los dones es el de la Sabiduría.
¿Y el primero? Siguiendo lo que dice el libro de los Proverbios, el principio será el de temor: “principio de la sabiduría es el temor del Señor” (9,10).
El temor es un don que trabaja sobre la parte apetitiva de nuestro ser , tendencial. Hace que en nuestras inclinaciones que se refieren a todo lo que no sea Dios ni los demás obremos de una manera eminentemente ordenada . Lo que ordena positivamente la voluntad con respecto a Dios y a los demás no es un don específico, sino dos virtudes infusas: la esperanza y la caridad (aunque para dirigir esta relación en las acciones externas tendremos el don de piedad, como veremos). Lo que hace la caridad, el amor de Dios infuso en nuestros corazones, no es necesario que lo haga ningún don.
El objetivo del temor de Dios como don es el mismo de la virtud de la templanza, es decir, apartarnos de todo placer que sea pecado, y de toda ligereza que pueda ser una ofensa a Dios . El libro de los Proverbios dice: Con bondad y lealtad se expía la culpa, con el temor de Yahveh se evita el mal. (Pro 16:6).
El don de temor no es el temor servil (temor al castigo) , ni es un temor filial “natural” , sino el temor filial que procede de la filiación por la gracia . Aquí se ve lo que decíamos al principio de estos escritos, de que en el texto de Isaías (11,2) el texto hebreo dice “temor”, y el griego “piedad”. Porque están relacionados: bajo cierto respecto se pueden considerar uno solo (la referencia a Dios en el orden de la facultad apetitiva[1]), y se pueden distinguir bajo cierto otro (uno se refiere a la relación con personas y el otro a cosas por lo que ellas pueden producir, que son los placeres), como ha hecho la tradición.
Se dice bien que el “temor” es temor a ofender a Dios . Esto tiene una contracara positiva que es el de un respeto sobrenatural ante la majestad de Dios, ante su grandeza, y ante el inefable misterio de su paternidad divina sobre nosotros (que surge de la piedad) .
Por eso el don de temor mueve a alejarse “instintivamente” de todo lo que pueda ofender esa soberana majestad, aún lo más mínimo .
No necesita más razones para ello. Conlleva un grandísimo respeto por Dios y por las cosas de Dios (se manifiesta en la reverencia a todo lo sagrado), como vemos en los santos. De hecho, en ellos también vemos que a medida que se avanza en la vida de santidad, el respeto reverencial por Dios y su majestad crece.
Sucede lo contrario que en el orden natural (al menos el de naturaleza caída), en que, a mayor conocimiento, mayor confianza y… menos respeto. (“La confianza engendra desprecio”, decimos en español). Por el don de temor, a mayor conocimiento de Dios, mayor temor de ofenderlo y mayor reverencia . Derivadamente teme que, al ofenderlo, lo pierda.
Este don se relaciona directamente con las virtudes de la humildad y la templanza , ésta última incluyendo la serie de virtudes que la acompañan o manifiestan (modestia, castidad, sobriedad, clemencia, estudiosidad, etc). Pero se distingue también de ellas, naturalmente. El don evita todo lo que mínimamente vaya en contra de esas virtudes , no primeramente por la búsqueda del bien creado ordenado, sino en atención al bien divino.
Esto le da instintivamente una especial percepción de los peligros, una vigilancia espontánea que le aparta de toda ocasión de ofensa a Dios, y cada vez con mayor delicadeza… delicadeza para con Dios mismo.
La vida de los santos está llena de ejemplos de esto. Podemos pensar en el sentido de pecado que tenía una Santa Teresita del Niño Jesús, o un San Luis Gonzaga.
El don de temor afina la conciencia , pero en la dirección correcta. No es como en el escrupuloso, en el que el juicio se afina, pero para concentrarse cada vez más en sí mismo, ya que teme más al error o al haber caído que a faltar al Ofendido. El don de temor hace temer la ofensa, no el error, no la fragilidad que no es ofensa de Dios (nunca le hace creer que ha ofendido a Dios sin darse cuenta, porque sabe que no se puede ofender a Dios sin darse cuenta).
El Don De Temor Y Las Bienaventuranza De La Pobreza
Las bienaventuranzas son los actos más excelentes de los dones del Espíritu Santo. El acto más excelente del don de temor es el de vivir la pobreza de espíritu : “bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5,3).
Dios es todo, nosotros nada, y las cosas del mundo y sus placeres menos que nada. En todo dependemos de Él, eso nos lleva a un desprendimiento total de todo lo que nos puede dar un placer o gozo, aceptándolo sólo si eso agrada a Dios. Por eso está tan relacionado con la humildad, y se expresa de manera tan bella en el espíritu de sometimiento a Dios y abandono a su voluntad.
A la Virgen pedimos el don del santo temor de los hijos de Dios.
[1] Cfr. I-II, 68,4.
Letanías Al Espíritu Santo
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo ten piedad – Cristo ten piedad
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo óyenos – Cristo óyenos
Cristo escúchanos – Cristo escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor, que aleteando sobre las aguas al comienzo de la creación la fecundaste – T en piedad de nosotros
Espíritu por cuya inspiración han hablado los santos hombres de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu cuya unción nos enseña todo – Ten piedad de nosotros
Espíritu testigo de Cristo – Ten piedad de nosotros
Espíritu de verdad que nos sugiere toda cosa – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te posas sobre María – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor que llenas la tierra – Ten piedad de nosotros
Espíritu de Dios que habitas en nosotros – Ten piedad de nosotros
Espíritu de sabiduría y entendimiento – Ten piedad de nosotros
Espíritu de consejo y fortaleza – Ten piedad de nosotros
Espíritu de ciencia y de piedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu del temor del Señor – Ten piedad de nosotros
Espíritu de gracia y misericordia – Ten piedad de nosotros
Espíritu de virtud, de dilección y de sobriedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ten piedad de nosotros
Espíritu de humildad y castidad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de benevolencia y de mansedumbre – Ten piedad de nosotros
Espíritu de la gracia multiforme – Ten piedad de nosotros
Espíritu que sondeaste también las profundidades divinas – Ten piedad de nosotros
Espíritu que pides por nosotros con gemidos inenarrables – Ten piedad de nosotros
Espíritu que bajaste sobre Cristo en forma de paloma – Ten piedad de nosotros
Espíritu en el cual nacemos – Ten piedad de nosotros
Espíritu por el que la caridad es infundida en nuestros corazones – Ten piedad de nosotros
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te apareciste sobre los discípulos en lenguas de fuego – Ten piedad de nosotros
Espíritu del cual están repletos los Apóstoles – Ten piedad de nosotros
Espíritu que repartes los dones como más te parece – Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten piedad de nosotros
¡Ave María y adelante!
El don de fortaleza – día cuarto
Día 4
El Don De Fortaleza
El Don De Fortaleza – Día Cuarto
Conocemos la virtud cardinal de la fortaleza, que reúne en torno a sí tantas otras virtudes (paciencia, perseverancia, magnanimidad, fidelidad, etc). Y sabemos que existe también la fortaleza infusa, causada por Dios.
El bien cuesta, hacer el bien presenta dificultades, para ser buenos hay que sufrir el mal y a sus persecuciones, hay que resistir al ataque de las pasiones, hay que enfrentar los ataques del enemigo, y hay que superar todo el sufrimiento que la vida nos presenta .
Para todo esto está la virtud de la fortaleza: la natural para el bien natural, la infusa para los bienes que se refieren a la vida eterna. Sabemos que la fortaleza se ejercita más propiamente en resistir que en atacar. Resistir. Esa es la palabra clave. Perseverar en el bien.
La fortaleza entonces nos sostiene ante las dificultades, peligros y fatigas del camino.
Muchas veces lo primero a vencer son los temores. Temor al sufrimiento que hacer el bien conlleva. Y muchas veces lo que se presenta más hacia el final es “el cansancio de los buenos”.
Que el alma busque el bien arduo, el bien difícil, por más difícil que sea, y se aferre a él, habla de la riqueza y valor de ese bien. Mientras más grande es un bien, más vale la pena pelear para conservarlo . Ese esfuerzo hecho hábito… es la virtud de la fortaleza.
Pero que lo haga “como movido”, instintivamente, y en cierto modo más allá de ese bien concreto mismo, y con respecto a bienes dificilísimos, soportando los mayores males… eso es el don de fortaleza. Hay “fortalezas” que tienen un “modo divino”. ¡Tantas veces lo vemos en las personas que encontramos…! ¡tantos ejemplos tenemos de gente ante situaciones extremas que muestran una fortaleza totalmente inexplicable! Y la prueba es cuando esas mismas personas dicen que “no entienden cómo pueden soportar esto”.
Lo distintivo del don es que sea recibido, y eso muchas veces es consciente, la persona se da cuenta de ello. El otro elemento distintivo es el motivo: el bien por el cual se resiste todo es Dios mismo. “Lo hago por Dios” . Y lo tercero es que el Espíritu conduce a soportar males que son mayores a lo que una persona puede soportar, por el bien de todos . Es cuando une las almas al misterio redentor de Cristo.
Notas Características:
Así podemos describir algunas notas características del modo en que este don obra en las almas:
– El conocimiento profundo, a la luz de Dios mismo, de la propia debilidad , vista no ya como obstáculo que impide ejercitar la fortaleza, sino como condición para recibir el don: “mi gracia se muestra en la debilidad” (2Co 12,9). Con ello también viene la conciencia de la grandeza de la obra que se nos pide, que es superior a nuestras fuerzas. Esa conciencia de la propia debilidad está llena de agradecimiento, no de tristeza ni desconfianza.
– De allí se sigue una total, ciega e instintiva confianza en Dios y su gracia, y en el mismo don de fortaleza que infunde en nosotros. Esto tiene una suerte de manifestación psicológica, podemos decir. Como es una fortaleza instintiva, no concentra la atención del alma en lo que hay que sufrir o pasar. Sólo “mide” las dificultades, tentaciones o cruces a partir de la gracia que sabe que recibirá. En la práctica de la virtud de la fortaleza, por poner un ejemplo, antes de subir una muralla uno debe medir las fuerzas, altura, etc. En el caso del don, sabe que será llevado volando (aunque sea pasando por medio del fuego), por lo que la altura de la muralla no interesa. Recibe asombrado y agradecido el que Dios le conceda superarla: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil 4,13). La medida no es la fortaleza humana, sino la fuerza de Dios.
– La tercera nota que señalamos es que produce habitualmente en el alma la disposición a sufrir todo lo que sea necesario para llegar a Dios, sin límites ni condiciones . Nos prepara para perder todo, a renunciar a los bienes exteriores e interiores, a sufrir en cuerpo y alma, a dejarnos la salud, nuestros planes y hasta nuestra vida por el camino. Como lo vemos en Jesucristo en Getsemaní, donde tenía plena conciencia de que lo que debía dejar era la vida.
El ejercicio más elevado de este don es la bienaventuranza de los que tienen hambre y sed de ser justos . Porque esa justicia de la que habla es la que viene de Dios, pero para recibirla debemos introducirnos en el misterio de la redención pagando su precio.
Para quien tiene verdadera hambre y sed de la gracia de Dios, el precio es lo de menos. Nunca será un precio elevado, sabe que poder resistir será don divino.
A María Santísima, la Virgen y mujer fuerte con la fortaleza de Dios, pedimos secundar con fidelidad la acción del Espíritu Santo.
Letanías Al Espíritu Santo
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo ten piedad – Cristo ten piedad
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo óyenos – Cristo óyenos
Cristo escúchanos – Cristo escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor, que aleteando sobre las aguas al comienzo de la creación la fecundaste – T en piedad de nosotros
Espíritu por cuya inspiración han hablado los santos hombres de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu cuya unción nos enseña todo – Ten piedad de nosotros
Espíritu testigo de Cristo – Ten piedad de nosotros
Espíritu de verdad que nos sugiere toda cosa – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te posas sobre María – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor que llenas la tierra – Ten piedad de nosotros
Espíritu de Dios que habitas en nosotros – Ten piedad de nosotros
Espíritu de sabiduría y entendimiento – Ten piedad de nosotros
Espíritu de consejo y fortaleza – Ten piedad de nosotros
Espíritu de ciencia y de piedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu del temor del Señor – Ten piedad de nosotros
Espíritu de gracia y misericordia – Ten piedad de nosotros
Espíritu de virtud, de dilección y de sobriedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ten piedad de nosotros
Espíritu de humildad y castidad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de benevolencia y de mansedumbre – Ten piedad de nosotros
Espíritu de la gracia multiforme – Ten piedad de nosotros
Espíritu que sondeaste también las profundidades divinas – Ten piedad de nosotros
Espíritu que pides por nosotros con gemidos inenarrables – Ten piedad de nosotros
Espíritu que bajaste sobre Cristo en forma de paloma – Ten piedad de nosotros
Espíritu en el cual nacemos – Ten piedad de nosotros
Espíritu por el que la caridad es infundida en nuestros corazones – Ten piedad de nosotros
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te apareciste sobre los discípulos en lenguas de fuego – Ten piedad de nosotros
Espíritu del cual están repletos los Apóstoles – Ten piedad de nosotros
Espíritu que repartes los dones como más te parece – Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten piedad de nosotros
¡Ave María y adelante!
El don de piedad – día quinto
Día 5
El Don De Piedad
El Don De Piedad – Quinto Día
Como todos los dones, también en el de piedad podemos encontrar grados. Los dones no se dan a todos en el mismo grado, ni a cada uno siempre del mismo modo. Si el alma crece, se dan cada vez más, con mayor intensidad.
Y como en todos, como dijimos lo esencial es que es el Espíritu Santo quien mueve al alma, y el alma quien se deja mover. Como este don mueve, por ejemplo, a la confianza (que es como una conjunción actual de las virtudes teologales), es más difícil verse uno “movido”, porque confiar es algo que brota de lo más íntimo y personal.
Sin embargo, aún ese tipo de actos pueden ser movidos por los dones, por encima de lo que puede y debe hacer la virtud. Santo Tomás ilustra esto con un texto de Isaías: “El Señor me ha abierto el oído y yo no me resisto, no me echo atrás” (Is 50,5; en I-II 68,1).
En este don es donde eminentemente se ve esa unión entre la acción de Dios y la libertad humana . Por eso es tan importante reconocer la acción divina, para discernir y secundarla. Cuando describimos la acción de los dones es para que aprendamos a “no resistirnos” cuando reconocemos en nosotros su invitación a alguno de estos actos.
Se ve tan claro en el don de piedad porque es el don que perfecciona toda nuestra parte tendencial “hacia afuera”, volitiva (y por lo tanto, afectiva; “hacia adentro” la parte volitiva es perfeccionada, contra el miedo por la fortaleza, y por el temor de Dios contra la concupiscencia). Nuestra parte volitiva “hacia fuera” quiere decir nuestras relaciones interpersonales. Lo primero es nuestra relación con Dios, y el don tiene como nota distintiva que esta relación no es en cuanto Creador o fin (a lo que corresponde la virtud de la piedad natural), sino que es en cuanto Padre.
– Así, todo lo que el don de piedad hace en nosotros (y eleva los actos también de una constelación de virtudes) con respecto a Dios podríamos sintetizarlo en dos palabras:
reverencia filial.
Esto quiere decir una reverencia cada vez más confiada, y una confianza cada vez más consciente de la grandeza de Dios, más reverente . Hay quienes piensan que mientras más “Padre” consideremos a Dios, menos “Dios” es. Y es al revés.
Dios se hace nuestro amigo en Cristo, pero nunca es “amigote”. Este sentimiento de reverencia se extiende a todo lo que se relaciona con Dios, todo lo sagrado, porque busca el honor de su Padre. Y es también filial. “Habéis recibido un Espíritu que os hace hijos adoptivos, en virtud del cual clamamos: ‘¡Abbá! ¡Padre!’“(Rm 8,15). Somos hijos por adopción, por gracia, no por propio derecho. De aquí que esta piedad filial está llena de gratitud.
– Allí es donde entra nuestro prójimo. Porque los demás nos han sido “dados” por el mismo Dios nuestro Padre. Por eso el don de piedad mueve a mostrar reverencia y respeto a todos en atención a Dios, por reverencia filial a Dios.
Lo que en el ámbito natural con respecto a las relaciones con los demás lo hacen todas las virtudes agrupadas en torno a la justicia (justicia, piedad, gratitud, etc), el don de piedad lo hace todo junto de un modo superior, eminente. Y simple. Dice el p. Lamellant: “Espíritu filial hacia todo representante de Dios (superior, consejero, director espiritual, autoridad), amor paterno hacia los súbditos, amor fraterno hacia los iguales, corazón tierno y compasivo hacia todo aquel que está en dificultades, disposición a socorrer…” (p. 234).
Sería interminable describir las maravillas que este don ha hecho en la vida de los santos, en sus dos vertientes: hacia Dios y hacia los demás. Allí donde la justicia humana siempre tiene que establecer una medida (qué es lo justo), en el don de piedad, la medida es dada por Dios mismo en su misterio inefable. La razón última es el mismo Dios.
¡Cuántas veces el Espíritu invita a ir más allá de la medida humana sólo por reverencia y amor a Dios, dejando atrás las medidas humanas! ¡Debemos prestar atención a esas inspiraciones, no sea que por rechazarlas contristemos al Espíritu Santo!
Dice el profeta Ezequiel: “quitaré de su pecho el corazón de piedra, y les daré un corazón de carne” (11,19), como el de Cristo, desde donde aprendemos a clamar diciendo ‘Abba, Padre’. Y desde allí miramos a todos los hombres y mujeres con la misma mirada de Cristo. Eso es el don de piedad.
En síntesis, podemos decir que el ejercicio de este don se sustenta en dos palabras necesariamente unidas (ninguna es verdadera sin la otra) que nos enseñó Jesús: Padre nuestro. Dice Santo Tomás: “Con razón es que se llama piedad al don por el que uno es bueno con todos por reverencia a Dios”.
El ejercicio más elevado de este don, la bienaventuranza, es el de la mansedumbre . Es la máxima expresión del don de piedad. Y por él se posee la tierra, que como dicen los Padres de la Iglesia, son los corazones de los hombres.
A María Santísima, la Madre de Piedad, pedimos secundar con fidelidad la acción del Espíritu Santo.
Letanías Al Espíritu Santo
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo ten piedad – Cristo ten piedad
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo óyenos – Cristo óyenos
Cristo escúchanos – Cristo escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor, que aleteando sobre las aguas al comienzo de la creación la fecundaste – T en piedad de nosotros
Espíritu por cuya inspiración han hablado los santos hombres de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu cuya unción nos enseña todo – Ten piedad de nosotros
Espíritu testigo de Cristo – Ten piedad de nosotros
Espíritu de verdad que nos sugiere toda cosa – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te posas sobre María – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor que llenas la tierra – Ten piedad de nosotros
Espíritu de Dios que habitas en nosotros – Ten piedad de nosotros
Espíritu de sabiduría y entendimiento – Ten piedad de nosotros
Espíritu de consejo y fortaleza – Ten piedad de nosotros
Espíritu de ciencia y de piedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu del temor del Señor – Ten piedad de nosotros
Espíritu de gracia y misericordia – Ten piedad de nosotros
Espíritu de virtud, de dilección y de sobriedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ten piedad de nosotros
Espíritu de humildad y castidad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de benevolencia y de mansedumbre – Ten piedad de nosotros
Espíritu de la gracia multiforme – Ten piedad de nosotros
Espíritu que sondeaste también las profundidades divinas – Ten piedad de nosotros
Espíritu que pides por nosotros con gemidos inenarrables – Ten piedad de nosotros
Espíritu que bajaste sobre Cristo en forma de paloma – Ten piedad de nosotros
Espíritu en el cual nacemos – Ten piedad de nosotros
Espíritu por el que la caridad es infundida en nuestros corazones – Ten piedad de nosotros
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te apareciste sobre los discípulos en lenguas de fuego – Ten piedad de nosotros
Espíritu del cual están repletos los Apóstoles – Ten piedad de nosotros
Espíritu que repartes los dones como más te parece – Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten piedad de nosotros
¡Ave María y adelante!
El don de consejo – día sexto
Día 6
El Don De Consejo
El Don De Consejo – Día Sexto
El don de consejo ilumina el actuar concreto, dirige las obras . Discierne entre nuestras obras cuáles son según Dios, y dirige hacia las más cercanas al querer de Dios.
Cuando conocemos las vidas de los santos, y vemos lo que han hecho por Dios, descubrimos la increíble riqueza que el Espíritu Santo crea por medio del don de consejo. Conocemos también personas santas que, sin explicar mucho, aciertan por instinto en lo que hacen, encontrando siempre qué es lo más agradable a Dios.
El don de consejo podríamos decir que es esa “Providencia diminuta” , detallada y sobre todo particular sobre nuestras vidas, que hace a un santo ayunar y al otro comer, pero a los dos santificarse por medio de ello.
Lo primero que podemos hacer entonces es reconocer esta inmensa riqueza que produce el don de consejo, admirarla, y dar gloria a Dios por sus dones.
El don de consejo responde a la pregunta “¿qué es lo que hay que hacer?”.
En el orden natural, quien responde a esa pregunta es la virtud de la prudencia, ya que es la “recta ratio agibilium”, la recta razón (nos da el recto orden) en lo que hay que hacer. Es la aplicación de los principios a los casos concretos y reales de la vida.
En lo sobrenatural, tenemos la prudencia sobrenatural, que se guía por los principios de fe que encontramos en el Evangelio.
Por encima de todo eso, tenemos al Espíritu Santo que a veces inspira directamente qué hacer por medio de este don . Es también un recto orden, pero que sigue al orden divino. Es como si comunicara al alma sin discurso ni conceptos el orden de su Providencia. Lo hace infundiendo “un como instinto”. Por eso se llama “consejo”.
En las reglas de discernimiento de San Ignacio , por ejemplo, y en particular en las “reglas de elección”, tenemos una escuela para reconocer la acción del don de consejo . Si prestamos atención, es el caso en el “primer y segundo tiempo” de elección (consolación sin causa y experiencia de consolación y desolación, cfr. Ejercicios Espirituales, [175-176]). Es cuando Dios muestra su voluntad sin dar motivos, sin explicar mucho. Pero el alma, reconociendo la acción de Dios, puede descubrirlo y elegir qué hacer.
Podemos intentar describir algunos elementos de la operación del alma bajo el don de consejo, señalar algunas notas características:
– La primera es como una instintiva desconfianza en la propia operación y en la propia prudencia . Quien ha experimentado la luz oscura de Dios que guía, se da cuenta de cuán pobre son nuestros caminos y juicios.
Sabe también que de este don que le indica la voluntad concreta de Dios no puede disponer como le place, sino que es don. De aquí una profunda humildad.
Todo esto lleva consigo un temor reverencial a moverse por sí mismo, por la propia opinión (y también temor a imponerla a otros), ya que reconoce que el Espíritu puede estar moviendo a los demás (San Benito, en la regla, fundamenta en esto la necesidad por parte del Abad de consultar a los demás en asuntos de importancia, “porque muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor”, Regla, III,1).
No quiere seguir su propio juicio, opinión o prudencia, quiere sólo lo que Dios quiera . De aquí se sigue una gran docilidad y a la vez una suprema libertad interior.
– La segunda es que, cuando se percibe claramente la acción del Espíritu Santo, se da una clara certeza en cuanto a lo que es la voluntad de Dios, y una firme audacia en seguirla .
Una vez que lo sabe, quien es movido por este don simplemente sigue la voluntad de Dios, sin consideraciones humanas. Es la santa audacia de los santos ¡Cuántas veces el seguir la vocación religiosa ha tenido esta nota característica! Así en todo lo demás.
– La tercera nota es el modo o medida divina , que se hace más patente cuanto más se separe de los modos deficientes y humanos, y mucho más cuanto más contrario es a los modos mundanos. De allí que sea a veces “escandalosa”, provocando el “escándalo farisaico” del mundo, que considera imprudente lo que no entiende .
– La cuarta es la presencia de los frutos del Espíritu Santo cuando lo aconsejado se ejecuta , en las obras.
Leemos en la carta a los Gálatas que estos frutos son caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, mansedumbre, templanza (5,22-23).
Por eso la bienaventuranza que corresponde a este don es la de los misericordiosos, que encontrarán misericordia.
“Dios no deja de socorrer a quienes socorren a los demás”.
En pocas cosas estamos tan necesitados de la guía y ayuda de Dios como cuando se trata de discernir qué es lo mejor . Si socorremos a los demás con misericordia, Dios nos socorrerá mostrándonos su voluntad.
A María Santísima, Virgen del buen consejo, pedimos no contristar nunca al Espíritu Santo.
Letanías Al Espíritu Santo
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo ten piedad – Cristo ten piedad
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo óyenos – Cristo óyenos
Cristo escúchanos – Cristo escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor, que aleteando sobre las aguas al comienzo de la creación la fecundaste – T en piedad de nosotros
Espíritu por cuya inspiración han hablado los santos hombres de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu cuya unción nos enseña todo – Ten piedad de nosotros
Espíritu testigo de Cristo – Ten piedad de nosotros
Espíritu de verdad que nos sugiere toda cosa – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te posas sobre María – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor que llenas la tierra – Ten piedad de nosotros
Espíritu de Dios que habitas en nosotros – Ten piedad de nosotros
Espíritu de sabiduría y entendimiento – Ten piedad de nosotros
Espíritu de consejo y fortaleza – Ten piedad de nosotros
Espíritu de ciencia y de piedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu del temor del Señor – Ten piedad de nosotros
Espíritu de gracia y misericordia – Ten piedad de nosotros
Espíritu de virtud, de dilección y de sobriedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ten piedad de nosotros
Espíritu de humildad y castidad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de benevolencia y de mansedumbre – Ten piedad de nosotros
Espíritu de la gracia multiforme – Ten piedad de nosotros
Espíritu que sondeaste también las profundidades divinas – Ten piedad de nosotros
Espíritu que pides por nosotros con gemidos inenarrables – Ten piedad de nosotros
Espíritu que bajaste sobre Cristo en forma de paloma – Ten piedad de nosotros
Espíritu en el cual nacemos – Ten piedad de nosotros
Espíritu por el que la caridad es infundida en nuestros corazones – Ten piedad de nosotros
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te apareciste sobre los discípulos en lenguas de fuego – Ten piedad de nosotros
Espíritu del cual están repletos los Apóstoles – Ten piedad de nosotros
Espíritu que repartes los dones como más te parece – Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten piedad de nosotros
¡Ave María y adelante!
El don de ciencia – día séptimo
Día 7
El Don De Ciencia
El Don De Ciencia – Día Séptimo
El don de ciencia es luz. Es conocimiento . No ya de lo que hay que hacer en concreto, que eso es el consejo. La ciencia humana es conocimiento cierto por las causas. Aquí la causa por la que se conoce todo es Dios mismo, por eso el don de ciencia nos da un conocimiento especial de toda la realidad en lo más profundo de la realidad misma, que es su relación con Dios . Y a Dios lo vemos en relación con las cosas.
Es luz, pero, por usar una comparación, no es mirar directamente a la luz (eso es el don de sabiduría), sino que es ver todas las cosas iluminadas directamente por esa luz: vemos el qué y el porqué de las cosas de la naturaleza y de la sobre-naturaleza . Funciona no por razonamiento, sino por iluminación.
Tenemos un ejemplo muy claro de cómo este don funciona en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio . Podemos decir que los Ejercicios Espirituales son un laboratorio de los dones del Espíritu Santo. Lo que hace San Ignacio es “ponernos a tiro” del Espíritu Santo, por eso un mismo método tiene efectos tan variados y siempre nuevos, cada vez que los realizamos experimentamos cosas nuevas o distintas, incluso muchas veces después de muchos años de escuchar lo mismo, decimos “ahora entendí que…”. Ésos son los “toques” del don de ciencia . Porque los Ejercicios pueden repetirse, pero el que no se repite es el Espíritu Santo.
Conocimiento Por Iluminación, ¿Conocimiento De Qué?
– De nosotros mismos . Bajo el don de ciencia nos conocemos cada vez más profundamente, y como es un conocimiento bajo la luz divina, descubrimos cada vez más nuestra oscuridad. Nuestro pecado y limitación, nuestra pobreza, nuestro desorden. Nuestra nada.
– De las cosas mismas . Al recibir el don se percibe instintivamente qué significa que las cosas están ordenadas a Dios. El don de ciencia desenmascara todos los fantasmas que perseguimos en nuestra vida: nuestras ideas y proyectos humanos, nuestros afectos particulares o desordenados… bajo esta luz son vistos con el valor que realmente tienen por sí mismos cuando no son parte del plan de Dios. Su valor es igual a cero. Es el don de ciencia, por medio de este proceso de hacernos experimentar (sentir) la nada de las cosas, el que dirige las “noches” o purificaciones de nuestra alma, particularmente las del sentido.
– De Dios mismo como origen, causa y fin de todo . Lo vemos presente en las cosas, obrando en todas ellas, ordenándolas a su gloria. Y la creación entonces adquiere un nuevo brillo (como sucedió a San Francisco de Asís).
En cuanto al modo de este conocimiento , como dijimos no es por raciocinio sino por iluminación. Generalmente esto se expresa diciendo que “no puedo explicar del todo el porqué, ni el cómo… pero entendí…”. La mayor parte de las “inspiraciones” que recibimos (por ejemplo, en oración, o en Ejercicios) son por la acción de este don.
En Cuanto A Algunas Notas Características, Podemos Decir:
1- Lo que más limita o contrista al Espíritu Santo en cuanto don de ciencia es la falta de disposición a recibir su luz. Es lo que San Ignacio llama en los Ejercicios la “voluntad de segundo binario” (EE, [154]). Es no querer ver (“mejor no enterarse…”), porque se prevé que seguir lo que uno vea será sacrificado. Es decir, la falta de transparencia. La limitación intelectual no limita el don de ciencia. Sí lo hace una voluntad no bien dispuesta, insincera.
2- S in este don, y sin fidelidad a este don, es muy difícil (diría yo imposible) avanzar en una vida de perfección espiritual , y tanto más en un estado de perfección como el de la vida religiosa. Porque no se entiende nada, no se conoce el valor de las cosas, todo se hace pesado y oscuro, es el burro que va cargado pero no sabe por qué.
3- Con este don, el camino se llena de luz. No se le quita la carga, pero tiene sentido. Todo adquiere sentido. Y no depende de la luz intelectual natural, de la capacidad intelectual. Encontramos siempre gente muy sencilla, con muy poca capacidad, pero con una comprensión acabada de la relación de las cosas a Dios (los encontramos hasta en la verdulería). Y también, ¡qué triste!, nos topamos con lo contrario.
Este don ilumina todo.
Todo. Es como Adán en el paraíso, que al pones nombre a cada cosa la conocía en su intimidad. Todo adquiere sentido: la vida de perfección, los sacramentos, el camino de los votos (como ofrenda libre), la obediencia, la humildad… se descubre el por qué último de las enseñanzas de los santos, de las cautelas y prudencias (por el conocimiento de la propia debilidad), se ve el sentido de las purificaciones y de las cruces, el valor de la renuncia, la belleza de la caridad y de la misericordia, el poder curativo del perdón…etc etc. En el fondo el don nos hace exclamar: “¡tiene sentido! ¡Es bellísimo! ¡Vale la pena!”.
La bienaventuranza es la de “los que lloran” , porque los que lloran son los que lloran sus pecados y los de los demás. Porque al conocer íntimamente el orden de las cosas a Dios, conocen mejor que nadie lo que el desorden produce. Y conocen también el valor de la reparación.
La Virgen nos conceda abrir nuestra alma al don de ciencia.
Letanías Al Espíritu Santo
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo ten piedad – Cristo ten piedad
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo óyenos – Cristo óyenos
Cristo escúchanos – Cristo escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor, que aleteando sobre las aguas al comienzo de la creación la fecundaste – T en piedad de nosotros
Espíritu por cuya inspiración han hablado los santos hombres de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu cuya unción nos enseña todo – Ten piedad de nosotros
Espíritu testigo de Cristo – Ten piedad de nosotros
Espíritu de verdad que nos sugiere toda cosa – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te posas sobre María – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor que llenas la tierra – Ten piedad de nosotros
Espíritu de Dios que habitas en nosotros – Ten piedad de nosotros
Espíritu de sabiduría y entendimiento – Ten piedad de nosotros
Espíritu de consejo y fortaleza – Ten piedad de nosotros
Espíritu de ciencia y de piedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu del temor del Señor – Ten piedad de nosotros
Espíritu de gracia y misericordia – Ten piedad de nosotros
Espíritu de virtud, de dilección y de sobriedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ten piedad de nosotros
Espíritu de humildad y castidad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de benevolencia y de mansedumbre – Ten piedad de nosotros
Espíritu de la gracia multiforme – Ten piedad de nosotros
Espíritu que sondeaste también las profundidades divinas – Ten piedad de nosotros
Espíritu que pides por nosotros con gemidos inenarrables – Ten piedad de nosotros
Espíritu que bajaste sobre Cristo en forma de paloma – Ten piedad de nosotros
Espíritu en el cual nacemos – Ten piedad de nosotros
Espíritu por el que la caridad es infundida en nuestros corazones – Ten piedad de nosotros
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te apareciste sobre los discípulos en lenguas de fuego – Ten piedad de nosotros
Espíritu del cual están repletos los Apóstoles – Ten piedad de nosotros
Espíritu que repartes los dones como más te parece – Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten piedad de nosotros
¡Ave María y adelante!
El don de entendimiento – día octavo
Día 8
El Don De Entendimiento
El Don De Entendimiento – Día Octavo
El don de entendimiento es llamado también de intelecto: intus legere, leer dentro, conocer por dentro, penetrar.
El don de ciencia “ilumina cosas”, el de intelecto podemos decir que “penetra misterios”, nos da “visión nocturna”, por así decir. Allí donde no se ve nada, el intelecto nos hace ver.
Este don nos da un conocimiento profundo, desde Dios y hacia Dios, de las verdades de fe, de los misterios revelados .
El don de sabiduría, como veremos, nos da una experiencia de Dios y de las cosas de Dios en maneras inexpresables (más por vía de gusto, en cierto modo); el de entendimiento nos da el penetrar los misterios (sin comprenderlos, sin abarcarlos totalmente, sin entenderlos, es decir, sin discurso), pero viendo cada vez más . Por ejemplo Santa Teresa dice tantas veces “vi cómo…” (“un solo pecado mortal merece el infierno…”; “todo el que peca, peca en Dios…”; Vida 18,5).
Eso implica como primer efecto en el alma la certeza sobre el misterio mismo : el alma bajo este don no puede dudar de la Trinidad y de la distinción de Personas, de la Encarnación, de la inhabitación trinitaria, de los misterios de la Vida de Cristo, etc.
Como nos sucede a veces también a nosotros, que tenemos esa certeza absoluta al escuchar “Esto es mi Cuerpo…”, o “yo te absuelvo” . Hay un conocimiento intuitivo y directo del misterio que se realiza, que no es visión, que no es por vía de imaginación, que no es lo mismo que la consolación. También pertenece a este don el reconocimiento de la acción del Espíritu Santo en nosotros , el “discernimiento” infuso de los espíritus.
Como notas características que acompañan y manifiestan la acción de este don, podemos señalar:
– Esa misma certeza y coherencia de los misterios de la fe que ya señalamos, y que viene de un conocimiento “intuitivo”. Es algo que se ve permanentemente en la vida y en los escritos de los santos. Por este don tantos de ellos obtuvieron su “Doctorado de la Iglesia” (Las dos Teresas, por ejemplo). Es una certeza no fundada en las razones, sino en la experiencia interior que Dios les comunica . No entiende quizás el misterio como para explicar por qué es así, pero entiende perfectamente que es así y que debe ser así, por no necesita más razones. Y es una certeza tal como para dar la vida por ella.
– Este don atrae hacia la oración, y lleva al espíritu de recogimiento y oración , porque deseamos conocer a Quien amamos, y como éste es un conocimiento por unión, análogo al conocimiento que tenemos de la persona que amamos (un amigo), que no es discursivo, sino intuitivo, busca esa unión.
– Conduce a la devoción por los misterios divinos (como también el don de piedad, aunque por caminos de alguna manera distintos), y por los misterios de la vida de Cristo . Porque los penetra. Por ejemplo, con respecto a la pasión de Cristo. Por este don se sabe que Cristo podría habernos salvado de otro modo, pero a el modo elegido por Dios lo encuentra tan potente, tan impresionante, tan apto para atraer nuestras almas… que no imagina otro mejor.
El efecto más elevado bajo la acción de este don es la pureza de corazón.
La bienaventuranza promete que “verán a Dios” , es decir, comienzan a verlo ya por el don de intelecto. Ante las maravillas de Dios y sus misterios, ante la belleza de Cristo y su obra, toda otra mirada pierde atractivo.
Desde los primeros biógrafos de Santo Tomás de Aquino, se ha relacionado la profundidad del don de entendimiento de que gozó con la pureza de su corazón. Es una luz que ilumina y quema también, por lo que tendrá su parte en las purificaciones y “noches”, particularmente las del espíritu .
La Virgen nos conceda vivir inmersos en los misterios de Dios, para gozar de Él eternamente.
Letanías Al Espíritu Santo
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo ten piedad – Cristo ten piedad
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo óyenos – Cristo óyenos
Cristo escúchanos – Cristo escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor, que aleteando sobre las aguas al comienzo de la creación la fecundaste – T en piedad de nosotros
Espíritu por cuya inspiración han hablado los santos hombres de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu cuya unción nos enseña todo – Ten piedad de nosotros
Espíritu testigo de Cristo – Ten piedad de nosotros
Espíritu de verdad que nos sugiere toda cosa – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te posas sobre María – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor que llenas la tierra – Ten piedad de nosotros
Espíritu de Dios que habitas en nosotros – Ten piedad de nosotros
Espíritu de sabiduría y entendimiento – Ten piedad de nosotros
Espíritu de consejo y fortaleza – Ten piedad de nosotros
Espíritu de ciencia y de piedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu del temor del Señor – Ten piedad de nosotros
Espíritu de gracia y misericordia – Ten piedad de nosotros
Espíritu de virtud, de dilección y de sobriedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ten piedad de nosotros
Espíritu de humildad y castidad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de benevolencia y de mansedumbre – Ten piedad de nosotros
Espíritu de la gracia multiforme – Ten piedad de nosotros
Espíritu que sondeaste también las profundidades divinas – Ten piedad de nosotros
Espíritu que pides por nosotros con gemidos inenarrables – Ten piedad de nosotros
Espíritu que bajaste sobre Cristo en forma de paloma – Ten piedad de nosotros
Espíritu en el cual nacemos – Ten piedad de nosotros
Espíritu por el que la caridad es infundida en nuestros corazones – Ten piedad de nosotros
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te apareciste sobre los discípulos en lenguas de fuego – Ten piedad de nosotros
Espíritu del cual están repletos los Apóstoles – Ten piedad de nosotros
Espíritu que repartes los dones como más te parece – Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten piedad de nosotros
¡Ave María y adelante!
El don de sabiduría – día noveno
Día 9
El Don De Sabiduría
El Don De Sabiduría – Día Noveno
El don de sabiduría
Vamos a considerar finalmente el más elevado de todos los dones del Espíritu Santo, que es el de sabiduría.
Sabemos que la palabra tiene la misma raíz que “saber”, y “sabor”, de allí que en un nivel natural y humano el de aquellos que son realmente sabios es un conocimiento “que produce gusto”, “que hace gustar”.
¿Por qué? Porque ser sabio es llegar a conocer y afirmar las causas más altas de todo lo que existe , en una visión completa, unitaria y simple, y en la cual el alma (hasta donde puede en esta vida) reposa. Y lo hace gozosamente, ya que esto es lo que responde a sus más altas aspiraciones.
Dios ha prometido darnos el don de sabiduría, que proviene de su Sabiduría increada.
Y cuando lo da, “perfecciona nuestra razón (o intelecto especulativo) en cuanto al juicio”, dirá Santo Tomás (I-II 86,4). Esto que suena tan abstracto y difícil, es la razón última de por qué este don de sabiduría es tan elevado, y por qué produce un conocimiento de Dios tan profundo y “por vía de gusto”, por qué nos ilumina dando calor al alma y calienta a la vez iluminando .
En el ámbito natural el sabio “gusta” al conocer la realidad porque por medio del juicio que emite (cuando éste es ajustado a ella, es decir verdadero) se compromete con ella . Y como el fin de la realidad es ser conocida por el hombre (y así dar gloria a Dios), esta unión lo llena, lo hace pleno. El juicio verdadero sobre la realidad es también una afirmación de ella, es un decir “¡es así!” y al mismo tiempo “¡es!”; y en el decirlo vuelca toda su alma en el acto por el cual la recibe como un don, que acepta. Y recibir un don siempre es “sabroso”.
Pues bien, por el don de sabiduría eso que se conoce (aunque será siempre de manera limitada) y afirma es el ser mismo de Dios: “¡Es!”. Esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti, Padre (Jn 17,3). El don de sabiduría permite al alma emitir un juicio recto sobre Dios a partir de lo que el mismo Dios comunica al alma y en el alma (por eso no existe este don sin la gracia), y puede reposar y gozar en ello.
Por este don vemos a Dios y vemos todo en Dios, y en Él “lo que más vemos”, si se pudiera decir, o experimentamos, es su Bondad. Afirmar con nuestra capacidad de juicio esa Bondad en sí misma y como referida (participada) a nosotros no puede dejar de comprometernos totalmente .
Cuando el alma se deja llevar por el don de sabiduría, acepta a Dios mismo como don, lo afirma, se compromete, y lo ama. Y goza. Y esto es lo que le da esa visión unitaria y simple de toda la creación, ya que ve todo “por los ojos del Amado”.
Incluso aquello que nadie puede imaginar de Dios como ese premio que nos espera, “a nosotros nos lo ha revelado Dios por el Espíritu; porque el Espíritu lo explora todo, aun las profundidades de Dios ” (1Co 2,10); y desde allí, el hombre que ha recibido el Espíritu, “puede juzgar todas las cosas” (Ibid vv. 12.15).
Se juzga de todo “a lo divino”, “por vía de gusto”, “por cierto instinto o connaturalidad”, dirá Santo Tomás. Ya no se trata de “ver las cosas iluminadas” (como es por medio del don de ciencia), sino es verlas en su origen, en la luz misma. Ya no es penetrar en los misterios revelados (como es por el don de entendimiento), es conocer íntimamente al Revelador, y afirmar intuitivamente el porqué último de esos misterios de salvación, un porqué que no es una razón, sino Alguien: un Dios en tres Personas, que es amor. Allí todo se entiende sin ninguna otra explicación, porque es innecesaria .
No podemos aquí desarrollar las maravillas que este don produce en la vida de los cristianos, baste decir que es lo que hace de los hombres amados y amadores de Dios.
Sí podemos mostrar en un solo punto esa nota característica tan propia del don de sabiduría, que es iluminar desde lo inefable y atraer hacia lo incomprensible . Ese punto es lo que se conoce como la “sabiduría de la Cruz”, piedra de toque de la santidad de todos los tiempos. El don de ciencia puede darnos a comprender el sentido del dolor, el de entendimiento hacernos penetrar en el misterio de la cruz de Cristo y ver qué admirable es la Providencia de Dios al elegirlo para nuestra salvación, pero sólo el de sabiduría dará un conocimiento tal de la Sabiduría Encarnada en su misterio de pasión, que hará al alma desear el padecer con Él como se desea la vida: “padecer o morir”, e incluso más, “no morir, sino padecer”.
Cuando el ahora beato José Jordán, en la España de 1936, se despidió de su madre hacia un futuro incierto que podía terminar (como fue) en martirio, ésta le dijo como último saludo: “es que…, si usted muere por Dios, hijo, eso sería muy bonito”.
En cuanto a la bienaventuranza correspondiente, “las almas que poseen en su perfección el don de sabiduría son los pacíficos, y ellos son los hijos de Dios , porque tienen la imagen más perfecta del Hijo de Dios, tienen la adopción perfecta, la filiación perfecta, porque la sabiduría ha grabado en sus almas la imagen más perfecta que puede tenerse sobre la tierra del Hijo de Dios”[1].
Que María Santísima, Sede de la Sabiduría, nos ayude a ser dóciles instrumentos del Espíritu de Amor.
[1] L.M. Martínez, Los dones del Espíritu Santo (Madrid 2015) 76.
Letanías Al Espíritu Santo
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo ten piedad – Cristo ten piedad
Señor ten piedad – Señor ten piedad
Cristo óyenos – Cristo óyenos
Cristo escúchanos – Cristo escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor, que aleteando sobre las aguas al comienzo de la creación la fecundaste – T en piedad de nosotros
Espíritu por cuya inspiración han hablado los santos hombres de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu cuya unción nos enseña todo – Ten piedad de nosotros
Espíritu testigo de Cristo – Ten piedad de nosotros
Espíritu de verdad que nos sugiere toda cosa – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te posas sobre María – Ten piedad de nosotros
Espíritu del Señor que llenas la tierra – Ten piedad de nosotros
Espíritu de Dios que habitas en nosotros – Ten piedad de nosotros
Espíritu de sabiduría y entendimiento – Ten piedad de nosotros
Espíritu de consejo y fortaleza – Ten piedad de nosotros
Espíritu de ciencia y de piedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu del temor del Señor – Ten piedad de nosotros
Espíritu de gracia y misericordia – Ten piedad de nosotros
Espíritu de virtud, de dilección y de sobriedad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ten piedad de nosotros
Espíritu de humildad y castidad – Ten piedad de nosotros
Espíritu de benevolencia y de mansedumbre – Ten piedad de nosotros
Espíritu de la gracia multiforme – Ten piedad de nosotros
Espíritu que sondeaste también las profundidades divinas – Ten piedad de nosotros
Espíritu que pides por nosotros con gemidos inenarrables – Ten piedad de nosotros
Espíritu que bajaste sobre Cristo en forma de paloma – Ten piedad de nosotros
Espíritu en el cual nacemos – Ten piedad de nosotros
Espíritu por el que la caridad es infundida en nuestros corazones – Ten piedad de nosotros
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ten piedad de nosotros
Espíritu que te apareciste sobre los discípulos en lenguas de fuego – Ten piedad de nosotros
Espíritu del cual están repletos los Apóstoles – Ten piedad de nosotros
Espíritu que repartes los dones como más te parece – Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten piedad de nosotros
¡Ave María y adelante!

