P. José A. Marcone, I.V.E.
P. José A. Marcone, IVE
La parábola del trigo y la cizaña
(Mt 13,24-43)
Introducción
El domingo pasado comenzamos a leer las parábolas de Cristo y leímos en primer lugar, la parábola del sembrador. Esta parábola quiere expresar que cada alma individual se define en relación al Verbo, es decir, en relación a la aceptación o rechazo de Jesucristo.
Hoy leemos la parábola del trigo y la cizaña que expresa la misma realidad que la del sembrador pero no ya en el ámbito individual sino en el ámbito social. El terreno en la parábola del sembrador es el alma individual. El terreno en la parábola del trigo y la cizaña es la sociedad.
Hay en esta parábola del trigo y la cizaña, además, un cambio notable en la significación de la semilla de trigo. En la parábola del sembrador la semilla de trigo es la Palabra de Dios. En la parábola del trigo y la cizaña la semilla de trigo son hombres, los hijos del Reino. Y la semilla de cizaña son también hombres, los hijos del Maligno.
San Juan Crisóstomo y Santo Tomás de Aquino ven una continuidad entre la parábola del sembrador y la parábola del trigo y la cizaña. San Juan Crisóstomo parte de la palabra griega del original que dice que el Maligno ‘sobresembró’ (epí-speíro) cizaña en el campo de trigo. Entonces dice el Crisóstomo: “El diablo, como vio que parte de la semilla había dado ciento por uno, parte sesenta y parte treinta, él se echa por otro camino. Ya que no había podido arrancar lo que había echado raíces, ni ahogarlo ni quemarlo, tiende sus asechanzas por medio de otra trampa, que es sembrar su propia semilla”[1].
En esta continuidad entre una parábola y otra, Santo Tomás de Aquino descubre la esencia del significado de la parábola del trigo y la cizaña. Dice el Aquinate: “Jesús puso antes una parábola en la cual se mostraba el impedimento que procede del exterior (ab extrinseco) contra la doctrina evangélica. Ahora Jesús pone otra parábola, en la cual se muestra el impedimento que procede del interior (ab intrinseco) para que la doctrina evangélica sea escuchada”[2]. Ab extrinseco: en la parábola del sembrador el diablo actúa desde el exterior, desde el mundo pagano, podríamos decir. En efecto, los tres impedimentos u obstáculos para que la Palabra crezca y dé frutos son vicios que provienen del mundo malo, del paganismo. Primer terreno: el desinterés por las cosas de Dios; segundo terreno: el ser proskairós (= temporal), interés por las solas cosas del tiempo, sin relación a la eternidad; tercer terreno: las preocupaciones de la vida y la seducción del dinero. A pesar de eso, hay un terreno que tiene mucho subiectum y da fruto: 30 x 1, 60 x 1, 100 x 1. El diablo, envidioso, vio que, a pesar de su acción desde el mundo pagano, lo mismo hubo un terreno que dio mucho fruto. Entonces, decide actuar desde dentro del terreno bueno y que da fruto, es decir, ab intrínseco, desde dentro de la Iglesia. ¿Cómo lo hace? Tratando de impedir desde adentro de la Iglesia que se escuche la doctrina evangélica.
Éste es el tema fundamental de la parábola de hoy: el mal que hay dentro de esa sociedad sobrenatural y salvífica que es la Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo.
- El significado del terreno donde se siembra trigo y cizaña
El texto del evangelio confirma lo que dicen San Juan Crisóstomo y Santo Tomás de Aquino: el campo es la Iglesia. En efecto, la parábola comienza diciendo: “El Reino de los cielos es como…” Por Reino de los cielos se entiende la Iglesia Católica. Cuando Jesucristo explica la parábola dice que el campo es el mundo (ho kósmos). Sin embargo, se trata de una parte del mundo bien delimitada: el Reino de los Cielos. Se refiere a la Iglesia Católica, lo cual no quiere decir que no se pueda aplicar también al mundo en general. Pero se refiere, en primer lugar, a la Iglesia.
Además, el nombre que Jesús da al dueño del campo es oikodespótes, que San Jerónimo traduce como pater familiae. Este nombre de oikodespótes y pater familiae se lo aplica Jesús a sí mismo una vez, en Mt 10,25: “Si al oikodespótes le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!” Respecto a esto dice Trilling: “Se nota más claramente a quién se alude, cuando se habla del padre de familia (13,27). El vocablo es característico de san Mateo y se emplea con frecuencia de tal modo que el oyente haya de pensar en Dios o en Jesús, el padre de la familia de los discípulos (Cf. 10,25; 20,1.11; 21.33)”[3]. Por lo tanto, se trata de la familia de Jesús, es decir, de la Iglesia Católica.
Además, esta parábola del trigo y la cizaña, como bien dice Trilling, forma un binomio con la parábola que sigue, la parábola de la red que se arroja al mar[4]. Esa red es, sin duda, la Iglesia Católica, en la cual hay peces buenos y malos, y es necesario clasificarlos para tirar a los malos. El P. Castellani corrobora esto: “Que Cristo se refirió en la parábola del trigo y la cizaña al mal no sólo en el ‘mundo mundano’ enfrente de la Iglesia (herejes) sino aun dentro de la Iglesia (Malos Pastores y malos fieles) es perspicuo[5] en el texto mismo. Si alguna duda pudiera quedar, ahí está para roborarlo la parábola siguiente del Pescador (Mt 13,47)”[6].
El trigo en esta parábola, como decíamos, son hombres buenos que Jesús sembró en su campo que es la Iglesia, y que dieron mucho fruto. Se refiere especialmente a los Apóstoles[7], pero no solamente a ellos sino a todo apóstol que dio fruto.
La cizaña son hombres malos que el diablo sembró en la Iglesia Católica. El demonio planta hombres en la Iglesia cuando, a través de sus sugestiones, instigaciones e incitaciones, seduce y persuade a dichos hombres para que, sin salir de la Iglesia, combatan la doctrina del Evangelio desde dentro de la Iglesia, luchen contra ella desde adentro y la desacrediten con sus pecados y sus crímenes.
Santo Tomás de Aquino es clarísimo cuando explica qué significa la cizaña en esta parábola: “¿Qué se significa por ‘cizaña’? Los hijos viciosos, y todos los que aman la iniquidad, especialmente los heréticos. Tres son los géneros de malos: los perversos católicos, los cismáticos y los herejes”[8]. La palabra nequam, que tradujimos por ‘viciosos’, significa, además, ‘desvergonzado’, ‘que nada vale’, ‘malo’, ‘inútil’[9]. Y la palabra pravi, que tradujimos por ‘perversos’, significa, además, ‘depravado’, ‘ciego’, ‘insensato’.
El mismo Cristo, al explicar la parábola, aclara que cizaña son los hombres que comenten pecados que son escándalos, y los que obran la iniquidad (Mt 13,41). La palabra griega skándalon “significaba originalmente el nombre de la parte de una trampa en la que se pone el cebo; de ahí es que signifique también el mismo lazo o trampa”[10]. Por lo tanto, escándalo es el pecado que, por su gran gravedad, hace caer en pecado también a los demás. Jesús advierte que dentro de la Iglesia Católica habrá escándalos.
Ahora bien, ¿cuál es el peor de los escándalos y la peor de las obras de iniquidad? Lo acabamos de escuchar de boca de Santo Tomás: “Tria sunt genera malorum: pravi Catholici, schismatici et haeretici, specialiter haeretici”[11]. ‘Especialmente los herejes’: el peor mal y el peor escándalo dentro de la Iglesia es aquel que corrompe el contenido de la revelación divina y desfigura el conocimiento verdadero de Jesucristo, el Verbo Encarnado, verdadero Dios y verdadero hombre, perfecto Dios y perfecto hombre. Y es el peor escándalo porque es el que aleja de la manera más eficaz a los hombres de la salvación. Sin una fe recta es imposible salvarse e, incluso, es imposible orientarse hacia la salvación.
Jesucristo es el primero en afirmar que el principal escándalo es aquel que corrompe la verdadera fe en Él. El texto que sigue de San Mateo, capítulo 18 se refiere, en primer a la fe en Cristo, a los pequeños que creen en Él: “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es forzoso, ciertamente, que vengan escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!” (Mt 18,6-7). Respecto a esto dice Trilling: “En san Mateo se habla con frecuencia de los escándalos y de los que los provocan. (…). El escándalo afecta siempre a la totalidad de la persona y principalmente a la fe. El que se escandaliza, pierde la fe, se aleja de Dios y de su llamamiento”[12].
Si bien el escándalo se refiere principalmente a la corrupción de la verdadera fe, no se refiere solamente a eso. Se refiere también a aquellos pecados que, por su gravedad, conmocionan al católico y lo hacen alejarse de la verdadera fe y de la comunión con la Iglesia. Es el caso de los pecados públicos de algunos sacerdotes relativos al sexto mandamiento y al incumplimiento de su promesa de celibato o su voto de castidad, incluso con menores de edad o niños.
Escándalo y obra de iniquidad dentro de la Iglesia es también la persecución que la misma jerarquía ha realizado a personas santas. Así, por ejemplo, a San Pío de Pietrelcina. El padre dominico Paolo Philippe, que poco después sería nombrado Cardenal y consultor del Santo Oficio, fue delegado para que hiciera una visita apostólica al P. Pío de Pietrelcina para investigar las acusaciones en su contra. Esta visita apostólica, hecha en febrero de 1961, duró sólo un día. Su informe, elevado a la Santa Sede, entre otras cosas decía: “El padre Pío (…) es un hombre muy astuto y obstinado, un agricultor astuto que camina por sus caminos sin enfrentar a sus Superiores de frente, pero sin ninguna voluntad de cambiar. Él no es ni puede ser un santo (…) y ni siquiera un sacerdote digno. El padre Pío ha pasado insensiblemente de manifestaciones menores de afecto a actos cada vez más graves, hasta el acto carnal. Y ahora, después de tantos años de vida sacrílega, quizás no se da cuenta de la gravedad del mal. Esta es la historia de todos los místicos falsos que han caído en el erotismo”[13]. San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.
La razón fundamental por la cual Jesucristo narró la parábola del trigo y la cizaña es la de advertir a los católicos de todos los tiempos que no deben escandalizarse, es decir, no deben vacilar en su fe ni mucho menos dudar de la santidad de la Iglesia por el hecho de que dentro de la Iglesia haya cizaña de la calaña que acabamos de describir. Jesucristo lo previó y lo avisó.
San Juan, en su primera carta, reconoce, sin alterarse ni angustiarse, que en la primera comunidad cristiana había cizaña: “Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido (…). Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros” (1Jn 2,18-19).
Y Santo Tomás, citando a San Agustín, dice: “Ninguna sociedad es tan buena que no haya algún malvado; incluso en la sociedad de los Apóstoles uno fue malo, es decir, Judas Iscariote”[14].
- ¿Quiénes son los que duermen?
El enemigo del pater familiae sembró cizaña, dice el evangelio textualmente, ‘mientras los hombres dormían’ (en tô katheúdein toùs anthrópous). ¿Tienen estos hombres alguna culpa en la siembra de la cizaña por parte del enemigo? A primera vista, pareciera que no, dado que no hay por qué custodiar un sembrado de trigo cuando todavía no tiene frutos. Ahora bien, si ellos sabían que había un enemigo de quien conocían su gran maldad y sabían que odiaba al pater familiae, ¿no debieron haber previsto la posibilidad de un sabotaje? La opinión de los Santos Padres es que sí debieron haberlo previsto y que hubo negligencia por parte de esos hombres que, dice Cristo, dormían. ¿Quiénes son concretamente, dentro de la Iglesia, estos hombres? Dice San Juan Crisóstomo: “No es pequeño el peligro que aquí amenaza a los superiores, a quienes está encomendada la guarda del campo. (…) Porque muchos prelados, introduciendo en las iglesias hombres perversos, heresiarcas solapados, facilitaron enormemente estas insidias del diablo, pues una vez plantados estos hombres en medio de los fieles, poco trabajo le queda ya al diablo”[15].
Y Santo Tomás dice: “En cuanto a la frase ‘mientras los hombres dormían’ hay que considerar la ocasión de la malicia producida. Y aquí la ocasión es doble: una por parte de los guardianes y la otra por parte del que sembró la cizaña. En cuanto a los guardianes, debe entenderse de los jefes del género humano que, puestos para custodiar, dormían”[16].
El P. Castellani, citando a Maldonado, dice: “Maldonado concluye su breve e insípido comentario (en que se pone a atacar a Calvino y defender la Inquisición) con esta nota, que si él lo dice...: ‘Los siervos que se durmieron según todos los Santos Padres son los Obispos y demás eclesiásticos que deben velar (y se duermen algunos) por la mies del Paterfamilias; y aunque a algunos déllos no les hace gracia que esto se diga, ojalá que así como no les hace gracia, así no fuera verdad’. Atrevido el andaluz viejo”[17].
En unión con el punto anterior, la conclusión es que, si los guardianes no se durmieran, mucha de la cizaña que hay en la Iglesia Católica no existiría. Es decir, no existirían muchos de los errores en la fe que hoy existen, no existirían muchos de los escándalos que hoy existen y no existirían muchas de las obras de iniquidad que hoy existen.
Baste como muestra muy elocuente lo que el P. Julio Meinvielle escribe en el capítulo VII de su libro “La Iglesia y el mundo moderno”[18]. Bastará simplemente transcribir el título y los subtítulos de dicho capítulo. El título del capítulo es: “La Revolución anticristiana dentro de la Iglesia”. Y los subtítulos son: “La penetración de la Contra-Iglesia dentro de la Iglesia, en el plano superficial de las obras y publicidad católicas”. “La penetración de la Contra-Iglesia dentro de la Iglesia, en el plano más hondo del pensamiento católico”. “La penetración de la Contra-Iglesia, en el plano profundo de las sociedades secretas e iniciáticas”. “Envolver a la Iglesia en la edificación de la Civilización de Satán”. Cesen aquí las palabras.
- ¿Por qué esperar hasta el fin del mundo para arrancar la cizaña?
Ya era brava la cuestión de determinar que el campo del que habla Jesucristo en esta parábola es la Iglesia. Brava también era la cuestión de determinar quiénes eran los que dormían. Y brava como las otras dos es la cuestión de determinar qué significa que el pater familiae, es decir, Jesús no quiere que sus domésticos arranquen la cizaña hasta el fin del mundo.
Veamos primero que es lo que no significa. En primer lugar, el hecho de que Jesús no quiere que se arranquen a los hombres que hacen escándalos y obras de iniquidad sino recién hasta el fin del mundo no quiere decir que la Iglesia no deba castigar a quienes cometan tales actos, sin olvidar que el peor escándalo es corromper y adulterar la revelación divina arruinando la fe de los pequeños. La mejor demostración que la Iglesia nunca entendió que el esperar hasta el fin del mundo no significa no castigar al culpable es el Código de Derecho Canónico, al cual queda sujeto todo bautizado ipso facto en el Bautismo. Dicho Código tiene 1752 cánones, de los cuales 441 están consagrados a las sanciones que la Iglesia impone (Libro VI) y a los procesos por los delitos cometidos (Libro VII). Es decir que el 25 % del Código de Derecho Canónico está consagrado a normar los castigos que reciben los que cometen delitos dentro de la Iglesia.
Son muchos y variados los castigos que la Iglesia impone, pero el castigo más grave previsto por la Iglesia es la excomunión, que consiste en la expulsión de la Iglesia Católica. Esta expulsión es gravísima pues lo deja fuera de la comunión con la sociedad sobrenatural y salvífica, dentro de la cual se da la salvación. La excomunión está prevista, en primer lugar, para el apóstata, el hereje o el cismático (canon 1364), en consonancia con lo que decía Santo Tomás: “La cizaña se refiere especialmente a los herejes”. Pero también para: el que profana la Eucaristía (canon 1367), el que trata de absolver en la confesión a una persona que ha sido cómplice del pecado que quiere absolver (canon 1378), por consagrar a un Obispo sin mandato del Sumo Pontífice (canon 1382), por violar el sigilo sacramental de lo escuchado en confesión (canon 1388), por realizar un aborto (canon 1398).
La Iglesia ha extirpado claramente la cizaña muchas veces a lo largo de la historia. A comienzos del siglo IV, Arrio arrastró casi a toda la cristiandad a creer que Jesús era un puro hombre. El Concilio de Nicea, en el 325, condenó su doctrina y purificó la fe. En el siglo siguiente Nestorio decía que no había unión entre la persona divina del Verbo y la naturaleza humana de Cristo, poniendo dos personas: una divina y otra humana, destruyendo de esa manera la Encarnación. El Concilio de Éfeso (año 431) lo condenó y pacificó la Iglesia. Pocos años después, Eutiques negaba que Jesucristo fuera verdadero hombre y afirmaba una sola naturaleza en Cristo, la divina (monofisismo). El Concilio de Calcedonia (año 451) lo condenó y aseguró la verdadera fe.
En el siglo XVI Lutero borró a la Iglesia del contenido de la revelación divina. El Concilio de Trento, en ese mismo siglo, sentó las bases para una nueva cristiandad condenando clara y rigurosamente todas las tesis heréticas de Lutero.
Y ya más cerca de nosotros, la pestilencial herejía del modernismo o progresismo, que adultera las palabas del Credo, fue condenada por San Pio X a comienzos del siglo XX, con su famosa encíclica Pascendi.
Veamos ahora lo que sí significa que no debe arrancarse la cizaña hasta el fin del mundo. En primer lugar, significa que no debe usarse la fuerza para que los hombres acepten la fe. La fe es un don de Dios, una gracia que se adquiere a través de la colaboración humana del predicador. La fe nace de ‘la necedad de la predicación’ (1Cor 1,21) y del ejemplo que arrastra; de las obras del cristiano que lo convierten en luz del mundo (Mt 5,14). La fe entra por el oído y no por la espalda rasgada por el látigo. Dios quiere la aceptación de su revelación y de su persona al modo que una novia acepta a su enamorado. “Yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Os 2,16). No se puede obligar a amar a nadie.
En segundo lugar, las palabras que Jesús dice hoy: “No recojáis la cizaña, no sea que junto con la cizaña arranquéis también el trigo” (Mt 13,29), suenan así: “¡Mucho cuidado con confundir el trigo con la cizaña y la cizaña con el trigo!”. En criollo sería: “¡Ojo al piojo! No confundir pato con ganso ni poroto con garbanzo; ni tampoco confundir gordura con hinchazón”. Por lo tanto, son una invitación a un ejercicio prudente del discernimiento.
Si no hay evidencias de que se trata de cizaña que debe ser expulsada de la Iglesia, lo mejor es no juzgar. Si lo que parece trigo finalmente no es trigo sino cizaña, se verá al fin del mundo y su destino será la condenación eterna. Por eso decía San Pablo: “No juzguéis nada antes de tiempo hasta que venga el Señor. El iluminará los secretos de las tinieblas y pondrá de manifiesto los designios de los corazones. Entonces recibirá cada cual del Señor la alabanza que le corresponda” (1Cor 4,5).
Por esta razón hay que tener mucho cuidado con repetir desconsideradamente lo que dicen los medios de comunicación social, tanto los medios audiovisuales (televisión, radio, internet, etc.) como los impresos (diarios, revistas, libros, etc.). Los mass-media, hablando en general, se comportan como enemigos de la Iglesia y fomentan el discernimiento al revés acerca del trigo y la cizaña. Hacen todo lo que está a su alcance para que lo que es trigo dentro de la Iglesia sea tenido por cizaña, y lo que es cizaña sea tenido por trigo. No se trata de negar que hay cizaña dentro de la Iglesia; de lo que se trata es de no llamar cizaña a lo que es trigo, y trigo a lo que es cizaña.
Podemos tomar un ejemplo de un hecho actualísimo y muy conocido para explicar un aspecto de esa realidad que Jesús nos presenta hoy. Se trata de las acusaciones de abuso sexual hechas al Cardenal australiano George Pell, número 3 del Vaticano. La Santa Sede emitió un comunicado sobre estas acusaciones, que, entre otras cosas, dice: “La Santa Sede ha recibido con desagrado la noticia del envío a juicio en Australia del Card. George Pell por imputaciones referidas a hechos ocurridos hace varias décadas. (…) El Santo Padre, que ha podido apreciar la honestidad del Cardenal Pell durante los tres años de trabajo en la Curia Romana, le está agradecido por su colaboración y, en particular, por su enérgico empeño a favor de las reformas en el sector económico y administrativo y por su activa participación en el Consejo de los Cardenales (C9)”[19].
Un periodista y sacerdote canadiense dice respecto a esto: “La Real Comisión sobre Abusos Sexuales de Australia no ha mantenido en secreto su intención de aprovecharse del sufrimiento causado por los pecados del clero católico para desacreditar fatalmente el testimonio público de la Iglesia Católica. Debido a que el Card. Pell se negó a cooperar en la marginalización de la Iglesia, se convirtió en el blanco de una campaña nefasta, que ha llenado de vergüenza a los mismos australianos”[20]. Esta frase tiene un equilibrio admirable. En primer lugar, no niega los pecados del clero católico. En segundo lugar, no niega el sufrimiento causado en muchas personas por los pecados del clero católico. En tercer lugar, denuncia la malicia de los mass-media que buscan aprovecharse del sufrimiento de las personas dañadas por el pecado del clero católico para ensuciar el trigo, para hacer creer que el trigo es cizaña.
Sin duda, los mass-media, hablando en general, buscan que el evangelio no sea predicado y buscan que la Iglesia quede al margen de la vida social y pública. Y para eso presionan a los verdaderos apóstoles para que cooperen con su ‘dañada intención’[21]. Y si no cooperan, los ensucian y los acusan de ser cizaña. El evangelio de hoy es actualísimo porque advierte a todo católico cómo debe leer y escuchar a los enemigos de la Iglesia para no dejarse engañar y no hacer un discernimiento al revés, “no sea que al recoger la cizaña arranquéis, junto con la cizaña, también el trigo”.
El Catecismo de la Iglesia Católica denuncia con gran claridad y valentía esta tiranía de los mass-media: “La moral denuncia la plaga de los estados totalitarios que falsifican sistemáticamente la verdad, ejercen mediante los mass-media un dominio político de la opinión, manipulan a los acusados y a los testigos en los procesos públicos y tratan de asegurar su tiranía yugulando y reprimiendo todo lo que consideran ‘delitos de opinión’” (CEC, 2499). Dicho Catecismo habla de los medios de comunicación social en el artículo dedicado al octavo mandamiento: “No mentir”. Y pone toda su exposición acerca de los mass-media bajo este sugestivo título: “El respeto de la verdad”. Y la primera frase de este apartado del Catecismo de la Iglesia Católica es la siguiente: “El derecho a la comunicación de la verdad no es incondicional” (CEC, 2488).
De esta advertencia se sigue también una actitud de alegría y esperanza hacia la Iglesia Católica: es mucho mayor el trigo que la cizaña. El discernimiento debe ser exacto y la percepción de la realidad debe ser precisa. El hombre que escribe un libro acerca del ruido que hace un árbol al caer, debiera escribir también una enciclopedia de varios tomos acerca del silencio del bosque al crecer. El hombre que se escandaliza por la cizaña en medio del trigo debe, también, gozarse en el comer con sosiego el pan hecho de trigo.
Conclusión
La conclusión la tomaremos de una robusta y potente frase de Santo Tomás de Aquino: “Ante todo debéis notar en esta parábola que el bien es más grande que el mal y triunfa sobre el mal, porque el bien puede existir sin el mal, el mal, en cambio, no puede existir sin el bien”[22]. La cizaña existe porque antes existe un campo sembrado de trigo. A pesar de la cizaña el campo seguirá dando grandes cosechas de trigo, unas veces el 30 x 1, otras veces el 60 x 1, otras el 100 x 1. Y aunque el Maligno siga sembrando hombres malvados dentro de la única Iglesia de Cristo, “el poder del infierno no prevalecerá contra ella” (Mt 16,18).
[1] San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, Homilía 46, BAC, Madrid, 1956, tomo II, p. 4.
[2] “Supra posuit parabolam, in qua ostendebatur impedimentum evangelicae doctrinae ab extrinseco, hic ponitur alia parabola, in qua ponitur impedimentum de audienda doctrina, quod est ab intrinseco” (Sancti Thomae de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, Lectio 2; traducción nuestra).
[3] Trilling, W., El Evangelio según San Mateo, Herder, Barcelona, 1969.
[4] “También está estrechamente ligada con la parábola de la red barredera (13,47s). Las dos constituyen como una doble parábola. No son raros tales ejemplos (Cf. el grano de mostaza y la levadura en 13,31-33; el tesoro y la perla en 31,44-46, la oveja perdida y la dracma perdida en 15,4-10, etc.)” (Trilling, W., El Evangelio según San Mateo, Herder, Barcelona, 1969).
[5] Perspicuo significa ‘claro’, ‘transparente’ y ‘terso’ (DRAE).
[6] Castellani, L., Las parabolas…
[7] Dice Santo Tomás refiriéndose a la semilla de trigo en esta parábola: “Los hombres buenos son el fundamento de toda la fe; por eso a partir de los Apóstoles la Iglesia se difundió” (“Homines boni fundamentum totius fidei; unde ex apostolis tota Ecclesia pullulavit” (Sancti Thomae de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, Lectio 2; traducción nuestra).
[8] “Quid significatur per zizaniam? Filii nequam, et omnes qui iniquitatem diligunt, specialiter haeretici. Tria sunt genera malorum: pravi Catholici, schismatici et haeretici” (Sancti Thomae de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, Lectio 2; traducción nuestra).
[9] Diccionario Vox.
[10] Vine, Multiléxico del NT, nº 4625.
[11] Como puede verse, hemos cambiado el orden de las palabras dichas por Santo Tomás, para resaltar el sentido, que es exactamente el mismo.
[12] Trilling, W., El Evangelio según San Mateo, Herder, Barcelona, 1969. En Apoc 2,14 se habla del escándalo de Balaam hacia los hijos de Israel. Éste escándalo de Balaam consistió en dar el consejo a Balaq, rey de Moab, que favoreciera la unión marital de los israelitas con mujeres moabitas para que estas mujeres arrastren a los israelitas a la adoración de los ídolos, apartándose así de la verdadera fe (cf. Núm 25,1-3; 31,16).
[13] Campanella, Stefano, Obedientia et pax. La verdadera historia de una persecución falsa, Roma, 2011, citado en Zenit, El Padre Pío y la historia de una falsa persecución, Roma, jueves 31 de marzo de 2011.
[14] “Et Augustinus dicit, quod nulla societas est ita bona quin aliquis sit pravus: unde in societate apostolorum unus fuit malus, scilicet Iudas” (Sancti Thomae de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, Lectio 2; traducción nuestra).
[15] San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, Homilía 46, BAC, Madrid, 1956, tomo II.
[16] “Cum autem dormirent homines et cetera. Habito de origine boni, hic agit de origine mali. Et primo ponitur occasio malitiae illatae; secundo ordo. Et primo ponitur occasio duplex: una est ex parte custodum, secunda ex parte seminantis. Ex parte custodum dicit cum autem dormirent homines etc., idest praepositi humani generis, qui positi sunt ad custodiendum dormirent” (Sancti Thomae de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, Lectio 2; traducción nuestra).
[17] Castellani, L., Las parabolas…
[18] Meinvielle, J., La Iglesia y el mundo moderno, Ediciones Theoria, Buenos Aires, 1966.
[19] Oficina de Prensa de la Santa Sede, Boletín Cotidiano, Comunicado, 29 de junio de 2017.
[20] El texto original en inglés es el siguiente: “The royal commission on sexual abuse has made no secret of its intention to put the suffering caused by the sins of the Catholic clergy to good use, namely to fatally discredit the Church’s public witness. Because Cardinal Pell refused to cooperate in the Church’s marginalisation, he has been the target of a nefarious campaign that has brought shame upon Australians” (De Souza, R., As Cardinal Pell goes on trial, the Australian Church must hold its nerve, The Catholic Herald, 6 july 2017; traducción nuestra). El título del artículo, traducido a un castellano de Argentina, sonaría así: “El Cardenal Pell es llevado a juicio: la Iglesia australiana debe mostrar su garra y valor”.
[21] Cf. San Ignacio de Loyola, Libro de los Ejercicios Espirituales, nº 325.
[22] “Et prima fronte notare debetis, quod bonum est magnum, et victoriosum supra malum, quia bonum potest esse sine malo, malum autem non sine bono” (Sancti Thomae de Aquino, Super Evangelium S. Matthaei lectura, Lectio 2; traducción nuestra).