Kangeme, Kahama, Tanzania, 3 de noviembre de 2026.
Llegó el primer domingo luego de haber retomado el trabajo, y mientras terminaba de dar los últimos retoques al sermón, y me disponía a imprimirlo, me llama el P. Francisco Rossi, muy temprano, cerca de las 6:00 am, para avisarme que estaba en el Hogarcito nuestro, lo habían llamado de urgencia, porque había fallecido el Hermano Anthony. Se imaginan que esa noticia fue un shock para todos. Me dice brevemente que el otro hermano que estaba con él, Fabian, se había levantado a la mañana, y lo vio recostado en los sillones de una sala de estar, y cuando lo fue a despertar se dio cuenta que había fallecido. Allí estaban el P. Francisco y el Hno. Fabian, y me llamaban para darme la noticia. Pues bien, pasado ese momento de sorpresa, comenzamos ya a seguir los pasos subsiguientes necesarios.
El Hermano Anthony Mayala, IVE, nació el 3 de marzo de 1987 en Malili, en la Región de Simiyu, Tanzania. Fue el primer hijo entre nueve hermanos, los hijos de Buluba Mayala y Maria Longe. Fue Bautizado el año 1997 cuando contaba con diez años, y recibió la Primera Comunión y Confirmación al año siguiente.
Desde joven mostró inclinación al apostolado, y particularmente hacia el apostolado de la Legión de María. Conoció a unos sacerdotes y hermanas de la Congregación Servidores de la Palabra, mejicanos, con los cuales ingresó para ser misionero laico por un tiempo en la parroquia de Mwanangi. Fue entonces que conoció al IVE en el año 2015 cuando vino junto con otros jóvenes a ayudar en la parroquia de Ushetu como misionero laico. Yo estaba aquél tiempo como párroco en Ushetu, y estaba solo debido al accidente del P. Johntin, en el año 2014. Estuve ese tiempo esperando a que llegaran refuerzos. Fue entonces que, providencialmente, conocí a los padres y hermanas mejicanos, quienes me ayudaron mucho, en primer lugar con su amistad, y luego proporcionándome algunos grupos de jóvenes misioneros. Los misioneros laicos hacían promesa por un año, y se dedicaban al apostolado donde los enviaran, siempre de dos en dos. Les pedí a los padres y hermanas que me mandaran algunos jóvenes, puesto que estaba solo, y la parroquia de Ushetu en aquél entonces era muy grande, y constaba de 53 aldeas. Todavía no había sido dividida en tres parroquias como actualmente.
Así llegaron los primeros jóvenes, entre ellos el Hermano Anthony. Puse un grupo de ellos en Kangeme, que era un centro de la parroquia de Ushetu, todavía no era parroquia; y otro grupo en Ushetu, viviendo en la casita que está aparte de la casa de los sacerdotes. Más adelante enviaron otros grupos de jóvenes, dos chicas, que estuvieron en el centro de Nyamilangano, que actualmente es parroquia. Con esos jóvenes nos juntábamos los viernes, hacíamos adoración, se confesaban, teníamos una charla, comíamos juntos y alguna eutrapelia o recreación. Al día siguiente regresaban a sus misiones, hasta la semana siguiente. El grupo misionero de Anthony era el que tenía más cerca, nos veíamos todos los días, compartíamos muchas actividades misioneras.
Luego de algunos meses, algunos de estos jóvenes comenzaron a interesarse en nuestra Congregación. Anthony, y algunos otros, manifestaron su deseo de ingresar al Instituto del Verbo Encarnado. Cuando se inició la experiencia de Postulantado y luego el Noviciado del IVE en Tanzania, el Hno. Anthony formó parte del primer grupo, en el año 2016. Primer grupo que debió trabajar mucho para construir su propia casa. Ellos vieron nacer las casas de formación en Tanzania, y fueron artífices de ellas. Debían todos los días ir por grupos a trabajar como albañiles. Profesó sus primeros votos religiosos el 15 de septiembre de 2019, realizando su profesión perpetua el 25 de marzo, día del Verbo Encarnado, del corriente año 2026.
Siempre se destacó por su disponibilidad para el apostolado, que lo realizaba con mucho gusto. Le gustaba dar charlas sobre la Biblia, y sobre la Santísima Virgen María. Cuidaba de la Legión de María de las parroquias de Ushetu y Kangeme. Dio catecismo en las escuelas primarias y secundarias, y siempre los niños y jóvenes lo han recordado con mucho cariño.
Tuvo la oportunidad de estar seis meses en el Hogar del King Mariout, en Alejandría, Egipto, para tener una experiencia de la vida misionera, y para aprender sobre la atención a los discapacitados. En el tiempo que estuvo allá fue un gran ejemplo de vida religiosa y comunitaria, destacándose su alegría y servicialidad con los enfermos. El superior provincial de Egipto me repitió en muchas ocasiones que “fue un gran ejemplo de vida religiosa”, junto al hermano Emanuel. Al regresar de Egipto, ambos hermanos, comenzaron el Hogar “San Luis Orione” de Tanzania.
Después de casi un año, me acompañó en lo que sería el primer tiempo viviendo en la nueva parroquia de Kangeme, con todo lo que eso significó, nuevamente comenzar. En esta parroquia se destacó por su celo apostólico. Junto con el hermano Petro salían a dar catecismo en las escuelas primarias estatales, también daban catecismo en nuestra escuelita de la parroquia, daban catecismo los sábados en la parroquia, iban al colegio secundario a dar catecismo también, visitaban los grupos parroquiales, estaban los domingos en el oratorio, atendían la Legión de María y el grupo del Sagrado Corazón, los monaguillos y grupos de jóvenes. Todo eso significó que cuando el domingo 11 de octubre pasado, al terminar la misa, les avisé del repentino fallecimiento del hermano, hubo una gran expresión de dolor por parte de todos.
Luego de ése año en Kangeme, regresó al Hogar de Discapacitados, lugar donde trabajó sus últimos años, atendiendo con gran dedicación a los beneficiarios, a la vez que realizaba trabajos manuales en la casa, y apostolados fuera del Hogar.
Su muerte fue considerada una gran gracia, pues que no había demostrado que sufriera ninguna enfermedad particular, ni se había sentido mal en los días anteriores, o al menos no lo había manifestado a nadie. El día anterior trabajó como normalmente lo hacía, atendiendo a los niños del Hogar, y a la noche los cambió y los llevó a acostar. Durante la noche, cerca del amanecer, estaba recostado un sillón, y allí, plácidamente, sin ninguna señal de dolor ni sufrimiento, su alma salió al encuentro de Cristo. Murió cumpliendo su deber de caridad con los más necesitados.
A su funeral asistió una gran cantidad de gente, aproximadamente mil personas, provenientes de la Tercera Orden, de las parroquias de Ushetu y Kangeme, y de los colegios donde él había hecho apostolado. Todos lo recordaban como una persona siempre alegre, trabajador, y dispuesto a lo que haga falta. A la vez que siempre realizaba su trabajo con sencillez y humildad, sin hacerse notar. Fue muy emocionante para todos ver a los niños del Hogar, en el momento del entierro, colocando la ofrenda de coronas en la tumba del hermano.
Ha sido un golpe duro, pero a la vez lo consideramos una gran gracia, porque estamos en los inicios de esta misión, porque era del primer grupo, y en cierta manera su muerte se pareció a la del primero de los nuestros que fundó en el cielo, Marcelo Morsella, sobre todo porque se dio de manera repentina, en alguien que nadie esperaba que le sucediera esto tan pronto. Pero ahora todos, chicos y grandes, pensamos que es el primero de esta misión que se fue al cielo, y pensamos de otra manera en lo que significa estar siempre preparados para ese gran momento de nuestras vidas.
Detrás de la iglesia del Noviciado, en “la Finca” de Tanzania, inauguramos el cementerio. El obispo, cuando le di la noticia, me preguntó si lo llevarían a enterrar a su casa, en su pueblo. Le dijimos que no, que ya es un religioso, de votos perpetuos, y por lo tanto, pertenecía totalmente a la Familia Religiosa, que ya teníamos pensado tener un cementerio de la Congregación, para todos los religiosos. Allí descansa esperando la resurrección.
Finalmente, no puedo terminar esta crónica sin dejar de agradecer a todos los que ayudaron en esos momentos, especialmente a todos los sacerdotes, que llevaron gran parte de esta organización y en medio del duelo de todos los religiosos compañeros de Anthony. Agradecimiento a todos los religiosos de esa casa. Agradezco también a las hermanas Servidoras del Señor y la Virgen de Matará, que estuvieron muy atentas y generosas a todo lo que se necesitaba. Y agradezco a toda la Congregación por su cercanía en las oraciones.
Que Dios nos conceda estar siempre “¡Firmes en la brecha!”, hasta el último momento de nuestra vida.










