Manuel de Tuya
Primer milagro de Cristo en las bodas de Caná
(Jn.2,1-11)
El milagro de Cristo en las bodas de Caná cierra el ciclo de siete días en que Juan sitúa el comienzo de la obra recreadora de Cristo (Jua_1:3.17), en paralelismo con la obra creadora de los siete días, relatada en el Génesis, y que también fue hecha por el Verbo (Jua_1:1-5).
1 Al tercer día hubo una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la Madre de Jesús. 2 Fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda. 3 No tenían vino, porque el vino de la boda se había acabado. La madre de Jesús le dijo: No tienen vino. 4 Díjole Jesús: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí? No es aún llegada mi hora. 5 Dijo la madre a los servidores: Haced lo que El os diga. 6 Había allí seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres metretas. 7 Díjoles Jesús: Llenad las tinajas de agua. Las llenaron hasta el borde, 8 y El les dijo: Sacad ahora y llevadlo al maestre sala. Se lo llevaron, 9 y luego que el maestresala probó el agua convertida en vino — él no sabía de dónde venía, pero lo sabían los servidores, que habían sacado el agua — , llamó al novio 10 y le dijo: Todos sirven primero el vino bueno, y cuando están ya bebidos, el peor; pero tú has guardado hasta ahora el vino mejor. 11 Este fue el primer milagro que hizo Jesús, en Cana de Galilea, manifestó su gloria y creyeron en El sus discípulos.
“Al tercer día” se celebraban unas bodas en Cana de Galilea. El término de referencia de este “tercer día” parece lo más natural referirlo a la última indicación cronológica que hace el evangelista (v.43): el encuentro de Cristo con Felipe y su “vocación” al apostolado, máxime dentro del explícito esquema cronológico-literario que viene haciendo en los v.29.35.
Sin embargo, como ya antes se indicó 1, la “vocación” de Felipe acaso no sea el mismo día que la “vocación” de Natanael (Jua_1:45), aunque una primera lectura del texto parezca suponerlo. En este caso, el “tercer día” se referiría al último hecho narrado, la “vocación de Natanael,” sea en su conquista por Felipe (Jua_1:45), sea en su venida y trato directo con Cristo (Jua_1:47-50). De hecho, en el esquema literario del evangelista, en que va narrando las escenas vinculadas a una cronología explícita, este “tercer día” se refiere literariamente a la última indicación cronológica (Jua_11:4).
Ni hay inconveniente en que el punto de referencia cronológica fuese este último, ya que tres días son suficientes para ir desde la parte baja del Jordán hasta Cana y Nazaret. Desde Jericó a Beisán, entonces Escitópolis, se puede ir holgadamente en dos días. Y de aquí en uno a Cana y Nazaret. Si Cristo partió de Betania, en Transjordania, y siguió aproximadamente la ruta dicha, habría debido recorrer unos 110 kilómetros en tres días. Lo que supone unos 37 kilómetros diarios.
El emplazamiento de Cana en Galilea, para distinguirla de otra Cana en la tribu de Aser (Jos_19:28), debe de ser la actual Kefr Kenna, que está a unos siete kilómetros al nordeste de Nazaret, en la ruta de Tiberíades-Cafarnaúm. Ya desde el siglo IV hubo aquí una iglesia cristiana y una fuente abundante, de la que hablan los antiguos peregrinos. Y San Jerónimo da de ella una serie de datos 2 que excluyen el otro emplazamiento propuesto, Khirbet Qana, que se encuentra a 14 kilómetros al norte de Nazaret, y sin tradición cristiana que la señale. Los viñedos de Kefr Kenna dan excelente vino.
Relaciones sociales, de parentesco o amistad, que no se prensan, hacían que María estuviese presente en la boda. María vino, por su parte, probablemente desde Nazaret. La distancia de siete kilómetros que la separaba de Cana pudo hacerla muy bien el mismo día.
La forma “estaba allí la madre de Jesús” supone que María estaba ya en Cana cuando llegó su Hijo. Y la ausencia nominal de José, citado poco antes como padre legal de Jesús (Jua_1:45), hace suponer que a estas horas ya había muerto.
(...)
Las bodas en Oriente comienzan al oscurecer, con la conducción de la novia a casa del esposo, acompañada de un cortejo de jóvenes, familiares e invitados, a los que fácilmente se viene a sumar, en los villorrios, todo el pueblo, y prolongándose las fiestas varios días (Gen_29:27; Jue_14:10.12.17; Tob 9:12:Tob_8:20 en los LXX; Tob_10:1).
En las bodas de los pueblos, los menesteres de la cocina y del banquete son atendidos por las hermanas y mujeres familiares o amigas. Es lo que aparece aquí en el caso de María. A ellas incumbe atender a todo esto.
El vino es tan esencial en un banquete de bodas en Oriente, que dice el Talmud: “Donde no hay vino, no hay alegría.” 5
Según la Mishna, la duración de las bodas era de siete días si la desposada era virgen, y tres si era viuda 6. Durando las bodas varios días, los invitados se renuevan. Los escritos rabínicos suponen la posibilidad de la llegada de huéspedes inesperados 7.
Es en este marco en el que se va a desenvolver la escena del milagro de Cristo 8.
La boda debe de llevar ya algunos días de fiesta y banquete. Nuevos comensales han ido llegando en afluencia grande, tanto que las provisiones calculadas del vino van a faltar. Cristo, acompañado de sus discípulos, llega a Cana y es invitado con ellos a la fiesta. Estando El presente, el vino llegó a faltar. Sin esto faltaba a la fiesta algo esencial, y el desdoro iba a caer sobre aquella familia, que el Señor bendecía con su presencia. (Una doble lectura crítica del texto en nada cambia el sentido fundamental 9. Probablemente se debe de estar al fin de las fiestas de boda, cuando algún aumento imprevisto hizo crítica la situación.) Y éste es el momento de la intervención de María.
Sería muy probable, y es lo que parece sugerir el texto, que María, invitada como amiga de la familia, prestase, conforme a los usos orientales, ayuda en los menesteres de la cocina. Por eso pudo estar informada a tiempo de la situación crítica y antes de que trascendiese a los invitados. Ni el mismo maestresala lo sabía (v.9.10). Y discretamente se lo comunica a su Hijo, diciéndole simplemente: “No tienen vino.”
De suyo, esta frase era una simple advertencia informativa. Pero no está en el espíritu de María ni del relato la sola comunicación informativa. “Todo pasa en una atmósfera de sentimientos delicados; es penetrar en el espíritu del texto comprenderlo así” 10. Todo el contexto hace ver que María espera una intervención especial, sobrenatural, de Jesús. Por eso, la “comunicación” que les hace a los servidores es “mitad orden, mitad consejo” 11, y esto supone un conocimiento muy excepcional en María de su Hijo. Esta escena descorre un velo sobre el misterio de la vida oculta de Nazaret y sobre la “ciencia” de María sobre el misterio de Cristo.
La respuesta de Cristo a su Madre presenta una clásica dificultad exegética. Por eso, para no interrumpir el desarrollo del pasaje, se la estudia al final de la exposición del mismo, e igualmente el sentido que parece más probable de esta intervención de María.
Esta, segura de la intervención de su Hijo, se acerca a los servidores para decirles que hagan lo que El les diga. Esta iniciativa y como orden de María a los servidores se explica aún más fácilmente suponiendo la especial familiaridad de ella con los miembros de aquel hogar.
Aquel hogar debía de ser, aun dentro de un pequeño villorrio, de una cierta posición económica, ya que había en él “seis hidrias de piedra” para las purificaciones rituales de los judíos.
Las “hidrias” de que se servían ordinariamente los judíos palestinos eran de barro cocido; pero las escuelas rabínicas estaban de acuerdo en que las ánforas o jarras de piedra no contraían impureza, por lo que las recomendaban especialmente para contener el agua de estas abluciones 12. Se han encontrado varias de ellas en piedra.
Las hidrias que estaban en esta casa, además de ser de “piedra,” eran de una capacidad grande, ya que en “cada una cabían dos o tres metretas.”
La μετρητής , ο “medida” de que se habla aquí, es la medida ática de los líquidos, y equivaldría al bath hebreo. Y éste venía a equivaler a algo más de 39 litros 13. Por lo que a cada una de estas hidrias le correspondía una capacidad entre 80 y 120 litros. La hidria de piedra que está en el atrio de la iglesia Eudoxia (San Esteban) de Jerusalén tiene una capacidad aproximada de 180 litros. Si se supone que tres de ellas tuviesen una capacidad de dos “metretas,” y las otras, tres, la capacidad total de ellas vendría a ser de unos 600 litros. Cantidad verdaderamente excepcional. Se trataba, pues, de una fiesta de gran volumen; lo que hace pensar en una familia destacada y pudiente.
El milagro se realiza sin aparatosidad. El evangelista mismo lo relata sin comentarios ni adornos. Jesús, en un momento determinado, se dirige a los “servidores” (v.7 y 5), diciéndoles que “llenasen” de agua aquellas ánforas. Y las llenaron “hasta el borde.” El evangelista resaltará bien este detalle de valor apologético. Con ello se iba a probar, a un tiempo, que no había mixtificaciones en el vino, y con ello que no se devaluase el milagro, sino que éste quedase bien constatado 14, y, además, que se demostrase la generosidad de Cristo en la producción de aquel milagro. A Jn también le gusta destacar el concepto de “plenitud.”
El milagro se realizó súbitamente, una vez colmadas de agua las ánforas. Pues, al punto, en el contexto y en el espíritu del relato está, Cristo les mandó “sacar ahora” el contenido de las ánforas y que lo llevasen al “arquitriclinos.”
Este no era lo que se llamaba en los banquetes griegos symposiarja, o en los romanos rex, imperator convivü o arbiter bibendi, y que era elegido por los convidados al banquete (Eco_39:12) o designado por suerte l5. Su papel está bien descrito por Plutarco 16. Este “arquitriclinos” era un familiar o un siervo que estaba encargado de atender a la buena marcha del banquete. Era más o menos un equivalente a nuestro “maitre.”
Los servidores obedecen la orden cíe Cristo y llevan al maestresala “el agua convertida en vino.” Fácilmente se supone la sorpresa de los servidores. Nada le dicen del milagro. Expresamente lo dice el evangelista. Aguardan su sorpresa, o los contiene el temor reverencial del milagro, incluido en esto el que habían obrado al margen del maestresala.
La sorpresa del maestresala se acusa, destacándose incluso literariamente. Está ignorante del milagro, pero se sorprende, más que ante la solución inesperada, ya que (…) estaba (…) ignorante de la falta de vino, ante la calidad del mismo. Tanto que llamó al novio, sin duda por ser el dueño del hogar, y se lo advierte en tono de reflexión un poco amarga, ya que él, responsable de la buena marcha del banquete, estaba ignorante de aquella provisión. Todo ello se acusa en la reflexión que además le hace. El vino bueno se sirve al principio, cuando se puede gustar y apreciar su buena calidad, y cuando ya las gentes están “embriagadas” se les ofrece el de peor calidad. Si el beber después de los banquetes se introdujo como costumbre en Palestina por influjo griego, no quiere decir la frase que se esperase la hora de una verdadera embriaguez para servir los vinos de peor calidad, sino que quiere aludir con ello a esa hora en que, ya saciados, no se presta especial atención a un refinamiento más. En todo caso, aquí se había hecho al revés. Y “nunca los orientales son tan quisquillosos como cuando desempeñan ciertos cargos honoríficos,” ha notado con gran exactitud un buen conocedor de las costumbres orientales (William).
De esta manera tan maravillosamente sencilla cuenta el evangelista este milagro de Cristo. Y añadirá: “tal fue el comienzo de los milagros” que hizo Jesús “en Cana de Galilea.” Por el texto sólo no es fácil precisar si este milagro de Cristo fue el primero que hizo en Cana de Galilea o fue absolutamente el primero de su vida pública. Pero, en la perspectiva del evangelista, la penetración del corazón de Natanael y la promesa de que verían nuevas maravillas y la “vocación” de los discípulos que con El ahora estaban, sin duda son considerados como milagros por lo que se refiere al primero de los hechos en Cana. O acaso, aún mejor, sea el primero de los milagros oficiales que El realiza en su presentación pública de Mesías.
Sin embargo, este milagro tenía un carácter apologético, de credibilidad en El: era un “signo” que hablaba de la grandeza de Cristo, del testimonio que el Padre le hacía de su divinidad y de su misión (Jua_10:38; Jua_14:10; Jua_20:30), y que manifestaba “su gloria” (δόξα ); aquella gloria que le convenía “como a Unigénito del Padre” y que “nosotros” hemos visto” (Jua_1:14; Jua_3:35; Jua_5:22.; Jua_17:1.), y que era la evocación sobre Cristo de la “gloria” de Yahvé en el A.T. En el A.T., y lo mismo en el Nuevo, se asocian las ideas de “gloria” y “poder” de tal manera que la “gloria” se manifiesta precisamente en el “poder.” Y ante esta manifestación del poder sobrenatural que Cristo tenía, sus discípulos “creyeron en El.” Ya creían antes, pues el Bautista se lo señaló como Mesías, y ellos le reconocieron, como Juan relató en el capítulo anterior, y como a tal le siguieron. Pero ahora creyeron más plenamente en El. El milagro encuadraba a Cristo en un halo sobrenatural.
Otro aspecto apologético de este milagro se refiere a la santificación del matrimonio. Los Padres lo han destacado y comentado frecuentemente. Así, v.gr., San Juan Crisóstomo 17. La presencia de Cristo y María en unas bodas, santificándolas con su presencia y rubricándolas con un milagro a favor de sus regocijos, son la prueba palpable de la santidad de la institución matrimonial, la condena de toda tentativa herética sobre la misma y como la “sombra” y preparación de su elevación al orden sacramental (Efe_5:32).
* * *
(….)
La Conclusión que parece más probable en función de los datos analizados.
1) La “hora” que alega Cristo, diciendo que “aún no llegó,” no puede ser escuetamente, tal como suena, ni la “hora” de la pasión ni la de su “glorificación” en su Epifanía mesiánica. Lo primero podría, en cierto caso, ser una solución. Alegaría Cristo el no haber llegado esa hora, en la que, en el plan del Padre, no podría hacer milagros; por lo que podría hacerlos antes de esa hora. Pero no es, a lo que parece, la “hora” a la que alude el texto (v.11). Y si es, por el contrario, la hora de su Epifanía mesiánica, entonces, si no llegó esa “hora,” ¿cómo a continuación hace el milagro, lo que vale tanto como decir que llegó sin haber llegado?
Ni valdría alegar el que se adelantó esa hora por intercesión de María. Pues esa “hora” tan trascendental y fijada, eternamente, como comienzo del plan redentor, por el Padre, no parece creíble que pueda ser alterada por la intercesión de María, cuya mediación se ve. Habría que suponer ese plan redentor condicionado en sus “horas” trascendentales. Lo que no es creíble.
Por eso, sólo parece justificar esa “hora” a la que alude Cristo para intervenir el que precisamente esa hora haya llegado. Y esto críticamente se logra con suponer, lo que es posible, que la frase de Cristo es una frase interrogativa: “¿Es que no llegó (para intervenir) mi hora?”
2) Con la frase, también interrogativa, aunque aquí por su misma estructura gramatical, “¿qué a mí y a ti?” ¿qué es lo que niega Cristo a María? No puede ser:
- a) El que no le importe ni tenga que ver nada con el asunto. Lo cual no es verdad, ni teológica, ni filológicamente, ni por el contexto, pues actúa.
- b) El no intervenir, pues interviene; no el no hacer un milagro, pues lo hace.
Alegar que en el texto se omite parte de la conversación y el diálogo entre Cristo y María, en el cual ésta convencería a Cristo de que hiciese el milagro, no sólo es gratuito, sino que también va contra esa “hora” inmutable del plan de Dios antes aludido.
Ha de ser una negativa exigida por la estructura misma de la frase, pero que afirme. ¿Cabe esto en la valoración de esta frase? Seguramente. Esta es una frase elíptica que admite diversidad de matices, conforme al uso, tono o inflexiones de voz, gestos que la acompañan, etc., sin poder darse por cierto el que no tenga otros posibles significados no registrados en los documentos extrabíblicos o bíblicos. De ahí que el matiz que propiamente le corresponda haya que captarlo en el contexto.
Y como aquí Cristo alega el que llegó su “hora” — afirmación que resulta de su forma interrogativo-negativa — , pues hace el milagro, se sigue que no va a negarlo en la primera frase, de la cual la segunda es alegato para justificar la primera. Por tanto, ésta negando ha de afirmar. Tal es la interpretación que varios autores alegan. Expresada en forma interrogativa, ha de querer, fundamentalmente, decir que no hay para intervenir en este asunto ni oposición, discrepancia o negativa entre Cristo y María, para que El no acceda al ruego de su Madre (1Re_17:18), puesto que ya no hay el inconveniente de no haber llegado su “hora.” Precisamente el pasaje alegado de 1 Reyes (1Re_17:18) es una interrogación que supone la negación de una enemistad o desunión entre Elias y la mujer de Sarepta. Niega la desunión para así afirmar un estado de unión.
Lo mismo se ve en 2 Samuel (1Re_19:23), en el que la interrogación de David a los hijos de Sarvia, sus fieles acompañantes, supone negación de discrepancia o desunión con él; lo que es venir, hipotéticamente, a afirmar su unión con él.
Parafraseando estas expresiones, podría decirse:
“No tienen vino; intervén sobre naturalmente.
Sí, lo haré; ¿qué discrepancia u oposición puede haber entre tú y yo?
Precisamente para hacerlo, ¿no llegó ya mi hora? Puedo y debo comenzar ya la manifestación gloriosa de mi vida de Mesías. Sólo que, en este caso, accedo complacido a tu petición, porque con todo ello se cumple el plan del Padre al poner tú la condición para la manifestación de mi “gloria.” 48
Es así como, dentro de las posibilidades científicas, parece esta solución satisfacer tanto a los elementos exegéticos como a la teología.
Valor simbólico de este milagro.
Los autores ven, generalmente, además del sentido real e histórico de este milagro de Cristo, un valor simbólico en él. El conjunto de toda la escena y la excesiva insistencia, a veces casi se diría innecesaria de la palabra “vino” en el relato, y muy especialmente la excelencia de este vino que Cristo dio, lo mismo que el decirse que el buen vino se sirve al principio, pero que aquí fue al revés — el Evangelio después de la Ley — , con la generosa abundancia del mismo, y todo ello encuadrado en el “simbolismo” del evangelio de Jn, hace seriamente pensar en la existencia de un valor también “simbólico” en este relato. Sólo se dividen al interpretar el sentido preciso del valor simbólico de este milagro. Las interpretaciones generalmente propuestas son las siguientes:
- a) Simbolismo sacramental. — En la antigüedad la propuso ya San Ireneo 49. En época reciente, Lagrange 50 y O. Cullmann 5I. Cullmann cree que el “simbolismo” de este milagro se refiere a la sangre eucarística. Lagrange escribe: “Este milagro, como la multiplicación de los panes, es probablemente también una orientación hacia la Eucaristía.” 52
En la perspectiva del evangelio de Jn, en el que la Eucaristía tiene un lugar tan destacado, y de la cual el previo milagro de la multiplicación de los panes es, a la par que una realidad histórica, un “símbolo” de la misma, permitiría orientar el “simbolismo” de este milagro hacia un enfoque sacramental. Por lo menos, alusivo al mismo.
En todo caso, parece tener también un valor apologético de posibilidad eucarística, al modo que lo tienen la multiplicación de los panes y la anterior deambulación de Cristo sobre el mar sin sumergirse 53.
- b) Simbolismo pneumático. — Braun quiere ver en este “simbolismo” el “régimen del Espíritu,” que no sería donado hasta después de la muerte y glorificación de Cristo. La sustitución del antiguo régimen por el nuevo es el tema de casi toda la sección posterior del evangelio de Jn: el nuevo nacimiento (1Re_3:3-8), la desaparición del Bautista (A.T.) ante uno más grande que él (1Re_3:22-30), la sustitución del agua viva a la del pozo de Jacob (1Re_4:7-15), la instauración de un culto nuevo en el Espíritu (1Re_4:21), lo mismo que el nuevo culto referido al templo de su cuerpo. Al oponerse así los dos regímenes, Jn querría destacar la insuficiencia profunda del A.T.; la Ley estaba desprovista del vino necesario para las bodas mesiánicas. Si Cristo aquí “convierte” el agua en vino, no es para instituir una economía totalmente nueva, sino para “perfeccionar la Ley” 54. Es, por tanto, la contraposición de dos lineas de accion, destacándose el Espíritu que anima a la Ley nueva 55.
- c) Simbolismo doctrinal. — Otra interpretación es ver en el vino milagrosamente dado un “símbolo” de la nueva, sobrenatural y generosa doctrina que Cristo trae.
Orígenes ve en el vino un símbolo de la Escritura; viniendo a faltar éste — faltando la Ley y los Profetas — , Cristo da el vino nuevo de su doctrina 56.
Fundamentalmente defendieron, con matices diversos, esta posición: San Cirilo de Alejandría 57, San Efrén 58, Gaudencio de Brescia 59, Severo de Antioquía 60. Modernamente, en parte al menos, defienden esta interpretación: Dodal 61, R. H. Lightfoot 62 y Boismard 63.
Los elementos que llevan a esto, admitido el hecho del “simbolismo” yoánico en esta escena, son los siguientes:
1) El vino aparece en el A.T. como uno de los recursos más frecuentes de las bendiciones de Dios, como premio a los cumplidores de la Ley (Deu_7:13; Deu_32:13.14; Sal_104:15), pero aún más es una de las pinturas características para realzar las bendiciones mesiánicas (Amo_9:14; Ose_2:11; Ose_14:18; Jer_31:12; Isa_62:8, etc.). Sobre todo, dos son, por excelencia, las bendiciones mesiánicas expresadas por esta imagen. Una es la bendición mesiánica de Isaac: “Déte Dios el rocío del cielo. y abundancia de trigo y mosto” (Gen_27:28). Y bendiciendo Jacob a sus hijos, dice: “No faltará de Judá el cetro. hasta que venga aquel cuyo es. Y a él darán obediencia los pueblos.”
Atará a la vid su pollino,
a la vid generosa el hijo de la asna.
Lavará en vino sus vestidos,
y en la sangre de las uvas su ropa.
Brillan por el vino sus ojos (Gen_49:10-12).
Se está, pues, ante una imagen del más clásico abolengo bíblico-mesiánico.
2) La conversión del agua en vino se va a hacer dentro de unas jarras de piedra que estaban allí para las purificaciones de los judíos. Es imagen que va a hablar, a la luz del “símbolo,” de un cambio en algo que caracteriza bien al judaísmo decadente.
3) El vino — mesiánico — va a sustituir y superar al agua de las jarras judaicas — judaísmo — . Era tema muy extendido en el judaísmo después del destierro que el judaísmo estaba “estancado”: no había profetas; la palabra de Dios no se dejaba oír (Lam_2:9; Sal_74:9; 1Ma_4:46; 1Ma_14:41). La Ley había caído en un virtualismo formalista y materialista. De ahí el que en las palabras “No tienen vino” pudiera Jn “simbolizar” esta carencia de autenticidad religiosa y este estancamiento judío.
4) La extrañeza del maestresala de que el vino mejor se guardó para el fin, sería la alusión joannea al N.T. (cf. Luc_5:39).
5) Se va a sustituir con verdadera abundancia, pues tal es la capacidad de las jarras, “llenadas hasta arriba,” conforme a la pintura profética. Y, conforme a la misma, va a ser símbolo de la alegría (Sal_104:15; Jue_9:13; Eco_40:20) mesiánica: el vino que alegraba el convite.
6) La donación de este vino se va a hacer en un banquete. Y este dato orienta bíblicamente a dos elementos de importancia:
- a) El banquete de la Sabiduría. — En los Proverbios, el autor pone a la Sabiduría invitando a los hombres a incorporarse a ella bajo la imagen de un banquete: “Venid y comed mi pan y bebed mi vino, que para vosotros he mezclado” (Pro_9:5.2; cf. Isa_55:1.2). Era conocido y clásico en Israel este tema del banquete — pan y vino — con el que la Sabiduría invitaba a que la “asimilasen” los hombres.
“La escena de la vocación de los primeros discípulos está dominada por el tema de la Sabiduría, que invita a los seres humanos a recibir su enseñanza y a meterse en su escuela. Jesús es la Sabiduría que recluta sus discípulos; la Sabiduría que es preciso buscar para encontrarla. Entonces ella conduce a sus discípulos hasta el banquete en donde ella les da el vino de la enseñanza y de la doctrina que conduce a la vida. Si Jn (Isa_1:35ss) supone como fondo textos como Proverbios, ¿qué más natural que interpretar Jua_2:1ss en función de Pro_9:1-57.” 64
Acaso no estén tan lejos las diversas interpretaciones propuestas sobre el valor “simbólico” yoanneo. Si el “simbolismo” lleva a Cristo Maestro, Cristo Sabiduría, ésta no se presenta de un modo exclusivamente teórico, sino en el sentido de Cristo Sabiduría, que es al mismo tiempo Cristo Nueva Economía, por lo que es el instaurador del nuevo Espíritu. Y así, en esta Sabiduría teórico-práctica se encuentra más pleno y más real el “simbolismo” yoanneo de este milagro de Cristo.
- b) El desposorio de Yahvé con su pueblo. — Otro de los temas e imágenes tradicionales en Israel era el amor de Yahvé con su pueblo, expresado bajo la imagen de un desposorio. Si Jn ve en este “simbolismo” a Cristo Sabiduría, que cambia la accion vieja , simbolizada en las ”jarras para la purificación de los judíos,” purificando así sus mismas purificaciones, no será nada improbable que esté en la mente de Jn el intentar este simbolismo como un trasfondo del tema y la imagen tradicional de los “desposorios” de Yahvé con su pueblo. Es en una boda donde Cristo-Yahvé asiste, bendiciéndola con su presencia, al tiempo que se simboliza la nueva fase de su “desposorio” mesiánico con Israel. Sin que sea necesario para ello caer en un alegorismo preciso, que destruiría la misma enseñanza que se buscaba, v.gr., el novio no representa a Dios ni sus desposorios con Israel. Es más bien un elemento más, un clisé tradicional, que también puede proyectar su evocación en el conjunto de este “simbolismo” yoanneo.
Si este “simbolismo” es el preferente, y al que parece llevar el cursus del pensamiento del evangelista, acaso no esté tampoco al margen del pensamiento del autor un posible “simbolismo” secundario, pero complementario y orientador hacia la Eucaristía. Como lo está en la multiplicación de los panes del capítulo 6 de su evangelio (Jua_6:48-58) y la amplitud con que es tratada la Eucaristía como “Pan de la vida.” 65
Si éste es el simbolismo yoanneo fundamental, ¿qué parte tiene María, precisamente al sintetizarla complementariamente en su título extraño de llamarla “Mujer” (γύναι )? Si con ella — y se vuelve a remitir al Comentario a Jua_19:26-27 — se pretende evocar “alusivamente” al Génesis — Eva, madre de todos los vivientes — y a la “Hija de Sión” — en el “alumbramiento” doloroso de un nuevo pueblo — , esto tiene aquí su razón de ser en este aspecto “simbolista” de Jn, por razón de la “superposición de planos”: sobre la escena histórica está superpuestamente evocada la. simbólica.
Si el “simbolismo” del agua convertida en vino es el cambio del viejo régimen — A.T. — , y el que lo causa es Cristo, a la hora de la boda todavía no está plenamente establecido: “no tienen (el) vino” mesiánico. Y es María — mediadora — la que, como Madre espiritual de los hombres, pide a Cristo el cambio de obra y que establezca el reino de Dios. Si Cristo tiene ansias de su muerte redentora y está constreñido hasta que llegue, Jn presenta a María para lo mismo con ansias de “alumbramiento” (“Hija de Sión”), para ser Madre espiritual de los vivientes (“nueva Eva”).
Es interesante destacar que Jn, con la palabra “Mujer” aplicada a María en el c.2 (Cana) y en el c.19 (Calvario) establece con ellas una “inclusión semita.” Pues extrañan en boca de Cristo (son de Jn); extraña esta coincidencia en boca de Cristo; extraña que nunca salga en los sinópticos; extraña el que esta palabra sea puesta estratégicamente en dos pasajes estratégicos de su evangelio; y extraña que esté puesto en estos lugares por su conexión “alusiva” a los pasajes citados, que parecen desarrollados con la teología de San Juan. María, pues, en el evangelio de Jn tiene un puesto de excepción y clave. El concepto de la maternidad espiritual de María es de gran importancia para Jn. Por eso, Cana — y con ella María — tienen un “carácter seminal” (Joüon) orientativo a — o hacia — la escena del Calvario. 65.
En esta escena de las bodas de Cana se deja ver también el corazón misericordioso de María y el conocimiento que tenía de la grandeza de su Hijo.
(de Tuya, M., Evangelio de San Juan, en Profesores de Salamanca, Biblia Comentada, BAC, Madrid, 1977, tomo Vb)
P. José A. Marcone, I.V.E.
Las Bodas de Caná
La primera actividad de la vida pública de Jesús es su Bautismo en el río Jordán. Jesús se va a quedar en la zona de su Bautismo unos dos meses. En ese lugar y en ese tiempo Jesús va a conocer y a trabar relación con tres de aquellos que luego serían sus principales apóstoles: San Juan Apóstol y Evangelista, San Pedro y San Andrés, hermano de Pedro. Los tres eran discípulos de Juan Bautista. Juan Apóstol y Andrés son los primeros en seguir a Jesús, por indicación de Juan Bautista.
Andrés contó a su hermano Simón que habían encontrado al Mesías. Y lo condujo hacia Jesús. Jesús lo recibió con cordialidad, lo miró con amor y le cambió el nombre: le puso Cefas, que en arameo significa ‘Piedra’. Jesús, desde el primer instante iba preparando ya la institución de la Iglesia (Jn.1,40-42).
Al día siguiente de este acontecimiento Jesús partió para Galilea, al norte de la zona en que se encontraba (Jn.1,43). Desde la zona del Jordán donde estaban hasta el Mar de Galilea hay una distancia de aproximadamente 100 km. Por lo tanto, fue un viaje intenso. Estando ya en Galilea conoció a otros dos de sus futuros apóstoles: Felipe y Bartolomé, que en el evangelio de San Juan es llamado Natanael (Jn.1,43-51).
El motivo por el cual Jesús fue a Galilea según el evangelista San Juan fue la invitación a una boda en la ciudad de Caná, que se encuentra al oeste del extremo sur del Mar de Galilea. Jesús llega a esa boda con una incipiente pero ya formada comunidad entre los que se encuentran sin duda: Pedro, Andrés, Juan, Santiago, Felipe y Bartolomé. El milagro de la conversión del agua en vino en Caná es muy importante en el conjunto de la vida de Jesús. En efecto, es su primer milagro, y por él manifiesta que Él es Dios, y se realiza el acto definitivo de fe en su divinidad por parte de sus discípulos: “Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos” (Jn.2,11). Al decir que manifestó su ‘gloria’ está diciendo que manifestó su divinidad. En el prólogo, cuando San Juan dice que contemplaron la gloria del Verbo hecho carne, quiere decir que creyeron en la divinidad del Verbo encarnado: “Y el Verbo se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad” (Jn.1,14).
Por esta razón el primer significado del signo, es decir, del milagro es mostrar la gloria de la persona de Jesús. La finalidad principal del milagro es mostrar quién es Jesús, está en relación con la persona divina de Jesús.
En segundo lugar este milagro es importante porque en él se manifiesta la sustitución de la religión judía (representada en el agua destinada a los ritos de purificación según la ley de Moisés) por la ley de la gracia, representada por el vino, que es el término de la conversión. La realidad sustituye a la sombra. Llegada la realidad, la sombra desaparece. Llegado el vino, desaparece el agua.
Además este primer milagro en Caná de Galilea es importante porque en él se manifiesta la principal clave teológica para entender el evangelio de San Juan. Esa clave teológica es ‘la hora de Jesús’, expresada en la frase que Jesús dice a su Madre: “Todavía no ha llegado mi hora” (Jn.2,4). ¿Cuál es la hora de Jesús? La ‘hora de Jesús’ es el momento de su glorificación, es decir, el momento en que, a través de su pasión, muerte y resurrección, va a manifestar abiertamente que Él es Dios. Por eso, en 13,1, al inicio de su pasión, se dice: “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Y en 17,1, ya en plena última cena, Jesús dice: “Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti”. La hora de Jesús se identifica con el momento de la manifestación de su divinidad a través del misterio pascual completo: pasión, muerte, resurrección y ascensión a la derecha del Padre. Y la manifestación de la divinidad de Cristo es el propósito principal y central del evangelio de San Juan.
Por una cuarta razón el milagro de Caná es importante y esta razón es porque en él se manifiesta el papel teológico central que ocupa la Madre de Dios en el plan de salvación. En relación con la hora de Jesús, que es la hora de la manifestación de su divinidad, María es aquella que adelanta esa hora. En Caná todavía no había llegado la hora en que Jesús debía manifestar abiertamente su divinidad a través de su misterio pascual, pero va adelantar esa manifestación por intercesión de la Virgen María y a través del milagro conseguido por esa intercesión. Adelantar la hora de la manifestación de la divinidad de Jesús con sus ruegos significa ocupar un lugar teológico central en el plan de salvación.
Dos veces habla S. Juan de la madre de Jesús: aquí y en la cruz, cuando Jesús la entrega como madre del discípulo (Jn.19,25-27). Y las dos veces que la nombra, no la llama por su nombre (María) sino que la llama ‘la madre de Jesús’. Y las dos veces la nombra en relación con ‘la hora’ de Jesús. De esto se concluye que para San Juan, María tiene un rol central en ‘la hora’ de Jesús, es decir, en la manifestación de su divinidad. Y ese rol está íntimamente unido al rol de ‘madre’, tanto de madre de Jesús como de madre de los creyentes. En las Bodas de Caná, cuando ‘la hora’ no ha llegado pero se adelanta, aunque las palabras de Jesús no lo reconozcan explícitamente, el rol de madre es aceptado de hecho, porque Jesús hace el milagro ante la súplica maternal de María. En la cruz, cuando ‘la hora’ ya ha llegado, Jesús acepta explícitamente y confirma su rol de madre: “‘Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquel momento el discípulo la recibió como algo propio” (Jn.19,27).
El término ‘mujer’ con que Jesús trata a su madre es enigmático. “Es un título de cortesía usado normalmente para las mujeres. Pero este modo de dirigirse de un hijo a su propia madre es extraño y sin paralelos”. Pero queda develado si notamos que en los capítulos 1 y 2 de San Juan hay numerosas referencias al Génesis, y sobre todo a la obra de la creación. La más notable referencia es que “el tiempo que va del Bautismo a las Bodas de Caná, que es el inicio de la actividad del nuevo Adán, es considerado (…) como un período de siete días, que corresponden a los siete días de la creación del Génesis”. Entonces, en Caná, María es la Mujer del Génesis que, en contraposición a Eva que indujo a Adán al pecado, empuja al nuevo Adán a su primera obra gloriosa. María es la Mujer cuyo descendiente, cuyo Hijo aplastará la cabeza de la serpiente. Ella es la nueva y verdadera Eva, ‘madre de todos los vivientes’, es decir, de los discípulos, cosa que quedará en evidencia junto a la cruz, cuando Jesús le entregue a Juan, el discípulo ideal.
En quinto lugar: no está ausente en este milagro el significado eucarístico. Tenemos un fuerte fundamento textual en el hecho de que San Juan nos diga que este milagro sucede inmediatamente antes de la Pascua (Jn.1,13), porque será en la Pascua, tres años más tarde, cuando Jesús convierta el vino en su Sangre. La Pascua para San Juan tiene un significado claramente eucarístico, como puede verse en el Discurso del Pan de Vida del capítulo 6. La presencia de ‘la Madre’ es también importante para resaltar este sentido eucarístico, ya que “también en la cruz están unidos los dos motivos, el de María y el de la sangre que brota del costado de Jesús”, la cual sangre brotando del costado de Jesús tiene un significado indudablemente eucarístico. Por lo tanto, el vino de Caná es también la Sangre eucarística. De esta manera, San Juan presenta a la Eucaristía como el banquete de bodas entre el creyente y Cristo.
Inmerso en medio de todas estas realidades teológicas que brotan del texto juaneo, el matrimonio como institución cristiana adquiere un valor especial. Aunque la intención teológica del texto no sea en primer lugar resaltar la realidad del matrimonio, sin embargo el matrimonio es realzado como el lugar en el que nace la familia y es digno de que estén presentes el Verbo Encarnado y su Madre. En este sentido, el texto también nos deja una indicación valiosa respecto al matrimonio. En efecto, el maestresala llama al novio y le dice: “Tú has guardado el vino bueno hasta ahora” (Jn.2,10). Pero en realidad el que ha guardado el vino bueno no es el novio sino Cristo. Por lo tanto, de este modo, el evangelista insinúa que el verdadero Esposo es Cristo. Y dado que el vino es siempre el signo del amor, es Cristo Esposo quien guarda y protege el amor en el matrimonio. Sin Cristo, ningún matrimonio puede conservar el vino del buen amor hasta el final de las vidas. Uniendo este significado con el significado eucarístico, podemos decir que sin la Eucaristía, sin la Sangre de Cristo, es imposible mantener la unidad del matrimonio.
Conclusión
La razón por la cual la Iglesia quiere que se lea este evangelio el Domingo Segundo del Tiempo Ordinario es porque forma una tríada junto con los evangelios de la adoración de los Magos y el del Bautismo del Señor, que son precisamente las dos Fiestas que preceden inmediatamente a este domingo. La razón de esto es porque los tres evangelios están dominados por la idea de la Manifestación de Cristo, es decir, su Epifanía. Incluso, en tiempos antiguos se celebraba, en la Solemnidad de la Epifanía, los tres misterios de la vida de Cristo juntos.
Por esta razón, el tema principal de la homilía debería ser esta manifestación de la gloria de Cristo y la fe de los discípulos.
Las otras dos ideas importantes de este evangelio son: 1. El rol teológico absolutamente único que juega la Madre de Jesús, adelantando su ‘hora’. 2. El significado eucarístico del milagro.
Si bien todo predicador tiene absoluta libertad para elegir el tema de su homilía, sin embargo, el tema del sacramento del matrimonio cristiano juega aquí un papel secundario. Habrá durante el año un evangelio especialmente dedicado al tema del matrimonio, cuando Jesús entre en controversia con los saduceos.