José María Solé Roma, C.F.M.
ISAÍAS 55, 1-3:
El Profeta invita y exhorta a todos al deseo y a la búsqueda de los bienes Mesiánicos:
— Presenta los bienes Mesiánicos como un rico festín al que todos son invitados. Nadie queda excluido. A todos queda abierta la entrada gratuitamente (1). Jesús se aplicará a Sí mismo esta profecía cuando dirá a la Samaritana: «El agua que Yo daré será agua de vida eterna» (Jn 4, 14). «El pan que Yo daré es mi carne para vida del mundo. Yo soy el Pan viviente. Quien comiere este Pan vivirá eternamente» (Jn 6, 51). Bebida y Pan de Vida que Él a todos ofrece: «Yo al que tiene sed le daré de balde del manantial del agua de la vida» (Ap 21, 7). E insiste todavía: «Venga el sediento. El que tenga sed tome de balde del agua de la vida» (Ap 22, 17).
— Y dado que es frecuente tentación del hombre aficionarse a lo sensible y efímero y olvidar lo espiritual y eterno, el Profeta avisa: «¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan y os afanáis por lo que no sacia?» (2). Igualmente Jesús orientará a la Samaritana a dejar unos goces que no podían saciarla y a buscar el Agua de Vida y saciativa que Él le iba a regalar (Jn 4, 13). Y también a su auditorio de Cafarnaúm a afanarse no por el alimento corruptible, sino por el Pan de Vida eterna que Él les iba a dar, que era Él mismo (Jn 6, 26).
— El Profeta define estos bienes a los que son todos los hombres invitados y los llama: «Alianza Eterna» y las «amorosas y fieles promesas hechas aDavid» (3). Ahora conocemos mejor el sentido de estas palabras del Profeta. Gozamos ya plenamente de la «Nueva Eterna Alianza» (Mt 26, 27). Y asimismo gozamos de las fieles y amorosas promesas hechas a David. Pablo, en su discurso a los judíos en la, Sinagoga de Antioquía de Pisidia, les dice cómo con la Resurrección de Jesús se ha inaugurado la Nueva Eterna Alianza y se han cumplido en los que nos adherimos con fe a Cristo las Promesas Mesiánicas hechas a David, y les cita este texto de Isaías (Act 13, 34).
ROMANOS 8, 35. 37-39:
Pablo cierra esta sección de la Carta, en la que ha puesto de relieve los frutos y la riqueza de la Redención, con una protesta cálida y ardiente de fidelidad y amor a Cristo Redentor:
— En el estilo grávido de Pablo su frase «el amor de Cristo» significa a la vez el amor que Cristo nos tiene y el amor que nosotros tenemos a Cristo (35), y asimismo el amor que Dios nos tiene en Cristo y el amor que nosotros tenemos a Dios en Cristo.
— Mirado desde la perspectiva de Dios y de Cristo nos inunda de paz y de consuelo el saber cómo este amor es sólido, seguro, indeficiente, infalible. ¡Cuánto nos ama Cristo que por nosotros ha muerto en la Cruz! (Rom 6, 6). ¡Y cuánto nos ama Dios que nos ha elegido y predestinado en Cristo! (8, 28). «In quoomnia instaurare tibi complacuit, et de plenitudineejus nos omnes acciperetribuisti. Cum enim in forma Dei esset, exinanivitsemetipsum, ac per sanguinem crucis suaepacificavituniversa; undeexaltatusestsuperomnia et omnibusobtemperantibussibifactusest causa salutisaeternae» (Pref. Comm. I).
—Ahora nos toca a nosotros responder a este amor de Dios Padre y de Cristo nuestro Redentor.El corazón de Pablo nos dicta a todos la respuesta. Si amor con amor se paga, no podemos sino responder al amor de Dios y de Cristo con nuestro amor fiel, seguro, heroico.
— Pablo desafía a la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada, la muerte (35). Es decir, ninguna tribulación venida de parte de los hombres podrá robarnos nuestra adhesión a Cristo. Igualmente desafía a ángeles y principados, a poderíos y seres celestes e infernales (38). Es decir, a cuantas fuerzas y poderes cósmicos, según las concepciones de su tiempo, podían ejercer influjo hostil sobre el hombre. Ojalá pudiéramos repetir con la entereza y serenidad, con el afecto y cordialidad de Pablo este nuestro juramento cristiano: «Cierto, nadie ni nada podrá separarnos del amor de Dios; del amor que es en Cristo Jesús nuestro» (39). «Antes en todas las contradicciones triunfamos espléndidamente por obra de Aquel que nos ama» (37). La historia de la Iglesia, con sus millones de mártires y sus innúmeras legiones de almas fieles hasta el heroísmo, acreditan este amor fiel y cálido a Dios y a Cristo.
MATEO 14, 13-21:
El evangelista nos presenta a Jesús-Mesías ofreciendo un banquete milagroso conforme de él prenunciaban los Profetas: El Pan milagroso es figura y preparación del Pan Eucarístico (Mt 26, 26). Cristo el nuevo Moisés da al Pueblo Mesiánico un mejor «Maná» que el del Éxodo.
— El milagro brota del corazón compasivo de Jesús: «Se le enternecieron las entrañas de compasión por las turbas» (14). Y el milagro de Jesús no desdeña, antes bien exige, la cooperación de los hombres. Estos aportan unos panes y los comparten generosos. Ahora la bendición omnipotente de Jesústrueca estos panecillos en un banquete para más de cinco mil comensales.Los «Discípulos» a quienes se ha impuesto la responsabilidad de alimentar al Pueblo de Dios (17), son los «Mediadores»; por ellos la gracia del pan va de manos de Cristo a los comensales (19).
— Pero según nos explicará San Juan, el milagro tenía en la intención de Jesús un claro sentido Mesiánico. Aquel Pan milagroso era un «signo» para que todos entendieran la revelación de que Él era el Pan de la Vida Eterna. Así les dirá luego: «Me buscáis porque habéis comido de los panes y os habéis hartado. Mirad de haceros no con el alimento corruptible, sino con el alimento permanente de la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre» (Jn 6, 27). El Pan saciativo es Él: Su Palabra-su Eucaristía-su Persona.
— Por tanto, el Pan que Cristo da a los hombres, el Pan que la Iglesia debe ofrecer a todos, es el Pan de la Vida Eterna. Lo cual no significa que no deba interesarnos y mucho el pan del cuerpo o el pan de la inteligencia. El Concilio nos dice: «La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero donde sea necesario, la misión de la Iglesia puede crear, más aún, debe crear, obras al servicio de todos, particularmente de los necesitados, como son, por ejemplo, las obras de misericordia u otras semejantes» (G. S. 42). Es decir, debe tener entrañas de misericordia como Cristo. Debe dar pan o los hambrientos. Y debe dar a todos Pan de Vida Eterna.
SOLÉ ROMA, J. M., Ministros de la Palabra. Ciclo A, Herder, Barcelona, 1979, pp. 216-219