1 Reyes 1 Biblia Straubinger Capítulo 1 de 22

1 Reyes 1

Libros históricos · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Introducción de la edición

Los Libros III y IV de los Reyes que en algunas versiones se llaman libros I y II de los Reyes (porque los dos libros que preceden se llaman a veces libros de Samuel), han de considerarse como continuación de esos dos libros históricos a los cuales se agregan.

Empiezan con el advenimiento de Salomón al trono y cierran con la caída del reino de Judá, abarcando, por consiguiente, más de cuatro siglos (X-VI a. C.).

El primero, a saber el Libro III (3º) de los Reyes, trae en su primera parte la historia de Salomón (Capítulo 1-11), en la segunda la de los reinos de Judá e Israel hasta el rey Ococías de Israel (Capítulo 12-22).

El Libro IV describe la historia de los dos reinos hasta la destrucción de Samaria y del reino de Israel (Capítulo 1-17), refiriendo luego los acontecimientos que siguieran en Judá, hasta el cautiverio babilónico.

No es el objeto de estos libros ofrecernos una historia exclusivamente política. Lo que el autor quiere mostrar es cómo los reyes observaron o no las normas de la Ley y de qué manera Dios cumplió sus promesas y amenazas. A la posición que toma cada rey respecto de la Ley, corresponde su suerte personal y la de su reino. Aquel rey es grande, que cumple la Ley, aquel es pequeño e impío, que la descuida. Este es el esquema según el cual cada rey es juzgado.

El autor debe haber sido uno de los profetas. Según la tradición judía fue Jeremías, con lo cual coinciden algunos ilustres exégetas modernos. En todo caso, ha de reconocerse el parentesco de estilo entre el libro de Jeremías y estos dos de los Reyes.

El tiempo de la composición de los dos libros ha de fijarse entre el año 562 y el año 538 a. C. Pues el autor menciona la liberación del rey Jeconías acaecida el año 562, pero no el fin del cautiverio (año 538).

El autor ha tenido a su disposición fuentes escritas, los anales de los reyes de Judá, citados por él 15 veces, y los anales de los reyes de Israel citados 11 veces. De estas fuentes ha entresacado lo que creía conveniente para su objeto.

Un problema para los exégetas es la cronología de los dos libros. Consiste ella en indicar la edad del rey que sube al trono y la duración de su reinado, y, además, su sincronización con el reinado del rey contemporáneo de Israel o de Judá, respectivamente. Pero si se suman los años de los reyes de Judá con los del reino de Israel desde el cisma hasta el cautiverio de Israel, resulta una diferencia de 19 años. Para solucionar esta dificultad se han propuesto varios sistemas.

Texto de 1 Reyes 1

I. Salomón

Abisag

1 El rey David era ya viejo y de edad avanzada, por lo cual lo cubrían con ropas, pero no podía entrar en calor. 2 Entonces sus siervos le dijeron: "Búsquese para el rey, nuestro señor, una joven, virgen, que sirva al rey. Ella te cuide y se acueste en tu seno, para que nuestro señor, el rey, consiga calor. 3 Buscaron, pues, una joven hermosa en todos los territorios de Israel; y hallaron a Abisag, sunamita, y la trajeron al rey.* 4 Esta joven era en extremo hermosa; cuidaba ella al rey y le servía, pero el rey no la conoció.

Conspiración de Adonías

5 Entonces Adonías, hijo de Hagit, dijo en su orgullo: "Yo seré rey"; y se procuró una carroza, gente de a caballo, y cincuenta hombres que corriesen delante de él.* 6 Su padre nunca en todos sus días se lo reprochaba, preguntándole: "¿Por qué haces esto?" Adonías era de muy hermosa presencia y (su madre) le había dado a luz después de Absalón. 7 Conspiraba con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar, los cuales siguieron el partido de Adonías. 8 Pero el sacerdote Sadoc, Banaías, hijo de Joiadá, el profeta Natán, Semeí, Reí, y los valientes que tenía David, no seguían a Adonías. 9 Ahora bien, Adonías inmoló ovejas, bueyes y novillos cebados junto a la piedra de Sohélet, que está al lado de la fuente de Rogel, y convidó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los hombres de Judá, siervos del rey;* 10 pero no invitó al profeta Natán, ni a Banaías, hijo de Joiadá, ni a los valientes, ni a Salomón su hermano.

Intervención de Natán

11 Entonces habló Natán a Betsabee, madre de Salomón, y le dijo: "¿No sabes que reina Adonías, hijo de Hagit, sin que nuestro señor David lo sepa? 12 Ven, pues, ahora y te daré un consejo, para que puedas salvar tu vida y la vida de tu hijo Salomón. 13 Anda, preséntate al rey David, y dile: «Señor mío y rey, ¿no juraste tú a tu sierva, diciendo: Salomón, tu hijo, reinará después de mí, y él se sentará sobre mi trono? ¿Por qué, pues, reina Adonías?» 14 Y he aquí que mientras tú estuvieres aún hablando allí con el rey, entraré yo tras de ti, y confirmaré tus palabras."

15 Entró, pues, Betsabee en el aposento del rey, el cual era ya muy viejo, y Abisag la sunamita servía al rey. 16 Se inclinó Betsabee y se postró ante el rey; y dijo el rey: "¿Qué quieres?" 17 Respondió ella: "Señor mío, tú juraste a tu sierva por Yahvé, tu Dios, diciendo: «Salomón, tu hijo, reinará después de mí, y él se sentará sobre mi trono.» 18 Mas ahora he aquí que Adonías se ha hecho rey, y tú, señor mío, y rey, no lo sabes. 19 Ha sacrificado bueyes y novillos cebados y ovejas en gran número, y ha convidado a todos los hijos del rey, y al sacerdote Abiatar, y a Joab, jefe del ejército; pero no ha convidado a tu siervo Salomón. 20 En ti, oh rey y señor mío, están ahora puestos los ojos de todo Israel, para que les hagas saber quién ha de sentarse sobre el trono de mi señor el rey después de él. 21 De lo contrario, cuando el rey mi señor duerma con sus padres, yo y Salomón, mi hijo, seremos (tratados como) criminales."*

22 Ella estaba todavía hablando con el rey, cuando he aquí llegó el profeta Natán. 23 Y avisaron al rey, diciendo: "Ahí está el profeta Natán." Entró, pues, este a la presencia del rey y se postró delante del rey, rostro en tierra. 24 Y dijo Natán: "Señor mío y rey, ¿has dicho tú: «Adonías ha de reinar después de mí, y se sentará sobre mi trono»? 25 Porque ha bajado hoy y ha sacrificado bueyes y novillos cebados y ovejas en gran número, y ha convidado a todos los hijos del rey, a los capitanes del ejército y al sacerdote Abiatar; y he aquí que están comiendo y bebiendo con él y exclaman: ¡Viva el rey Adonías! 26 Pero no me ha convidado a mí, tu siervo, ni al sacerdote Sadoc, ni a Banaías, hijo de Joiadá, ni a Salomón tu siervo. 27 ¿Se hace esto por orden de nuestro señor el rey, sin comunicar a tus siervos quién ha de sentarse sobre el trono de mi señor el rey después de él?"

28 Respondió el rey David, diciendo: "Llamadme a Betsabee"; y ella entró a la presencia del rey y estuvo de pie ante el rey. 29 Entonces hizo el rey este juramento: "¡Vive Yahvé que ha librado mi alma de toda angustia, 30 que así como te he jurado por Yahvé, el Dios de Israel, diciendo: Salomón tu hijo, reinará después de mí, y él se sentara sobre mi trono en mi lugar, así haré hoy mismo!" 31 Entonces Betsabee inclinó el rostro hasta la tierra, y prosternándose delante del rey, dijo: "¡Viva mi señor, el rey David, para siempre!"

Salomón es ungido rey

32 Después dijo el rey David: "Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, y a Banaías, hijo de Joiadá." Cuando ellos se habían presentado delante del rey, 33 les dijo este: "Tomad con vosotros a los siervos de vuestro señor, y haced montar a Salomón mi hijo sobre mi mula, y conducidle al Gihón.* 34 Allí el sacerdote Sadoc y el profeta Natán le ungirán por rey sobre Israel; y tocaréis la trompeta, y diréis: "¡Viva el rey Salomón!" 35 Luego subiréis en pos de él; y vendrá y se sentará sobre mi trono. El será rey en mi lugar, porque a él le instituyo príncipe sobre Israel y Judá." 36 Respondió Banaías, hijo de Joiadá, al rey, diciendo: "¡Amén! ¡Así lo confirme Yahvé, el Dios de mi señor el rey! 37 ¡Como Yahvé ha estado con mi señor, el rey, así esté con Salomón; y ensalce su trono más que el trono de mi señor, el rey David!" 38 Bajaron, pues, el sacerdote Sadoc, el profeta Natán y Banaías, hijo de Joiadá, con los cereteos y feleteos, e hicieron montar a Salomón sobre la mula del rey David y le condujeron al Gihón.* 39 El sacerdote Sadoc tomó del Tabernáculo el cuerno de óleo, con el cual ungió a Salomón; y al son de la trompeta exclamó todo el pueblo: "¡Viva el rey Salomón!"* 40 Después subió con él todo el pueblo, tocando flautas, y haciendo gran fiesta de modo que parecía hendirse la tierra por el ruido de sus aclamaciones.

41 Lo oyó Adonías y todos los convidados que con él estaban, en el momento en que acababan de comer. Y como oyese Joab el sonido de la trompeta, dijo: "¿Qué significa este ruido de la ciudad alborotada?" 42 Estaba todavía hablando, cuando he aquí que llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar. "Ven, le dijo Adonías, porque tú eres hombre valiente y traes buenas nuevas." 43 Jonatán respondió y dijo a Adonías: "Sí, por cierto, pues nuestro señor, el rey David, ha hecho rey a Salomón. 44 El rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Banaías, hijo de Joiadá, con los cereteos y feleteos, y ellos le hicieron montar sobre la mula del rey. 45 El sacerdote Sadoc y el profeta Natán le han ungido rey en el Gihón; y de allí han subido con júbilo, y la ciudad está en conmoción. Este es el ruido que habéis oído. 46 Y Salomón no solo se ha sentado en el trono del reino, 47 sino que también los servidores del rey han venido a felicitar a nuestro señor, el rey David, diciendo: «¡Haga tu Dios el nombre de Salomón más grande que tu nombre y ensalce su trono sobre el trono tuyo!» Y el mismo rey se prosternó sobre su lecho* 48 y habló de esta manera: «¡Bendito sea Yahvé, el Dios de Israel, que hoy me ha concedido ver con mis ojos al sucesor sobre mi trono!»"

Adonías se somete al nuevo rey

49 Entonces temblaron todos los convidados que estaban con Adonías, y levantándose se marcharon cada cual por su camino. 50 También Adonías, teniendo miedo de Salomón, se levantó y fue a asirse de los cuernos del altar.* 51 Y se le dio a Salomón esta noticia: "He aquí que Adonías teme al rey Salomón; se ha asido de los cuernos del altar y dice: «¡Júreme hoy el rey Salomón que no hará morir a su siervo al filo de la espada!»" 52 El rey Salomón respondió: "Si fuere hombre de bien, no caerá a tierra ni un cabello suyo; pero si se hallare maldad en él, morirá." 53 Envió, pues, el rey Salomón gente que lo sacasen del altar; y él vino y se postró ante el rey Salomón. Y le dijo Salomón: "Vete a tu casa."*

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