Job 9 Biblia Straubinger Capítulo 9 de 42

Job 9

Libros sapienciales · Antiguo Testamento

Este domingo: Mt 22, 1-14 Índice de libros

Texto de Job 9

Respuesta de Job a Baldad

1 Respondió Job y dijo:

2 «Bien sé que es así.
¿Cómo puede el hombre ser justo frente a Dios?*

3 Si pretendiera contender con él,
de mil (cargos) no respondería a uno solo.

4 Él es sabio de corazón,
poderoso y fuerte;
¿quién se le opuso y le salió bien?

5 Él traslada los montes, sin que sepan
quién los trastorna en su ira.

6 Él remueve la tierra de su sitio,
y sus columnas son sacudidas.

7 Él manda al sol, y este no sale,
y encierra bajo sello las estrellas.*

8 Él solo extiende los cielos,
y anda sobre las olas del mar.

9 Él hizo la Osa, el Orión y las Pléyades,
las constelaciones del cielo austral.*

10 Él hace cosas grandes e insondables,
y maravillas sin cuento y número.

11 He aquí que pasa junto a mí, y yo no le veo;
y si se retira, tampoco lo advierto.

12 Si Él toma una presa
¿quién hará que la devuelva?
¿quién podrá decirle: “¿Qué es lo que haces?”?

13 Él es Dios, no hay quien pueda doblegar su ira;
debajo de Él se encorvan los auxiliares de Rahab.*

14 ¿Cuánto menos podré yo responderle,
elegir mis palabras frente a Él?

15 Aun teniendo yo razón, nada le respondería;
imploraría la clemencia del que me juzga.*

16 Aun cuando respondiera a mis clamores,
no creería que había escuchado mi voz,

17 Él, que me aplasta con un torbellino,
y multiplica mis llagas sin causa.

18 No me deja respirar
y me harta de amargura.

19 Si se trata de fuerza, el poderoso es Él,
y si de justicia (dice): “¿Quién me emplazará?”

20 Aun cuando yo tuviera razón mi boca me condenaría,
aunque fuera inocente, me declararía culpable.*

21 Soy inocente, pero no me importa mi existencia,
no hago caso de mi vida.

22 Es todo lo mismo; por eso he dicho:
“Él acaba con el inocente como con el impío.”

23 ¡Si al menos el azote matase de repente!
Él se ríe de la prueba de los inocentes.*

24 La tierra ha sido entregada en manos de los malvados;
Él mismo tapa el rostro de sus jueces.
Si no es Él, ¿quién lo será?

25 Mis días pasaron más veloces que un correo,
huyen sin ver cosa buena;

26 pasan como las naves de junco,
cual águila que se arroja sobre la presa.

27 Si digo: “Olvidaré mis quejas,
voy a mudar mi semblante, y me regocijaré”,

28 me espantan todos mis dolores,
pues sé que Tú no me declaras inocente.

29 Y si soy juzgado culpable,
¿por qué fatigarme en vano?

30 Aunque me lavara con agua de nieve,
y con lejía limpiara mis manos,

31 Tú me sumergirías en el fango,
y hasta mis vestidos me darían asco.*

32 Porque Él no es un hombre como yo,
a quien se pudiera decir:
“¡Vamos juntos a juicio!”*

33 No hay entre nosotros árbitro
que ponga la mano sobre entrambos.*

34 Aparte Él de mí su vara,
y no me espante su terror:*

35 entonces hablaré, sin tenerle miedo,
porque así como estoy, no me conozco a mí mismo.»

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