Kangeme, Kahama, Tanzania, 16 de abril de 2026.
Cuando me enteré, en aquella ocasión, tuvimos que ir a visitarlos, enseñarles a los líderes que no hay que recurrir a las creencias paganas y supersticiones. Hicimos una misa en el lugar, bendijimos el terreno, enterramos medallas y reliquias, y les dijimos que llamen a un albañil que sepa hacer los muros derechos.
Siempre en esta aldea se destaca la abundante población de paganos. Los cristianos católicos son muy pocos en proporción, y además, muchos de ellos no están muy firmes en la fe, muchos son recién convertidos. No les falta el entusiasmo y las ganas de conocer más y aprender, eso sí, y eso es lo que les ayuda a seguir adelante. Hay un buen grupo de niños, muchos en catecismo, y eso siempre da mucha vida a la capilla, e infunde esperanza para el futuro. En el almuerzo al final de la misa, les pregunté al catequista y los líderes que estaban, cuántas familias viven en total en ése lugar, y me respondieron que seguramente más de doscientas. Pensemos que las familias de Tanzania son numerosas, y podemos pensar que más de 1.200 personas, como mínimo, deben vivir en esa zona. Es zona de campo, no pensemos en un gran centro poblado. De hecho, cuando pasamos con la moto por el centro, pude comprobar que por más que han pasado tantos años, no se daban muchos progresos visibles, con un pequeño centro, algunos negocios, tal vez unas diez casas a cada lado del camino. Llama mucho la atención que en un lugar donde vive tanta gente, aunque dispersa en el campo, pero perteneciente a una zona determinada, no cuenten con un camino para poder unir el pueblo con el camino principal. En el viaje en moto traté al principio de ir memorizando los lugares, y los desvíos, por si alguna vez podría volver sólo, y a los quince minutos me rendí completamente. Viajamos por miles de senderos, miles de bifurcaciones, y hasta en direcciones opuestas, es decir hacia el este en un momento, y luego hacia el oeste. Es decir, imposible recordar, e imposible para mí volver sin un baqueano.
La capilla, al llegar, la pude ver exactamente como la recordaba, sin ningún avance por fuera. Por dentro pude ver que el avance era que tenía era el piso de cemento. Es muy oscura, porque las ventanas son hechas con ladrillos puestos en posición oblicua por donde quedan algunos espacios donde entra un poco de aire y de luz. No vinieron muchos niños por ser día de semana y por lo tanto estaba la mayoría en la escuela. Rezamos el rosario y mientras confesaba, antes de la misa. Durante la misa tuvimos la molesta presencia del humo que entraba por la puerta principal, proveniente de la cocina improvisada a pocos metros de la capilla. Estaban cocinando el almuerzo para el padre.
Comimos cerca de la puerta de entrada de la iglesia. Mientras comíamos y conversábamos de todo un poco, veo que en una de las paredes había un pizarrón y un afiche con el abecedario. Les pregunté si allí tenían clase de la escuela. Me dijeron que sí, que hace muchos años es así. Y que hay dos lugares donde los niños de Hendya tienen su jardín de infantes, uno en un galpón y otro en nuestra capillita. Entre ambos lugares hay cerca de doscientos niños. No tienen escuela todavía en ese lugar, y los que deseen seguir estudiando la escuela primaria deben ir caminando todos los días hasta el pueblo más cercano, a varios kilómetros de allí.
Luego del almuerzo, fuimos caminando con el catequista hasta la casa de un abuelo que pedía la comunión. Generalmente los padres que van a celebrar misa, antes de comenzar el regreso van hasta su casa. Como nosotros estábamos esperando a que llegara el joven de la moto, le propuse ir caminando, pues me decía que no era lejos, y así ahorrábamos tiempo, pues debía regresar a tiempo para el catecismo en la parroquia.
Comenzamos a caminar tranquilamente debajo de un sol ardiente de las dos de la tarde de Tanzania. Podía percibir la fuerza de los rayos en mi sotana negra, pero caminando a paso tranquilo, llegamos a la casita sin mucho esfuerzo. Un verdadero certificado de pobreza, una casita diminuta donde vive el abuelo Marcos, con su esposa, quien había ido a misa a la capilla. Allí, a un lado de la casa, donde comenzaba a dar un poco de sombra, lo pude confesar, y luego recibió la Eucaristía. Cuando terminamos, ya estaba allí el joven de la moto esperándome para traerme a la parroquia. La tarde seguía muy calurosa, y muchas nubes que amenazaban tormenta, que efectivamente llegó un rato después de haber regresado a casa.
Antes de despedirme de ustedes, les cuento dos anécdotas de la oficina de la parroquia. Creo que cada parroquia debe tener sus historias, y muchas de ellas pasan por el despacho parroquial. Una de ellas es que a un grupo de familias, una pequeña comunidad de familias, les dimos como patrono a “San Carlo Acutis”. Al principio escuchaban un poco extrañados el nombre, que les costaba pronunciarlo. Les tuve que hacer un poco de ejercicio de repetición para que lo recuerden y lo aprendan a pronunciar. Todo esto con muchas risas y bromas entre ellos. Lo bueno es que un día de oficina vino una madre joven, que es la actual líder de ese grupo, y me pidió que le cuente la vida de Carlo Acutis. Yo le conté brevemente, pero ella quería saber un poco más, y yo quería aprovechar ese buen interés. Busqué en internet, había una vida en swahili, y me vino como anillo al dedo.
Lo imprimí y resultaron ser casi cinco carillas de hoja A4. No podía creer que el santo y ella habían nacido casi al mismo tiempo. Pensaba que los santos eran todos de hace mucho tiempo. Me preguntó cuando había muerto, y más sorprendida aún. Se llevó muy contenta la vida de San Carlo Acutis, y a la noche me envía un mensaje en el teléfono agradeciendo mucho, diciendo que lo había leído todo y le había encantado. Ahora se preparan para hacer una fiesta en honor al santo, y han pedido tener un cuadro con su imagen.
La otra anécdota, no tan importante, pero sí que nos muestra el lugar donde estamos misionando, es que vino un día un niño, de unos catorce años, y con una gran sonrisa me pide ser del grupo de los monaguillos. Yo le dije que por supuesto que sí, con mucho gusto, pero como siempre, debo preguntarle si está bautizado, si tiene la comunión, la confirmación. Me dijo que no estaba bautizado y que no había comenzado a venir al catecismo todavía. Lo alenté a que venga al catecismo, y que se convierta en catecúmeno, pues no podemos tener un monaguillo que no conozca a Jesús. Y que en definitiva eso es lo que más va a poder aprovechar, poder algún día ser hijo de Dios, poder recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y llegar a ser soldado de Cristo por la confirmación. Estos casos se multiplican por doquier. Los niños se acercan por los amigos que los invitan, los que vienen a jugar, las niñas que vienen a bailar y a jugar… muchos de ellos no están bautizados, muchos provienen de familias paganas, y muchos vienen de familias cristianas, pero que no se preocupan que de sus hijos vayan al catecismo. En fin, que es un botón de muestra de todo el trabajo que todavía tenemos en nuestra misión.PD: Les hago una actualización de nuestra campaña para la capilla de San Judas Tadeo en Mkondogwa. Ya hemos juntado 4.000 dólares, por lo tanto, hemos pasado los dos tercios de la campaña. Voy a comenzar los trabajos de los cimientos y los muros, y les iré compartiendo las fotos de los progresos, así tratamos de juntar el dinero que falta, y poder de esa manera poner el techo y tratar de lograr algunas terminaciones, como el piso, ventanas y puertas. Gracias por colaborar, y aquí les vuelvo a enviar el link para que sigamos moviendo la campaña:




