Jeremías 1 Biblia Straubinger Capítulo 1 de 52

Jeremías 1

Libros proféticos · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Introducción de la edición

En cuanto a los datos biográficos, Jeremías es el menos ignorado entre todos los profetas de Israel. Hijo del sacerdote Helcías, nació en Anatot, a 4 kilómetros al norte de Jerusalén, y fue destinado por Dios desde el seno materno para el cargo de Profeta (1, 5). Empezó a ejercer su altísima misión en el decimotercio año del rey Josías (638-608) es decir, en 625. Durante más de 40 años, bajo los reyes Josías, Joacaz, Joakim, Joaquín (Jeconías) y Sedecías siguió amonestando y consolando a su pueblo, hasta que la ciudad impenitente cayó en poder de los babilonios (581 a. C.).

Jeremías no compartió con su pueblo la suerte de ser deportado a Babilonia, sino que tuvo la satisfacción de ser un verdadero padre del pequeño y desamparado resto de los judíos que había quedado en la tierra de sus padres. Mas cuando sus compatriotas asesinaron a Godolías, gobernador del país desolado, obligaron al Profeta, a refugiarse con ellos en Egipto, donde, según tradición antiquísima, lo mataron porque no cesaba de predicarles la Ley de Dios. La Iglesia celebra su memoria el 1º de mayo.

Jeremías es un ejemplo de vida religiosa, creyéndose que se conservó virgen (16, 1 s.). Austero y casi ermitaño, se consumió en dolores y angustias (15, 17 s.) por amor a su pueblo obstinado. Para colmo se levantaron contra él falsos profetas y consiguieron que, por mandato del rey, fuesen quemadas sus profecías. El mismo fue encarcelado y sus días habrían sido contados, si los babilonios, al tomar la ciudad, no le hubiesen libertado.

Su libro se divide en dos partes, la primera de las cuales contiene las profecías que versan sobre Judá y Jerusalén (capítulos 2-45), y la segunda reúne los vaticinios contra otros pueblos (capítulos 46-51). El primer capítulo narra la vocación del Profeta, y el último (capítulo 52) es un apéndice histórico.

Cuanto menos comprendido fue Jeremías por sus contemporáneos, tanto más lo fue por las generaciones que le siguieron. Sus vaticinios alentaban a los cautivos de Babilonia, y a él se dirigían las miradas de los israelitas que esperaban la salud mesiánica. Tan grande era su autoridad que muchos creían que volvería de nuevo, como se ve en él episodio de Mateo 16, 14. Los santos Padres lo consideran como figura de Cristo, a quien representa por lo extraordinario de su elección, por la pureza virginal, por el amor inextinguible a su pueblo y por la paciencia invencible frente a las persecuciones de aquellos a los cuales amaba.

Prólogo

Texto de Jeremías 1

Vocación del profeta

1 Palabras de Jeremías hijo de Helcías, de los sacerdotes que habitaban en Anatot, en tierra de Benjamín;* 2 al cual llegó la palabra de Yahvé en los días de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, el año decimotercero de su reinado, 3 y luego en los días de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, hasta la deportación de Jerusalén, en el mes quinto. 4 Me habló Dios en estos términos:

5 «Antes de formarte en el seno materno te conocí;
y antes que salieras del seno te santifiqué;
para profeta entre las naciones te he constituido.»*

6 Yo contesté: «¡Ah, Señor, Yahvé! he aquí que no sé hablar, porque soy un adolescente.»*

7 Yahvé me respondió: «No digas: Soy un adolescente,
sino anda a dondequiera que Yo te enviare,
y habla todo cuanto Yo te dijere.*

8 No tengas miedo delante de ellos,
porque Yo estoy contigo
para librarte» —oráculo de Yahvé.

9 Después extendió Yahvé su mano y tocando mi boca me dijo:
«He aquí que pongo mis palabras en tu boca.

10 Mira, Yo te pongo hoy sobre naciones, y sobre reinos,
para desarraigar y derribar,
para destruir y arruinar,
para edificar y para plantar.»*

Carácter de la misión del profeta

11 Y me llegó la palabra de Yahvé, que dijo: «¿Qué ves Jeremías?» Respondí: «Veo una vara de almendro.»* 12 Y me dijo Yahvé: «Bien has visto; porque yo velo sobre mi palabra para cumplirla.»

13 Y me vino la palabra de Yahvé por segunda vez, que decía: «¿Qué ves?» Y contesté: «Veo una olla hirviente que viene de la parte del norte.»*

14 Entonces me dijo Yahvé:
«Del norte se difundirá el mal
sobre todos los habitantes del país.

15 Pues he aquí que voy a llamar
a todas las tribus de los reinos del norte,
dice Yahvé, las cuales vendrán,
y pondrán cada cual su trono
a la entrada de las puertas de Jerusalén,
y sobre sus muros todo en derredor,
y sobre todas las ciudades de Judá.

16 Y pronunciaré contra ellos mi sentencia
por todas sus maldades;
por cuanto me han abandonado
y quemado incienso a otros dioses,
postrándose ante la obra de sus manos.

17 Ciñe tus lomos, yérguete,
y diles todo cuanto Yo te mandare;
no les tengas miedo,
no sea que Yo te confunda delante de ellos.*

18 He aquí que hoy te pongo por ciudad fortificada,
y por columna de hierro,
y por muro de bronce
contra toda esta tierra;
contra los reyes de Judá,
contra sus príncipes y sus sacerdotes,
y contra el pueblo del país.

19 Ellos te harán guerra,
mas no prevalecerán contra ti;
porque contigo estoy Yo,
dice el Señor, para librarte.»

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