El misterio de la división de Babel

P Gustavo Domenech, IVE

Introducción

El presente artículo pretende ser una explicación del hecho de Babel a la luz de la misma Sagrada Escritura y de testimonios externos. El fin de este sencillo estudio es poder iluminar la historia y sobre todo la historia en el momento presente. En efecto, Babel, fundada por uno de los descendientes de Can, pueblo signado por desprecio a Dios, sigue estando presente su cosmovisión en nuestro tiempo. Dice Julio Meinvielle:

“Si Dios, en los sagrados libros, nos habla de tres o cuatro pueblos determinados, y nos habla de ellos en todo tiempo, desde el Genesis al Apocalipsis, es evidente que estos pueblos deben tener una trascendencia histórica singular para explicar el curso que deben tomar los acontecimientos humanos” [1].

En particular, Babel hace causa común con el anticristo el cual como dice san Pablo, está ya actuando. Así afirma Leon Dufourd:

“Frente a la nueva Jerusalén Babilonia continúa irguiéndose a cada instante… Hace causa común con el dragón, que es Satán, y la bestia, que es el anticristo.”[2]

El anticristo presente desde la aparición de Cristo quiere fundar una civilización, una unidad de la humanidad proponiendo una salvación sin Dios y contra Dios.

Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico.[3]

Bien, ahí está presente el espíritu de Babel, en la construcción de una ciudad en el sentido agustiniano basada en el amor a si y el desprecio de Dios.

Por ello, buscamos en este hecho histórico su sentido trascendente. En la Biblia hay dos sentidos: el literal y el espiritual. El sentido literal donde se fundan los demás sentidos es el sentido de las palabras. Así, la historia de Babel es expresada como literalmente histórico. Pero hay tres sentidos espirituales: el sentido tipológico, es decir, los hechos pasados hacen referencia a Cristo; el sentido moral, por el que los eventos históricos tienen una enseñanza moral, como dice san Pablo, escritos para nuestra edificación, y, por último, un sentido trascendente, es decir, más allá del tiempo, en cuanto los eventos poseen una significación salvífica o lo contrario.

Respecto a Babel, su sentido trascendente es ver el papel que juega no solo en ese momento sino a lo largo de la historia, pues es madre de pueblos, en la economía salvífica de los hombres.

Principios hermenéuticos

Antes de abordar el texto del capítulo 11 del Genesis, texto por cierto, difícil, es necesario guiarse por ciertas reglas hermenéuticas aplicables al texto sagrado, sobre todo, los textos de los primeros capítulos del Genesis. La Biblia no es un libro de fácil lectura, pues ha sido escrito con una mentalidad, formas culturales y lengua que son lejanas a nosotros en el tiempo y en el espacio.

En primer lugar el Genesis tiene por autor humano a Moisés, en unanimidad con toda la tradición y los textos sagrados, aunque Moisés para componer su obra se sirvió de documentos escritos o de tradiciones orales.

En segundo lugar, la cuestión de los géneros literarios que son oscuros y complejos. Estas formas literarias no responden a ninguna de nuestras categorías clásicas y no pueden ser juzgadas a la luz de los géneros literarios grecolatinos o modernos.  No puede, consiguientemente, negarse ni afirmarse en bloque la historicidad de estos capítulos sin aplicarles indebidamente las normas de un género literario bajo el cual no pueden ser clasificados.

En tercer lugar, los Libros Sagrados contienen historia no en el sentido moderno de la palabra, sino que en realidad cuentan en lenguaje sencillo y figurado, adaptado a las inteligencias de una humanidad menos desarrollada, las verdades fundamentales presupuestas a la economía de la salvación, al mismo tiempo que la descripción popular de los orígenes del género humano y del pueblo escogido.[4]

Texto Bíblico

Genesis 11, 1-9

1 Tenía la tierra entera una misma lengua y las mismas palabras. 2 Mas cuando (los hombres) emigrando desde el Oriente hallaron una llanura en la tierra de Sinear, donde se establecieron, 3 se dijeron unos a otros: “Vamos, fabriquemos ladrillos, y cozámoslos bien.” Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el betún les sirvió de argamasa. 4 Y dijeron, pues: “Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cumbre llegue hasta el cielo; hagámonos un monumento para que no nos dispersemos sobre la superficie de toda la tierra.” 5 Pero Yahvé descendió a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hijos de los hombres. 6 Y dijo Yahvé: “He aquí que son un solo pueblo y tienen todos una misma lengua. ¡Y esto es sólo el comienzo de sus obras! Ahora, nada les impedirá realizar sus propósitos. 7 Ea, pues, descendamos, y confundamos allí mismo su lengua, de modo que no entienda uno el habla del otro.” 8 Así los dispersó Yahvé de allí por la superficie de toda la tierra; y cesaron de edificar la ciudad. 9 Por tanto se le dio el nombre de Babel; porque allí confundió Yahvé la lengua de toda la tierra; y de allí los dispersó Yahvé sobre la faz de todo el orbe.”

Los fundadores de Babel

El capítulo comienza con esta frase que ya presenta sus dificultades: Tenía la tierra entera una misma lengua y las mismas palabras. Algunas biblias traducen “una sola lengua”, pero no reproduce tal traducción el ideal original hebreo. Pues, el uso de las dos expresiones en el mundo hebraico significaba “unanimidad”. Incluso se podría traducir: “todos se entendieron”, “todos se entendieron”.

Podemos decir que más que una lengua se trataba de un pensamiento único. Pero, por el contexto, nos lleva a pensar que era una pensamiento único impuesto desde el poder político. Pues, puede haber un pensamiento único en lo esencial, pues todos los hombres poseen esa capacidad de captar la misma realidad objetiva, y así podemos hablar de un pensamiento único “captado” de la realidad objetiva, contrario a un pensamiento único “coaptado”.

Vinieron de oriente dice el texto. En el oriente se encontraba el paraíso : El Señor Dios planto un jardín en el Edén, al oriente y allí coloco al hombre que había modelado[5]. Una posible interpretación es que los hombres se alejaron de ese paraíso, cada vez más por su comportamiento. Pues si el paraíso era figura del cielo, el alejarse significaba separarse cada vez mas de Dios.

Entre esos hombres que venían de oriente nos interesa en particular su fundador: Nemrod. Solo de él nos habla la Biblia entre los descendientes de Can, y esto por la importancia de este personaje en el plan providencial.

Según el Génesis, Nemrod fue hijo nieto de Can e hijo de Cus. Fue el primer héroe[6] sobre la tierra, un valiente cazador opuesto[7]  al Señor , fundador de imperios tales como el Babélico, el Acádico y  de esas unidades políticas surgieron luego los asirios, los ninivitas[8].

Además de los datos aportados por el texto sagrado, poseemos documentos extrabíblicos de este padre fundador de Babel. Quedo en la memoria de todos los pueblos de oriente la figura siniestra de este personaje, padre fundador de las grandes civilizaciones que fueron el medio de purificación de los descendientes de Sem, los hebreos.

El Talmud, además de los datos comunes con el texto sagrado, refiere que fue hijo de un anciano y una jovencita. Su nombre significaba rebelión y se convirtió en gobernante de todo el mundo. Nemrod, por su parte al ver su prosperidad,  se olvidó de Dios e inauguro la idolatría haciéndose dioses de madera y piedra, perversión de la religión natural que su hijo continuó. [9]

El escritor judío Flavio Josefo recoge datos biográficos de este nieto de Noé y nos dice que, además de confiar en su fuerza y ser ella la causa de su prosperidad despreciando a Dios, incitó a ese desprecio a sus ciudadanos[10]; cambió gradualmente su gobierno en tiranía, gobernando por el temor y haciendo que la gente dependiera solamente de su poder. Obró por venganza contra Dios por haber hecho desaparecer sus ancestros con el diluvio, por lo cual construyó una torre como lugar seguro. Por último, considero una cobardía someterse a Dios. [11]

Finalmente, el testimonio de Santo Tomas[12]  quien dice que Nemrod inició la idolatría,[13] sobre todo la adoración del fuego.[14]

Con estos testimonios se puede tener una idea bastante profunda del espíritu, de la cosmovisión de esta civilización no solo que conculcaba los derechos de Dios sobre la creación, sino también conculcaban los derechos humanos; de un gran poder político y tecnológico que lo hacían, frente a los hombres, imbatibles. Pero Dios es más fuerte que los planes de los poderosos.

Civilización tecnológica y unificada

Se dijeron unos a otros”: Hubo una un profundo acuerdo, fruto de esa unanimidad y pensamiento único reinante que los llevó a realizar esta empresa.

Les sirvió el ladrillo en lugar de piedras y el betún les sirvió de argamasa”. Un lugar desierto donde no habían rocas, entonces, el desarrollo tecnológico produjo un sustituto: el ladrillo. Además, era un lugar de betunes o hidrocarburos. Sabemos que es una región rica en petróleo y sus derivados. Una de las ciudades que siguieron esa tradición de Babel, Nínive dejaban admirados a los demás pueblos por su grandeza y belleza.

“Edifiquemos una ciudad y una torre cuya cumbre llegue hasta el cielo; hagámonos un monumento para que no nos dispersemos sobre la superficie de toda la tierra.” Una ciudad bien cerrada, protegida con un lugar de protección en caso de otro diluvio, pero también como signo del poder, construyeron una torre. Es también hoy la costumbre de manifestar el poder construyendo grandes rascacielos: New York, Dubai, Hong Kong. Esas primeras palabras también son eco de aquel grito luciferino:

“Y sin embargo pensaste/ Subiré al cielo/ Sobre las estrellas de Dios/ Levantaré mi trono. Subiré a las regiones superiores de las nubes/ me haré igual al altísimo”[15].

Pero esas grandes ciudades o monumentos, como lo atestigua la historia no se hicieron sino con esclavitud y crueldad. Así, el libro apócrifo del apocalipsis de Baruch atestigua:

“Estos son los que aconsejaron la construcción de la torre, pues los que tú ves hicieron salir a multitudes de hombres y mujeres para hacer ladrillos; entre ellos, a una mujer que hacía ladrillos no se le permitía salir en la hora del parto, sino que daba a luz mientras hacía ladrillos, y llevaba a su hijo en su delantal, y seguía haciendo ladrillos.[16]

La esclavitud y la crueldad fueron las características de esas civilizaciones, cuyo fin es el poder sea económico, político, financiero, tecnológico. La esclavitud estará presente desde ese momento como una triste consecuencia del apartamiento de la ley divina, y al mismo tiempo una esclavitud marcada por la crueldad. Nos lleva a recordar la crueldad durante la revolución industrial. Algo que no ha terminado. Así, por ejemplo, hay acusaciones contra el régimen de Dubai, cercana al circo moderno del futbol, la práctica de la esclavitud para construir esos imponentes edificios para placer de los ricos y poderosos de este mundo.

Para que no nos dispersemos sobre la superficie de toda la tierra”. A diferencia de los descendientes de Sem y Jafet quienes se dispersaron, los descendientes de Can buscaron no separarse, no mezclarse. Es decir, quisieron construir una civilización única con un poder concentrado y centralizado, fuertemente racista y nacionalista.

Dios contra la unidad perversa

“Pero Yahvé descendió a ver la ciudad y la torre”. Esta frase se conoce por  antropomorfismo, es decir una cualidad humana corporal que se aplica a Dios. El verdadero significado es  que Dios se ocupa del gobierno del mundo para que alcance su fin. Hubo una intervención directa de Dios en el rumbo de la historia de ese pueblo.

“Los hijos de los hombres”. Es la expresión utilizada en el Genesis para referirse a todo aquellos que se apartaron de la revelación primordial en oposición a los hijos de Dios, fieles a la ley divina.

“He aquí que son un solo pueblo y tienen todos una misma lengua. ¡Y esto es sólo el comienzo de sus obras! Ahora, nada les impedirá realizar sus propósitos. Ea, pues, descendamos, y confundamos allí mismo su lengua, de modo que no entienda uno el habla del otro[17] Este otro antropomorfismo, el dialogo que Dios tiene con otro, usando la primera persona del plural, podría referirse, según san Agustín los ángeles o puede también referirse a las otras personas de la Trinidad. Y, además, evoca aquella admiración divina al ver al hombre que se había deificado: “he aquí el hombre como uno de nosotros, conocedores del bien y del mal”[18].

Babel había conseguido una unidad política y de pensamiento que la hacía invulnerable. La unidad no es un bien absoluto, sino relativo a los fines buscados, que pueden ser buenos o malos. Dice el gran pensador alemán Carl Schmitt:

“En el orden de las cosas humanas la unidad se nos antoja a veces como un valor absoluto. Imaginamos la unidad como unanimidad, como paz y buen orden. Pensamos en el Evangelio del ‘unus pastor bonus’, en el ‘unum ovile’, la ‘una sancta’. ¿Cabe entonces afirmar en términos abstractos y generales, que la unidad es mejor que la pluralidad? De ningún modo. No toda organización centralista que funcione bien es, sin más, el ideal del orden humano. No hay que olvidar que la unidad ideal vale para el reino del Buen Pastor, mas no para toda organización humana. La unidad abstracta en cuanto tal lo mismo puede redundar en auge del bien que en auge del mal. También el reino de Satán es una unidad, y Cristo mismo, hablando del diablo y de Belcebú, dio por supuesta la unidad del mal. La torre de Babel representa una unidad. Frente a muchas formas modernas artificiales y forzadas de unidad, me atrevo incluso a decir, que la confusión Babélica puede ser mejor que la unidad de Babel.”[19]

Así terminó esa civilización globalizada que pretendía erigirse contra Dios y pero una vez dispersa propagó  la idolatría y demás corrupciones, propagación pero no concentración, lo cual es un bien, pues si el reino de satán se divide ¿cómo subsistirá? En efecto, esa autocracia concentrando poder se erigía en contra de los planes de Dios.

Pero la diversidad de lenguas no comenzó ahí. Así como hay una unidad justa también hay una diversidad justa, como manifestación de las posibilidades culturales humanas. En el capítulo anterior dice que los hijos de Jafet “se propagaron sobre las islas de las gentes y en sus tierras, según sus lenguas y sus tribus y sus naciones”[20]. Es decir, la diversidad de lenguas no es un castigo sino una bendición, lo que se transforma en castigo es la confusión de la lengua de la idolatría, la lengua que llevaba esa blasfemia constante contra Dios. Pero también se había terminado la era de ese pensamiento único ateo e inmanente. Ciertamente no terminó, pero si perdió fuerza al disgregarse. ¿No lleva esto a recordar la caída providencial del muro de Berlîn y el fin del comunismo como sistema político en Europa y Asia Central?

Dios quiere la unidad salvífica de la humanidad

Dios quería fundar una civilización pero basada en la obediencia a Dios, la ciudad de Dios, la cual comienza con Abraham. La familia del hombre se une para construir una civilización secular que glorifica los logros humanos y la fuerza de la unidad social y política. … Como muestra el contexto más amplio del Génesis, el “nombre” codiciado por los pecadores de Babel nunca se adquiere; más bien son Abraham y sus descendientes a quienes Dios promete bendecir con un gran “nombre” (12:2) … 11:5 el Señor descendió: Implica que el intento del hombre de alcanzar los cielos (11:4) ha fracasado…[21]

Abraham es lo contrario de la operación de Babel. Abraham no quiere vaciar el cielo: obedece la voz. No quiere crear una ciudad poderosa para sí mismo: deja su tierra. No quiere hacerse un gran nombre: acepta el nombre de Dios y es  Dios,  y no él, hará grande su nombre. Una grandeza que no es producto de sus propias manos, de su propio deseo de afirmación, sino una grandeza que viene de Dios:

“Haré de ti un pueblo grande y te bendeciré Haré grande tu nombre y te convertirás en una bendición. En ti serán bendecidas todas las familias de la tierra”[22]

Estaba reservado esta promesa a Abraham y su descendencia constituida por la Iglesia de construir una unidad no ya política sino religiosa que comenzaría el día de Pentecostés con la comprensión del mensaje de Pedro por parte de los hablantes de numerosas lenguas, con lo cual terminaba el paganismo y la división que produjó. En Pentecostés comienza la unidad de la humanidad sin perder su diversidad. Así como una unidad espiritual querida por Dios pero en una diversidad de pueblos y lenguas con los hijos de Noé, sobre todo con Sem y Jafet. De hecho, las civilizaciones orientales, como muy bien lo expone Aristóteles en la Política, hicieron de la tiranía y la concentración de poder su fundamento de grandeza. En cambio, los hijos de Jafet, fundadores de las civilizaciones humanas de occidente, y nos referimos a Grecia en primer lugar, nunca pretendió fundar un imperio sino respetar la diversidad de las polis, y si vamos a Roma, lejos de subyugar y de homogeneizar ordenó los pueblos respetando sus costumbres e idiosincrasias. El mundialismo moderno con la concentración de poder es más cercano al pensamiento cananeo que jafetista.

Conclusión

Haber visto la naturaleza de esta civilización atea militante, antropocéntrica, esclavista, podemos vislumbrar como está presente Babel en civilizaciones modernas. Quizás la que reúne la mayor cantidad de características que la hacen similar a Babel sea el nazismo. Menvielle le aplica al nacional socialismo las características paganas inauguradas por Babel: el reconocimiento de Dios, la idolatría, la divinización del poder, la religión nacional o religión civil y la exaltación de lo telúrico y el odio al extranjero.[23]  Pero también las demás ideologías políticas tienen mucho también de babélico. El capitalismo tecnócrata y el comunismo ateo son también expresión de ese espíritu babélico que siempre está presente. No son ciudades geográficas, pero si ciudades en sentido agustiniano, que poseen una cosmovisión tal que recrean en gran parte el espíritu de Nemrod.

 

[1] Julio Meinvielle, los tres pueblos bíblicos en su lucha por la dominación del mundo, ( ADSUM, Buenos Aires 1937), pág. 8-9.

[2] Leon Dufourd, Vocabulario biblico, entrada Babilonia

[3] CIC 676

[4]Del tiempo de los documentos del Pentateuco y del género literario de los once primeros capítulos del Génesis.

[5] Gen 2,8

[6] Estos héroes eran descendientes de los hijos de Dios casados con las hijas de los hombres. Hay distintas opiniones respecto a la naturaleza de los hijos de Dios. Algunos dicen que eran ángeles, pues a ellos se los llama hijos de Dios, que tomando formas humanas copularon a las hijas de los hombres, cosa que niega el gran teólogo de los ángeles, santo Tomas. Otros dicen que eran los descendientes de Set, que por haber guardado la ley divina eran considerados fieles a Dios y por tanto, hijos, la tercera posición es aquella que considera a los hijos de dios a los descendientes de los reye, quienes eran considerados divinos. La discusión no esta cerrada, pero nos inclinamos por la opinión que los hijos de Dios eran los descendientes de Set quienes al casarse con las hijas descendientes de Cain corrompieron sus costumbres.

En el lenguaje antiguo, los reyes eran considerados dioses, divinos. Estos héroes eran los descendientes de esos reyes poderoso y además eran poderosos, violentos y belicosos. Solo dos veces se nombran estos héroes en la Biblia.  Genesis 6,4

[7] Según San Agustín, enantion, término griego de las LXX significa tanto delante como contra. San Agustín  prefiere la traducción “contra”, más acorde con el sentido del texto. Cfr; San Agustín, Ciudad de Dios,

[8] Cfr Gen 10, 6-9

[9] The Talmud: Selections, translated by H. Polano, 1876

[10] Cuanto se construía el Titanic, nombre de los personajes mitológicos que se rebelaron contra Zeus, aparecieron en el barco leyendas de sus mismos constructores que rezaban: “ ni Dios ni el papa lo hundirán”. El otro caso ocurrió en 1985 con la explosión del Cohete espacial llamado Challenger

[11][11] (Josephus, Antiquities of the Jews, 1.4.1-3, ca 94. [Imaginando que la prosperidad de la que gozaban no provenía del favor de Dios, sino que suponían que su propio poder era la causa adecuada de la abundante condición en la que se encontraban, no le obedecieron. … Ahora bien, fue Nemrod quien los incitó a tal afrenta y desprecio de Dios. … También cambió gradualmente el gobierno en tiranía, no viendo otra manera de apartar a los hombres del temor de Dios, sino llevándolos a una constante dependencia de su poder. ¡También dijo que se vengaría de Dios, si tuviera la intención de ahogar al mundo de nuevo; ¡pues construiría una torre demasiado alta para que las aguas pudieran alcanzarla! y que se vengaría de Dios por haber destruido a sus antepasados! Ahora bien, la multitud estaba muy dispuesta a seguir la determinación de Nemrod, y a considerar una cobardía someterse a Dios; y construyeron una torre…

[12] Tomas de Aquino, Summa Theologica, II-II.Q 94.4.O2: Las cosas que tienen una causa en el hombre se encuentran entre los hombres en todos los tiempos. Ahora bien, la idolatría no fue siempre, sino que se afirma [Peter Comestor, Hist. Genes. xxxvii, xl] que fue originada por Nemrod, de quien se cuenta que obligó a los hombres a adorar el fuego, o por Ninus, que hizo que se adorara la estatua de su padre Bel.

[13] La idolatría no estaba presente antes del diluvio, pues como dice Santo Tomas, estaba todavía tan fresco el recuerdo de la revelación primordial que los hombres mantenían la adoración del Dios verdadero. También esa idolatría desaparece con la venida de Cristo y el cristianismo posteriormente.

[14] Anaxímenes: “Este mundo, el mismo para todos los seres, no lo ha creado ninguno de los dioses o de los hombres, sino que siempre fue, es y será fuego eternamente vivo, que se enciende con medida y se apaga con medida (frag. 30).  También el mito del robo del fuego por parte de Prometeo, Platón, Protágoras.

[15] Isaias 14,13-15

[16] 3rd Baruch, 3:5-6

[17] Gen 11,6-7

[18] Gen 3,22

[19] Carl Schmitt, La unidad del mundo, conferencia pronunciada en la ciudad de Murcia.

[20] Gen 10,

[21] Hahn, Scott and Mitch, Curtis. Ignatius Catholic Study Bible: Genesis. Ignatius Press, San Francisco. 2006. p. 32

[22] Gen 12,2-3

[23] Cfr, Los tres pueblos bíblicos…, pag. 10

2 Comentarios
  1. P Gustavo Lombardo Dice

    Muy bueno tocayo! ¡Por muchos posts más!
    Muchas gracias!

  2. Sofia Dice

    Excelente análisis!!. Graciaaas P. Lombardo.

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